BIBLIOTECA DEL BICENTENARO: LA CONDICIÓN DEL TRABAJO

Posted by admin on enero 18th, 2010


de H E N R Y G E O R G E

• OBRA FUNDAMENTAL
• PARA LOS TRABAJADORES
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HECTOR R. SANDLER
DIRECTOR DEL ICE

COMENTARIOS SOBRE ESTE LIBRO FUNDAMENTAL

BALDOMERO ARGENTE (1877-1965) , sociólogo español

Constituye este libro el cuarto volumen de las obras completas de Henry George, cuya traducción me impuse como un deber hace tiempo. Al comenzar esa tarea resultaba como indispensable explicar en cada libro la índole y el propósito de las doctrinas georgistas y la razón que movía al traductor a conceder a la empresa de verterlas al castellano verdadera importancia. Es que en nuestro país eran desconocidas tanto las doctrinas traídas por primera vez al campo de la Economía por el georgismo, como el influjo que éstas ejercían en el pensamiento de los hombres doctos de todos los países y en las masas, en los anhelos de los partidos populares y en algunas formas novísimas de la legislación tributaria. La razón de esta ignorancia casi general en que nos hallábamos está en que, por circunstancias de muy diversa índole, las doctrinas georgistas, propagadas sin descanso durante treinta años en los países de habla inglesa, no habían penetrado en Francia. Nuestra cultura, abrevada por regla general en los libros franceses, no se había puesto en contacto con estas nuevas orientaciones del pensamiento anglo-sajón.

No en vano han transcurrido estos años; no en vano ha tenido grandes repercusiones en el mundo entero la magna lucha entablada por la nueva Economía contra las fórmulas de la Economía vieja en la gran batalla, a la vez social y política, mantenida por el ministro de Hacienda inglés Lloyd George. Es lícito opinar en pro y en contra del georgismo; lo que invadiría el terreno de lo vergonzoso es pretender pasar por cultos e ignorar las doctrinas georgistas, u ocuparse de materias económico sociales y no haber leído los libros del gran pensador americano. Y de esos pseudocultos quedan ya, por fortuna, pocos ejemplares en nuestro país.

“La Condición del Trabajo” es una síntesis de todas las doctrinas georgistas. Puede afirmarse que en embrión se halla en “La Condición del Trabajo” cuanto en las demás obras de Henry George se explica y desenvuelve. Es un maravilloso libro de polémica, porque tomando por pauta la Encíclica Rerum Novarum del Pontífice León XIII, consigna uno tras otro todos los argumentos que los defensores de la propiedad privada de la tierra emplean, argumentos que en la Encíclica papal son expuestos como bases de las doctrinas que en materia social vino a robustecer con su autoridad la Iglesia católica. Y después de probar que son contradictorios con las normas de la moral evangélica y totalmente opuestos, por consiguiente, a la esencia de la religión cristiana, estudia los diversos remedios ofrecidos por la Encíclica a los problemas sociales, remedios que coinciden substancialmente con lo que se llama política intervensionista, y con lo que ha sido llevado, en parte, a la práctica por el llamado socialismo católico. Más por extenso se hallan estudiados esos remedios en “Progreso y Miseria”. Pero las razones que aduce Henry George en “La Condición del Trabajo”, no solamente son decisivas, sino que, trayendo al espíritu del lector el recuerdo de los hechos que la experiencia diaria nos ofrece y guiando su mente para que a una nueva luz los interprete con claridad, aleja de su ánimo toda confianza en la eficacia de esas soluciones y lo dispone para dar cabida a la solución georgista: la restitución de la tierra al conjunto de los habitantes de un país por medio de la incautación del valor anual de esa tierra, es decir, por el impuesto sobre el valor del suelo.

“La Condición del Trabajo” es complemento racional de “La Cuestión de la Tierra”. La razón de ello es muy sencilla. El problema de la tierra y el problema del trabajo son las dos fases de una misma cuestión. Así como la riqueza es el producto de la aplicación del trabajo a la tierra, el problema social lo es de la distribución de esa riqueza producida por el empleo del esfuerzo humano sobre los elementos naturales. Por tanto, de igual modo puede ser enfocado el problema social examinando la cuestión de la tierra que examinando la cuestión del trabajo. Desde una y otra vertiente se desliza el ánimo hacia el punto de confluencia de ambos problemas: la absoluta necesidad de que el trabajo tenga libre acceso a la tierra y de que la tierra esté siempre a disposición del trabajo. Arrancando de puntos opuestos, al parecer, la lógica de los razonamientos llega hasta la única solución que puede liberar la tierra, y la liberación de la tierra lleva implícita, al mismo tiempo, la liberación del trabajo.

El lector que medite este libro, aun cuando no le sean conocidas hasta entonces las demás obras de Henry George, hallará al contemplar los problemas sociales como una luz nueva que le guíe sin vacilaciones al través de las complejidades sociales, y fácilmente comprobará el origen de la miseria y el remedio de ella, identificando aquel origen con una casi universal injusticia, la propiedad privada de la tierra, y el remedio en algo que toda conciencia recta y todo espíritu cristiano deben presentir: la vuelta a la justicia, al imperio de la equidad, mediante el impuesto sobre el valor del suelo, que tomando para beneficio de todos un caudal común, mayor mientras más avance el progreso, conducirá la civilización automáticamente, sin violencia ni expoliaciones, hacia la equidad.

LECTURAS PARA EL BICENTENARIO: FUNDAMENTACION ECONÓMICA DE LA DEMOCRACIA

Posted by admin on enero 18th, 2010


Arturo Orgaz
( El Espíritu Autoritario , Códoba, Imprenta de la Universidad Nacional de Córdoba, junio 1945. Se transcriben los párrafos más significativos)

El porvenir de la democracia, en la que actúan quijotes, sanchos, barberos, curas, bachilleres, amas, sobrinas, magos, gigantes, rnalandrines, follones, dulcineas, galeotes, carneros, molinos de viento y demás figuras de la tragedia humana, se nos impone buscar, para asiento de la fe política, una imagen a la vez armoniosa y dinámica en que se concierten el equilibrio de la justicia, la dignidad de la expresión moral, la legitímidad del derecho y la garantía de la libertad.
Demasiado se sabe, por nefasta experiencia, que una democracia meramente formalista, simplemente jurídica, sustentada en la atomización de una ciudadanía libre, incluso para dominar y para quedar dominada a favor del egoísmo, configura el sarcasmo. Será siempre vana ilusión de apóstoles miopes y eufóricos, querer realizar la democracia económica y cultural con desconocimiento de la economía democrática. Se afirma que el hombre debe ser económicamente libre para realizarse política y culturalmente. Y esto no tiene pizca de materialismo.
Los principios democráticos, alma del sistema, o están sobre el en todo él o no están. Ridículo es hablar de igualdad y de libertad frente a las irritantes traiciones que resplandecen como gemas de odio y de escarnio. Sería lo mismo que si a los paralíticos se les colgara un cartelito, muy artístico, que dijera: “Todos los hombres tienen derecho a moverse” y a los mudos se los declarara los mejores parlanchines del silencio. Porque sería tanto como justificar, santificar, el divorcio de las ideas con los hechos.
No cabe duda: si la democracia corresponde a un tipo de vida social, debe poseer sus propias y ciertas maneras de expresarse en cualquier aspecto de esa vida. Y bien: la verdadera razón de las crisis democráticas está en esta circunstancia que urge superar de manera definitiva: los principios van por la calle de la Verdad pero los hechos andan por la de la Mentira.
A simple vista, encuéntrase la contradicción de las ideas con los hechos en el seno de las democracias. Bella cosa es que no se toleren privilegios de sangre ni de bolsa, afirmándose la teoría de la igualdad y de la idoneidad, pero los privilegios económicos han creado verdaderos hiatos en la continuidad social y forman constante acusación, demasiado elocuente, contra la realidad orgánica de la democracia, Es verdad que no tenemos duques ni principes y que los esclavos son ejemplares de la fauna política extinguida, pero hay plutócratas que poseen tanto si no más poder efectivo que el de los nobles desterrados y existen grandes núcleos en permanente condición servil porque no encuentran oportunidades libres a qué aplicar su esfuerzo en forma compensatoria.
La opulencia realmente fantástica se exhibe frente a frente de la miseria no menos inverosímil y este desnivel por sí solo está proclamando la persistencia de la iniquidad. También existe el privilegio legalizado, so capa de protección industrial. La idea de proteger no despierta repugnancia y cuando se revisten las cosas con el noble manto del “interés nacional”, pasa fácilmente el adefesio. Pero lo que realmente se logra es proteger a una minoría poderosa en desmedro y daño de la inmensa mayoría que, para proteger a aquélla, se desproteje y arruina.
Hace más de medio siglo conocemos el privilegio de la protección que, en último término, consiste en lo siguiente: el pueblo debe pagar a precio de carestía mercancías que, de mejor calidad y costo, podría consumir abundantemente. Ya es un lugar común la injusticia económica y la transgresión democrática que ha tomado carácter de normalidad jurídica, en cuyo favor hasta se hace valer el peregrino argumento de que es “patriótico” el empobrecimiento de millones de consumidores para que se enriquezcan unos cientos de felices privilegiados. Es el caso de aquellos salteadores que fundaron la sociedad de “Los protectores de las artes y las industrias” para dar decoro a sus actividades.

¿Qué decir del privilegio de la renta territorial? Ciertamente, en nuestro inmenso, rico y aun despoblado país, la tierra ha sido factor político de primer orden. Nuestra aristocracia, en general, ha sido oligarquía terrateniente y ha hecho sentir su imperio decisivo en todo tiempo. Demostrar la injusticia, en razón del privilegio que comporta el valor venal de la tierra desnuda, que autoriza la apropiación por un afortunado poseedor de valores no creados por él sino por el incremento social, se juzga por algunos actitud antisocial. Y lo realmente antisocial es precisamente lo otro: que todos trabajen y valoricen las cosas y que de ese valor, fruto colectivo, sólo aproveche alguien que no es la colectividad. Está tan arraigado el principio del despojo, que difícilmente se deja de ver en él un modo archilegítimo de quedarse con lo ajeno.

Allá por fines de 1915 me aventuré a iniciarme como conferenciante sobre temas sociales. Una tarde tórrida de noviembre, en el vestíbulo alto de una importante escuela, expuse mis ideas (“disolventes”, desde luego) sobre el problema de la tierra. Demostré la gravitación primordial en la suerte colectiva, del fenómeno agrario; expliqué las causas del valor económico de la tierra y cómo era posible de hecho e injusto y antisocial que la tierra adquirida por uno se vendiera por ciento, sin que el adquirente hubiera realizado obra alguna; revelé los peligros permanentes, más graves aun en los países jóvenes, del monopolio de la tierra y cómo una democracia verdadera debería realizar este propósito capital: la tierra debe desaparecer como fuente de especulación y convertirse en efectivo, fácil ejido y social elemento de trabajo nacional. Entre el auditorio se encontraba un excelente hombre, heredero de una importante fortuna, que había tenido como única habilidad, la de comprar tierras a vil precio y venderlas, cuando se ofrecía la tierra ocasión, a precio de sepultura. La idea que este hombre poseía de las cosas era simplísima: así como el parral da uvas, la tierra da pesos al que sabe especular; en los dos casos se trataba de frutos naturales Claro está que mi conferencia le sentó como un sinapismo a un llagado, y en lugar de analizar detenidamente, a conciencia democrática y cristiana el caso, salió a desparramar la especie de que yo estaba completamente loco y, agregaba para hacer más verosimil su juicio: “¡qué lástima, tan joven!”. Ignoraba el amable señor que mi locura resultaba contagio de Ricardo y Adán Smith, economistas clásicos, y de George, casi contemporáneo; no menos que de sociólogos como Spencer, de escritores sociales como Tolstoy, de estadistas como Turgot, sin olvidar por cierto a nuestro genial Rivadavia, Y que es preciso repetir lo que enunciara Echeverría en 1837: “El gran pensamiento de la Revolución no se ha realizado todavía. Somos independientes pero no libres o igualmente aquello de “industria que no tienda,a emancipar a las masas y elevarlas a la igualdad, sino a concentrar la riqueza en pocas manos, la abominamos”.

Es sabido que Alberdi profesó análogas convicciones. He ahí el pensamiento liberador y democrático, permanentemente a permanecer imposibilitado por las múltiples formas del privilegio. Y ¿qué decir de una democracia en que el movimiento de la producción se proporciona al interés exclusivo de los industriales, con olvido del vital interés representado por la enorme masa de la población? ¿No se sabe, no se ha documentado la efectiva y anarquizadora acción de los “trusts”, contra la que se ha dictado una ley que jamás los alcanza? ¿No se legalizó cierta forma, de unión antidemocrática con las famosas “juntas”, bajo excusa de entregar el manejo de la producclón a los productores, sin que se asegurara a la economía de la población contra las maniobras especulativas de los precios? En principio, la producción pertenece a los productores; pero cuando se considera que ella tiene un destino social que le asigna un valor cierto y permanente, es inconcebible organizar la industria únicamente desde el punto de vista del capitalista productor que representa el interés lucrativo, con olvido del consumidor que representa el interés social. En ninguna junta tuvo jamás representación la masa consumidora que es todo el pueblo, incluso los productores.

