EL JUICIO DEL BICENTENARIO Por Hector SANDLER

Posted by admin on enero 18th, 2010

OJEADA RETROSPECTIVA AL BICENTENARIO DE LA REVOLUCION DE MAYO

JUICIO DEL BICENTENARIO
Estimado amigo:
El contenido del documento que corre más abajo se desarrolla con un fin específico: plantear intelectualmente un problema del orden social argentino. Como exige todo planteamiento de problemas especificos, se lo hace en base a ciertos “presupuestos”, los que generalmente se dan por sabidos. No es este el caso.
Hay gran perturbación política y no poca desorientación para poner en claro problemas básicos. Por ello, en primera parte, expongo abiertamente los “presupuestos” e “hipótesis” en que mi documento se basa.
Lo inicio de este modo porque he recibido muy interesantes observaciones de los primeros lectores. Pero, lamentablemente, atraídos por cuestiones adjetivas no se han detenido en lo único que me interesa: ver si existe algún problema a estructural básico en la sociedad argentina. Uno, que siendo la causa de múltiples nuevos problemas generados por el devenir , permanece oculto bajo la polvareda de disputas motivadas por los nuevos problemas que cada día nos trae.
Me importa mucho conocer vuestra opinión. Mas no sobre el documento como pieza literaria y hechos circunstanciales que todo discurso inevitablemente arrastra, sino sobre el “núcleo grueso” que el documento expone como problema de orden económico/ jurídico al que los argentinos debemos solucionar so pena de muchos padecimientos en incierto porvenir.
Por eso en forma clara comienzo por exponer tres “presupuestos” y dos “hipótesis”.
Se es por completo libre para aceptar o no , total o parcialmente, esos presupuestos e hipótesis . Pero no discutirlos. Al menos en este caso. Sería, sin duda, una discusión muy interesante; pero no es parte integrante del problema que pretendo se discuta.
Una aclaración final: no es menester ser economista , jurista o experto en ciencias sociales para abordar el problema que se plantea. Lo que se requiere es mente sin prejuicios, corazón sensible y buena voluntad.
Con vivo interés aguardo vuestros comentarios sobre la tesis sostenida. Te saluda muy cordialmente
Hector Sandler

I. PRESUPUESTOS DEL PLANTEO DEL PROBLEMA
Postulado metafísico:
Cada ser humano llega a la vida dotado de libertad para realizarse como una personalidad única mediante su actividad y participación en las diversas esferas de la existencia.
Postulado ontológico:
El hombre es necesariamente un ser social, por lo que el tipo de orden social en que vive condiciona su posibilidad para realizarse como ser libre.
Corolario empírico: El tipo de orden jurídico establecido para acceder a la tierra (Naturaleza ) condiciona el tipo de orden social en su doble dimensión: la esfera privada y la pública.

II. HIPOTESIS
HIPOTESIS GENERAL ( PARA EL ORDEN SOCIAL MODERNO )
El orden social humano moderno ha de constituirse satisfaciendo simultáneamente tres exigencias que se hallan en recíproca tensión entre sí: libertad de todos; igualdad de trato para todos y fraternidad entre todos.

HIPOTESIS ESPECIAL (PARA LA ARGENTINA MODERNA)
La Constitución Nacional 1853/60 contiene todos los principios de orden de vida individual y social derivados del postulado metafísico; del postulado ontológico y del corolario empírico.

III. TESIS DEL DOCUMENTO
1) Un complejo sistema legal deriva de la conjunción de las normas contenidas en: a) el sistema de derechos establecidos por el Código Civil para facilitar a los individuos el acceso a la tierra y
b) el régimen de impuestos nacionales desarrollado a partir del año 1932.
2) Esas dos secciones del ordenamiento positivo configuran un sistema jurídico antiguo. Imposibilita concretar el orden social prometido en ideales, derechos y garantías declarados en la Constitución Nacional
3) A la luz de la experiencia histórica y el estado del conocimiento, para tornar moderno a ese sistema , es necesario sustituir al régimen de impuestos nacionales vigentes por otro compatible con el Código Civil y los propósitos, derechos y garantías de la Constitución originaria.
4) Lo propuesto no es una panacea. Pero sin esta reforma ningún remedio será eficaz para forjar una mejor sociedad argentina.

IV. DOCUMENTO “JUICIO DEL BICENTENARIO”

1. Introducción

La Constitución de 1853/60 fue el “plano” diseñado para “constituir” una extraordinaria sociedad de hombres libres, tratados en pie de igualdad para que en cooperación fraterna se asocien en la tarea de desarrollar cada uno su propia individualidad. No le falta ni le sobra una coma a la vista del conjunto de principios fundamentales contenidos en su Preámbulo y en la parte primera sobre Derechos y Garantías. El resto de su texto es para la organización del Estado al servicio de ese tipo de sociedad.
Estamos en vísperas del Bicentenario de la Revolución de Mayo. Observando los hechos que acontecen hoy en nuestra sociedad, no puede decirse que ésta ofrezca la imagen de la sociedad moderna tal cual fue planeada por aquella Constitución. No siempre fue así. Por el contrario, con todos los defectos que se puedan y quieran señalar, durante las primeras décadas que siguieron a la vigencia de la Constitución 1853/60, la Argentina ofrece al observador imparcial un progresivo avance en la concreción real de la sociedad ideal por ella diseñada.
Es a partir del primer tercio del Siglo XX (para algunos justo a partir del primer Centenario) cuando se observa un fuerte quiebre en esa dirección y aire de marcha. El fulgor emocionante de lo estrictamente político ha llevado a pensar que esa desviación se ha debido a algunos fuertes sucesos políticos ocurrido en los comienzos del siglo pasado. No es pacífica la opinión sobre cuál de esos acontecimientos ha sido el más decisivo para frenar o cambiar el rutilante progreso que nos distinguía en el mundo.
Sin restar importancia a esos estrictamente políticos, pensamos que su natural resplandor y la inevitable emoción que causan, no dejan ver la existencia de causas más opacas, pero mucho más responsables del deterioro argentino. Causas sistémicas que incluso habrían provocado los acontecimientos políticos a los cuales, a primera vista, se les atribuye la principal responsabilidad de nuestro deterioro.
Este documento es un esfuerzo para poner a la luz lo que suele permanecer oculto. Dado este objeto, es posible que el examen que se realiza parezca sesgado. Es inevitable, porque no se trata tan solo de poner en evidencia una verdad oculta, sino de descalificar o relativizar como verdad a muchas de las explicaciones dadas sobre nuestros fracasos. El fin práctico de este documento es movilizar a la conciencia y la voluntad política de los argentinos en una dirección distinta de la habitual. En tales casos no basta con exponer la verdad oculta. Junto con su exposición, hay que eliminar prejuicios de vieja data encarnados en la opinión de la gente y sus dirigentes.
2. TRES PRINCIPIOS SOCIALES DE LA REVOLUCION DE MAYO.
En una sociedad ocurre una revolución cuando en tiempo breve nace un impulso eficaz por ordenarla según principios de orden opuestos a los hasta ese momento vigentes. Si un mero cambio de gobierno fuera una revolución, la nuestra hubiese comenzado, por ejemplo, con las invasiones inglesas de 1806 y 1807. Sin perjuicio del efecto de estas invasiones, la Revolución de Mayo solo comienza cuando del entramado de conductas empezado en 1810 fueron emergiendo nuevos y distintos principios rectores del orden social. Con distinta intensidad y secuencia éstos obraron en las cuatro esferas de vida en que el orden social humano: el cultural, el político, el jurídico y el económico.
En este documento nos interesa iluminar tres principios fundantes de las estructuras del orden social en ciernes. Ellos bastan para calificar a los hechos de Mayo como una auténtica revolución social. Ellos derivan de un rasgo propio de la modernidad: tener en alta estima social a la libertad individual sin perder de vista al orden social como contexto imprescindible.
Primer principio: libertad de trabajo y propiedad sobre el fruto del trabajo
El primer principio de orden social fue legalmente afirmado en la Asamblea del Año XIII. Se lo conoce como “libertad de vientres”. El nombre no revela su magnitud. Lo que se resolvió, en prudentes pasos, fue poner fin a la esclavitud. Terminar con la esclavitud en tan temprana época debe ser el mayor motivo de orgullo de los argentinos.
Desde el punto de vista económico, acabar con la esclavitud no significa solo “libertad de trabajo”.en el sentido vulgar de “hacer cada uno lo que le plazca”. Engloba algo mucho más importante: ser dueño de aplicar libremente su trabajo y ser dueño exclusivo del producto del propio trabajo. Visto desde el otro lado, esta libertad de Mayo entraña la prohibición de usar la fuerza o artimañas para apropiarse del trabajo ajeno y sus frutos. Observada esta decisión a la distancia, mirada desde el estado actual de nuestra sociedad, no puede uno dejar de sentir emoción por los nobles y fecundos ideales que inspiraban a los patriotas de Mayo. Este ideal otorga dignidad moral y espiritual a la asociación humana.
Debemos formularnos esta pregunta: si este ideal es reconocido por todos, ¿por qué es hoy tan difícil concretarlo? Este interrogante ha dado lugar a muchas respuestas. Respetando todas ellas, preferimos la que sigue a continuación. No porque sea la única, sino porque ésta es la raíz de un orden social que sirva a la perfección del hombre como individuo. El grado de existencia de la “libertad de trabajo” así entendida, condiciona el ejercicio de la libertad en todas las facetas del orden social.
Segundo principio: Tierra barata para quien la necesita
Un segundo principio – raigal para una sociedad humana moderna – fue tratado y desarrollado por Revolución de Mayo. Fue desarrollado en sucesivos pasos. Se comenzó por decretar a la tierra como recurso de propiedad de la sociedad argentina como una totalidad. El bien público por excelencia. SE continuó decretando disposiciones administrativas para preservar el dominio público sobre la tierra patria., El problema fue éste: ¿cómo lograr que los habitantes accedieran a ella libremente, en igualdad de derecho y obligaciones , para actuar de manera no conflictiva y por el contrario alentando la cooperación económica?
Formular respuesta legal demandó más de una década. La dio el primer Congreso argentino celebrado en 1826, dictando una ley notable, mal comprendida primero y peor tratada después: La Ley de Enfiteusis.
Esta ley mantuvo para la sociedad la titularidad del dominio sobre la superficie terrestre de la nueva nación. Estableció, a la vez, el derecho de un fácil de acceso al suelo a favor de todos los habitantes, presentes y futuros, con el único cargo de pagar un canon. Se pretendió mediante un derecho por completo nuevo resolver la vital necesidad de todos y cada uno de los habitantes de acceder a la tierra para producir mediante el trabajo y la inversión de capital y al mismo tiempo la necesidad no menos vital de la sociedad de contar con un fondo creciente destinado formar el “tesoro público”. (Para evitar frecuentes equívocos conviene subrayar la novedad de esta institución argentina llamada por un antiguo nombre,la “enfiteusis romana”. Ésta nada tiene que ver con la homónima argentina. En el derecho antiguo la enfiteusis era a favor del propietario privado y no de la sociedad).

Tercer principio: el gasto público debe ser pagado con la renta del suelo
Al derecho de todos y cada uno, la ley de enfiteusis estableció la correlativa obligación de pagar un canon de monto proporcional al valor del terreno. El acreedor de este canon era el primario titular del dominio: la sociedad. Dejando de lado errores en su organización (lógicos por ser nuevo invento legal/económico), cualitativamente esta obligación proter rem (por causa de poseer la cosa) fue la más revolucionaria de las instituciones sociales al servicio de la libertad individual. Ponía a cargo del poseedor la carga de trabajar (anulando así el egoísmo histórico de especular con la tierra) a la vez que acertaba con una fuente de ingresos para el Estado distinto al tradicional y vejatorio “impuesto”. Se aseguraba al gobierno los recursos necesarios para pagar el gasto público. Un mecanismo favorable a la paz social y a la solvencia necesaria para que el Estado pudiera ofrecer “bienes públicos” sin dañar a la propiedad privada fruto del trabajo. Era obvio que a mayor población, mayor valor de la tierra, mayor ingreso público sin daño a las libertades civiles y económicas. ¿Qué mejor idea para poblar el desierto argentino?