Resulta, si se observa atentamente la realidad económica, una antítesis harto inequitativa: la del respeto máximo para los valores no ganados por quienes los disfrutan, contra la máxima exacción que castiga los valores ganados por el, trabajo. Basta considerar que los valores territoriales son objeto de imposición en “tantos por mil” y, excepcionalmente en uno por ciento, mientras los frutos del trabajo (sueldos, salarios, etc.) soportan enormes gravámenes en forma indirecta y, a veces, en forma directa por la revaluación del oro, por el abuso del crédito público bajo forma más o me disimulada de emisiones; en fin, por el encarecimiento de la vida de que es signo la inflación. Cuando se afirma que un hombre “gana” con su trabajo cierta suma, se dice algo bien diferente que cuando se alude a que el dinero tal interés o la tierra tal renta. La verdad es que, gana socialmente hablando, la ganancia del trabajo entraña compensación de esfuerzo y de concurso solidario, lo que no ocurre en los otros casos. Por algo el préstamo a interés, durante mucho tiempo, fué visto como inmoral y la renta territorial, en todo el mundo y en todo tiempo, ha buscado un justificarse sin lograr que se formule una doctrina medianamente compatible con el sentido social de los valores. Véase un ejemplo relevante: un sujeto, trabajando durante un año logra un salarlo global de dos mil quinientos pesos. Un terrateniente que no trabaja, porque vive de rentas, es decir, del trabajo que otros aplican a la tierra, percibe cuatro veces más. Ahora bien: aquella ganancia del que trabajó un año aparente en apreciable monto, pues se consume inmediatamente por imperio de necesidad perentoria; en tanto que la renta no ganada no está referida a la necesidad del que la disfruta sino a la necesidad de quien la paga para poder por usar de la tierra que trabaja. Una democracia que no advierte y salva tamaña desigualdad, eleva a poder social la ventaja sin beneficio para el común, en proporcional medida que disminuye la garantía para el esfuerzo útil. En vano se proclamará enfáticamente que no existe otro título para el dominio de las cosas y su legítimo aprovechamiento, que el trabajo, mientras los hechos demuestren exactamente lo contrario.

Socialmente hablando, existe un límite para el lucro teóricamente reconocido, trátese de interés del capital que se presta o de los precios de las mercancías o de la renta territorial bajo forma de arrendamientos u otros tipos de retribución al señor de la tierra. Pero como no se ha llegado a crear el justo equilibrio de la necesidad con la libertad, en el hecho resulta, a cada paso, excedido y burlado aquel límite. Y es natural que así ocurra, dentro de una economía que nada tiene de democrática; pues si la necesidad se ve forzada a contratar no siendo libre, ha de encontrarse con la libertad que no padece necesidad y ésta maneja la situación e impone que el sacrificio de la necesidad sea la ganancia de la libertad antisocial. Muy poco se logra con perseguir el préstamo usurario, con gravar la actividad de los prestamistas y con imponer eventuales reduccíones de los arrendamientos. Lo interesante, como conquista de la justicia social, sería que no hubiera porqué someterse a exigencias extorsivas: el usurero como el rentista puro, es decir, el que recoge sin sembrar, son productos de estados sociales, como los hongos son manifestaciones de la humedad. Se los crea y luego se los maldice. Nuestras sociedades se parecen mucho a aquel simpático alcoholista que, atacado de violenta cirrosis, resolvió escribir un apóstrofe contra el abominable hígado.

El reconocimiento de que al tipo democrático de organización social debe corresponder cierto módulo económicomico, no impide mantenerse fervorosaníente como soldado de la espiritualización de la existencia. Opino, como Baldomero Argente: “Es, en efecto, el espíritu quien urde la Historia y crea la Civilización; pero el espíritu condicionado, encauzado, señoreado por el factor económico, cuyas etapas se cumplen por virtud de las leyes inmanentes, hasta el punto de que, reproducidas aquellas etapas económicas, el espíritu recae en las mismas creaciones, descubriendo el nexo irrompible que a unas y otras encadena. A esta luz, el pasado se ordena e ilumina y fosforecen en la oscuridad del futuro lógicas persuasivas, adivinaciones del porvenir”.

Hace ya varias décadas, el profesor Aquiles Loria produjo un libro que atrajo extraordinaria atención y circuló en varios idiomas por el mundo; originariamente se denominó “Teoría Económica de la Constitución Política” y en ediciones últimas,”Las bases económicas de la Constitución Social” que, sin duda, traduce mejor su contenido. ¿Qué se proponía el eminente hombre de estudio? Lo expresa con precisión en el breve prólogo: demostrar “que la codicia, el sórdido y mezquino egoísmo, el espíritu de escuela y de casta, gobiernan nuestra sedicente democracia; ha desenmascarado aquella deidad política que solíamos decorar con los nombres más altisonantes y pomposos; y, levantando el velo que la encubre, ha mostrado que allí donde se creía encontrar a la mística Isis, no hay sino un ávido y despiadado cocodrilo”. Estas palabras no pertenecen al pasado, por desgracia.

La democracia, pues, tiene que comenzar a edificarse desde la ordenación económica: todavía posee sentido aquella divisa que estuvo en el alma de los que en la vieja Italia, en la sombría Rusia de los zares, en la España de los cacicazgos y en la América de las redenciones presuntas, proclamaban: “tierra y libertad”. El árbol de la justicia social debe penetrar sus raíces en la tierra, donde se esconde el. sudor de los labriegos y se hunde la uña del arado. Es la base firme o deleznable del edificio de la solidaridad según el grado de profundidad de ese arraigo.

El único gobernante nuestro de extraordinaria clarividencia en política agraria, fué Rivadavia quien por eso se atrajo el, odio mortal de los señores feudales a que representó brillantemente Rozas. Después del frustrado intento rivadaviano de conservar la tierra para la Nación, la inmensa riqueza territorial del país sirvió para crear un tipo de sociedad en que el privilegio se llamó derecho y en que el derecho a la vida se denominó servidumbre de la gleba. ¿De qué vale cantar al agricultor su proeza magnífica si en el corazón del fruto está la maldición de la tierra esclavizada por el privilegio?

En pocas palabras: para que sea legítimo hablar de democracia, corresponde crear un tipo de economía social en que el hombre sea libre y obtenga justicia y dignidad. Mientras tal no acontezca, se vivirá en la esfera de la ficción con todos los peligros de pensar de una manera y obrar de otra. Es la dualidad más desdichada que puedan padecer los pueblos. El mismo Loria a quien recordaba antes, denuncia esa contradicción fatal: “la sociedad tiene hoy apariencias de vigor y de florecimiento que parecen desafiar toda amenaza; pero, si aproximamos el oído, percibiremos esta apariencia de orgullo y de vida que es roída por la lenta carcoma de la muerte. Un fúlgido manto recubre a la sociedad capitalista; pero si miramos de cerca, veremos que un borde de ese man¬to es negro y que el borde se extiende se extiende hasta que el espléndido paño que envuelve a la sociedad no es más que el fúnebre sudario que debe recubrirla’, He ahí el cuadro de la estupenda brillantez técnico política del mundo envuelto en el sudario de la más horripilante guerra de exterminio.

Hay que dignificar el trabajo, no en discursos pomposos ni en cantos escolares sino, en primer término, haciendo del hombre que trabaja una unidad de justicia y de seguridad para que su propia vida sea una canción de civilidad armoniosa. Para ello, se impone la práctica de una moral fundada en el deber de servicio social, no como maldición totalitaria sino como aprendizaje cordial. Y todos los desarreglos que nos traen las mistificaciones de diverso orden, desaparecerán con los remedios de la auténtica democracia. Todo esto parece divagación de insomnio. Pero cuanto de grande ha concebido la mente humana, cuanto sirve a la vida noblemente realizada lo mismo la bombilla eléctrica que la verdad científica, el agente microbicida que la institución revolucionaria – ha sido en algún momento simple enunciado audaz de un espíritu tocado de aventura. Y volvamos a don Quijote: no confundamos los inofensivos molinos de viento con descomunales gigantes; eso sería locura; pero tampoco tomemos a los gigantes del mal social como a inocentes molinos de viento, porque eso es inexcusable estupidez.

Copia realizada por el ICEPAL (Instituto de Capacitación Económica para América Latina). Se autoriza su reproducción y divulgación citando las fuentes.
ice_argentina@speedy.com.ar
www.icepal.com

LA CIENCIA DE LOS PIES DE BARRO: LA ECONOMIA

Posted by admin on enero 18th, 2010

Hans Albert (1921), economista y sociólogo alemán, discípulo de Karl Popper, autor de la teoría del racionalismo crítico cuestiona la dogmática económica como se expresa en los “Manuales”. Su investigación académica se orientó a mejorar el método a ser utilizado por las ciencias sociales y las ciencias del espíritu. Su enfoque rechaza comenzar la teoría económica por el comportamiento del consumidor cuando en realidad se debería comenzar por analizar las instituciones que conforman la vida social de los individuos.
La crítica a los “Manuales” –ámbito del conocimiento científico aceptado como cierto- que los estudiantes y profesores utilizan en su formación profesional y académica, nos permitirá profundizar nuestra investigación, sugiriendo si, en principio, no estaríamos frente a una de las causas por el cual nuestro país ha tenido en 64 años (1945-2009) 54 Ministros de Economía, por qué en un territorio de extensión de más de 2.791.810 km2 tengamos problemas de vivienda, 20.000 villas miseria, 40% de población en condiciones infrahumanas, alta desocupación, densidad demográfica promedio del país de 11 h/km2 y en 3.880 km2 (CABA+ GBA) más del 30 % de la población del país, crisis económicas recurrentes, inflación e inestabilidad monetaria, déficits fiscales y endeudamiento público seculares, decadencia en la prestación de servicios públicos (transporte, infraestructura, salud, educación, justicia).
Hemos seleccionado un conjunto de Manuales de Economía, de prestigio internacional que
constituyen la fuente en que abrevan nuestros estudiantes y enseñan nuestros profesores, no sólo en nuestro país sino en muchísimas universidades del mundo.
Economía positiva de Richard G. Lipsey. 918 páginas dedicadas a la profundización de diversos temas de la ciencia económica, pero escasa o nula dedicación al tema de la teoría de la distribución, especialmente al factor tierra que se encuentra diluido entre los otros dos factores de la producción: trabajo y capital.
Economía: principios y aplicaciones de Francisco Mochon y Víctor M. Becker. 826 páginas. El
Cap. 14 analiza los mercados de trabajo, de la tierra y del capital, dedicando a la tierra apenas dos páginas. Economía de Paul A. Samuelson y William D. Nordhaus. 478 páginas. El Cap. 16: La tierra, los recursos naturales y el capital dedica cinco páginas al tema.
Microeconomía y conducta de Robert H. Frank. 636 páginas., Cuarta Parte: Los mercados de
factores: el trabajo y el capital. La tierra no existe como factor de producción.
Economía: principios, problemas y políticas de Campbell Mc Connell y Stanley L. Blue. 862
páginas..Parte 4: Microeconomía de los mercados de recursos. El Cap. 29 trata de Rentas,
intereses y beneficios. Sólo cuatro 4 páginas al factor tierra.
Economía de Stanley Fischer, Rudiger Dornbusch y Richard Schmalensee. 983 páginas. Parte
Cuarta: Mercados de factores y distribución de las rentas y en el Cap 18: La riqueza tangible: el capital y la tierra, una página a esta última.
Eonomía de John B. Taylor. 1032 páginas. Cap 12: Mercado del trabajo y el Cap. 13: Mercado de capitales. La tierra no existe en la ciencia económica.
El profesor Foldvary de Santa Clara University, California, comienza su “Manual” de una manera absolutamente distinta e intentaremos aclarar aquellos temas que los autores comentados no lo tratan, o lo tratan muy superficialmente, haciendo endeble toda la estructura científica que elaboran posteriormente.
El Capítulo 1 se titula “Los fundamentos de la teoría económica” y consta de los siguientes
subtítulos.
a. La búsqueda de la prosperidad económica con justicia, que es el verdadero propósito de la ciencia económica.
b. El concepto de los modelos económicos. Sostiene que no es necesario una alta matemática para entender los conceptos básicos y las teorías económicas (el profesor Foldvary tiene un Master en Informática),
c. Economía positiva y normativa, se requiere una ética universal. Ética racional que no sólo sea importante para la política económica sino para entender la economía de mercado.
d. El fundamento ética de la economía de mercado. No es suficiente expresar que el mercado
se conforma de actos voluntarios sino que se requiere de ciertas normas de ética para entender cuáles actos son voluntarios o no.
e. Significado y metodología de la ciencia económica. Se define a la economía como la ciencia de la utilidad, ya que es un hecho fundamental que los recuraos naturales mediante los cuales producimos riqueza son escasos. En cuanto a la metodología de una ciencia nos referimos a los métodos técnicos y a la filosofía científica utilizada en la obtención de conocimientos.
La metodología utilizada por el autor es “fundacional” La economía fundacional se basa en la razón con el empleo de la lógica y la evidencia empírica. Sus principios básicos incluye la definición de términos clave, la “taxonomía” o división en categorías significativas, la formulación de premisas universales referidas al campo en estudio, la deducción de teorías puras mediante una rigurosa lógica (que no tiene porque incluir matemática), eldescubrimiento de conocimientos empíricos mediante la observación y la realización, puesto que nuestra percepción esta teñida por nuestras interpretaciones y el descubrimiento de teorías específicas, observando hechos,
personas, áreas e historias mediante conjeturas e hipótesis confirmadas mediante el test de datos.
Definidos los temas clave, el campo científico requiere contar con premisas fundamentales o
primeros principios. Son proposiciones o afirmaciones aplicadas a todo el universo del campo científico En las ciencias sociales, esto significa que tales proposiciones son válidas para todas las personas, en todo tiempo y lugar, para todas las culturas.
Las siguientes proposiciones universales son fundacionales en economía.
A. Proposiciones acerca de los recursos físicos y tecnológicos
1. Algunos recursos naturales son escasos respecto a los deseos humanos
2. Los recursos varían en calidad
3. El empleo de una determinada cantidad de recursos, después de cierto tiempo, producen
menor cantidad de output (ley de los rendimientos decrecientes o proporciones variables)
4. Diferentes cantidades y métodos de producción producen diferentes cantidades de output
(rendimientos a escala y las técnicas utilizadas suelen variar continuamente).
PROGRAMA DE ESTUDIOS DE LA ECONOMÍA DEL SECTOR PÚBLICO ARGENTINO (PEESPA)
B. Proposiciones acerca de la biología humana
5. Los seres humanos pertenecen a una misma especie
6. La vida humana es finita
7. Los seres humanos tienen hijos que requieren cuidado y ancianos que no están capacitados
para trabajar por más tiempo.
C. Proposiciones sobre la conducta y el pensamiento humano
8. Los seres humanos tienen fines: propósitos, deseos y necesidades
9. Los seres humanos son capaces de ordenar jerárquicamente sus propósitos de mayor a menor
importancia
10. Los deseos humanos son ilimitados
11. Los valores humanos (materiales y morales) son subjetivos
12. Los seres humanos economizan: es decir, desean obtener con el menor esfuerzo posible el
máximo producto o equivalentemente con cierto nivel de esfuerzo obtener lo máximo posible.
13. Los deseos humanos conllevan al propio interés; fines conectados con su propia
supervivencia, felicidad, poder y amor propio.
14. La gente tiene tendencia a tener preferencia temporal: prefiere los bienes presentes a los bienes futuros.
D. Proposiciones acera del futuro
15. El futuro es incierto.
La producción de riqueza
Según la Biblia, nuestra economía empieza con la Creación del Universo. Al comienzo fue el
Universo y la Tierra. Luego vinieron los seres humanos. La economía es una ciencia social, es decir, ciencia entre personas. Desde que los seres humanos son los sujetos de la ciencia, ellos forman una categoría importante pata el análisis. Así dividimos el Universo en seres humanos y Naturaleza, definida como cualquier cosa no afectada por los seres humanos. Desde que los seres humanos usan la naturaleza para satisfacer sus necesidades y deseos, la Naturaleza recibe el nombre de recursos naturales.
Las cosas que los seres humanos crean con su esfuerzo, utilizando elementos de la Naturaleza, se llama “riqueza económica”. Son cosas valoradas por los sujetos y que se ofrecen en cambio.
La riqueza económica tiene un valor de mercado y ese valor se refiere a objetos reales y que pueden ser cambiados (compradas o vendidas) en el mercado.
Ejemplo: La moneda no es riqueza económica porque la gente no la quiere por si mismo sino por lo que se puede comprar con ella (no tiene valor intrínseco).
Como la riqueza económica no es un recurso natural ni una persona, ella da origen a una tercera categoría dentro de los elementos económicos.
La riqueza económica la representamos algebraicamente mediante la función:
Q = f ( T, L, K)
donde Q = riqueza económica, f: función, T: T tierra, L: Trabajo y K: Capital
Ejemplos: bien privado. Q =pan, T: el espacio físico que ocupa la panadería, L: el maestro de pala y K: horno e instalaciones
Bien público: Q= servicio de salud, T: espacio que ocupa el hospital, L: médicos y paramédicos, K:quirófano.
Si la tierra, el trabajo y el capital son los tres elementos básicos del fenómeno económico, es necesario dedicarle más atención a cada uno de ellos, especialmente a la tierra que es la cenicienta de la economía oficial. Pues no sólo es el hábitat puesto a disposición de los seres humanos por Dios, sino para que se gane el pan con el sudor de su frente. Es necesario comenzar a estudiar el proceso de formación de la riqueza económica, analizando previamente las características y cualidades de cada factor productivo en particular, siendo primero la tierra luego los seres humanos y finalmente el capital. Los tres factores son igualmente importantes, pero no se puede ignorar -intencionadamente o no- que de la buena asignación económica y justa
de la tierra se determina la estructura de la sociedad. A manera de ejemplo, compárese
sociedades de cualquier país de América Latina frente a Canadá, Australia, New Zealand.
El economista Walter Isard en su libro “Location and space-economy” se burla de los economistas porque dice “actúan y desarrollan sus modelos y teorías como si estuviesen suspendidos en el aire”. Isard destaca que el sesgo anglosajón es que señala el tiempo como única variable con significación en el análisis y en los modelos de naturaleza dinámica. La tradición proviene del economista Alfred Marshall, siguió con Hicks, Lange, Samuelson y la corriente americana actual.
El factor espacio no existe en el campo de la economía ya que se reduce a que los factores,
productos, bienes y consumidores se concentran en un punto. En este sentido, la Escuela
alemana a través de Alfred Weber, von Thunen, Laundhart, Roscher, Schäflle, Engländer, Rischl, Predöhl, Palander y Lösch con sus aportes a la “Raumwirtaschaft” supera al pensamiento anglosajón. Ello se traduce en que el Estado tenga en una de sus funciones fundamentales el de establecer un ordenamiento territorial que haga la vida digna.para ello, en Alemania existe un Ministerio dedicado al ordenamiento del espacio (Bundesministerium für Raumordnung, Bauwesen und Städtebau). Más está decir que tal sesgo se reproduce en el pensamiento argentino actual, excepto en casos como el del fallecido economista platense Horacio Nuñez Miñana que formó Escuela en la Facultad de Ciencias Económicas de La Plata.
A continuación analizaremos brevemente aquellos conceptos clave, especialmente la tierra y sus características.
El significado de la tierra desde el punto de vista de la ciencia económica La tierra consiste en todos los recursos naturales, incluyendo los minerales, metales, petróleo,
bosques, selvas, formas de vida salvaje, los océanos, los ríos, los lagos, la atmósfera, el
spectrum electromagnético que permite la transmisión de la radio y la TV, y el espacio
tridimensional de la Tierra (Earth).
La primera proposición universal de teoría económica establece que la tierra es escasa. De todos los tipos de recursos naturales, el más familiar en la vida cotidiana es la superficie terrestre, donde vivimos y trabajamos. Ella recibe un valor de mercado debido a su utilidad en el tiempo y a su escasez de buena calidad.
Llama la atención que la superficie de la tierra de buena calidad se comercialice en el mercado como una mercancía cualquiera y sea objeto de propiedad privada, mientras que la Tierra hacia su subsuelo sea propiedad de las Provincias (según la Constitución Nacional vigente), quienes la entregan en explotación previo pago de un suculento canon (regalías) asimismo el otorgamiento de licencias por parte del Estado Nacional para usar las ondas electromagnéticas, previo pago de un canon por un tiempo determinado. ¿Por qué cuando nos referimos al recurso natural(superficie terrestre) este puede ser comercializado como si se tratara de una simple mercancía o bien económico o riqueza económica cuando en realidad es parte de la Naturaleza. Los Manuales antes mencionados no explican nada al respecto.
La problemática de la tierra
1. La tierra es muy desigual en cuanto a su productividad
1.1 la tierra agrícola y ganadera se caracteriza por su fertilidad
1.2 la minería por la existencia de depósitos más o menor ricos
1.3 la comercial por ser más favorable para los negocios
1.4 la construcción requiere las mejores localizaciones
2. A medida que la población crece, el trabajo se extiende hacia tierras menos
productivas.
3. A medida que aumenta el número de habitantes, la asociación productiva se amplia y la eficiencia del trabajo se eleva por la división del trabajo
4. La desigual productividad del suelo significa que cada porción posee una capacidad especial, propia y característica.
5. Las ventajas que unas tierras poseen sobre otras se denomina renta económica
de la tierra.
6. La renta económica se mide siempre por comparación con las tierras de calidad
inferior en explotación.
7. El desarrollo económico de un país origina el crecimiento constante y progresivo
de la renta de la tierra.
8. La ley de la renta de la tierra determina que la renta surge para cualquier porción
de tierra por el exceso de su productividad sobre un área igual de tierra menos
productiva en uso, cuando a una y otra se aplica el esfuerzo más eficaz y productivo.
9. ¿A quién corresponde la renta de la tierra? Según el derecho de propiedad: toda cosa pertenece a quien la obtiene o produce con su esfuerzo. Es decir, el título legítimo de propiedad es únicamente el trabajo o lo haya obtenido legítimamente de quien lo haya producido con el suyo.
10. ¿Quién crea la renta de la tierra? Es el resultado de un doble fenómeno: de ampliar el trabajo a tierras de inferior productividad y acrecentar la eficiencia productiva del trabajo.
11. El incremento en la productividad de la tierra no es debido a la acción particular de
este o aquel individuo, sino es el resultado del conjunto de la sociedad, es decir, es
producto de la acción colectiva.
12. Representaremos en el CUADRO 1 el esquema de cómo se genera la renta y cómo se distribuye entre los factores productivos.
CUADRO 1
Producción y distribución de la renta de la tierra (renta económica)
ZONA (1) PARCELA (2) Q/P (3) Qt (4) R (5) Rt (6) W (7) Wt (8) Dt (9)
1° 200 600 120000 320 64000 280 56000 120000
2° 300 500 150000 220 66000 280 84000 150000
3° 400 400 160000 120 48000 280 112000 160000
4° 500 320 160000 40 20000 280 140000 160000
5° 600 280 168000 0 0 280 168000 168000
TOTAL 2000 2100 758000 700 198000 1400 560000 758000
(1) Indica cantidad decreciente de las parcelas
(2) Cantidad de parcelas por zona
(3) Producción/parcela en Kg
(4) Producción total por categoría (Kg)
(5) Renta de la tierra con respecto a la ultima categoría en producción
(6) Renta total por categoría (2) por (5) Kg
(7) Salario (3) – (5) Kg para todas las categorías
(8) Salarios total por categoría (3) por (7) Kg
(9) Distribución total (6) + (8) entre factores productivos (8) incluye distribución al K
13. Aquí quisiéramos reflexionar sobre el concepto de renta. La palabra renta tiene distintos significados, pero en la economía el sentido preciso es el de renta económica de la tierra. Los “Manuales de Economía” están plagados de conceptos que llevan más confusión a quienes estudian con esos textos. Por ejemplo, se habla de capital humano cuando en realidad capital es un factor de producción: edificios, tornos, semillas mientras que el ser humano es una persona o sujeto de la ciencia social y no un objeto. .Asimismo se habla de intereses negativos, cuando el interés es una prima que recibe el ahorrista por haber postergado el consumo presente por consumo futuro, mientras que intereses negativos vienen a ser una especie de subsidio al inversor, lo que puede llegar a que un proyecto no rentable se convierta en rentable. Son casos típicos de metáforas del lenguaje que poco
ayudan a la pureza del lenguaje científico.
El valor de la tierra se debe a la escasez relativa respecto a los seres humanos y a varios razones:
recursos materiales fijos (minerales, petróleo), a recursos renovables (vida silvestre, fertilidad, suelo, luz solar, agua) y al espacio o localización determinada.
Conclusiones del CUADRO 1:
1. El cultivo de la última tierra cultivada se llama cultivo marginal
2. En general, la última tierra utilizada se llama producción marginal
3. El agricultor de la zona 1ª.obtiene los mayores ingresos (renta económica) debido al
incremento poblacional y a la merma de la productividad de la tierra.
4. La renta de la tierra aumenta a medida que ingresan tierras de menor productividad. Por
ejemplo, si agregaramos una 6ª Zona de 500 parcelas con una producción de 120 Kg/p
resulta una nueva renta para la Zona 1ª de 480 Kg/p en vez de 320 kg/p y el salario se
reduciría a 120 kg/p. en vez de 280m
5. El salario se define por el ingreso percibido por el cultivo marginal.
6. El salario disminuye a medida que se incrementa el valor de la renta de la tierra.
Método Foldvary para estimar el valor de la propiedad y cálculo de la renta de la tierra
El precio de la tierra se calcula según la fórmula siguiente:
P = r / (i + t),
siendo P igual al valor del inmueble, r igual a la renta anual, i igual a la tasa de interés real
(menos inflación) y t igual a la alícuota impositiva.
Ejemplo: Sea r = 10.200 pesos anuales (alquiler de 850 pesos mensuales en12 meses).
i = interés real (15% anual nominal menos 8% inflación anual) = 7% anual.
t = 10% anual sobre precio del inmueble
P = 10.200/0,07+0,10 = 60.000 pesos
PROGRAMA DE ESTUDIOS DE LA ECONOMÍA DEL SECTOR PÚBLICO ARGENTINO (PEESPA)
f = fracción de la renta de la tierra
f = t / (t+i)
si t= 0,10 e i= 0,07
resulta f = 0,10 / =,10 + 0,07 = 58 % de la renta
Si quiero gravar el 80% de la renta de la tierra utilizo la fórmula siguiente:
t = f .x i / 1 – f
Sea f= 80 % a gravar = 0,8
i= 5% anual =0,05
resulta: t = 0,80 x 0,05 / 1- 0,80 = 0,20 ó 20%
Moraleja: Con esa tasa del 20% se capta el 80% de la renta de la tierra.
Si t = 20% = 0,20
P = i / ( i +t ) = 0,05 / 0,05 + 0,20 = 20% el precio no gravado.
Consecuencias de la renta de la tierra para la sociedad
1. El propietario privado tiene el privilegio que supone la apropiación de la renta económica de la tierra, cuando en realidad la renta ha sido generada por la sociedad (sólo pude tener derecho únicamente sobre las mejoras, que son capital propio). El propósito es que la sociedad recupere parte de la renta que ha generado, aun cuando el propietario no se vea afectado en su titularidad.
2. El propietario privado no puede tampoco dejar sin explotar o explotar parcialmente la
parcela que ocupa (pues debe pagar la renta sin importar si la explote o no).
3. Cuando la renta de la tierra es percibida por la sociedad los salarios son iguales en toda clase de tierras.