El trinomio legal de la Revolución de Mayo
Los tres principios expuestos no deben ser tratados, como ocurre con frecuencia, como logros independientes. Forman un trinomio legal indivisible pues cada uno de los términos da sentido a los otros dos. Tal cual como ocurre en un triángulo. Este trinomio es la base legal/económica para una sociedad de hombres libres, en igualdad de trato y cooperación fraternal. La libertad de trabajo y la propiedad del fruto de ese trabajo es la condición material básica para la efectiva existencia de las demás libertades.
Estas libertades no pueden lograrse en plenitud sin leyes jurídicas que a pesar de la limitación del recurso material que nos brinda la “naturaleza” (llamado “ tierra” ) configuren un escenario equivalente a la efectiva “tierra libre”..Una sociedad saludable es la que vive y trabaja como si existiera, gracias al derecho, una permanente “frontera abierta”. Esta condición es esencial para que cada nueva oleada de inmigrantes y cada generación que llega a edad adulta, sea tan libre como las precedentes.
Asombra hoy la visión de los hombres de Mayo. Fueron capaces de captar de un vistazo el problema social fundamental e intentar solucionarlo mediante el derecho positivo. Bosquejaron el recto camino para solucionar la inevitable tensión entre “individuos libres” y la “sociedad protectora”. Toda innovación importa inevitables imperfecciones, sobre todo si el invento es de la magnitud del intentado en Mayo. Frente a las críticas que con ligereza se le han hecho, conviene recordar lo dicho por el uruguayo Manuel Herrera y Reissig en el Primer Centenario. Saludó a nuestro país por haber sido el primero en la historia del mundo en haber intentado tal acertada legislación. De su fracaso deben dar cuenta sus argentinos posteriores, no los patriotas de Mayo.
3. TENSIONES PARA CREAR UNA SOCIEDAD ABIERTA EN LA ANTIGUA.
Esta revolución fue hecha para “constituir” una Argentina moderna Pero debía hacerlo en y sobre una “sociedad antigua” con casi tres siglos de existencia. Esta última estaba constituida cimentada en antiguos principios. El impulso revolucionario de Mayo vino a enfrentarlos y, naturalmente, sufrió las resistencias de esta “sociedad antigua”. Así se explica que dos décadas después de Mayo un gobierno reaccionario se dedicara a “restaurar las leyes”. ¿Cuáles habría de “restaurar” sino las antiguas?
La pulseada entre una naciente sociedad moderna y las naturales resistencias que la vieja oponía, fue cruenta. Insumió tres décadas. Sin embargo ha ser visto como un inevitable periodo de gestación. El necesario hasta el doloroso pero gozoso parto que se presentará ante el mundo una moderna y atractiva novedad. La semilla, el Programa de Mayo, floreció en los indelebles párrafos de la Constitución Nacional de 1853. Sin embargo el impulso vital renacido en la Constitución no significó ni podía significar la total desaparición de la sociedad antigua. Esta última tiene que ser vista como la materia en la que el impulso espiritual de Mayo pretende mediante, nuevas leyes jurídicas y efectivos actos, imprinir un orden social que refleje en los hechos los ideales principios de la Constitución (Arts.24 y 28).
No puede sorprender que muchos intereses de la sociedad antigua, encarnados en realidades desde mucho antes constituidas, derrotados en lo ideal, buscaran esquivar las transformadoras disposiciones de la Constitución. La Ley de Enfiteusis fue dictada con magníficos propósitos consistentes con el ideal de la Revolución; sin embargo habría de dar lugar a uno de los más escandalosos fraude legis en la historia. Conspicuos federales desde 1830 a 1852 y tras ellos no menos conspicuos unitarios – opuestos en todo – coincidieron en el egoísta interés material de apropiarse para sí del territorio argentino. Se valieron de esa ley para hacer lo contrario a su finalidad. Quisieron los patriotas de Mayo que fuera la llave para el acceso a la tierra por parte de los más simples trabajadores. Fue usada por unos pocos para acumular inmensas extensiones de tierra.
Llegados al gobierno los unitarios cometieron el mismo fraude legis antes de derogar en 1856 la ley de enfiteusis de la que se habían aprovechado los rosistas. La derogación de esta ley, derogada por “comunista”, (sic) demandaba dictar la legislación que asegurara las “propiedades adquiridas” y una adecuada vía para que los nativos sin tierra y futuros inmigrantes pudieran acceder a la ella conforme a la flamante Constitución. Se encargó de esta delicada tarea a uno de los más doctos juristas de la época: don Dalmacio Vélez Sarsfield. Éste , más atento a la realidad constituida que al ideal de la Carta Magna , dispuso lo conveniente para hacer compatibles los intereses de los pocos terratenientes establecidos (federales y unitarios) con las necesidades de la legión de hombres sin tierra. La institución legal construida por Vélez no sometida a discusión. El Código Civil fue aprobado por el Congreso de la Nación en una sesión y a libro cerrado. Hubo entre los terratenientes de todos los bandos un común denominador: establecer para sí el seguro dominio sobre la tierra. Estaban obligados por la Constitución a inspirarse en Dios “fuente de toda razón y justicia” , quien sobre este asunto se había pronunciado tajantemente ( Levítico 25:23) , cuyo mandato había sido reglamentado en Mayo para asegurar los tres principios sociales de la Revolución. Sin embargo, los intereses terrenales prevalecieron y se inspiraron, más bien, en un ramplón refrán: “quien llega primero a la fuente se bebe el agua”. Esta base legal habría de frustrar el destino de la Argentina moderna prometido por la Constitución. La institución legal romana, desconocida por el pueblo de Dios, se repetía en el solar más feraz de América. Con ella se reproduciría también la crónica guerra civil que llevo a la caída del poderoso imperio.
El Código Civil fue objeto de admiración general. No mereció igual aplauso por parte de Alberdi, padre de la Constitución , exiliado crónico y jurista de tal calidad que su natalicio fue elegido para fijar el Día del Abogado. Paradoja en la que no se repara lo suficiente , reveladora la profunda verdad una vez dicha: los juristas pueden hacer de la abogacía “la más noble de las profesiones si sirven a la justicia o el más vil de lo oficios si la escamotean”. Alberdi rechazó de plano al proyecto de Código Civil por considerar que no creaba instituciones para asegurar la democracia y la libertad individual. Denunció que el proyecto se copiaba el derecho de monarquías absolutas cuando no el de dictaduras o tiranías. No era un dato menor en boca del mayor constitucionalista fundador de la Asociación de Mayo. Cierto que maravilla que un solo hombre haya redactado tal monumento legal. Más la destreza técnica no deja ver que con lo establecido en relación al acceso y uso de la tierra, cometía un “contrabando” institucional. Se burlaba el bando de la Constitución que invitaba a todos los hombres del mundo a poblar el suelo argentino para vivir en libertad y del fruto de su trabajo (Preámbulo y arts. 14,16 y 17). Mediante unos pocos artículos el Código Civil introdujo en la liberal y moderna Constitución el derecho antiguo de Roma. Verdad es que no se lo hizo a escondidas; pues se declara abiertamente optar por el “derecho puro de los romanos” (nota al art.2003).
Este regreso al derecho antiguo era un cerrojo puesto a la libertad de trabajo en cuanto esta reclama un igual derecho de acceso a la tierra para todos (principio de igualdad económica) . Se creyó que este cerrop podía ser entre abierto mediante otra institución: el contrato locación en la ciudad y el de arrendamiento en la campaña (Párrafo 8, in fine de la nota al Titulo IV. De los derechos reales) Esperanza fallida. La necesidad de reiteradas reformas al contrato de locación urbano y al de arrendamiento rural , el creciente numero de personas obligadas a vivir en en lúgubres conventillos, pensiones, villas miseria, cuando no en las plazas públicas y umbrales, son la prueba pública de su mal cálculo para la ciudad. El permanente desierto que domina en el vasto territorio argentino, prueba que tampoco sirvió para poblar la campaña.
Según las cifras promedio que arrojan los censos nuestra densidad demográfica sería de unos 12 h/km2. Ocultan el desastre espacial/demográfico argentino. Basta con tomar otros datos para ver que el 85 % de la población argentina (más de 30 millones de personas) está asentada en ciudades cuya superficie sumada es menor a 50.000 km2, porción insignificante en comparación a los 2.800.000 km2 que tiene nuestro territorio continental. De este cálculo surgen otras densidades demográficas. La urbana sería de 600 h/km2, en tanto que en el resto del territorio ( 2.750.000 kim2) desciende a menos de 3 h/km2. No es posible ninguna sociedad moderna con tal densidad. La cosa es peor de lo que muestran estos cálculos. Hay hacinamiento urbano en medio de un territorio desértico. La llamada “Reina del Plata, tiene una densidad nocturna de unos 15.000 h/m2 , cifra que se elevaría a mas de 20.000 durante el día de trabajo. En consecuencia es “Reina” en mugriento palacio, como todas las demás ciudades argentinas. En los “cordones periféricos” e sus crecientes “islas” internas de personas aglomeradas, la densidad demográfica llega, en algunos casos, a la calamidad de unos 60.000 h/km2. Para explicación de este colosal desorden, rige este apotegma: la Argentina es un país que dispone de un inmenso territorio, geográficamente existente, legalmente adquirible, pero económicamente inalcanzable por quienes viven solo de su trabajo.
Con la adopción del derecho romano para acceder y usar de la tierra la cizaña quedó plantada. En todo lo demás el Código ayudó a poblar el país, si bien no del todo, sí eficazmente. El “retroceso” al “derecho antiguo” no se notó en un comienzo y pudo ser metabolizado sin grandes dolores, gracias a la vasta extensión del territorio, la escasa población (800 mil habitantes en 1860) y la voluntad de algunos terratenientes dirigida a poblar sus vastas posesiones. Un conjunto de circunstancias y el especial momento del mundo durante el Siglo XIX, facilitó el arribo de casi 4 millones de pobladores antes de 1900. Pero el sistema contenía una “bomba de tiempo”. Era menester desarmarla so pena que, tarde o temprano, estallaran conflictos en abierta guerra fraticida. Este había sido en Roma el efecto del “puro derecho romano”.¿Por qué habría de ser distinto en nuestro país?
En el Código Civil hay mucho de positivo. De modo claro establece – de modo consistente con la Constitución – un ordenamiento legal atractivo para trabajadores libres e inversores de capital. La dirección del proceso económico queda a cargo de los mercados. Para que este orden fuera benéfico para las libertades individuales, el enriquecimiento por el trabajo, la democracia como fuente de poder político , la república como división de los poderes del Estado y el federalismo , debía haberse integrado con un adecuado sistema de recursos. Adoptado en esta materia el principio de Mayo, el amenazante defecto que entrañaba la adopción del derecho romano de propiedad de la tierra podía ser convertido en virtud. Era necesario dictar un moderno sistema de recursos para los gobiernos, los provinciales y el nacional. Hubo muchas oportunidades para ello. Pero hasta antes del Bicentenario, todas han sido todas oportunidades perdidas. Repasarlas aclarará cuál es la fundamental política de Estado que los argentinos necesitan para que nuestra patria reingrese al camino del progreso y la prosperidad que una vez, guiada por la Constitución, iniciara.
4.OPORTUNIDADES PERDIDAS
Primera oportunidad: presidencia de Roque Sáenz Peña (1912-1914)
La insoslayable primera oportunidad para desmontar la bomba desintegradora de la civilidad argentina llegó cuando se resolvió adoptar el sistema democrático con la regla “un hombre, un voto”. Hablamos de la ley Sáenz Peña. Para darle pleno sentido y eficacia a este sistema electoral era necesario otra reforma legal. Así lo pensó e intentó el Presidente Saénz Peña. Con el proyecto electoral este gran hombre público preparó y envió al Congreso Nacional otro indispensable proyecto de ley. Organizar las bases para un sistema de recursos fiscales compatible con la prosperidad económica fundada en la iniciativa particular. Orden económico necesario para poder gozar de los beneficios de la democracia, la republica y el federalismo. Propuso establecer por ley el “impuesto a la tierra libre de mejoras”. Este proyecto institucionalizaba los principios sociales de Mayo y de la Constitución. Sáenz Peña sabia y lo sabía muy bien, que no hay efectivos ciudadanos si los hombres no son dueños del producto de su trabajo y no pueden serlo si no tienen fácil acceso a la tierra, rural y especialmente urbana.