4. El salario esta constituido por el rendimiento íntegro de las tierras inferiores en explotación.
5. Los salarios están determinados por el producto que el trabajo obtiene en las tierras de
mayor capacidad productiva que es accesible sin pagar renta.
6. Es un grave error considerar primero la producción y luego la distribución. La producción y la distribución son simultáneas, a la vez que se produce se distribuye.
Especulación en el uso de la tierra La gente observa que la renta crece y tiende a ocupar tierras menos productivas. Algunos adquieren tierras no para ser utilizadas en el proceso productivo sino pensando en función del futuro incremento de la renta. El efecto de la especulación de la tierra es mover más rápidamente el área de cultivo marginal hacia tierras de menor productividad, reduciendo el salario e incrementado la renta lo más rápido posible.
El CUADRO 2 muestra el caso de que se dejan de explotar ciertas tierras de mejor calidad para dar origen al nacimiento de la falsa renta.
CUADRO 2
Producción y distribución de la renta de la tierra (especulación y falsa renta)
ZONA (1) PARCELA (2) Q/P (3) Qt (4) R (5) Rt (6) W (7) Wt (8) Dt (9)
1° 160 (40) 600 96000 400 64000 200 32000 96000
2° 240 (60) 500 120000 300 72000 200 48000 120000
3° 310 (90) 400 124000 200 62000 200 62000 124000
4° 500 —– 320 160000 120 60000 200 100000 192000
5° 600 —– 280 168000 80 48000 200 120000 224000
TOTAL 1810 —– 2100 668000 1100 306000 1000 362000 668000
6° 450 —— 200 90000 0 0 200 90000 90000
TOTAL 2260 —– 2300 758000 1100 306000 1200 452000 758000
Observaciones:
1 R se incrementó no por aumento de la población sino por especulación de 320 a 400kg
2 Especulación 40, 60 y 90 parcelas de 1°, 2° y 3° Zonas (190 parcelas)
3 190 parcelas es menor que 450 parcelas adicionales de 6° zona
4 450 parcelas adicionales para producción 90000 Kg. e igualan los 758000
5 La igual producción requiere empleo de mas trabajadores y capital pero menor nivel salarial (de 280 a 200 Kg)
Renta urbana
Friedrich von Wieser, economista austriaco, estudió y comprobó que la renta urbana es aquello que se paga como “premio” por las ventajas de su mejor localización. La renta urbana crece 1ª por efecto de la población creciente, 2ª por el mayor tamaño de las ciudades y 3ª por incremento de más actividades económicas y no económicas.
Generalización del tema de la renta de la tierra El modelo agrario que hemos desarrollado, se puede generalizar para la tierra que se destine a cualquier uso. La ley de la renta se aplica a toda la tierra, urbana, rural o de cualquier otro tipo. Un aspecto importante del incremento de la productividad es contar con la disponibilidad de medios de transporte: rutas, vehículos, ferrocarriles, buses, comunicaciones. El teórico de la localización
económica (incluyendo el transporte) fue Johann Henriech von Thunen (1783-18529), que
desarrolló el tema en su famosa obra “El Estado aislado” (1826). Como hemos visto en el modelo agrario, el incremento de la productividad aumenta la renta de la tierra afectada. La productividad debido a la infraestructura existente como autopistas, ferrocarriles, buses, comunicaciones, termina necesariamente incrementando la renta de la tierra.
La oferta y demanda de tierra y la renta
La cantidad fija del recurso natural es constante. El espacio no se puede importar y no se puede “fabricar”” como sucede con las mercancías. La cantidad de espacio es fija. Por ejemplo, la Ciudad de Buenos Aires tiene una superficie de 204 km2.
Si toda o parte de la renta se recauda por la comunidad, la oferta no se verá afectada. Si el canon es mayor que la renta, la gente no tendría interés en mantener la propiedad de la tierra. En la medida que la renta recaudada no sea mayor que la renta normal, no afecta a la demanda; no reduce ni incrementa el pago por parte del ocupante o tenedor. Si el propietario ya ha cargado toda la renta posible a lo que paga el ocupante, la renta recaudada será cargada indefectiblemente al propietario y éste no la podrá transferir al locatario.
Poder monopólico de la tierra
Winston Churchill en Edinburgh, Escocia, en julio de 1909, dijo: lo siguiente:”es absolutamente exacto que el monopolio de la tierra no es solo un monopolio, sino a lo lejos el mayor monopolio. Es un monopolio perpetuo y es la madre de todos las formas de monopolio”.
¿Cómo se puede hablar lógicamente de monopolio de la tierra, si monopolio significa el poder exclusivo en la venta de una mercancía? Para analizar el monopolio de la tierra, debemos considerar la naturaleza de un terreno o parcela. Cuando alguien busca comprar un terreno o parcela la ubicación o localización es el factor decisivo. Desde que la tierra es única, cada terreno o parcela tiene un micro-monopolio de localización y casi nunca tiene sustituto. La literatura económica alemana prefiere hablar de “monopolio de clase”.
Efecto derrame urbano (urban sprawl)
Urban sprawl es la excesiva urbanización hacia las zonas rurales o suburbanas. La expansión
daña la tierra agraria y natural concomitante, decrece la eficiencia de las ciudades, lleva a un considerable despilfarro de infraestructura con rutas, autopistas, cañerías, sistema de iluminación.
La mayor ineficiencia consiste en el mayor tiempo que se consume en el traslado del hogar altrabajo y viceversa. El costo del transporte tanto para bienes urbanos como rurales crea y produce un despilfarro de combustible. El urban sprawl tiende a ser horrible, como se aprecia en nuestro país carente de una mínima planificación del espacio. Asimismo, contribuye el urban sprawl ha significado un subsidio a los servicios públicos: rutas, autopistas, cañerías, desagües, iluminación,seguridad, servicio de bomberos, plazas, escuelas, hospitales y otros bienes y servicios locales.
Estos servicios son provistos, generalmente, a expensas del contribuyente de la ciudad, del
distrito e incluso con ayuda de las máximas autoridades nacionales. Son subsidios que el usuario de la tierra suburbana considera libre, es decir, gratuito ya que: no contribuye a financiar su costo y por consiguiente incrementa el uso y la demanda de esos servicios (free-rider).
El sistema impositivo vigente es el mejor contribuyente a la urban sprawl. El uso vertical del espacio se grava con impuestos sobre los edificios, mientras que el uso horizontal del espacio está subsidiado.
Subsidios agrícolas
David Ricardo, sostenía que si el Estado aumenta artificialmente el valor de un producto, por ejemplo en nuestro caso el te, el valor de la tierra que produce ese bien aumenta. Si se grava la importación de te, ello aumentará el precio que fijen las chacareros y consecuentemente la renta de la tierra. La renta continuará aumentando hasta que efectivamente se agoten los beneficios que el chacarero obtuvo al rentar la tierra.
Conclusiones y recomendaciones generales La tierra juega un rol importante como factor de producción que no es producido por el esfuerzo humano y es completamente diferente a los otros dos factores: el capital y el trabajo, como asimismo en la distribución en cuanto a salario e interés.
A continuación trataremos de mencionar algunas consecuencias que podrían inferirse y que
titulamos consecuencias primarias y consecuencias secundarias Consecuencias primarias
La renta normal de la tierra surge, crece y alcanza cifras elevadísimas a medida que progresa una Nación.
En primer lugar, según los autores Atkinsons y Stiglitz en su “Lectures” desarrollan un modelo, que en homenaje al economista americano Henry George autor del famoso libro “Progreso y Miseria” llaman “Ley Henry George, llegan a la conclusión que los recursos que se generan a través de la renta de la tierra alcanzan para financiar los bienes públicos que demanda la sociedad. A este respecto creemos que eso más bien dependerá de las expectativas que muestren los miembros de esa sociedad.
En segundo lugar, el cobro por parte de la sociedad de la renta de la tierra, haría que no existirá ni especulación y ni falsa renta, ya que todas las tierras disponibles deberían ponerse en producción, elevando de esta manera los salarios, por una parte, y desaparecerá automáticamente la desocupación y subocupación, por la otra parte.
En tercer lugar, siendo la renta de la tierra el ingreso natural del Estado, el régimen tributario perderá vigencia no sólo por ser ineficiente e injusto sino extravagante y absurdo, pues no hay acto humano que no esté explicita o implícitamente gravado. Vamos a mostrar con dos ejemplos el absurdo sistema tributario argentino.
Las locaciones comerciales por encima de 1.500 pesos mensuales deben pagar el Impuesto al
Valor Agregado. En zonas muy comerciales los alquileres pasan los 10.000 pesos mensuales.
¿Cuál es la decisión que toma el locador para no someter a gravamen sus ingresos con el 21%
mensual? Firma el contrato con el locatario bajo las siguientes condiciones.: se fija el alquiler en 1.490 pesos mensuales y se firman tantos pagares por 8.510 pesos mensuales, generalmente ante un estudio jurídico. En primer lugar, el locador no quiere que se le descuenten 2100 pesos mensuales, además el hecho de declarar el verdadero valor significaría que debería pagar Impuesto a las Ganancias al hacer su liquidación anual y en tercer lugar debería contratar los servicios de un contador público para que le lleve los libros de las liquidaciones y presentaciones mensuales de los alquileres que debe efectuar en forma periódica. Todo esto surge como consecuencia de que el sistema impositivo argentino es de declaración jurada y no objetivo como sería si se funda en el cobro de la renta de la tierra por la sociedad, puesto que todo el mundo, no solo el locador sino cualquier persona, conoce el valor locativo de la vivienda o comercio. Un porcentaje anual sobre el valor de mercado de la parcela de la tierra excluyendo el edificio haría más transparente la gestión contractual y la relación con el Estado.
El segundo ejemplo son los derechos de exportación sobre cereales y oleaginosas por parte del Estrado Nacional. El productor o el exportador se niegan a pagar el derecho y con razón. Por que?
Porque el derecho que se fija no se tiene en cuenta las características propias del campo de donde proviene el cereal o la oleaginosa. Es decir, a unos le puede absorber la renta pero a otros por encima de la renta de la tierra lo cual le grava el capital y el trabajo personal. Si el Estado nacional aplicara un canon para absorber parte de la renta de la tierra según el valor de mercado, el productor no podría ocultar el valor ya que es un dato objetivo a disposición de cualquier persona, mientras la declaración jurada que se presenta ante la Aduana o la AFIP está sujeta siempre a evasión o elusión fiscal.
En tercer lugar, como consecuencia del incremento de los salarios, la desaparición de la
desocupación y la existencia de tierras disponibles para quienes la quieran trabajar, reducirá la intervención del Estado en múltiples formas, relajando la legislación creada para “proteger” a los trabajadores ante las injusticias causadas por los monopolios, comenzando por el monopolio de la tierra, lo que ha llevado a las llamadas “leyes sociales” con la creación de numerosos organismos, reparticiones, entes, entidades colmadas de personal que poco hacen para incrementar la productividad sino más para dificultarla y que aumentar los gastos públicos, obligando a nuevos financiamientos creando estrafalarios impuestos, tributos, cargas y contribuciones sociales o mediante endeudamiento público o crédito externo.
En cuarto lugar, la idea de J.B.Alberdi “gobernar es poblar” se vería traducida en la realidad porque seria necesario contar con mano de obra para promover el desarrollo y el crecimiento del país que no se podrá llevar nunca a cabo con una densidad demográfica actual de apenas 11 h/km2 para el inmenso territorio argentino. Modestamente debería pensarse en una densidad de 80/100 personas por km2, lo que daría una población global de 240 a 300 millones para nuestro país.
En quinto lugar, el canon a establecer que no es impuesto porque el canon es el pago por el uso de un recurso natural como son las regalías petroleras o la licencia para el uso de las ondas electromagnéticas, mientras que un impuesto en una exacción coercitiva sobre el patrimonio del contribuyente, variará de acuerdo a las características propias de la tierra (sea agrícola, ganadera, minera, comercial, industrial, urbana, residencial, etc), correspondiendo el pago y cobro a la jurisdicción territorial que corresponda (provincia o municipio).
Ejemplo: El Ex Destacamento Palermo, que pertenece al Ejército Argentino ocupa unas 10
hectáreas en la mejor zona de la ciudad de Buenos Aires. Su valor estimado es de 300 millones de dólares, lo cual pensando en un bajo canon de 2% anual, la CABA podría recaudar por lo menos 6 millones de dólares al año, lo que obligaría a esa repartición nacional abandonar el lugar y buscar otro destino. El predio liberado debería ofrecerse en enfiteusis a aquellos que quisieran explotarlo racionalmente. Lo mismo ocurre a nivel provincial donde existen reparticiones nacionales que ocupan gran parte de las provincias y que deberían pagar un canon a las provincias por las tierras que ocupan. Por ejemplo, en la Provincia de Neuquén, la represa Chocón-Cerros Colorados, Parques Nacionales y otras entidades nacionales ocupan parte del territorio provincial, obtienendo ingresos para la Nación sin aporte alguno para la misma.
Consecuencias secundarias
En cuanto a las consecuencias secundarias, en primer lugar, podríamos mencionar que la libertad de trabajo debido a la existencia de una gran oferta de tierra de todo tipo permitiría que muchas instituciones creadas a lo largos de los años para proteger a los supuestos más necesitados tenderían a perder relevancia social (sindicatos, gremios, asociaciones profesionales, obras sociales, etc) porque la dignidad humana así lo resolverá por su cuenta. El mejor ejemplo histórico, fue la formación de Australia que en su primera etapa se pobló con ladrones y prostitutas que eran enviados desde el Commonwealth y a quienes les ofrecía tierras libres. Así se formó la Nación que citamos como modelo de alto bienestar, crecimiento económico y bajo nivel de corrupción.
En segundo lugar, al disminuir el valor venal de la tierra como consecuencia de la desaparición de la especulación y de la falsa renta, se facilita la adquisición de viviendas, reducidos sus costos no solo de los costos de la construcción sino de los costos financieros que se sustentan fundamentalmente en la percepción de la renta de la tierra por parte del sistema financiera.
Asimismo, desaparecerán las villas miseria, el hacinamiento y otros vicios sociales que son
producto de esta realidad socio-económica. El mejor ejemplo es New Zealand que no solo no
tiene “villas miseria” sino alto nivel de vida acompañado de un exceso de oferta de viviendas. El contraejemplo es Argentina con un déficit de más de 3 millones de viviendas, al margen de las viviendas obsoletas existentes.
Notas adicionales sobre el vocablo tierra y sus singularidades Como la literatura económica que utilizamos proviene preferentemente del idioma inglés, es necesario ser muy cuidadoso en la traducción de los conceptos al español porque sino puede ser que distorsionemos las ideas que queremos reflejar en nuestra realidad. Vayamos a manera de
ejemplo al uso de términos utilizados en idioma inglés, vocablos que, en mayor o menor medida,
se refieren a la tierra, pero a qué clase de tierra, ya que económicamente no es lo mismo el significado de uno u otro. Vayamos a ver cómo define cada término el Oxford Dictionary..
“land”: the solid dry part of the Earth’s surface contrasted with sea or water.
“ground”: the solid surface of the Earth
“space”: a large area, esp of land not built on
“plot: a small marked” piece of land used or intended for a special purpose
“soil”: the upper layer of Earth in which plants, trees etc grow
“place”: a particular area or position / a building or area of land used for a particular purpose.
“site”: a place where a biulding, town etc. was, is or will be situated.
“nature”: the whole universe and every created not artificial thing
“Earth”: this World. The surface of the world contrasted with the sky or sea.
“real state”: houses or land
“real property”: property consisting of land or buildings.
Esta sola mención justificaría un mejor tratamiento académico y profesional por parte de los economistas como se puede inferir de la crisis económica de los Estados Unidos y no verla sólo como una crisis financiera que se resolverá con mayor emisión de dólares para financiar empresas e instituciones en quiebra económica. El profesor Fred Foldvary en un trabajo del año 2005 pronosticó una crisis inmobiliaria en el año 2008 atribuida al incremento de la renta de la tierra. La crisis financiera fue una mera consecuencia.
En cuanto a la tierra y su singularidad seguiremos el pensamiento de dos economistas
norteamericanos: Fred Foldvary y M.Mason Gaffney.
Según el profesor Foldvary el factor de producción tierra tiene las siguientes características:
1. Es un factor de oferta fija. El espacio físico no puede ser ampliado ni reducido.
2. La tierra no sólo es fija en extensión sino también en movilidad a diferencia de las
personas que pueden emigrar o de los bienes de capital que pueden ser muebles o inmuebles.
3. La tierra no puede ser importada. Aun en el caso de los edificios y otras estructuras fijas, la tierra difiere de estos casos en que son creados por el hombre y sus creadores deciden donde ubicarlos.
4. Finalmente, la tierra no es algo que debe ser descubierta. Una vez que el hombre
descubrió que la tierra tenía forma de esfera y determinó su aproximado tamaño, reconoció
que era “algo allí afuera” El espíritu empresarial fue vital para descubrir las mejores rutas, las mejores zonas y regiones y descubrir el verdadero valor potencial de esas zonas o regiones.
En cuanto a las características adicionales destacadas por el profesor M. Mason Gaffney,
mencionamos a las siguientes:
1. La tierra no es producible ni reproducible como sucede con cualquier bien económico.
2. La tierra como “sitio” es permanente y reciclable. Hoy hay en este sitio una casa mañana
podrá haber un negocio.
3. La oferta de tierra es fija. Por consiguiente al aumentar la población la demanda se
desplaza y aumenta la renta económica a favor del propietario o de la sociedad.
4. La tierra es inmóvil en el espacio y no controlable en el tiempo. La esquina de Av.
Corrientes y San Martín fue ayer, es hoy y será mañana.
5. La tierra no cambia, ella es reciclable y adaptable
6. La tierra no es intercambiable con capital. La tierra es Naturaleza fuera del hombre, el
capital es riqueza destinada a producir más riqueza. Ejemplo un torno.
7. La renta de la tierra está sujeta a las fuerzas del mercado que difieren de aquellas que
determinan la tasa de interés (precio del capital).
8. El precio de la tierra guía a los inversores y determina el carácter del capital cuando el capital sustituye a la tierra.
9. La tierra es limitada. La Ciudad de Buenos Aires tiene 204 km2.desde su origen como
distrito federal.
10. El valor de la tierra no es un “fondo” económico.
El enfoque que hemos tratado de analizar y subrayar y que pocas páginas destinan los “Manuales de Economía”, hace que el profesional en ciencias económicas adolezca de una formación sesgada y no logre visualizar soluciones a problemas tan acuciantes como son la pobreza, la desocupación, el hacinamiento, la inflación, los pésimos servicios públicos (transporte, salud, educación, justicia), crisis recurrentes, déficit fiscales, endeudamiento público, corrupción.
Buenos Aires, 19 de noviembre de 2009
Lic. Natalia Arbelo
Prof. Guillermo A. Sandler

La cuestión de los recursos del Estado

Posted by admin on enero 18th, 2010

Hector R. Sandler

El orden económico en la sociedad contemporánea

El vasto proceso de democratización mundial, iniciado hace un par de siglos por una conjunción de ideales e intereses materiales, acelerado por el crecimiento demográfico, el desarrollo científico y la sofisticación tecnológica, facilitado por la legislación y el refinamiento de las técnicas jurídicas, ha ido conformando bajo la forma política Estados nacionales, órdenes sociales humanos de tamaño gigantesco. Órdenes sociales desconocidos en toda la historia de la humanidad por la dimensión de sus problemas y su creciente complejidad.
Esta evolución ha cambiado los tradicionales centros de gravedad de anteriores civilizaciones. El núcleo central del orden social en cada Estado nación, en todo el planeta, es la economía. Actividad que pese a su inevitabilidad, siempre fue considerada inferior, pero que hoy da sentido y condiciona la casi totalidad de las actividades humanas. La bondad de este cambio puede y debe ser discutida, en especial por aquellos que ven en esa transformación una degradación de valores espirituales jerárquicamente superiores a los meramente instrumentales, como son los económicos. Pero los problemas de la vida pública cronicados diariamente por los medios de difusión, ratifican ampliamente esa primacía de lo económico. Las actividades económicas tienen la gravitación de una estrella que impone un giro planetario a los demás órdenes de conducta en que se concreta la vida humana.

Tal cantidad de actividades económicas no pueden desplegarse caóticamente. Más allá de que ellas se configuran en complejos órdenes económicos, este tipo de orden supone órdenes de otra clase que concurren para posibilitar economías humanas de tal magnitud. A la recíproca, los nuevos órdenes económicos que en cada sociedad se establecen actúan sobre los restantes de modo muy diverso. Según los procesos e instituciones, el orden económico puede reforzar y mejorar, por ejemplo, el orden jurídico, el orden político o el orden moral de la sociedad. Pero también puede erosionarlos e incluso deteriorarlos por completo. El análisis de esta interrelación recíproca entre los órdenes es uno de los temas más importantes de las ciencias sociales en la actualidad.

Dado el peso que acabamos de reconocer a la economía, conviene detenerse un momento en reflexionar sobre algunos aspectos de este orden. Un examen más atento puede mostrar que la economía de una sociedad moderna es un orden más complejo de lo que habitualmente la gente común e incluso los cultores del Derecho y las Ciencias Sociales, suelen suponer. Sólo reconociendo esa complejidad puede advertirse la relevancia del sistema de recursos del Estado. Por la ubicación y sus efectos, la constitución de este sistema puede ser considerado como la cuestión social de nuestro tiempo.

Una digresión epistemológica
Para valorizar con cautela lo que exponemos, hay que tener en cuenta que nos referimos a objetos invisibles. Nadie ha visto ni verá jamás un orden económico, ni ninguno de los otros órdenes que se conforman en la sociedad humana. La razón es clara: tales órdenes, sin perjuicio de ser fenómenos reales, no son cosas. Son relaciones dinámicas que los hombres establecen entre sí. Relaciones no aprehensibles por los sentidos, pero que nutren la gran corriente que llamamos vida social. Estas relaciones y procesos son conductas humanas que cumplen los múltiples miembros de la sociedad, según pautas propias de una específica legalidad en el marco de una totalidad unitaria, a la que llamamos orden (1).
Cada orden de actividades es así, por un lado, expresión de ciertos pautados comportamientos de algunos miembros de la sociedad; a la vez, el orden establecido obra como suministrador de datos para orientar las conductas de los titulares de esos comportamientos. Esta concepción revela, en primer lugar, la inevitable interacción recíproca entre procesos internos del orden y el orden que contiene a los procesos.
En segundo lugar, la concepción habla de una multiplicidad de órdenes que a pesar de ser esferas autónomas se interactúan funcional y recíprocamente. Metafóricamente podríamos decir que entre estos órdenes sociales específicos median relaciones semejantes a las que existen, según los biólogos, entre los diversos sistemas del cuerpo humano (2).

Economía social y economía pública
La invisible realidad que nombramos con la palabra economía no es una unidad homogénea. Está conformada por la articulación de dos hemisferios inseparables pero muy distintos entre sí. Se trata de dos órdenes reales diferentes por los principios que los rigen, los agentes que los dinamizan, los recursos que emplean, los procesos que contienen, las instituciones que los gobiernan, y principalmente, por el sentido que justifica a cada uno. La inderogable articulación funcional y estructural que existe entre ambos hemisferiores económicos anticipa un fenómeno muy importante: la buena constitución y funcionamiento de cada uno de estos dos órdenes depende, al mismo tiempo, de su propio modo de ser como del modo de ser del otro. Estos dos hemisferios, integrantes de la economía positiva de un Estado nación, son la economía social y la economía pública.

En la economía social son agentes originales los particulares; su principio rector les manda obtener el máximo resultado con el mínimo esfuerzo; sus relaciones y procesos fundamentales son la producción y el consumo de cosas; los recursos son el trabajo, la tierra y el capital (3). La institución gobernante es el mercado formado por demandantes y oferentes y su existencia se justifica por la variable -pero constante- escasez de cosas apetecidas por los hombres. Este campo de la economía es el que ha atraído el mayor esfuerzo teórico a partir del siglo XVIII.

Mucho después del nacimiento y desarrollo de este conocimiento y sólo en años muy recientes, comenzaron a desarrollarse teorías sobre la economía pública, visualizada como un orden específico. En esta economía los agentes son los funcionarios del Estado; su principio rector no es la escasez de recursos sino su gratuita disponibilidad. Los recursos no son valores de producción sino valores de obligación; las relaciones y procesos que acontecen son relaciones de poder; la institución gobernante no es económica sino política; y su sentido consiste en gastar los recursos disponibles a fin de satisfacer necesidades políticamente definidas. Estas necesidades reflejan los variados objetivos, reales e ideales, permanentes y mudables, que justifican la existencia de un gobierno democrático en la sociedad.

La economía pública
La economía pública consiste sustancialmente en gastar los recursos que el gobierno obtiene. Por esta razón la opinión común y académica concentra y dirige a este aspecto de la economía pública su máxima atención y sobre su práctica recaen las recomendaciones (4).

No se debe rebajar un ápice la importancia del estudio y la organización y la vigilancia del gasto público. Esto es comprensible, porque siendo el principio rector de la economía pública el gastar hasta el último centavo programado en el presupuesto, la caída en el despilfarro está siempre latente. El clásico principio de economicidad (máximo resultado con mínimo esfuerzo) tiene poca vigencia en esta esfera. Su momento de vigencia es efímero: rige compitiendo con otras oficinas de la administración y sólo en la preparación del presupuesto. Tanto en etapa de preparación como durante su aprobación, se percibe que otros principios y fuerzas obran favoreciendo el incremento del gasto público.
La siguiente etapa, la ejecución del presupuesto, consiste en gastar todos los recursos asignados. En verdad, aprobado el gasto, existiendo los recursos, no figura en el horizonte del funcionario el problema de la escasez, hecho que, en cambio, aguijonea de modo constante a los que actúan en la economía social. El funcionario que ejecuta el presupuesto no hace ni tiene que hacer cálculos tipo costo/ beneficios: su tarea es gastar lo disponible. Por su conducta gastadora será aplaudido; al contrario, puede sufrir reproches por no haber gastado lo que se programó.

Esta tendencia al gasto, propio de la economía pública, es reforzada en la sociedad democrática, en cuyo seno ha florecido un nuevo tipo de obligación: las obligaciones sociales. A la recíproca, ellas se corresponden con derechos subjetivos de sus miembros, llamados derechos sociales, obligaciones a pagar por el todo social. Los hombres de carne y hueso. (5).
Todo concurre en la sociedad contemporánea a incrementar el gasto público. El núcleo de esta lógica del crecimiento del gasto radica en la amplia estima de que gozan los sistemas políticos democráticos por un lado y, por el otro, en la convicción generalizada de que un gobierno del pueblo tiene que satisfacer las necesidades del pueblo.

Un sentido inevitable del gobierno democrático ha consistido siempre en satisfacer al máximo las demandas de sus electores. La mayoría de estas demandas, para ser satisfechas, exigen aumentar el gasto. Esta tendencia no puede ser contradicha de frente y por la fuerza sin minar las bases mismas del sistema democrático y social. Esta es la razón por la que las llamadas políticas de ajuste, por explicables que puedan ser, generan crisis de representatividad política.

La descuidada cuestión de los recursos de la economía pública
Ambos órdenes económicos están orgánicamente vinculados entre sí mediante una variada red de relaciones. Pieza esencial de esa red vinculante es el conducto que posibilita el flujo de recursos desde la economía social hacia la economía pública. Aquí hay que ser muy cuidadoso en el uso de los términos, pues la economía social produce cosas (valores de producción), en tanto que la economía pública funciona en la medida que recibe, como recursos, valores de obligación (dinero, títulos, etc.). De manera que la conexión entre la economía social y la pública se logra previa transmutación de valores (6). Esto es posible gracias al sistema monetario y financiero. Pero justamente es el manejo de estos sistemas por parte del gobierno lo que genera el riesgo de crear valores de obligación sin un correlato en la producción de cosas en la economía social.

La palabra “conducto” es completamente metafórica. La realidad que nombra es algo más que un mero canal de fondos de una economía a otra. En rigor, ese conducto es un complejo sistema.
La explicable importancia asignada al gasto público ha desviado la atención de los teóricos de la cuestión del sistema de recursos fiscales. La falta de una debida atención a este sistema, por las circunstancias que más abajo exponemos, ha acrecentado sus perniciosos efectos en la emergencia de la cuestión social. A la corta o a la larga, el gasto público planteará problemas que sólo pueden resolverse modificando el sistema de recursos fiscales. A pesar de que los recursos de la economía pública ingresan en forma de valores de obligación, si se quiere una economía y una sociedad ordenadas, hay que hacerse cargo de que esos créditos deben estar respaldados por equivalentes valores de producción. O sea que los recursos de la economía pública han de ser suministrados siempre por la economía social (7).

Es un hecho por demás reiterado que los más directos representantes políticos de productores y consumidores, los diputados, suelen aprobar casi a hurtadillas y sin consulta alguna a sus representados, las leyes estableciendo recursos para el gobierno. Incluso aprueban leyes en blanco que el poder administrador – el Ejecutivo – llenará a su voluntad mediante resoluciones ad hoc. Este fenómeno es muy significativo. Muestra una grave brecha entre lo que podríamos llamar el deber público del legislador de proveer de recursos al poder administrador y el deber político emergente de su función representativa.
Esta brecha no puede explicarse con remisiones a la deslealtad política, a la visible, pero irritante sumisión de los legisladores al Poder Ejecutivo, o a su supuesta, pero inexplicable indiferencia por la suerte de quienes los han elegido. La reiteración del fenómeno preanuncia, más bien, la existencia de un problema sistémico.