Este impulso animaba por entonces a muchos argentinos e importantes líderes del mundo. El libro de Henry George “Progreso y Miseria”, de vasta difusión en las décadas anteriores a 1900, ayudo a institucionalizar el impulso mediante el adecuado derecho positivo . Reformas legales, con matices, tuvieron rápida concreción. En distinto grado, el sistema de George fue adoptado en los países sajones, nórdicos y germanos. Sus efectos se aprecian hoy en el notable y pacífico desarrollo de países como Canadá, Nueva Zelanda, Australia y Dinamarca, e inclusive en varios Estados norteamericanos. Todos menos poderosos que la Argentina de hace cien años atrás.
Pero la mayoría de los legisladores argentinos de1914 parecen haber olvidado el consejo de Alberdi: “gobernar es poblar”. E ignoraban que es imposible poblar si no se facilita la tierra donde hacerlo. Alberdi asignaba mayor importancia al derecho al trabajo (cuestión económica) que al derecho al voto (cuestión política). En el Sistema Rentístico afirmó una verdad hoy vigente: participar en la vida política es una opción; participar en la vida económica es una necesidad. Ignorantes de esta verdad, los legisladores de entonces aceptaron la reforma electoral; pero se resistieron a tratar la reforma fiscal. La que hubiera sustentado la democracia y el federalismo. Al no hacerlo hicieron de la benéfica democracia un factor de desorden. No es lo mismo que en cada elección voten “ciudadanos” con autonomía económica que “clientes” dependientes del gobierno.
Con la prematura muerte del Presidente, el proyecto económico fue archivado. Con esta decisión caducó la oportunidad de facilitar a millones de trabajadores el fácil acceso a la tierra, vivir de su trabajo y poblar más racionalmente el país. La fractura del proyecto de Saénz Peña – un proyecto con dos patas – fue fatal para la república, el federalismo y la democracia. Por la ley electoral se le concedió ciudadana política a millones de habitantes; pero subsistiendo en pleno vigor el “derecho romano de propiedad sobre el suelo” , quedaron privados de cabal ciudadanía económica. Se reforzó una ya existente sorda guerra civil. La insensata separación entre “ciudadanía política” y “ciudadanía económica”, otorgando derecho al voto pero no a la tierra, dio paso, como en la antigua Roma, a una ruinosa transformación del orden social. En todas las esferas de vida.
Los “ciudadanos políticos”, sin base económica real, se fueron transformando en “clientes”, tal cual en Roma. Esta es la raíz del “clientelismo” que tanto mal nos hace y que sin éxito todos critican. No escasean los convencidos que para unir ambas ciudadanías – la política y la económica – basta con la “educación”. Al menos, dicen, con alguna buena “instrucción cívica”. No saben de que hablan. Reproducen para la vida pública el disparate que narra la fábula: el cometido por aquel que pretendió enseñar al burro a vivir sin comer.
Segunda oportunidad: Presidencia de Agustín P. Justo (1932-1938)
La segunda oportunidad perdida para ajustar el orden económico y hacerlo consistente con el orden democrático, republicano y federal, ocurrió en 1932, bajo la presidencia del c General Agustín P..Justo. El Congreso Nacional, por angustias fiscales, debía dictar una ley para generar nuevos recursos. Ante esta exigencia para afrontar el gasto público se debía optar entre recurrir a la antigualla de un nuevo “impuesto” o recaudar la renta de la tierra. Recaudar un tanto por ciento del valor venal de la tierra no es un impuesto, sino la necesaria restitución a la sociedad del mayor valor del suelo obra del trabajo social. Es un valor público que por efecto del sistema de propiedad privada sobre la tierra ingresa, primariamente, en el haber del propietario, sin ser efecto de su trabajo e inversión. Los que crean “impuestos” no se fijan en tales sutilezas. Declaran “contribuyente” a cualquier clase (grupo) de personas, a las que eligen según caprichosos criterios. Su fin es que los integrantes de alguna clase entreguen parte del fruto de su trabajo al gobierno. Al acto o cosa que elijan la denominan “hecho imponible” y puede ser tan diverso como la compra de un televisor o la emisión de un cheque. De estas ocurrencias nos surte la historia humana. Allí figuran extravagancias como el impuesto a las ventanas; a la cantidad de ruedas de un vehiculo y el timbrado de una hoja de papel. El gobierno exige dinero bajo coacción porque necesita de fondos. Eso es todo.
En el curso de milenios fue un avance pasar de esta exigencia bruta a otra más refinada. El impuesto debía ser aprobado por representantes de una “mayoría•” (“No taxation without representation”). Pero para la vida moderna, a la luz del despilfarro que en democracias se comete, esto es insuficiente. Una ley no es “legitima” por el hecho que la voten muchos; incluso todos. ¿O lo sería la ley de Lynch por contar con el voto de la mayoría?
Lo que caracteriza al “impuesto” es que el gobierno tiene que afrontar un gasto y usa la “fuerza pública” para quitarle dinero a los particulares. Los patriotas de Mayo, reflexionaron sobre los perjuicios de este sistema y los beneficios que acarrea a la libertad de los individuos y al orden social recaudar la renta del suelo. Los legisladores de 1932 no tuvieron ni en la cabeza ni el corazón el ideario de Mayo. Ante la alternativa de recaudar la renta del suelo o crear un general impuesto sobre el trabajo y sus frutos , se decidieron por esto último. Dictaron la “ley de impuesto a los réditos”. Plantaron la cepa de todos los impuestos que a la fecha castigan al trabajo, la inversión, la producción y el consumo. Optaron por el sistema vetusto. Esta opción exige contar con un vasto “aparato recaudador”. De hecho la organización más poderosa para acabar con todos los derechos y garantías que asegura la Constitución. Una antigualla acarrea la otra. Volvieron los “publicanos”! y en consecuencia el derecho de abstenerse a declarar contra sí mismo (art.18 CN) dejó de regir en materia de impuestos. Aquí impera ahora el sistema inquisitivo.
La “ley de impuesto a los réditos” y su multiplicada descendencia fue un feroz contragolpe de la antigua Argentina contra el ideario de Mayo y la Constitución de 1853. Llevó al régimen de la coparticipación que mina en su base material al federalismo, la democracia y la república, tal como explica Meier Zylberberg en Raíces totalitarias del fracaso argentino. De la emergencia de 1932 a la del 2006.
La bomba de tiempo había sido armada por el Código Civil. Con este nuevo sistema nacional de impuestos se la activó y fijó el tiempo en que habría de estallar. Por entonces no se lo supo; pero el día señalado resultó ser el 17 de octubre de 1945. Los “ciudadanos sin tierra”, hombres de trabajo, castigados a la vez por elevados alquileres y crecientes impuestos, reaccionaron dejando de creer en la “democracia representativa”. Pasaron en “masa” a desconfiar de los “libros” para, como tantas veces en la historia, poner sus esperanzas en un caudillo redentor. A veces , muy pocas, este recurso ha funcionado. Esta vez no, porque la gente, en amplia mayoría, se había apartado del ideario de Mayo. De manera consecuente la sociedad fue conformando otro tipo de “constitución real”. Muy semejante al que aquella revolución había intentado a superar.
Tercera oportunidad: Interregno 1943-1955
Una sociedad ya asfixiada por el alto costo del suelo y agobiada por crecientes impuestos, era permeable a los desvaríos ideológicos que agitaban las conciencias. Nazismo en Alemania, Fascismo en Italia, Falangismo en España y Comunismo de distinto jaez en muchas partes aparecían como focos orientadores para superar a la sociedad liberal forjada en el siglo XIX. Un dramático período de oscurantismo mundial aconteció entre la primera (1914-18) y la segunda guerra mundial (1939-45). En este convulsionado mundo la Argentina comenzó a dudar de los fundamentos de su orden social.
Desde 1914 los países habían comenzado a organizarse bajo el concepto de “nación en armas”, lo que exigió la dirección central de la economía por el Estado. Se retornó al proteccionismo, se auspició la autarquía y se aplaudió la planificación de la producción y el consumo, ensalzados como el mejor arte de gobernar. Al fin de la segunda guerra (1945) el clima, en lugar de despejarse, enrareció. Estalló la “guerra fría” entre los EEUU y la URRS, de incierto vencedor.
Esta oscura y caótica situación fue el contexto dentro del cual la Argentina buscaría establecer un orden económico que superara al minado por la apropiación particular de la renta del suelo y los impuestos al trabajo. El desorden provenía del sistema de acceso al suelo y el régimen de impuestos. Pero no se prestó atención a este asunto. Los trabajadores asalariados, amplios sectores de clase media e incluso el sector empresario no monopólico sufrían estrechez de ingresos. Suelo social propicio del que emergió una general demanda por una mayor “justicia social”.. Ya no se pensaba ni creía que la Constitución de 1853 había sido dictada precisamente para establecer (“mediante leyes que reglamenten sus principios”) un orden social justo en todas las dimensiones de la vida humana, social e individual. Los vientos ideológicos dominantes en el mundo sugerían soluciones directas. Una de ellas fue que los gobiernos inyectaran en relaciones sociales específicas, dosis de justicia social. En 1943, un gobierno producto de un rudimentario golpe militar, para salvar su debilidad, aplicó esta receta a una básica relación del orden social: la que media entre los “propietarios de los inmuebles” y sus “inquilinos”.
La angustia de inquilinos y arrendatarios demostraba que contra lo sostenido por Velez sarsfield , el contrato de locación (urbano y rural) no era un adecuado instrumento para que los “sin tierra” accedieran a ella. Al menos no lo era en el contexto del ordenamiento legal total. Esta ley del gobierno militar fue dictada para mitigar el efecto destructivo del sistema de apropiación de la renta del suelo por los propietarios agravado con el régimen de exacción impositiva establecido en 1932. Procuró aliviar la presión que castigaba a los trabajadores rebajando en un 10% los precios de locación urbana y rural pactados entre dueños e inquilinos. Congeló los precios resultantes y prolongó de jure los plazos de locación. No hace falta ser economista para ver que esas leyes mejoraron notablemente el ingreso de los inquilinos y arrendatarios, mayoría de la población. Ni es necesario ser sociólogo para sospechar que una nueva clase social se formaría y que ésta buscaría expresarse políticamente. Con dos decretos leyes, en terreno fértil por la injusticia social generada por el costo de la tierra y los impuestos, se sembró la semilla de una planta política de larga vida. Este retoño creció frondoso al amparo de decenas de miles de decretos leyes de contenido social, económico y financiero, enderezados todos a establecer un orden económico centralmente dirigido por el Estado. El orden económico argentino fue transformado de cabo a rabo.
El Estado (no la sociedad ni el individuo), pasó a ocupar el centro de la realidad política, económica, social y cultural. Las pruebas están a la vista. Basta con repasar los libros de enseñanza de la época, los planes quinquenales, la estatización de las empresas privadas monopólicas, la creación de otras a cargo de un Estado empresario , la nacionalización de la banca, la emisión de moneda papel sin respaldo, el sostén estatal de los sindicatos de trabajadores fueron, entre otras, algunas de las medidas que transformaron por completo el orden económico. . El Estado pasó a ser el sol de la realidad social; el gobierno central su profeta y los gobiernos provinciales apenas sus agentes. Fue inevitable la formación de una constelación de intereses deseosos de gozar de los beneficios del nutritivo calor solar, Tan inevitable como la lucha, silenciosa o abierta, entre todos ellos. De modo paradójico este tipo de orden trae un efecto con el que no se cuenta. “Los vistantes inesperados” de los que prevenía Fourastié. Cuando un gobierno central asume la ciclópea tarea de hacer todo y de todo para el “pueblo”, sienta al pueblo en las tribunas. Lo convierte en mero espectador. Puede silbar o aplaudir; pero no mucho más.