La hipótesis de trabajo más correcta es que el sistema de recursos del Estado adoptado en la actualidad en la mayoría de los países produce, inevitablemente, una disyuntiva entre las exigencias del orden político democrático y de la economía social, por un lado, y la economía pública por el otro. En tal caso, la investigación debe recaer sobre este sistema, analizando a fondo las contradicciones que produce y las posibilidades de construir otro sistema en el que, por sus fundamentos, sean compatibles la economía social, la economía pública, la democracia y una mayor justicia social (8).

El estudio de los impuestos
El sistema de recursos del Estado no ha merecido la suficiente atención por parte de la filosofía y la ciencia social. Esto no quiere decir que los sistemas impositivos y otras fuentes de recursos para el Estado, no hayan sido tratados con amplitud y en profundidad. Pero se lo ha hecho técnicamente, especialmente en relación a los impuestos. Así ocurre con los expertos en economía y en derecho.
En cuanto a los demás cultivadores de las ciencias sociales, el tema ni siquiera suele figurar en sus normales programas de investigación.
En materia de impuestos el esfuerzo intelectual apunta a conocer el sistema existente (9). Se trata de dominar el manejo del sistema y, ocasionalmente, estar en condiciones de predecir sus efectos o de presentar propuestas para reformas parciales que no afectan a la filosofía del sistema.

El sistema de impuestos vigente
Los sistemas de impuestos actuales aparentan ser en extremo refinados. Es una ilusión. Se ve refinamiento allí donde lo único que ha ocurrido es que se han institucionalizado, mediante leyes jurídicas dictadas por gobiernos democráticos, los más primitivos sistemas. La ilusión se monta sobre dos discutibles supuestos. Uno, la creencia de que basta con adoptar formas de gobierno democrático para que las leyes dictadas sean correctas. Es la idolatría del consenso. Dos, la creencia, también errónea, de pensar que la mera formalización legislativa puede hacer de un contenido material incorrecto una institución social correcta, o sea adecuada para un determinado rango de civilización. Es la idolatría de la ley jurídica (10).

Los sistemas impositivos contemporáneos están estructurados con materiales institucionales acuñados en épocas muy anteriores a la moderna organización política de las sociedades actuales. La igualdad ante la ley y de oportunidades como miembro de la sociedad, la libertad individual como cimiento del orden social (libertad de creencias, de expresión, de enseñanza, de aprendizaje, de trabajo, de asociación, de migración, de empresa, etc.), la inviolabilidad de la propiedad particular, el trabajo como principal legitimador de la propiedad privada, la dignidad de la persona y su privacidad como vallas infranqueables por los gobiernos, la seguridad contra el peligro y el infortunio como fundamento moral del Estado, la solidaridad o fraternidad entre los individuos como raíz del deber de socorro a los desvalidos por parte del Estado, etcétera, reconocen diversos y remotos orígenes. Pero hoy son principios constitutivos de la sociedad moderna, cuyas directrices se pretende que rijan en conjunto.
Pero todo esto es así sólo desde hace un par de centurias, cuando a partir de un supuesto contrato o pacto social, suscripto entre el todo (representado por el gobierno) y las partes (los ciudadanos) se establecieron límites al poder político y derechos a los individuos. Lo que comenzara por ser una explicación teórica para fundar el orden social, terminó por ser el diseño de los fundamentos para constituir un edificio social completamente nuevo. Un caso más en que el pensamiento configura la realidad (David Bohm).
El orden social resultante tuvo su auge en los Estados Unidos, Estado que de hecho se convirtió en el modelo de sociedad política y civil contemporánea durante todo el siglo XIX. Pero las cosas no resultaron exactamente como se planearon, ni en aquel país ni en los inspirados en su modelo (11).

La decisión de transformar la sociedad enmarcada en el ámbito del Estado nacional, tuvo como mira general forjar dos órdenes sociales: el político, estableciendo la democracia representativa y la división de poderes, y el económico, adoptando la forma típica denominada “economía de mercado”.
Desde un punto de vista teórico, hoy podemos comprender que esa gran transformación del orden social exigía, al menos, plantearse esta cuestión: ¿el sistema de recursos que estamos utilizando, originado en la antigüedad, es compatible con la democracia, la economía de mercado y el Estado de Derecho que pensamos instalar? (12)

La cuestión, aunque planteada por algunos visionarios, no alcanzó, ni ha alcanzado aún, un claro nivel en la conciencia de los individuos ni es motivo del debate público. El nuevo orden fue establecido por gobiernos que mantuvieron vigente y se mantuvieron financieramente, con los recursos provistos por el sistema del antiguo régimen. Los primitivos sistemas de recursos del Estado, el pillaje, la confiscación, el endeudamiento, la emisión inflacionaria de moneda, los impuestos, prosiguieron abasteciendo el Tesoro de los nuevos Estados.
De esta manera, sin un deliberado propósito, dada la continuidad de un sistema de recursos para el Estado fundado en la apropiación por la fuerza de la riqueza de los particulares, se sembró la semilla de una cizaña que habría de generar en el nuevo orden democrático y de mercado, distintos pero correlativos efectos perturbadores. En general una creciente discordancia entre la democracia, la economía social, la economía pública y el Derecho (13).
Desde el punto de vista institucional, se constituyó un Estado antagónico con la prosperidad y el bienestar general. Desde el punto de vista social, se produjo la fractura de la sociedad en bolsones de pobreza institucional por un lado, y la concentración de riqueza en muy pocas manos, por el otro.

El arcaico sistema de recursos mina los fundamentos de la sociedad moderna
La discordancia producida por causa del uso del primitivo sistema de recursos como sostén de los nuevos sistemas políticos y económicos habría de ir más allá de una mera y transitoria incompatibilidad. Los desajustes demandaban correcciones y la acumulación de éstas fue llevando, paulatinamente, a la ruina de la economía social y el abatimiento de la democracia representativa.
Un hecho sobresale: por causa del sistema arcaico de impuestos: estamos en presencia de dos constituciones jurídico-políticas. Una, la que figura en los textos constitucionales destinados a fijar límites al poder estatal y a garantizar las libertades y derechos de los miembros de la sociedad. La otra, institucionalizada mediante una legislación oportunista de todo tipo y rango, cuyo sentido permanente ha sido y sigue siendo el de conferir cada vez mayor poder a los gobiernos para hacerse de recursos, aunque para ello tengan que coartar la libertad individual, licuar los derechos y garantías y vaciar de contenido y eficacia a las instituciones constitucionalmente creadas (14).

La sociedad moderna exige específicos recursos
No es éste el lugar para desarrollar una teoría sobre el especial sistema de recursos para el Estado que requiere la sociedad moderna. Sin embargo este artículo, que sólo se propone denunciar el arcaísmo del vigente, quedaría incompleto si no anticipáramos algunos parámetros que el nuevo sistema debe satisfacer.
Por principio, y ésta es una responsabilidad de los intelectuales, la sociedad democrática moderna necesita contar con una teoría sobre los recursos para el Estado que compatibilice no sólo las exigencias de la economía social y las propias de la economía pública, sino -al mismo tiempo- que posibilite el funcionamiento del orden político y el orden jurídico con arreglo a los sentidos esenciales establecidos por la Constitución Nacional. Para promover los estudios desde esta perspectiva armonizadora, en otro lugar he propuesto algunas tesis para el debate público sobre la cuestión (15).

Lo sustancial es reconocer la posición central que ocupa en el orden social la economía total de cada país (pública y privada) y el rol determinante que para ambas economías tiene el sistema de recursos para el Estado. Desde este punto de vista sistémico y por lo tanto globalizador, hay que determinar teóricamente primero, para institucionalizarlo después por ley, al crédito público fundamental del que es titular la sociedad contra sus miembros por causa de la ocupación, material o jurídica, que mantengan sobre alguna parte de los recursos naturales del país, o sea su territorio. Este crédito público aparece como “valor de la tierra” en el mercado y se llama renta del suelo o renta fundiaria, simplemente renta.

El reconocimiento teórico de ese crédito público como aporte fundamental del Tesoro exige repensar las bases del pacto social que justificó la democracia y la economía de mercado. El contrato social pensado en los albores del siglo XVIII, base del pensamiento contractualista posterior, descuidó el papel esencial de la fuente primera de los recursos del Estado. Ese descuido no sólo produjo un Estado que sólo supo vivir en la bancarrota sino que, al mismo tiempo, generó prácticas económicas e instituciones legales que traban la eficacia de la economía social de mercado16.
Felizmente, quienes decidan afrontar todas estas cuestiones no han de partir de la nada. Estos problemas fueron intuidos y hasta planteados en forma notable por los économistes o fisiócratas franceses (17).

Pero fue el norteamericano Henry George, posiblemente motivado por el dolor y asombro que le produjo ver el vasto territorio de su país excluido del trabajo y la inversión por causa de la especulación con el suelo y, a la par, la pobreza institucional en medio de la opulencia de unos pocos, quien sentó las bases filosóficas de una teoría general sobre el sistema de recursos para el Estado.
Sin embargo, no había llegado aún la época de la globalización y si bien el pensamiento de George se difundió rápidamente en los lugares más lejanos del planeta, su vasto y complejo pensamiento fue entendido , indebidamente, como la propuesta una mera reforma impositiva bajo el nombre de single tax o impuesto único.
Las siguientes guerras mundiales y la crisis de 1929 se encargaron de hundir en el olvido aquella teoría. La reacción autoritaria como doctrina social se adueñó del mundo hasta hace apenas unos días. Recién en las postrimerías de nuestro siglo, conscientes de los daños del autoritarismo político y económico, renace el pensamiento de George como base para un nuevo pacto social (18).

Finalmente, y esto es muy importante en materia de ciencias sociales. Quienes quieran en la Argentina reemplazar el arcaico sistema impositivo que nos arruina, por uno basado en la recaudación de la renta del suelo, no sólo disponen de aquellos antecedentes teóricos. Cuentan, por empezar, nada menos que con los antecedentes fundacionales de la patria: la Revolución de Mayo. Esta revolución, en su contenido económico/ fiscal , fue inspirada por la obra e Manuel Belgrano, cuyos conocimientos de la fisiocracia se popularizó entre los revolucionarios y los llevo a dictar en el Congreso de 1826 la Ley de Enfiteusis, mal conocida y peor tratada en la actualidad. Además y por último existen muchas experiencias prácticas, si bien son locales o esporádicas, constituyen verdaderas lecciones empíricas acerca de cómo debe ser el sistema de recursos que exige la sociedad moderna (19).

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(1) Sobre la importancia de la noción de orden, Eucken, Walter Cuestiones Fundamentales de Economía Política, Alianza Editorial,Madrid, 1967. Para una conceptualización del orden como ser de lo real y su devenir, con aplicación especial al orden jurídico, Jenkins, Iredell, Social Order and the Limits of Law (A Theorical Essay), Princeton University Press, Princeton, 1980.

(2) Sobre la multiplicidad de ordenamientos que configuran el orden social, Schrecker, P., La Estructura de la Civilización, FCE, México, 1957. La semejanza entre la vinculación funcional existente entre los órdenes sociales y la de los sistemas del cuerpo humano, fue magníficamente expuesta por Rudolf Steiner como estructura ternaria de la sociedad en su trabajo Die Kernpunkte der Sozialen Frage, traducido por Francisco Schneider con el título, El Nuevo Orden Social, Buenos Aires, 1983.

(3) Es importante ser riguroso en esta definición. La literatura económica contemporánea fracasa en sus análisis por haber sepultado al factor primario de la producción, la tierra, olvidando por completo las lecciones de los clásicos y, para colmo, identificándola con el capital. La tierra, noción recuperada en parte por los movimientos ecologistas, bajo el nombre de naturaleza, es lo dado al hombre. En cambio el capital es algo producido por el hombre: aquella parte de la riqueza producida que se aplica al proceso de producción de más riqueza. Carranza, Carlos P. Nueva y Vieja Economía Política, Librerías Hachette, Buenos Aires; Sandler, H.R., Alquileres e Inflación. Un Examen de las Relaciones Existentes entre el Orden Jurídico, el Orden Económico y la Renta Fundiaria, Jus, México, 1977.
(4) Criticando las intervenciones del FMI, acaba de decir el premio Nobel en economía Milton Friedman: “El FMI es, en mi opinión, una institución nefasta. Aún en el único papel que le queda hoy en día, que es el de tutor de la política económica de los países subdesarrollados, los consejos que da son en su mayoría malos. Impulsa el aumento de los impuestos porque está obsesionado por el equilibrio presupuestario, en lugar de ocuparse en forma prioritaria por el crecimiento. Contribuye a la idea peligrosamente difundida de que la reducción del déficit presupuestario constituye la prioridad, cuando el problema central reside en el ámbito del gasto público”, La Nación, 18-12-1995, pág.7.

(5) Sobre la dramaticidad de esta evolución, Rosenvallon, Pierre, La Nueva Cuestión SociaL Repensar el Estado Providencia, Manantial, Buenos Aires, 1995.

(6) Para una recta comprensión de los problemas que presenta la economía política hay que distinguir tajantemente entre valores de producción y valores de obligación. Hasta donde sé, quien formuló esta distinción por vez primera, fue el economista norteamericano Henry George en su obra póstuma La Ciencia de la Economía Política, trad. Baldomero Argente, Madrid, Cap. XIV. Estos conceptos han sido magníficamente usados por el economista danés Knud Tholstrup para explicar el efecto inflacionario de los títulos de propiedad del suelo, en The Third Way. A New Economy, Copenhagen, Denmark.

(7) El invento del dinero en forma de papel y créditos tiende a ocultar este hecho: en economía las deudas se pagan con cosas. Que los plazos y, mejor, el refinado sistema que hoy se ha construido entre el compromiso de pagar y el efectivo pago con cosas, se haya extendido y complicado increíblemente, en especial gracias al Derecho, no invalida el principio. Ese sistema genera la ilusión en los gobernantes que pueden aumentar “las existencias” (cosas reales) fabricando (“imprimiendo) valores de obligación. Esta ilusión acaba en la deuda pública primero y finalmente en la inflación. El error gubernamental no lo pagan los agentes de la economía pública (los funcionarios) sino los agentes de la economía social. Estos son los empobrecidos por aquellas políticas y por los posteriores ajustes a que los someten los gobiernos para nivelar el déficit, o sea reparar la quiebra del Tesoro.

(8) Sobre esto Sandler, H.R., El Desafío Argentino: Eliminar los Impuestos, Punto Sur, Buenos Aires, 1987.

(9) En nuestro país, desde que uno tiene memoria, el sistema de recursos del Estado ha sufrido constantes modificaciones, tanto en cuanto a la vía elegida como recurso principal, como a los detalles con que se configuraron esas vías. Sin embargo, ninguna de esas modificaciones alteró la estructura vertebral del sistema, dada por grandes fuentes: a) empréstito externo; b) empréstito interno; c) emisión de moneda sin respaldo en bienes producidos por la economía social; y d) confiscación de riqueza de los particulares mediante los impuestos (confiscar en sentido literal: hacer del Fisco lo que es privado). Hay que recordar a las generaciones actuales que de un modo excepcional, en los albores de la Revolución de Mayo y hasta el derrocamiento de Rivadavia (1809-1829), gracias a Manuel Belgrano, imbuido de las ideas fisiocráticas, se visualizó como recurso público primordial la renta de la tierra. Este fue el motivo de la disposición de Martín Rodríguez prohibiendo la enajenación de las tierras públicas (1813) y el fundamento de la ley de enfiteusis aprobada tras gran debate por el Congreso de 1826. Este pensamiento declinó, bajo la dictadura de Rosas y la anarquía, pero se mantuvo vivo en hombres como Esteban Echeverría y más tarde por obra de Nicolás Avellaneda y Roque Sáenz Peña. No obstante esfuerzos meritorios de parte de hombres como Arturo Capdevila, Arturo Orgaz e integrantes de movimientos como los que sostuvieron la Revista del Impuesto Único (1914-1926), la idea fue prácticamente sepultada a partir de 1930. Falta la pluma de un historiador que rescate esta corriente típicamente argentina, a partir de 1900, como lo hiciera Andrés Lamas en relación a la época de Rivadavia.

(10) Ciertamente que este modo de ver las cosas plantea el problema del “derecho correcto” como algo distinto de la ley formalmente válida. Sobre esto, Sandler H.R., Derecho Natural, Positivismo Jurídico y Derecho Correcto, Boletín Mexicano de Derecho Comparado, Nº40, enero/abril 1981.

(11) Sobre la advertencia contra los previsibles desvíos del modelo en los EE.UU. de América, la crítica de Henry George, en Progress and Poverty (1879), varias ediciones, trad. por Baldomero Argente.

(12) Un ensayo de explicación histórica sobre la ausencia del planteo de esta cuestión, ha sido escrito recientemente por el pensador británico Ian G. Lambert. En tesis muy interesante, Lambert sostiene que la declaración de derechos norteamericana no contiene previsión alguna sobre el derecho de acceso al suelo. Ello sería así porque fue hecha por los propietarios y en resguardo de su posición monopólica. Ver el documento Righting Wrongs, An End to the Language of Political Rights and the Rebirth of Freedom, The International Conference in Roskilde, Denmark, 1995. Considerando el fracaso de la Ley de Enfiteusis aprobada por nuestro Congreso de 1826 y su rechazo por la generación posterior a Rosas en 1853-1860, es posible que la tesis de Lambert fuera aplicable a la Argentina.

(13) Sobre las constantes fricciones y francas contradicciones entre los derechos y garantías constitucionales y la legislación tributaria, los brillantes trabajos que contiene el libro de García Belsunce, Horacio A.(coord.), Estudios de Derecho Constitucional Tributario, Depalma, BuenosAires, 1994.

(14) Los proyectos remitidos al Congreso por el Poder Ejecutivo a fines de 1995, tendientes a llevar adelante una segunda reforma del Estado y a otorgar superpoderes impositivos al Presidente, no son más que un nuevo eslabón de una cadena que estrangula la vida económica y vacía de contenido a la Constitución.

(15) Transcribo las pertinentes en este punto y agrego otras necesarias: un sistema de impuestos: 1) sólo es compatible con la democracia cuando por sus principios genera el respeto moral de los ciudadanos y por su sencillez puede ser aprendido en la etapa de educación pública primaria; 2) sólo es compatible con una economía social de mercado cuando estimula la producción y el consumo, sin recurrir a exenciones ni privilegios; 3) sólo es compatible con el derecho cuando su ejecución importa concretar los valores jurídicos esenciales: la justicia y la seguridad; 4) sólo es compatible con el orden político constitucional argentino cuando promueve la autonomía financiera del municipio, los Estados provinciales y el Estado nacional; 5) sólo es compatible con el sistema de derechos y garantías individuales cuando se funda en el valor de mercado del suelo libre de mejoras (sistema indiciario) y no en las presunciones del poder o las declaración de los contribuyentes (sistema declarativo); 6) sólo es compatible con los derechos sociales cuando ellos pueden ser pagados con el producto de los créditos de los que la sociedad es titular por causas económicas y no legales. Ver revista El Defensor del Contribuyente, Nº 2, nov/95. Sobre el sistema declarativo como causa de la evasión y el delito fiscal, ver Martínez, Jean-Claude, El fraude fiscal, Breviario 468, FCE, México, 1989.

(16) La idea de repensar el sistema impositivo como condición del contrato social es algo que está creciendo en el ambiente intelectual. El libro de Rosenvallon (nota 5) no es explícito; pero pasando la cuestión social por el ineludible gasto público que el Estado debe asumir, el tema queda instalado. Con conceptos más claros y definidos, Richard Noyes (Editor) Now the Synthesis. Capitalism, Socialism and the New Social Contract, Shepheard-Walwyn London- 1991; Andelson, Robert V. -Dawsey, James M., From Wasteland to Promised laud, Orbis Book, New York, 1992; Andelson, Robert V. (Ed.), Commons Without Tragedy. Protecting the Environment from Overpopulation -A New approach, Shepheard-Walwyn, London, 1991. La idea de un nuevo contrato social a partir de un distinto sistema impositivo fue dominante en la conferencia internacional celebrada en Roskilde, Dinamarca, 1995, entre cuyas abundantes ponencias cito: Scornik Gerstein, Fernando -The Issue of the Poll Tax in the United Kingdom and its Economical, Political Implications; Straarup, Bent- The Missing Clause in the UN Declaration of Human Rights aud Profit Sharing of the Resources of Nature Instead of Social Subsidies aud Taxes; Lorch-Falch, Dnah Even, The World Demands a New Way of Thinking- A New Mentality; Noyes, Richard, Property Rights: a Common-sensism.

(17) François, Quesnay (1694-1774) médico, calificado como un filósofo del Derecho natural, fue el iniciador de una teoría que si bien consiguió adeptos en toda Europa y América, no tuvo influencia posterior. Mirabeau, La Riviere, Le Trosne, Dupont, Turgot, Alvaro Florez Estrada, entre otros, fueron sus discípulos en Europa. En nuestro país, Manuel Belgrano y varios de los gestores de la Revolución de Mayo fueron influenciados por aquel pensamiento. Sobre esto, Andrés Lamas, Rivadavia y la Legislación de Tierras Públicas, Buenos Aires, s/f.

(18) La obra escrita legada por Henry, George (1839-1897) es grande. Su best-seller fue el ya citado Progress and Poverty (1879); pero su pensamiento, que conforma una filosofía social y moral dentro de la cual tiene que ser comprendida su propuesta impositiva se completa con libros tales como El Crimen de la Miseria, Protección y Librecambio, El Problema del Trabajo, Problemas Sociales, y su obra póstuma La Ciencia de la Economía Política. Tengo la impresión que la obra de George debiera complementarse o integrarse en ideas o conceptos como los elaborados por Rudolf Steiner a fines del siglo pasado y comienzos del presente, en especial sus obras The Social Future (en alemán Soziale Zukunft) y World Economy (en alemán Nationalökonomischer Kurs).

(19) La experiencia más reciente ordenada y sistemática es la realizada a partir de la década de los 70/80 en más de trece ciudades del Estado de Pensilvania (EE.UU.), aplicando los métodos del profesor Steven Cord, expuesto en varias publicaciones, entre las que sobresale, Catalyst. How a Reform of the Property Tax Can Revitalize Our Cities and Counter Inflation and Recession, Henry George Foundation of America, Indiana, Penna, 1979. Los resultados de recaudar, muy modestamente la renta fundiaria, eliminando impuestos a los edificios, los expone el propio Cord en su trabajo The Evidence For Land Value Taxation, Center For the Study of Economics, Columbia, Maryland. Los mismos resultados se aprecian en el trabajo de Starcke, Vigo, The Danis Government, explicando la experiencia dinamarquesa (1957-1960). Insisto en recorrer la doctrina nacional y la historia nacional a partir de Manuel Belgrano y los libros de Manuel Antonio Molinari, Porqué Muere la Libertad y La ley de colonización y la enmienda Palacios, El Ateneo, BuenosAires s/f. También Fernado A.Scornik, El impuesto a la tierra. Fundamentación doctrinaria, y posibilidades prácticas, Instituto Social Agrario, Buenos Aires, 1971.