Desde 1943 a 1945 se dictaron miles de decretos leyes, aprobados en una sola sesión del Congreso Nacional en 1946. La Constitución argentina de 1853 perdió sentido. No calzaba ya con la “constitución real” conformada por una nueva legislación y sobre todo por un nuevo mundo institucional. Esta dicotomía entre la Constitución legal y la “realidad constituida” la puso fuera de efectivo servicio.
En 1949 había surgido la convicción y la necesidad de un “ajuste de cuentas” entre el hecho y el derecho constitucional. Se optó por el “hecho consumado” por el derecho inconstitucional dictado desde 1943 en adelante. No hubo “reforma constitucional” en sentido material. Ocurrió, más bien, el reemplazo liso y llano de la Constitución original por otra de muy distinto talante. Ésta era confesadamente ideológica. Merecía y con razón el nombre de Constitución “justicialista”. Su meta principal era la “justicia social”, no el buen orden social fundado en la libertad individual. Lo más notable, aunque no debidamente observado, es que ante esta nueva Constitución se podía repetir la frase de Tocqueville al juzgar a la Revolución Francesa: “todo fue cambiado, menos lo peor del antiguo régimen”. En efecto, en esta reforma constitucional mucho fue cambiado; pero no lo peor del sistema que desencadenó había originado la tormenta social. Esto es, el derecho de los propietarios a apropiarse de la renta del suelo y el régimen de recursos del Estado fundado en exacciones al trabajo y al fruto del trabajo. Ambas instituciones jurídicas permanecieron en vigencia.
Tinieblas en un clima enrarecido (1955 -1966)
Al fin de la década iniciada en 1943 las ilusiones primeras comenzaron a quebrase y otras a desplomarse. La paz política estaba en cuestión; la prosperidad económica sostenida supuestamente en un proceso autosustentable, comenzaba a estancarse. El Estado cada vez más enorme, era insaciable y no aparecian nuevas y legítimas fuentes financieras que lo surtieran. La inflación monetaria, maquillada con la reedicion de vetustas leyes contra el agio y la especulación y el control de precios (todo conocido en la antigua Roma) , presionaba en todas las relaciones sociales. De modo paradójico, se sostenía que el pueblo era ahora el ”dueño de su destino”, y sin embargo y a pesar de una acreditada mayoría electoral, el gobierno se sentía cada vez más obligado a ser autoritario. El panorama se tornó oscuro cuando comenzaron darse respuestas a ciegas ante crecientes problemas. Luego de diez años de gobierno en este nuevo orden era de esperar que había llegado la hora de recoger los frutos . En su lugar hubo necesidad de dictar leyes para asegurar la paz interior y otras para atender a una amenazadora “conmoción interna del Estado” (Plan CONINTES).
Abundaron los intentos de “golpes”. Pero la debilidad del nuevo orden sue tal que uno – en terminos militares – tan insignificante como el de 1955 desalojó al gobierno y asumió el gobierno. Éste intentó volver atrás la historia. Se abrogó por decreto la Constitución de 1949 y se convocó a una asamblea constituyente para “mejorar” la de 1949. Con esto se esperaba restablecer el “orden” preexistente a 1943. El fracaso fue completo.
Ninguno de estos “revolucionarios” que decían actuar conforme a la “línea Mayo-Caseros”, reparó en la raíz profunda del viejo mal: la apropiación por parte de los particulares de la renta del suelo y la formación del tesoro público con una exacción cada vez mayor de los frutos del trabajo y la inversión. Para colmo las secuelas institucionales derivadas de esta falla y lo creado durante la década precedente habían tornado más oscuros y complicados los problemas a resolver.
Los diagnósticos acerca de nuestros males sociales empezaron a ser cada vez mas coyunturales y superficiales. Estaban fuertemente influidos por varias razones. Sin embargo la primera y principal fue la ausencia, en los círculos políticos, académicos y sociales, del debido reconocimiento y justa valoración de la perniciosa raíz que entrañaban apropiación de la renta del suelo por los dueños de la tierra y la formación del fondo público mediante crecientes impuestos. Aceptado este mal genético, para hacer frente al aumento del gasto público se institucionalizaron las tres vías, que aun permanecen: incremento de los impuestos, endeudamiento público (interno y externo) e inflación monetaria.
El periodo se caracterizó por los críticos momentos a que fue sometida la Argentina entre 1955 y 1966. Una cadena forjada por eslabones alternativos de “golpes de Estado” (1955; 1962, 1966) y de frustrados retornos a la democracia (1958 y 1963). Una disolución institucional progresiva se acentuó, sin que nadie ocupara de revisar aquellas profundas causas a pesar de la aparición de la grave sangría de población manifiesta en una fuerte emigración al exterior. Agravada por incesantes migraciones internas, del creciente hacinamiento urbano, del decaimiento de la iniciativa privada, del aumento de la evasión impositiva, del falseamiento de los balances comerciales , para citar solo algunos gruesos fenómenos económicos y su relación con el debilitamiento de las instituciones políticas, jurídicas y culturales.
Cae la noche (1966-1983)
Los militares comenzaron a participar “institucionalmente” antes de 1966. Pero los “golpes de Estado” anteriores fueron una chirinada comparados al golpe auto denominado “Revolución Argentina” (1966). Después de los caóticos procesos ocurridos desde 1955 a 1963, las tres fuerzas armadas, buscaron actuar en conjunto y de modo “institucional”. Se expresaban como “reserva moral” de la República. Se apoderaron de todos los poderes del Estado y sus organismos. Coroneles y generales retirados pasaron a ser gerentes de “relaciones públicas” de empresas públicas y privadas. Otros de grado menor fueron interventores de los sindicatos de trabajadores. Los partidos políticos, asaz debilitados, fueron disueltos y la actividad política prohibida.
El golpe de 1966 puede, por sus discursos, ser considerado “fáustico”. Según sus actores el golpe fue dado para impulsar a la Argentina a la modernidad. Fue apoyado por muchos civiles y militares, políticos, sindicalistas y dirigentes de círculos empresarios. Cada uno de estos grupos calculaba un beneficio para sí. Para sorpresa de todos en 1969.estalló el “cordobazo”. El mayor sacudimiento social y de rebeldía civil conocida hasta entonces. A partir de este enorme hecho, fuerzas volcánicas trataron de organizarse. Lo hicieron sectariamente. Coincidían en un punto: en la necesidad de alcanzar el dominio del Estado.
El rumbo político de la sociedad se perdió en la maraña de ideologías, pasiones e intereses. La dictadura militar en decadencia a partir de una cadena de “cordobazos” tuvo que abandonar la idea de mantenerse sin plazo en el gobierno . Hizo lo último que hubiera calculado hacer: provocar el retorno al país, para aminorar los problemas que ella solo consiguió agravar, al ya septuagenario Juan D. Perón exiliado desde 1955. Dieciocho años después le restituyeron todos sus grados y lo habilitaron para un tercer mandato presidencial. La presencia de.Perón no bastó para asegurar un gobierno firme ni calmar los ánimos. Un espíritu de venganza comenzó a propagarse en la sociedad, lo que entorpeció el funcionamiento de la frágil democracia restablecida el 25 de Mayo de 1973. Durante su corta existencia ( 2 años y 8 meses) asumieron cuatro presidentes con distintos equipos para gobernar.
En 1976 otro golpe de Estado puso fin a la endeble democracia. Las fuerzas militares, en unión “institucional” , asumieron otra vez todo el poder del Estado. Pero éste ya no fue fáustico sino necrofílico. Matar al “enemigo” fue considerado el gran instrumento de sanación. Esta dictadura no arregló nada y arruinó todo; incluida su propia existencia y las fuerzas armadas que la sostuvieron. Colapsó con la derrota en la guerra internacional desatada en 1982. La noche política había logrado máxima oscuridad. Era hora de revalorizar la democracia.
Cuarta oportunidad: retorno a la democracia (1983-1989)
Un fervor democrático había renacido entre los más jóvenes. La sociedad toda, al fin, pareció optar por la democracia política. Las renacidas esperanzas llevaron a pedir de ella más de lo que ella puede dar. Contar las cabezas para elegir gobierno es una cosa. Usar la cabeza en el gobierno es cosa bien distinta. Los maltrechos partidos políticos volvieron. Portaban livianos programas de gobierno. Pero ninguno tenía en su cartera siquiera una idea sobre la necesidad de un facil acceso a la tierra, el escamoteo de la renta del suelo y.lo ruinoso del regimen de impuestos creados en 1932. Nadie recordaba el ideario social de Mayo. No era un buen presagio para sostener la ahora amada democracia.
. El presidente Raul Alfonsin fue electo por mayoría envidiable. Su experiencia política y honorables antecedentes le permitieron hacer campaña electoral de manera casi evangélica. Una y otra vez recitaba el Preámbulo de la Constitución de 1853. Su apotegma fue: “Con la democracia se vive, se educa, se come”. La idea por todos compartida era que la democracia todo lo podía. Un nuevo postulado fue reinvidicado tras los efectos de la dictadura precedente: otorgar plena vigencia a los “derechos humanos”. Sin embargo entre los “derechos humanos” reivindicados ni siquiera se pensó en el primero que desde el punto de vista material (individual y social) : el de consagrar un igual derecho económico de acceso al suelo para vivir y trabajar, para todos sin excepción y destinar la renta de la tierra como base del tesoro público.
Una “hiperinflación” del 5000% anual fue, al cabo de cinco años de retorno a la democracia fue la causa final por la que el presidente, gran demócrata, pero ajeno a las cuestiones económicas, tuvo que abandonar el cargo antes de vencer el término de su mandato. Una nueva oportunidad perdida y ninguna lección aprendida.
Quinta oportunidad: La peripecia neoliberal (1989-1999)
La democracia restablecida en 1983 fue cimentada por el voto entusiasta de la población. Millones de seres humanos recobraron el del derecho a votar para formar gobierno. Pero este derecho político – la ciudadanía política – no resultó suficiente para mejorar en un abrir y cerrar de ojos la situación de quienes padecían estado de pobreza crónica. Estas personas son los excluidos, parcial o totalmente y contra su voluntad, del orden económico. Conviene reconocer que por alguna razón son privados de otra clase de ciudadanía: la ciudadanía economica. Las personas capaces de trabajar , deseosas de ganarse el sustento con su trabajo y a pesar de su capacidad y voluntad no pueden hacerlo, ven fracturada su ciudadanía integral. Son millones los que en nuestro país no pueden ejercer sus derechos económicos para su subsistencia o no pueden ejercerlo en la plenitud que sus personales condiciones le permitirían. Visto desde este ángulo, tales personas, poseedores de ciudadanía política carecen de ciudadanía económica.
Esta fractura ocurre por algún obstáculo ajeno a su voluntad del afectado y emerge de las condiciones del orden social constituido. En la sociedad moderna tales obstáculos se aprecian en el orden económico; pero en gran medida ellos derivan del tipo de orden legal que conforma a aquél. Leyes que obstaculizan el derecho económico a trabajar y el ser propietario del fruto de su trabajo conculcan el derecho a la existencia. Provocan elevado grado de malestar social, fuertes conflictos e incluso llevan a la desintegración de la sociedad. Hasta los animales salvajes y las alimañas – decían los hermanos Gracco en la antigua Roma – han de disponer de ese derecho so pena de perecer. Tanto más importante lo es para el hombre actual cuyas necesidades, por el desarrollo científico y tecnológico, se multiplican en grado no sospechado en épocas anteriores.
En un país prácticamente despoblado como la Argentina, se cuentan por millones los que carecen de un lugar para vivir y trabajar como seres humanos. Individuos de todas las edades y condición, en especial jóvenes, llegados a la plenitud de la vida topan contra una pared socio-económica. Dada la calidad de nuestro territorio y los dones con que ha sido dotado, no es lícito pensar que ese obstáculo se debe a la Naturaleza. Son el orden económico y derecho positivo dictado para ordenarlo, los reales diques que se que se levantan ante ellos. En número varias veces millonario se alojan en departamentos extremadamente pequeños, muchos en antiguas casas que de pésima condición. Son los afortunados. Otro tanto sobrevive gracias a tener un ocasional sitio donde estar , aunque sea por la noche. Vivir en “villas miseria” es un modo acostumbrado de vivir en un país sin población. Muchos son “desterrados” de la patria chica. Todos “exiliados internos” en su propia .patria
Esta desgraciada y cada vez peor situación deriva, por un lado, del alto costo del suelo a la luz del ingreso de los trabajadores. Otra causa no menos importante y correlativa es la exacción que sufren los de menos ingresos, aquellos que solo cuentan con su trabajo para vivir. Cuando este estado de cosas se da in crescendo, y sin cesar desde hace casi un siglo, no obra de buena fe quien se sorprende por el hecho que en la Argentina haya perdido “la cultura del trabajo” y muchas personas prefieran sobrevivir con las dádivas del Estado. Cuando no lucrar desde el gobierno. ¿No fue acaso éste uno de los rasgos de la Roma decadente?
Este era el escenario existente al restablecerse la democracia en 1983. Al no corregirlo la raíz del desorden social y afrontar la cuestión del acceso al suelo, el destino del renta fundiaria y los impuestos, la tormenta social arreció. Hubieron varios temporales en serie, hasta que el huracán de 1989 acabó con la presidencia de Alfonsin, primer presidente de la añorada democracia.
Su sucesor Carlos S. Menem, electo por holgada mayoría de votos debía actuar en ese ambiente social. Su eslogan electoral fue harto simple y efectivo : “Síganme, no los voy a defraudar” El problema fue que a poco andar no era claro hacia adonde quería ir. En el plazo corrido desde fines de 1989 al primer tercio de 1991, el suyo fue un deambular errático. Pero pasados esos largos 18 meses ocurrió una sorpresa. El indiscutido peronista, émulo de Facundo Quiroga, resolvió dejar de lado su pasado para actuar como un convencido neoliberal. Reforma monetaria, limitación de la intervención del Estado, desregulación de leyes laborales, decidido desguace por transferencia a manos privadas de las empresas estatales, fueron, entre otras muchas medidas de la misma clase, el nuevo inesperado rumbo. Las medidas no solo significaron un alivio para el gasto del Estado. Al librarse en gran medida del “Estado empresario”, como nunca desde hacia décadas, empezó a desarrollarse una economía de mercado. La estabilidad del signo monetario, por su parte, dio a las empresas particulares el gran instrumento de cálculo para poder planificar su actividad. Encima, una mayor flexibilidad de las relaciones laborales, la generación de un atractivo campo para inversiones de capital extranjero y nacional, configuro el escenario típico de las economías orientadas por mercados. Cambió (en su dimensión dinámica, no en su base estructural) al orden económico, lo que provocó una indiscutible reactivación , prosperidad e inserción de la Argentina en el mundo cada vez más globalizado.
Lo dicho no debe ser visto como una defensa de esta etapa, sino como una invitación a observar cómo confiar la dirección del proceso económico general a los mercados, sin inflación, reactiva de inmediato na economía sofocada por la intervención estatal y una inflación crónica. Los posteriores abundantes resentimientos que generó aquel el cambio 1991 se fundan en varias razones. Entre otras la corrupción cometida en el proceso de privatización. También en la fuerte ola de desocupación laboral Pero es la ojeriza que en general se tiene entre nosotros contra el orden económico de mercado la causa principal. Esta injustificable pero explicable ojeriza es producto de las injusticias que emergen en una sociedad agobiada por impuestos y sin tierra barata, Ella impide descubrir las causas profundas por las que la “peripecia neoliberal” fracasó. Al faltar un adecuado esclarecimiento de este fracaso, la gente indentifica al ideal liberal de la Revolución de Mayo con el neoliberalismo nacido mucho después, a fin del siglo XIX. Y, consecuentemente, se reavivan la tendencias estatizantes, propias de la sociedad antigua, mantenidas entre nosotros por el sistema legal de apropiación privada de la renta del suelo y los impuestos.
¿Por qué falló la peripecia neoliberal? La razón principal del fracaso neoliberal se encuentra en la base de la concepción y teoría económica neoliberal. Para éstas no existe algo que justifique revisar la cuestión de la propiedad de la tierra ni la del destino de la renta del suelo. Tampoco objeta al regimen de impuestos que castigan al trabajo, la inversión y el consumo. La teoría neoliberal no se considera incompatible con el trinomio fundante y justificante de la Revolución de Mayo. Por ello respecto al gobierno de 1991 se puede parafrasear una vez más a Tocqueville. Los actores de la peripecia neoliberal en la Argentina pretendieron cambiar toda institución contraria a una economía orientada por los mercados; todo menos la madre de todos los monopolios y privilegios: la apropiación de la renta de la tierra por parte de los particulares. El neoliberalismo es contrario a los principios sociales de la Revolución de Mayo y de la Constitución de 1853. Considerando este punto, el gobierno de Menem igualó a todos los que le precedieron. Nada hizo para cambiar la triple raíz de nuestro padecimiento social.
Sexta oportunidad: la “alianza” formal (1999-2001)
El pueblo argentino, a semejanza del antiguo pueblo de Israel, parece condenado a deambular por el mundo de todas las experiencias económicas posibles, antes de arribar a la Tierra Prometida. La practicada en 1999 se basó en un pensamiento rústico. Éste sostiene que el derecho positivo es el instrumento más adecuado para arreglar cualquier desaguisado social. Este modo de pensar venía de mucho atrás. A nivel “institucional” tuvo su primera expresión en la reforma de 1957, art.14 bis. Se manifiesta con mayúscula intensidad con la reforma de 1994
La de 1994 fue el resultado de un “pacto de alcoba” celebrado entre el ex presidente Alfonsín y el presidente Menem. El gobierno y la oposición animados por propios intereses politicos acordaron convocar a una Asamblea constituyente para reformar la Constitución de 1853. Como si ésta hubiera sido la responsable de la mala actuación de los gobiernos. Cientos de legisladores acompañados de técnicos y asesores actuaron convencidos de aquel principio prometeico, según el cual la norma legal suficientemente apoyada por la opinión, puede moldear la realidad a gusto de todos. El “consenso” posee ese arte de birbirloque. A partir que el consenso todo lo puede, los constituyents se aplicaron a receptar las más variadas instituciones , no pocas siguiendo la moda intelectual dominante. De su nula eficacia para ordenar la economía argentina – base material de la vida social – da cuenta la total falta de éxito de las nuevas reglas constitucionales de carácter económico..
La filosofía de aquella Asamblea, según la cual consenso es igual a acierto, inspiró una alianza de partidos y dirigentes políticos para reemplazar al Presidente Menem en las elecciones de 1999. Obra de arquitectura política partidaria unió a los portadores de las más diversas ideas y sentimientos políticos.. La alianza tan cuidadosamente forjada, se estrelló contra realidad y se vino abajo con estrépito. Los caóticos acontecimientos del año 2000 y 2001 acabaron con esta experiencia. Excusado queda decir que para la entusiasta Alianza nunca hubo un solo pensamiento de Mayo digno de ser considerado como su programa social.
Séptima oportunidad: 2001 y después
El derrumbe de la Alianza abrió un grave interregno político. Tras la renuncia del presidente de la Rúa el Congreso Nacional se hizo cargo del problema. No fue de solución fácil. Sucesivamente fueron designados presidentes de la Nación los senadores Ramón Puerta, Adolfo Rodríguez Saa y finalmente Eduardo Duhalde. Existía una caliente situación social, provocada entre otras cosas por la feroz crisis financiera del 2001. Para apreciar su gravedad, hay que recordar que la legión de pobres e indigentes se incrementó aceleradamente. El número de personas calificadas en “estado de pobreza” se elevó al 54% de la población.
El presidente provisorio tomó medidas económicas nada provisorias y convocó a elecciones para el año 2003. Entre las medidas económicas se destaca el Decreto 214/02 por el que se derogó la Ley de Convertibilidad, se pesificaron asimétricamente las deudas y créditos, se anularon los contratos celebrados con los servicios concesionados, se congelaron las tarifas públicas,
De las elecciones convocadas para el 2003 resultó electo Néstor Kirchner con un escaso 23% de los votos emitidos. Dada su estrecha base electoral y lo delicado de la situación social, el nuevo presidente se limitó, en economía, a mantener como ministro a Roberto Lavagna,. No hubo en su etapa inicial ninguna política económica atribuible al nuevo mandatario. Éste prefirió aplicarse a la reivindicación de ideales caros a la juventud de los 1970 y a reforzar sus relaciones con los grupos políticos integrados por afectados por la dictadura militar de 1976. Con su poder político afianzado, en 2005 el presidente Kichner se deshizo del Ministro Lavagna. Lo hizo para aplicarse personalmente a la conducción de la política económica. En esta tarea continuó ( de hecho) después que asumiera como presidenta en 2007 su esposa Cristina Fernández de Kichner.
Desde el 2005 se comenzó a destruir lo reordenado desde 1991 en adelante. Todo lo hecho en esa década fue vituperado y juzgado malo. Se re-estatizaron empresas aéreas como Aerolíneas Argentinas y Austral, de servicios de agua corriente (AYSA), etc. Se estatizaron los fondos de pensiones de las AFJP con el propósito (no expresado, pero real) de poner recursos de los jubilados en manos del Estado para enjugar el creciente déficit público. Se crearon empresas fantasmas como LAFSA. Se incrementó la presión tributaria con nuevos impuestos y derechos (impuesto a los créditos y débitos bancarios, retenciones a la exportación, impuesto a los teléfonos celulares, etc.). Para financiar subsidios se administraron recursos coparticipables en forma discriminatoria y con menoscabo de la autonomía de los gobiernos provinciales. Se otorgaron pensiones y jubilaciones a personas que nunca habían realizado aportes ni contribuciones; se financiaron gastos improductivos de todo tipo y en general se tomaron medidas que importaron una mayor intervención estatal en perjuicio de la actividad privada.
Es prematuro hacer aquí un juicio final sobre los efectos de esta conducción, Sin embargo corresponde hacer algunas observaciones. En primer lugar, es evidente que el gobierno que asumió en el 2003 participa de la vieja idea que los procesos económicos han de estar sometidos a la dirección del poder político central, usando con ese fin al derecho positivo como mero instrumento.
En segundo término el gobierno del 2003 no se muestra interesado en insertar a la Argentina en la economía globalizada, prefiriendo alianzas parciales o regionales con especial atención los rasgos ideológicos.
En tercero e importante lugar para este documento, el gobierno asumido en el 2003, a pesar de su permanente discurso a favor de los derechos humanos, no ha ofrececido señal alguna de reconocimiento y compromiso para con los ideales sociales de Mayo, tal como fueran definidos al comienzo de este documento.
5. EL BICENTENARIO: ¿OCTAVA OPORTUNIDAD?
El Código Civil en el Título IV De los derechos reales y el régimen impositivo creado a partir de 1932 se articulan cancelando el programa económico, político y social de la Constitución de 1853/60.
Ambos – Código civil y Régimen impositivo vigente – configuran un “código genético” que origina un orden social por completo ajeno al que inspiró la Revolución de Mayo y consagrara la Constitución de 1853. A partir de esta cancelación, las medidas políticas, sociales y económicas adoptadas por los sucesivos gobiernos para corregir las “monstruosidades” derivadas complican y deterioran al orden social. Esas medidas generan provisorias esperanzas en los más afectados y , al fracasar, incrementan el furor de las fuerzas volcánicas que bullen en la sociedad.
Las reformas constitucionales posteriores (1957 y 1994), han sido una manera de resignarse al orden existente, un cataplasma para los daños colaterales. Contienen “textos” nuevos. Hay mucha innovación pero ninguna destinada a corregir aquel código genético. Una muestra de la inutilidad de un “conocimiento a la moda” se ve en un solo hecho: en 64 años (1945-2009) han tratado de mejorar nuestro orden económico 54 Ministros de Economía. Esto es un síntoma.¡Y que síntoma !