Respuestas a las preguntas del Seminario de la UBA

Posted by admin on enero 18th, 2010

CARTA A UN ESTUDIANTE INQUIETO POR MIS JUICIOS CRITICOS A LAS REFORMAS DE LA CONSTITUCIÓN
Querido Marcelo:
Mis afirmaciones negativas en cuanto a las reformas del 57 y el 94 hay que examinarlas en un contexto socio/político/ económico y desde el punto de vista nuestra evolución (o involución) .
Desde esta perspectiva la Constitución de 1853/60 fue el “plano constituyente” diseñado para “constituir fácticamente” una extraordinaria sociedad de hombres libres, tratados en un pie de igualdad para cooperar fraternalmente en el desarrollo de la individualidad que cada hombre entraña. No le falta ni le sobra una coma, en especial a la vista de los principios fundamentales contenidos en su hermoso Preámbulo y la parte primera sobre Derechos y Garantías. El resto es pura “organización del Estado” al “servicio” de esa sociedad.
Pero, entre el plato y la boca se perdió la sopa. El Código Civil (leer el párrafo quinto de la nota al articulo 2503) abrogó principios justificantes de la Revolución de Mayo. NO MATERIALIZÓ DOS PRINCIPIOS SOCIALES DE LA REVOLUCION. Conozcamos cuales son. Fueron expuestos, el primero, en la Asamblea del Año XIII (abolición de la esclavitud) lo que significa no solo “libertad de trabajo sino principalmente “ser cada uno dueño del fruto de su propio trabajo”. El segundo comenzó con sucesivos decretos que remataron en la Ley de Enfiteusis de 1825. Establecieron la propiedad pública de la sociedad sobre la tierra y el derecho de los particulares a un fácil de acceso al suelo con el solo cargo de pagar un canon. Canon destinado a formar el “tesoro público”. Libertad de trabajo, condición básica para todas las demás libertades, fundada materialmente en la permanente existencia de “tierra libre”, aunque no gratis. Permanente “frontera abierta” para todos los habitantes y hombres del mundo y para sucesivas generaciones formadoras la población argentina. Sin esto, no hay libertad de trabajo y propiedad privada del propio trabajo.
Asombra hoy la visión de aquellos hombres. Fueron capaces de captar de un vistazo el problema social fundamental e intentar solucionarlo mediante el derecho positivo. Bosquejaron el recto camino para solucionar la inevitable tensión entre deseables “individuos libres” y la ineludible “sociedad protectora” para que sin perjuicio de esas libertades se satisfagan las necesidades públicas. Dejando de lado las imperfecciones legislativas e institucionales, es bueno recordar el acertado juicio del uruguayo Manuel Herrera y Reisig quien al filo del primer Centenario afirmara que nuestro país fue el PRIMERO DEL MUNDO en dictar tan magnífica legislación.
Pero esta revolución hecha para “constituir” una Argentina moderna encabezando la evolución de la humanidad, debía hacerse en y sobre una “sociedad antigua” que llevaba casi tres siglos de existencia y se inspiraba en principios antiguos. El impulso revolucionario de Mayo fue frenado por la “sociedad antigua”. Así se explica que dos décadas después de Mayo reapareciera un gobierno reaccionario con el fin de “restaurar las leyes”. ¿Cuáles se había de “restaurar” sino las antiguas? La pulseada entre una germinal sociedad moderna, pujando por emerger del seno de la antigua, y las naturales resistencias que ésta oponía, fue cruenta e insumió tres décadas. Inevitable periodo de gestación. Se prolongó hasta el momento en que en doloroso pero gozoso parto el programa de Mayo vió la luz. Ahora escrito en las indelebles letras de la Constitución Nacional de 1853.
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Pero el impulso de vida de la Argentina moderna no significo la total desaparición de la sociedad antigua. Esta sociedad antigua era la materia que mediante nuevas leyes reglamentarias de los principìos de la Constitución (Arts.24 y 28) había que burilar una nueva sociedad. Un nuevo orden social. Pero las fuerzas espirituales de lo antiguo, encarnadas en la realidad ya “constituida” , buscaron sortear la categórica valla levantada por el Art.28. Encontraron en el docto jurista Velez Sarsfield el Virgilio capaz de sortear ese obstáculo. Mediante agudo ingenio , indiscutible erudicción y la aprobación a “libro cerrado” por el Congreso , mediante un par de artículos fundamentales, el Código Civil contrabandeó el derecho antiguo. No se lo hizo a escondidas, pues se declara abiertamente que se opta por el “derecho puro de los romanos” (nota al 2003) y que se confia en el “contrato locación” como el mejor intermediario entre los necesitados de tierra y la tierra misma. (Corroboren la verdad de este juicio a la luz de los millones de hacinados en villas miseria, conventillos y umbrales).
La cizaña quedó plantada. Seamos justo. En todo lo demás el Código ayudó a poblar el país, si bien no del todo, pero sí eficazmente. El “retroceso” al “derecho antiguo” pudo ser metabolizado sin grandes dolores (que los hubo: Martin Fierro dixit) gracias a la vasta extensión del territorio , la escasa población (800 mil habitantes en 1860), y la firme voluntad de los pocos terratenientes de poblar sus posesiones. Este conjunto de circunstancias y el especial momento del mundo, facilitó el arribo de casi 4 millones de pobladores antes de 1900. Pero el sistema contenía una “bomba de tiempo ” que había que desarmar en algún momento so pena que, tarde o temprano, estallara una guerra fraticida. Esta fue, en Roma, el efecto del “puro derecho romano”. ¿Por qué habrían de ser distintos en nuestro país?
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La insoslayable primera oportunidad para desmontar la bomba desintegradora de la civilidad argentina llegó cuando se resolvó aceptar el sistema democrático con el voto popular para constituir el gobierno del Estado. Hablamos de la ley Saenz Peña. Pero otra oportunidad se perdió. Junto a ese proyecto , el gran hombre publico habia enviado otro proyecto de ley. El que cambiaba de raiz el sistema de impuestos. Proponía Saenz Peña una ley estableciendo el “impuesto a la tierra libre de mejoras”. Esto es ignorado hoy por todos los argentinos, salvo rara excepción. Este sistema institucionalizaba los principios sociales de Mayo y la Constitución. Saenz Peña sabia y muy bien que no hay efectivos ciudadanos si los hombres no tienen fácil acceso a la tierra, rural y especialmente urbana. Este impulso era animado entonces por muchos argentinos e importantes líderes del mundo. El libro de Henry George “Progreso y Miseria”, de vasta difusion en décadas antes de los 1900 , ayudó para generar este impulso mundial, Se registró en países tales como Canadá, Nueva Zelandia, Australia y Dinamarca, entre otros. Lamentablemente los legisladores de 1914 no conocían o no querían seguir el consejo de Alberdi, quien asignaba más importancia al derecho al trabajo que al derecho al voto (Decía Alberdi: participar en la vida política es una opción; participar en la vida económica es una necesidad). Ignorando esta verdad, los legisladores aceptaron la reforma electoral , pero se negaron a la económica. Con la prematura muerte del presidente archivaron la revolucionaria ley que facilitaría a millones de trabajadores el facil acceso a la tierra. Esta fractura del proyecto de Saenz Peña fue fatal para la república y la democracia. Por la ley del voto, se concedio la ciudadana politica; pero al mantener el “derecho romano de propiedad sobre el suelo” se abrieron las puertas a la guerra civil. Insensatamente la “ciudadania política” fue enajenada de la “ciudadanía económica”. Con esa fracturada se echaron dio paso a ruinosa transformación social. Se fue produciendo una creciente sustitución de “ciudadanos” por “clientes”, tal cual en Roma. Esta es la raíz del “clientelismo” que tan mal nos hace y que tanto se critica de balde. No escasean hoy insensatos convencidos que para unir ambas ciudadanias – la política y la económica – basta con la “educación”; o al menos con alguna materias sobre “instrucción cívica”.
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La segunda oportunidad para ajustar el orden económico para que sea consistente con el orden democrático, republicano y federal , se presento en 1932, bajo la presidencia del conservador Agustin P.Justo. El Congreso , por angustia fiscales, debía optar para afrontar el gasto publico entre recaudar la renta de la tierra o recurrrir a impuestos al trabajo. Optó por el “impuesto al trabajo” . Se lo llamó, para mayor escarnio, “impuesto a los réditos” (Leer sobre esta crucial etapa el libro de Meier Zylberberg , Raices totalitarias del fracaso argentino. De la emergencia de 1932 a la del 2006, Ediciones Cooperativas, Buenos Aires,2006 ). La bomba estaba lista por el Código Civil; pero con este sistema de impuestos se puso en marcha el reloj que la haria estallar. La hora señalada fue el 17 de octubre de 1945. Nació el peronismo. “Ciudadanos sin tierra” (las “masas” ) como tantas veces en la historia confiaron en un caudillo redentor.
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La tercera oportunidad se ofreció en la década 1945/55. El importante y perdurable movimiento popular manifiesto el 17 de octubre estaba formado principalmente por asalariados. Se gestó lamentablemente en momentos de gran confusión politica. Sufrió ( y sufre) influjos de una gran turbación ideológica mundial (Nazismo en Alemania, Fascismo en Italia, Falangismo en España y comunismos de distinto jaez en gran parte del mundo). Esta turbulencia se inició con y por la 1a. guerra 1914-18. A partir de ella se propagó el proteccionismo, se auspiciaron las economías centralizadas, la autarquía, la planificación estatal de la producción y el consumo. Para colmo, finalizada la 2ª. guerra mundial, estalló la llamada “guerra fría” entre los EEUU y la URRS.
En nuestro país a mediado de los 1940 , para superar la “injusticia social” generada por la combinación Código. Civil más el sistema de Impuestos al trabajo, se pensó en “remendar el daño” con “inyecciones de justicia social” aplicadas por el Estado. En lugar de establecer el “orden social justo” planeado por la Constitución 53/60, el gobierno militar tras el golpe de 1943 , bajo influjo de aquella oscuridad mundial, prefirió inyectar “justicia social” en la mayoría de las relaciones sociales y económicas del “orden existente”. No es lo mismo hacer una cosa o la otra. Cuando se elige el instrumento de “inyectar” justicias social, lo primero y principal es “hacerse de poder” y, c ontraviento marea, conservarlo. Con esta decisión y este logro, todo el orden social se transforma. Miríada de intereses corporativos florecieron como hongos en la nueva sociedad. El Estado (no la sociedad ni el individuo ), paso a ocupar el centro de la realidad política , económica , social y cultural (Ver los libros de enseñanza primaria de la epoca, ver los planes quinquenales, etc). Alrededor de este nuevo sol – el gobierno central – la constelación de intereses creados (y los que de continuo se crean por gozar de especiales beneficios), es tan inevitables como la lucha entre ellos. Como una burla del destino a la pretensión de hacer todo esto por el “pueblo” , lo que se consigue en los hechos es colocar al pueblo en la tribuna como mero espectador de hechos que no gobierna. Puede chiflar o aplaudir; nada más.
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Desde 1943 a 1945 se dictaron mas de 110.000 decretos leyes , aprobados en una sola sesion del Congreso en 1946. La Constitución argentina de 1853 perdió sentido. No calzaba ya con la “constitucióna real” que a mazazos se había conformado. Esta dicotomía entre ella y una nueva realidad la hizo inviable. Intereses corporativos , ideologias confusas y dosis de ignorancia concurrieron para liquidar a la Constitucion de 1853 y reemplazarla por otra Constitucion confesadamente ideologica. La Constitucion de 1949. Merece con razón el nombre de Constitución “justicialista” (Ver, por ejemplo, el nuevo Preambulo y diversas definiciones e instituciones). Lo más importante , pero no debidamente comentado: todo fue cambiado….menos el sistema de acceso a la tierra y el sistema de impuestos al trabajo. Al cabo de una década las ilusiones primeras se derrumbaron. Siguiendo la evolución la fractura política y social argentina se incrementó a niveles desconocidos. En respuesta y a ciegas se quiso a “golpes” (1955) corregir o volver la película atrás. La oposición generada en esa década no solo pretendía reimplantar la Constitución de 1853 sino volver al “orden” preexistente a 1943. Esto ocurrió entre 1955 y 1958. El fracaso, como no podía ser de otra forma, fue completo.
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En medio de tan tormentoso y dramático escenario ya nadie recordaba la cuestión del libre acceso a la tierra y ni a la cuestión de los impuestos. Asunto principal para todos los gobiernos (incluso desde 1954) fue reunir fondos para el Estado, De donde fuera y como fuere (Aumento de carga impositiva , creación de nuevos impuestos, deuda publica e inflacion). A nada se le hace asco con tal de afrontar el gigantesco gasto publico demandado por un Estado ahora elefantiásico. Todos, a su manera, deseaban aprovecharse del nuevo invento, de los dones del Gobierno, para aumentar la “justicia social” (de golpe o en cuotas).(En México, por fuerza de procesos semejantes, se acuño esta significativa frase: “Quien vive fuera del presupuesto, vive en el error”) . Chau federalismo, chau municipalismo, chau republica….La política paso a ser un lucrativo negocio. El sindicalismo no le fue a la zaga. Monopolios y prebendarios del Estado, tampoco.
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Los militares comenzaron a participar institucionalmente desde 1966. Los “golpes de Estado” no fueron más una chirinada. Las tres fuerzas armadas actuaron ahora , desde su singular punto de vista, “institucionalmente”. Coroneles y generales retirados pasaron a ser gerentes de “relaciones públicas” de empresas publicas y privadas. El golpe de 1966 fue “faustico”. Según sus actores y apoyaturas era un salto a la modernidad. Para ello, entre otras cosas, se proscribió la politica y se destruyo la educación superior. Fue apoyado por civiles y militares, políticos , sindicalistas y dirigentes de círculos empresarios. Terminó con el cordobazo de 1969. A partir de entonces nuevas fuerzas volcánicas agitaron a toda la sociedad argentina. El rumbo se perdió. Se reincorporo al país al septuagenario caudillo exiliado desde 1955, ocurrido 18 años atras. Más allá de su voluntad, su presencia no aseguró gobierno. Ante el caos surgió un aleve espíritu de venganza de unos contra otros en toda la sociedad argentina. En este ambiente, malsano emergió un espíritu de revancha, producto de la sensación de padecer el país una derrota historica . Se produjo entonces el necrofílico golpe militar de 1976. Vino a acentuar el genocidio iniciado en los 1970 y reforzado en los 1974. La dictadura militar no arregló nada y arruinó mucho. Acabó en la ignominia de 1982. Fue enterrada en 1983 por un repentino fervor democrático.
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Cuarta oportunidad. La democracia volvió. en 1983. Pero cimentada, cada vez más, en votos de millones de “gente sin tierra” . Personas, familias enteras, que viven, con suerte, hacinadas en el sitio que puedan conseguir. “Desterrados” de la patria chica. Extranjeros en su tierra, porque no tienen acceso a ella. Dado el estado de cosas, ¿cómo no caer en la conclusión que lo importante es conseguir algun beneficio del Estado (incluyendo empresarios)? A esta altura nadie (culto o inculto) sabe ni recuerda ni le interesa saber sobre la enferma raiz que impide la democracia: falta de tierra barata para los trabajadores y la carga asfixiante de impuestos para los que trabajan, producen y consumen. Nadie puede prestar atención a este asunto porque los dedicados a la “cultura” no lo tienen en su agenda intelectual. Los pensadores han dejado de pensar sobre este raigal asunto. En materia de derecho y economía es patente la falta de preocupación por esta materia. Es la hora de los “tecnicos”, de los especialistas. De los “bárbaros del Siglo XX” , usando las palabras de Ortega y Gasset.
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Aquellas dos leyes citadas al comienzo (el Código Civil y la leyes creando impuestos ( se comenzo por los réditos,pero ahora son las ganancias, al cheque, al ingreso bruto al IVA, etc. etc) se articulan entre sí cancelando por completo el programa economico, politico y social de la Constitución 1853/60. Ambos “códigos” consfiguran un nuevo “gen” que da como resultado un orden social por completo ajeno al que inspiró la Revolución de Mayo y consagro la Constitución A parir de esta cancelación , toda medida de gobierno, por bien intencionada que fuere, es pura chapucería, juzgada desde el punto de vista del “buen orden”. Para colmo esas medidas incrementan el furor de las fuerzas volcánicas que bullen en la sociedad. De hecho – mirando los resultados – ellas son una aceptación del desbarajuste provocado por aquellos dos sistemas legales.
Las reformas constitucionales posteriores (1957 y 1994) ,han sido una “resignación” a lo existente, un cataplasma para los daños colaterales. Hay “textos” nuevos. Mucha innovación , pero ningún avance positivo. Cada reforma es la apertura de un nuevo frente de corrupción y conflicto. Estos resultados demanda más leyes, más aparato estatal. Más leyes, menos derecho. Nadie se ocupa en reformar el “gen” que ha deformado a la sociedad argentina y apartado de su rutilante destino. Toda reforma que aparece de momento “interesante” , a poco andar muestra ser un paso para un nuevo desorden. La mayoría de ellas se introdujeron a instancia de intereses corporativos. No ha faltado cierta tilinguería intelectual, gustosa de mostrar que se esta “al dia” con novedades pensadas por algún momentáneo “genio” extranjero. Una muestra de la inutilidad de este saber se ve en un solo hecho: en menos de 60 años hemos tenido 54 ministros de economía…..Esto es un síntoma. Y que síntoma!!!!
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No hay terapia posible mientras los “médicos sociales” (estudiosos de la sociedad) no se pongan las pilas y se apliquen a estudiar nuestra realidad histórica. Que adviertan las pocas pero reales causas profundas de nuestra degradación. Los hombres públicos han de inspirase en los principios de orden social de la Revolución de Mayo. El fundamental de todos esos principios es nombrado en la primera estrofa del himno nacional argentino. Y, por si hubiera duros de oído, por las dudas, se la repite tres veces y en tono de grito, porque grito sagrado es, ¡libertad! No alude con esta palabra a algo abstracto. Ella alude a algo muy concreto e indispensable en la sociedad moderna; la libertad de todos los individuos en todas las esferas de la vida.
El orden social – en su triple dimensión, económica, política y cultural –es útil al desarrollo del hombre y su sociedad si promueve la libertad de los individuos. Reto dificil, es verdad. Pero aceptar este desafío y responderlo con seriedad es el único camino para hacer que la Argentina vuelva a ser uno de los mejores países del mundo. “Para nosotros, nuestra posteridad y para todos los hombres que quieran habitar nuestro suelo”. Por lo menos hasta que seamos 270 millones de habitantes……
Cordialmente,
Dr.Sandler


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