No hay terapia posible mientras los estudiosos y los hombres públicos no se inspiren en los principios de orden social de la Revolución de Mayo. El principal fundamento del trinomio descripto al comienzo, se nombra en la primera estrofa del himno nacional argentino. Por si hubiera duros de oído, por las dudas, se la repite tres veces y en tono de grito, porque grito sagrado es, ¡libertad! No se alude a algo abstracto. Esta palabra apunta a algo muy concreto e indispensable en la sociedad moderna; la libertad de todos los individuos en todas las esferas de la vida.
Esta afirmación no significa negar la necesidad de mantener vivo al ideal de “igualdad”, más de moda en estos tiempos. Los valores ideales de la sociedad humana moderna, libertad, igualdad y fraternidad, que destellaron como un relámpago en la Revolución de Mayo, forman una sola e inseparable pieza.
Todos los experimentos sociales llevados a cabo en el Siglo XX (y fueron muchos) postergando la libertad individual en aras de la igualdad han terminado en un fracaso. A igual fracaso han estado condenados los intentos de limitarse sólo a la prédica de la fraternidad. La inseparabilidad de esas tres ideas rectoras no es casual. El ser humano posee una estructura trimembre. Es un ser integrado de cuerpo, alma y espíritu. Hemos de cuidar el cuerpo y embellecer el alma para que el nuestro espíritu alcance su máximo desarrollo.
Desde este punto de vista el incremento de la libertad individual para cada hombre es el más profundo sentido de la sociedad humana. Tras ese fin la sociedad como orden social manifiesto en triple dimensión, la económica, la política y la cultural , es condición absolutamente necesaria para desarrollo del hombre individual.
Resolver las tensiones que genera la trimembración humana es un reto difícil; pero no imposible de resolver. No se lo puede resolver si, primeramente, no nos hacemos cargo de él.
Nuestra Constitución Nacional originaria lo hizo sentando como derecho positivo fundamental los principios adecuados para responder a ese desafío. Los contemporáneos del Bicentenario, debemos estar atentos a las experiencias vividas en el último siglo y volver a detectar al trinomio social de nuestra Revolución – núcleo desatendido por completo – tal como se ha visto en esta ojeada retrospectiva. Hoy tenemos la ocasión y la responsabilidad de actuar para constituir un orden social inspirado en ese ideario.
6. ADVERTENCIA FINAL
El lector , si acordara en la existencia del problema, puede al acabar su lectura diciendo : Bien, ¿pero cual es la solución? Ésta no será difícil de hallar si media un consenso básico en la “existencia del problema”, El planteo correcto del problema suele ser la tres cuartas partes de la solución.
Buenos Aires, Diciembre 10 del 2009
Aniversario del retorno a la democracia

LA CIENCIA DE LOS PIES DE BARRO: LA ECONOMIA

Posted by admin on enero 18th, 2010

Hans Albert (1921), economista y sociólogo alemán, discípulo de Karl Popper, autor de la teoría del racionalismo crítico cuestiona la dogmática económica como se expresa en los “Manuales”. Su investigación académica se orientó a mejorar el método a ser utilizado por las ciencias sociales y las ciencias del espíritu. Su enfoque rechaza comenzar la teoría económica por el comportamiento del consumidor cuando en realidad se debería comenzar por analizar las instituciones que conforman la vida social de los individuos.
La crítica a los “Manuales” –ámbito del conocimiento científico aceptado como cierto- que los estudiantes y profesores utilizan en su formación profesional y académica, nos permitirá profundizar nuestra investigación, sugiriendo si, en principio, no estaríamos frente a una de las causas por el cual nuestro país ha tenido en 64 años (1945-2009) 54 Ministros de Economía, por qué en un territorio de extensión de más de 2.791.810 km2 tengamos problemas de vivienda, 20.000 villas miseria, 40% de población en condiciones infrahumanas, alta desocupación, densidad demográfica promedio del país de 11 h/km2 y en 3.880 km2 (CABA+ GBA) más del 30 % de la población del país, crisis económicas recurrentes, inflación e inestabilidad monetaria, déficits fiscales y endeudamiento público seculares, decadencia en la prestación de servicios públicos (transporte, infraestructura, salud, educación, justicia).
Hemos seleccionado un conjunto de Manuales de Economía, de prestigio internacional que
constituyen la fuente en que abrevan nuestros estudiantes y enseñan nuestros profesores, no sólo en nuestro país sino en muchísimas universidades del mundo.
Economía positiva de Richard G. Lipsey. 918 páginas dedicadas a la profundización de diversos temas de la ciencia económica, pero escasa o nula dedicación al tema de la teoría de la distribución, especialmente al factor tierra que se encuentra diluido entre los otros dos factores de la producción: trabajo y capital.
Economía: principios y aplicaciones de Francisco Mochon y Víctor M. Becker. 826 páginas. El
Cap. 14 analiza los mercados de trabajo, de la tierra y del capital, dedicando a la tierra apenas dos páginas. Economía de Paul A. Samuelson y William D. Nordhaus. 478 páginas. El Cap. 16: La tierra, los recursos naturales y el capital dedica cinco páginas al tema.
Microeconomía y conducta de Robert H. Frank. 636 páginas., Cuarta Parte: Los mercados de
factores: el trabajo y el capital. La tierra no existe como factor de producción.
Economía: principios, problemas y políticas de Campbell Mc Connell y Stanley L. Blue. 862
páginas..Parte 4: Microeconomía de los mercados de recursos. El Cap. 29 trata de Rentas,
intereses y beneficios. Sólo cuatro 4 páginas al factor tierra.
Economía de Stanley Fischer, Rudiger Dornbusch y Richard Schmalensee. 983 páginas. Parte
Cuarta: Mercados de factores y distribución de las rentas y en el Cap 18: La riqueza tangible: el capital y la tierra, una página a esta última.
Eonomía de John B. Taylor. 1032 páginas. Cap 12: Mercado del trabajo y el Cap. 13: Mercado de capitales. La tierra no existe en la ciencia económica.
El profesor Foldvary de Santa Clara University, California, comienza su “Manual” de una manera absolutamente distinta e intentaremos aclarar aquellos temas que los autores comentados no lo tratan, o lo tratan muy superficialmente, haciendo endeble toda la estructura científica que elaboran posteriormente.
El Capítulo 1 se titula “Los fundamentos de la teoría económica” y consta de los siguientes
subtítulos.
a. La búsqueda de la prosperidad económica con justicia, que es el verdadero propósito de la ciencia económica.
b. El concepto de los modelos económicos. Sostiene que no es necesario una alta matemática para entender los conceptos básicos y las teorías económicas (el profesor Foldvary tiene un Master en Informática),
c. Economía positiva y normativa, se requiere una ética universal. Ética racional que no sólo sea importante para la política económica sino para entender la economía de mercado.
d. El fundamento ética de la economía de mercado. No es suficiente expresar que el mercado
se conforma de actos voluntarios sino que se requiere de ciertas normas de ética para entender cuáles actos son voluntarios o no.
e. Significado y metodología de la ciencia económica. Se define a la economía como la ciencia de la utilidad, ya que es un hecho fundamental que los recuraos naturales mediante los cuales producimos riqueza son escasos. En cuanto a la metodología de una ciencia nos referimos a los métodos técnicos y a la filosofía científica utilizada en la obtención de conocimientos.
La metodología utilizada por el autor es “fundacional” La economía fundacional se basa en la razón con el empleo de la lógica y la evidencia empírica. Sus principios básicos incluye la definición de términos clave, la “taxonomía” o división en categorías significativas, la formulación de premisas universales referidas al campo en estudio, la deducción de teorías puras mediante una rigurosa lógica (que no tiene porque incluir matemática), eldescubrimiento de conocimientos empíricos mediante la observación y la realización, puesto que nuestra percepción esta teñida por nuestras interpretaciones y el descubrimiento de teorías específicas, observando hechos,
personas, áreas e historias mediante conjeturas e hipótesis confirmadas mediante el test de datos.
Definidos los temas clave, el campo científico requiere contar con premisas fundamentales o
primeros principios. Son proposiciones o afirmaciones aplicadas a todo el universo del campo científico En las ciencias sociales, esto significa que tales proposiciones son válidas para todas las personas, en todo tiempo y lugar, para todas las culturas.
Las siguientes proposiciones universales son fundacionales en economía.
A. Proposiciones acerca de los recursos físicos y tecnológicos
1. Algunos recursos naturales son escasos respecto a los deseos humanos
2. Los recursos varían en calidad
3. El empleo de una determinada cantidad de recursos, después de cierto tiempo, producen
menor cantidad de output (ley de los rendimientos decrecientes o proporciones variables)
4. Diferentes cantidades y métodos de producción producen diferentes cantidades de output
(rendimientos a escala y las técnicas utilizadas suelen variar continuamente).
PROGRAMA DE ESTUDIOS DE LA ECONOMÍA DEL SECTOR PÚBLICO ARGENTINO (PEESPA)
B. Proposiciones acerca de la biología humana
5. Los seres humanos pertenecen a una misma especie
6. La vida humana es finita
7. Los seres humanos tienen hijos que requieren cuidado y ancianos que no están capacitados
para trabajar por más tiempo.
C. Proposiciones sobre la conducta y el pensamiento humano
8. Los seres humanos tienen fines: propósitos, deseos y necesidades
9. Los seres humanos son capaces de ordenar jerárquicamente sus propósitos de mayor a menor
importancia
10. Los deseos humanos son ilimitados
11. Los valores humanos (materiales y morales) son subjetivos
12. Los seres humanos economizan: es decir, desean obtener con el menor esfuerzo posible el
máximo producto o equivalentemente con cierto nivel de esfuerzo obtener lo máximo posible.
13. Los deseos humanos conllevan al propio interés; fines conectados con su propia
supervivencia, felicidad, poder y amor propio.
14. La gente tiene tendencia a tener preferencia temporal: prefiere los bienes presentes a los bienes futuros.
D. Proposiciones acera del futuro
15. El futuro es incierto.
La producción de riqueza
Según la Biblia, nuestra economía empieza con la Creación del Universo. Al comienzo fue el
Universo y la Tierra. Luego vinieron los seres humanos. La economía es una ciencia social, es decir, ciencia entre personas. Desde que los seres humanos son los sujetos de la ciencia, ellos forman una categoría importante pata el análisis. Así dividimos el Universo en seres humanos y Naturaleza, definida como cualquier cosa no afectada por los seres humanos. Desde que los seres humanos usan la naturaleza para satisfacer sus necesidades y deseos, la Naturaleza recibe el nombre de recursos naturales.
Las cosas que los seres humanos crean con su esfuerzo, utilizando elementos de la Naturaleza, se llama “riqueza económica”. Son cosas valoradas por los sujetos y que se ofrecen en cambio.
La riqueza económica tiene un valor de mercado y ese valor se refiere a objetos reales y que pueden ser cambiados (compradas o vendidas) en el mercado.
Ejemplo: La moneda no es riqueza económica porque la gente no la quiere por si mismo sino por lo que se puede comprar con ella (no tiene valor intrínseco).
Como la riqueza económica no es un recurso natural ni una persona, ella da origen a una tercera categoría dentro de los elementos económicos.
La riqueza económica la representamos algebraicamente mediante la función:
Q = f ( T, L, K)
donde Q = riqueza económica, f: función, T: T tierra, L: Trabajo y K: Capital
Ejemplos: bien privado. Q =pan, T: el espacio físico que ocupa la panadería, L: el maestro de pala y K: horno e instalaciones
Bien público: Q= servicio de salud, T: espacio que ocupa el hospital, L: médicos y paramédicos, K:quirófano.
Si la tierra, el trabajo y el capital son los tres elementos básicos del fenómeno económico, es necesario dedicarle más atención a cada uno de ellos, especialmente a la tierra que es la cenicienta de la economía oficial. Pues no sólo es el hábitat puesto a disposición de los seres humanos por Dios, sino para que se gane el pan con el sudor de su frente. Es necesario comenzar a estudiar el proceso de formación de la riqueza económica, analizando previamente las características y cualidades de cada factor productivo en particular, siendo primero la tierra luego los seres humanos y finalmente el capital. Los tres factores son igualmente importantes, pero no se puede ignorar -intencionadamente o no- que de la buena asignación económica y justa
de la tierra se determina la estructura de la sociedad. A manera de ejemplo, compárese
sociedades de cualquier país de América Latina frente a Canadá, Australia, New Zealand.
El economista Walter Isard en su libro “Location and space-economy” se burla de los economistas porque dice “actúan y desarrollan sus modelos y teorías como si estuviesen suspendidos en el aire”. Isard destaca que el sesgo anglosajón es que señala el tiempo como única variable con significación en el análisis y en los modelos de naturaleza dinámica. La tradición proviene del economista Alfred Marshall, siguió con Hicks, Lange, Samuelson y la corriente americana actual.
El factor espacio no existe en el campo de la economía ya que se reduce a que los factores,
productos, bienes y consumidores se concentran en un punto. En este sentido, la Escuela
alemana a través de Alfred Weber, von Thunen, Laundhart, Roscher, Schäflle, Engländer, Rischl, Predöhl, Palander y Lösch con sus aportes a la “Raumwirtaschaft” supera al pensamiento anglosajón. Ello se traduce en que el Estado tenga en una de sus funciones fundamentales el de establecer un ordenamiento territorial que haga la vida digna.para ello, en Alemania existe un Ministerio dedicado al ordenamiento del espacio (Bundesministerium für Raumordnung, Bauwesen und Städtebau). Más está decir que tal sesgo se reproduce en el pensamiento argentino actual, excepto en casos como el del fallecido economista platense Horacio Nuñez Miñana que formó Escuela en la Facultad de Ciencias Económicas de La Plata.
A continuación analizaremos brevemente aquellos conceptos clave, especialmente la tierra y sus características.
El significado de la tierra desde el punto de vista de la ciencia económica La tierra consiste en todos los recursos naturales, incluyendo los minerales, metales, petróleo,
bosques, selvas, formas de vida salvaje, los océanos, los ríos, los lagos, la atmósfera, el
spectrum electromagnético que permite la transmisión de la radio y la TV, y el espacio
tridimensional de la Tierra (Earth).
La primera proposición universal de teoría económica establece que la tierra es escasa. De todos los tipos de recursos naturales, el más familiar en la vida cotidiana es la superficie terrestre, donde vivimos y trabajamos. Ella recibe un valor de mercado debido a su utilidad en el tiempo y a su escasez de buena calidad.
Llama la atención que la superficie de la tierra de buena calidad se comercialice en el mercado como una mercancía cualquiera y sea objeto de propiedad privada, mientras que la Tierra hacia su subsuelo sea propiedad de las Provincias (según la Constitución Nacional vigente), quienes la entregan en explotación previo pago de un suculento canon (regalías) asimismo el otorgamiento de licencias por parte del Estado Nacional para usar las ondas electromagnéticas, previo pago de un canon por un tiempo determinado. ¿Por qué cuando nos referimos al recurso natural(superficie terrestre) este puede ser comercializado como si se tratara de una simple mercancía o bien económico o riqueza económica cuando en realidad es parte de la Naturaleza. Los Manuales antes mencionados no explican nada al respecto.
La problemática de la tierra
1. La tierra es muy desigual en cuanto a su productividad
1.1 la tierra agrícola y ganadera se caracteriza por su fertilidad
1.2 la minería por la existencia de depósitos más o menor ricos
1.3 la comercial por ser más favorable para los negocios
1.4 la construcción requiere las mejores localizaciones
2. A medida que la población crece, el trabajo se extiende hacia tierras menos
productivas.
3. A medida que aumenta el número de habitantes, la asociación productiva se amplia y la eficiencia del trabajo se eleva por la división del trabajo
4. La desigual productividad del suelo significa que cada porción posee una capacidad especial, propia y característica.
5. Las ventajas que unas tierras poseen sobre otras se denomina renta económica
de la tierra.
6. La renta económica se mide siempre por comparación con las tierras de calidad
inferior en explotación.
7. El desarrollo económico de un país origina el crecimiento constante y progresivo
de la renta de la tierra.
8. La ley de la renta de la tierra determina que la renta surge para cualquier porción
de tierra por el exceso de su productividad sobre un área igual de tierra menos
productiva en uso, cuando a una y otra se aplica el esfuerzo más eficaz y productivo.
9. ¿A quién corresponde la renta de la tierra? Según el derecho de propiedad: toda cosa pertenece a quien la obtiene o produce con su esfuerzo. Es decir, el título legítimo de propiedad es únicamente el trabajo o lo haya obtenido legítimamente de quien lo haya producido con el suyo.
10. ¿Quién crea la renta de la tierra? Es el resultado de un doble fenómeno: de ampliar el trabajo a tierras de inferior productividad y acrecentar la eficiencia productiva del trabajo.
11. El incremento en la productividad de la tierra no es debido a la acción particular de
este o aquel individuo, sino es el resultado del conjunto de la sociedad, es decir, es
producto de la acción colectiva.
12. Representaremos en el CUADRO 1 el esquema de cómo se genera la renta y cómo se distribuye entre los factores productivos.
CUADRO 1
Producción y distribución de la renta de la tierra (renta económica)
ZONA (1) PARCELA (2) Q/P (3) Qt (4) R (5) Rt (6) W (7) Wt (8) Dt (9)
1° 200 600 120000 320 64000 280 56000 120000
2° 300 500 150000 220 66000 280 84000 150000
3° 400 400 160000 120 48000 280 112000 160000
4° 500 320 160000 40 20000 280 140000 160000
5° 600 280 168000 0 0 280 168000 168000
TOTAL 2000 2100 758000 700 198000 1400 560000 758000
(1) Indica cantidad decreciente de las parcelas
(2) Cantidad de parcelas por zona
(3) Producción/parcela en Kg
(4) Producción total por categoría (Kg)
(5) Renta de la tierra con respecto a la ultima categoría en producción
(6) Renta total por categoría (2) por (5) Kg
(7) Salario (3) – (5) Kg para todas las categorías
(8) Salarios total por categoría (3) por (7) Kg
(9) Distribución total (6) + (8) entre factores productivos (8) incluye distribución al K
13. Aquí quisiéramos reflexionar sobre el concepto de renta. La palabra renta tiene distintos significados, pero en la economía el sentido preciso es el de renta económica de la tierra. Los “Manuales de Economía” están plagados de conceptos que llevan más confusión a quienes estudian con esos textos. Por ejemplo, se habla de capital humano cuando en realidad capital es un factor de producción: edificios, tornos, semillas mientras que el ser humano es una persona o sujeto de la ciencia social y no un objeto. .Asimismo se habla de intereses negativos, cuando el interés es una prima que recibe el ahorrista por haber postergado el consumo presente por consumo futuro, mientras que intereses negativos vienen a ser una especie de subsidio al inversor, lo que puede llegar a que un proyecto no rentable se convierta en rentable. Son casos típicos de metáforas del lenguaje que poco
ayudan a la pureza del lenguaje científico.
El valor de la tierra se debe a la escasez relativa respecto a los seres humanos y a varios razones:
recursos materiales fijos (minerales, petróleo), a recursos renovables (vida silvestre, fertilidad, suelo, luz solar, agua) y al espacio o localización determinada.
Conclusiones del CUADRO 1:
1. El cultivo de la última tierra cultivada se llama cultivo marginal
2. En general, la última tierra utilizada se llama producción marginal
3. El agricultor de la zona 1ª.obtiene los mayores ingresos (renta económica) debido al
incremento poblacional y a la merma de la productividad de la tierra.
4. La renta de la tierra aumenta a medida que ingresan tierras de menor productividad. Por
ejemplo, si agregaramos una 6ª Zona de 500 parcelas con una producción de 120 Kg/p
resulta una nueva renta para la Zona 1ª de 480 Kg/p en vez de 320 kg/p y el salario se
reduciría a 120 kg/p. en vez de 280m
5. El salario se define por el ingreso percibido por el cultivo marginal.
6. El salario disminuye a medida que se incrementa el valor de la renta de la tierra.
Método Foldvary para estimar el valor de la propiedad y cálculo de la renta de la tierra
El precio de la tierra se calcula según la fórmula siguiente:
P = r / (i + t),
siendo P igual al valor del inmueble, r igual a la renta anual, i igual a la tasa de interés real
(menos inflación) y t igual a la alícuota impositiva.
Ejemplo: Sea r = 10.200 pesos anuales (alquiler de 850 pesos mensuales en12 meses).
i = interés real (15% anual nominal menos 8% inflación anual) = 7% anual.
t = 10% anual sobre precio del inmueble
P = 10.200/0,07+0,10 = 60.000 pesos
PROGRAMA DE ESTUDIOS DE LA ECONOMÍA DEL SECTOR PÚBLICO ARGENTINO (PEESPA)
f = fracción de la renta de la tierra
f = t / (t+i)
si t= 0,10 e i= 0,07
resulta f = 0,10 / =,10 + 0,07 = 58 % de la renta
Si quiero gravar el 80% de la renta de la tierra utilizo la fórmula siguiente:
t = f .x i / 1 – f
Sea f= 80 % a gravar = 0,8
i= 5% anual =0,05
resulta: t = 0,80 x 0,05 / 1- 0,80 = 0,20 ó 20%
Moraleja: Con esa tasa del 20% se capta el 80% de la renta de la tierra.
Si t = 20% = 0,20
P = i / ( i +t ) = 0,05 / 0,05 + 0,20 = 20% el precio no gravado.
Consecuencias de la renta de la tierra para la sociedad
1. El propietario privado tiene el privilegio que supone la apropiación de la renta económica de la tierra, cuando en realidad la renta ha sido generada por la sociedad (sólo pude tener derecho únicamente sobre las mejoras, que son capital propio). El propósito es que la sociedad recupere parte de la renta que ha generado, aun cuando el propietario no se vea afectado en su titularidad.
2. El propietario privado no puede tampoco dejar sin explotar o explotar parcialmente la
parcela que ocupa (pues debe pagar la renta sin importar si la explote o no).
3. Cuando la renta de la tierra es percibida por la sociedad los salarios son iguales en toda clase de tierras.
4. El salario esta constituido por el rendimiento íntegro de las tierras inferiores en explotación.
5. Los salarios están determinados por el producto que el trabajo obtiene en las tierras de
mayor capacidad productiva que es accesible sin pagar renta.
6. Es un grave error considerar primero la producción y luego la distribución. La producción y la distribución son simultáneas, a la vez que se produce se distribuye.
Especulación en el uso de la tierra La gente observa que la renta crece y tiende a ocupar tierras menos productivas. Algunos adquieren tierras no para ser utilizadas en el proceso productivo sino pensando en función del futuro incremento de la renta. El efecto de la especulación de la tierra es mover más rápidamente el área de cultivo marginal hacia tierras de menor productividad, reduciendo el salario e incrementado la renta lo más rápido posible.
El CUADRO 2 muestra el caso de que se dejan de explotar ciertas tierras de mejor calidad para dar origen al nacimiento de la falsa renta.
CUADRO 2
Producción y distribución de la renta de la tierra (especulación y falsa renta)
ZONA (1) PARCELA (2) Q/P (3) Qt (4) R (5) Rt (6) W (7) Wt (8) Dt (9)
1° 160 (40) 600 96000 400 64000 200 32000 96000
2° 240 (60) 500 120000 300 72000 200 48000 120000
3° 310 (90) 400 124000 200 62000 200 62000 124000
4° 500 —– 320 160000 120 60000 200 100000 192000
5° 600 —– 280 168000 80 48000 200 120000 224000
TOTAL 1810 —– 2100 668000 1100 306000 1000 362000 668000
6° 450 —— 200 90000 0 0 200 90000 90000
TOTAL 2260 —– 2300 758000 1100 306000 1200 452000 758000
Observaciones:
1 R se incrementó no por aumento de la población sino por especulación de 320 a 400kg
2 Especulación 40, 60 y 90 parcelas de 1°, 2° y 3° Zonas (190 parcelas)
3 190 parcelas es menor que 450 parcelas adicionales de 6° zona
4 450 parcelas adicionales para producción 90000 Kg. e igualan los 758000
5 La igual producción requiere empleo de mas trabajadores y capital pero menor nivel salarial (de 280 a 200 Kg)
Renta urbana
Friedrich von Wieser, economista austriaco, estudió y comprobó que la renta urbana es aquello que se paga como “premio” por las ventajas de su mejor localización. La renta urbana crece 1ª por efecto de la población creciente, 2ª por el mayor tamaño de las ciudades y 3ª por incremento de más actividades económicas y no económicas.
Generalización del tema de la renta de la tierra El modelo agrario que hemos desarrollado, se puede generalizar para la tierra que se destine a cualquier uso. La ley de la renta se aplica a toda la tierra, urbana, rural o de cualquier otro tipo. Un aspecto importante del incremento de la productividad es contar con la disponibilidad de medios de transporte: rutas, vehículos, ferrocarriles, buses, comunicaciones. El teórico de la localización
económica (incluyendo el transporte) fue Johann Henriech von Thunen (1783-18529), que
desarrolló el tema en su famosa obra “El Estado aislado” (1826). Como hemos visto en el modelo agrario, el incremento de la productividad aumenta la renta de la tierra afectada. La productividad debido a la infraestructura existente como autopistas, ferrocarriles, buses, comunicaciones, termina necesariamente incrementando la renta de la tierra.
La oferta y demanda de tierra y la renta
La cantidad fija del recurso natural es constante. El espacio no se puede importar y no se puede “fabricar”” como sucede con las mercancías. La cantidad de espacio es fija. Por ejemplo, la Ciudad de Buenos Aires tiene una superficie de 204 km2.
Si toda o parte de la renta se recauda por la comunidad, la oferta no se verá afectada. Si el canon es mayor que la renta, la gente no tendría interés en mantener la propiedad de la tierra. En la medida que la renta recaudada no sea mayor que la renta normal, no afecta a la demanda; no reduce ni incrementa el pago por parte del ocupante o tenedor. Si el propietario ya ha cargado toda la renta posible a lo que paga el ocupante, la renta recaudada será cargada indefectiblemente al propietario y éste no la podrá transferir al locatario.
Poder monopólico de la tierra
Winston Churchill en Edinburgh, Escocia, en julio de 1909, dijo: lo siguiente:”es absolutamente exacto que el monopolio de la tierra no es solo un monopolio, sino a lo lejos el mayor monopolio. Es un monopolio perpetuo y es la madre de todos las formas de monopolio”.
¿Cómo se puede hablar lógicamente de monopolio de la tierra, si monopolio significa el poder exclusivo en la venta de una mercancía? Para analizar el monopolio de la tierra, debemos considerar la naturaleza de un terreno o parcela. Cuando alguien busca comprar un terreno o parcela la ubicación o localización es el factor decisivo. Desde que la tierra es única, cada terreno o parcela tiene un micro-monopolio de localización y casi nunca tiene sustituto. La literatura económica alemana prefiere hablar de “monopolio de clase”.
Efecto derrame urbano (urban sprawl)
Urban sprawl es la excesiva urbanización hacia las zonas rurales o suburbanas. La expansión
daña la tierra agraria y natural concomitante, decrece la eficiencia de las ciudades, lleva a un considerable despilfarro de infraestructura con rutas, autopistas, cañerías, sistema de iluminación.
La mayor ineficiencia consiste en el mayor tiempo que se consume en el traslado del hogar altrabajo y viceversa. El costo del transporte tanto para bienes urbanos como rurales crea y produce un despilfarro de combustible. El urban sprawl tiende a ser horrible, como se aprecia en nuestro país carente de una mínima planificación del espacio. Asimismo, contribuye el urban sprawl ha significado un subsidio a los servicios públicos: rutas, autopistas, cañerías, desagües, iluminación,seguridad, servicio de bomberos, plazas, escuelas, hospitales y otros bienes y servicios locales.
Estos servicios son provistos, generalmente, a expensas del contribuyente de la ciudad, del
distrito e incluso con ayuda de las máximas autoridades nacionales. Son subsidios que el usuario de la tierra suburbana considera libre, es decir, gratuito ya que: no contribuye a financiar su costo y por consiguiente incrementa el uso y la demanda de esos servicios (free-rider).
El sistema impositivo vigente es el mejor contribuyente a la urban sprawl. El uso vertical del espacio se grava con impuestos sobre los edificios, mientras que el uso horizontal del espacio está subsidiado.
Subsidios agrícolas
David Ricardo, sostenía que si el Estado aumenta artificialmente el valor de un producto, por ejemplo en nuestro caso el te, el valor de la tierra que produce ese bien aumenta. Si se grava la importación de te, ello aumentará el precio que fijen las chacareros y consecuentemente la renta de la tierra. La renta continuará aumentando hasta que efectivamente se agoten los beneficios que el chacarero obtuvo al rentar la tierra.
Conclusiones y recomendaciones generales La tierra juega un rol importante como factor de producción que no es producido por el esfuerzo humano y es completamente diferente a los otros dos factores: el capital y el trabajo, como asimismo en la distribución en cuanto a salario e interés.
A continuación trataremos de mencionar algunas consecuencias que podrían inferirse y que
titulamos consecuencias primarias y consecuencias secundarias Consecuencias primarias
La renta normal de la tierra surge, crece y alcanza cifras elevadísimas a medida que progresa una Nación.
En primer lugar, según los autores Atkinsons y Stiglitz en su “Lectures” desarrollan un modelo, que en homenaje al economista americano Henry George autor del famoso libro “Progreso y Miseria” llaman “Ley Henry George, llegan a la conclusión que los recursos que se generan a través de la renta de la tierra alcanzan para financiar los bienes públicos que demanda la sociedad. A este respecto creemos que eso más bien dependerá de las expectativas que muestren los miembros de esa sociedad.
En segundo lugar, el cobro por parte de la sociedad de la renta de la tierra, haría que no existirá ni especulación y ni falsa renta, ya que todas las tierras disponibles deberían ponerse en producción, elevando de esta manera los salarios, por una parte, y desaparecerá automáticamente la desocupación y subocupación, por la otra parte.
En tercer lugar, siendo la renta de la tierra el ingreso natural del Estado, el régimen tributario perderá vigencia no sólo por ser ineficiente e injusto sino extravagante y absurdo, pues no hay acto humano que no esté explicita o implícitamente gravado. Vamos a mostrar con dos ejemplos el absurdo sistema tributario argentino.
Las locaciones comerciales por encima de 1.500 pesos mensuales deben pagar el Impuesto al
Valor Agregado. En zonas muy comerciales los alquileres pasan los 10.000 pesos mensuales.
¿Cuál es la decisión que toma el locador para no someter a gravamen sus ingresos con el 21%
mensual? Firma el contrato con el locatario bajo las siguientes condiciones.: se fija el alquiler en 1.490 pesos mensuales y se firman tantos pagares por 8.510 pesos mensuales, generalmente ante un estudio jurídico. En primer lugar, el locador no quiere que se le descuenten 2100 pesos mensuales, además el hecho de declarar el verdadero valor significaría que debería pagar Impuesto a las Ganancias al hacer su liquidación anual y en tercer lugar debería contratar los servicios de un contador público para que le lleve los libros de las liquidaciones y presentaciones mensuales de los alquileres que debe efectuar en forma periódica. Todo esto surge como consecuencia de que el sistema impositivo argentino es de declaración jurada y no objetivo como sería si se funda en el cobro de la renta de la tierra por la sociedad, puesto que todo el mundo, no solo el locador sino cualquier persona, conoce el valor locativo de la vivienda o comercio. Un porcentaje anual sobre el valor de mercado de la parcela de la tierra excluyendo el edificio haría más transparente la gestión contractual y la relación con el Estado.
El segundo ejemplo son los derechos de exportación sobre cereales y oleaginosas por parte del Estrado Nacional. El productor o el exportador se niegan a pagar el derecho y con razón. Por que?
Porque el derecho que se fija no se tiene en cuenta las características propias del campo de donde proviene el cereal o la oleaginosa. Es decir, a unos le puede absorber la renta pero a otros por encima de la renta de la tierra lo cual le grava el capital y el trabajo personal. Si el Estado nacional aplicara un canon para absorber parte de la renta de la tierra según el valor de mercado, el productor no podría ocultar el valor ya que es un dato objetivo a disposición de cualquier persona, mientras la declaración jurada que se presenta ante la Aduana o la AFIP está sujeta siempre a evasión o elusión fiscal.
En tercer lugar, como consecuencia del incremento de los salarios, la desaparición de la
desocupación y la existencia de tierras disponibles para quienes la quieran trabajar, reducirá la intervención del Estado en múltiples formas, relajando la legislación creada para “proteger” a los trabajadores ante las injusticias causadas por los monopolios, comenzando por el monopolio de la tierra, lo que ha llevado a las llamadas “leyes sociales” con la creación de numerosos organismos, reparticiones, entes, entidades colmadas de personal que poco hacen para incrementar la productividad sino más para dificultarla y que aumentar los gastos públicos, obligando a nuevos financiamientos creando estrafalarios impuestos, tributos, cargas y contribuciones sociales o mediante endeudamiento público o crédito externo.
En cuarto lugar, la idea de J.B.Alberdi “gobernar es poblar” se vería traducida en la realidad porque seria necesario contar con mano de obra para promover el desarrollo y el crecimiento del país que no se podrá llevar nunca a cabo con una densidad demográfica actual de apenas 11 h/km2 para el inmenso territorio argentino. Modestamente debería pensarse en una densidad de 80/100 personas por km2, lo que daría una población global de 240 a 300 millones para nuestro país.
En quinto lugar, el canon a establecer que no es impuesto porque el canon es el pago por el uso de un recurso natural como son las regalías petroleras o la licencia para el uso de las ondas electromagnéticas, mientras que un impuesto en una exacción coercitiva sobre el patrimonio del contribuyente, variará de acuerdo a las características propias de la tierra (sea agrícola, ganadera, minera, comercial, industrial, urbana, residencial, etc), correspondiendo el pago y cobro a la jurisdicción territorial que corresponda (provincia o municipio).
Ejemplo: El Ex Destacamento Palermo, que pertenece al Ejército Argentino ocupa unas 10
hectáreas en la mejor zona de la ciudad de Buenos Aires. Su valor estimado es de 300 millones de dólares, lo cual pensando en un bajo canon de 2% anual, la CABA podría recaudar por lo menos 6 millones de dólares al año, lo que obligaría a esa repartición nacional abandonar el lugar y buscar otro destino. El predio liberado debería ofrecerse en enfiteusis a aquellos que quisieran explotarlo racionalmente. Lo mismo ocurre a nivel provincial donde existen reparticiones nacionales que ocupan gran parte de las provincias y que deberían pagar un canon a las provincias por las tierras que ocupan. Por ejemplo, en la Provincia de Neuquén, la represa Chocón-Cerros Colorados, Parques Nacionales y otras entidades nacionales ocupan parte del territorio provincial, obtienendo ingresos para la Nación sin aporte alguno para la misma.
Consecuencias secundarias
En cuanto a las consecuencias secundarias, en primer lugar, podríamos mencionar que la libertad de trabajo debido a la existencia de una gran oferta de tierra de todo tipo permitiría que muchas instituciones creadas a lo largos de los años para proteger a los supuestos más necesitados tenderían a perder relevancia social (sindicatos, gremios, asociaciones profesionales, obras sociales, etc) porque la dignidad humana así lo resolverá por su cuenta. El mejor ejemplo histórico, fue la formación de Australia que en su primera etapa se pobló con ladrones y prostitutas que eran enviados desde el Commonwealth y a quienes les ofrecía tierras libres. Así se formó la Nación que citamos como modelo de alto bienestar, crecimiento económico y bajo nivel de corrupción.
En segundo lugar, al disminuir el valor venal de la tierra como consecuencia de la desaparición de la especulación y de la falsa renta, se facilita la adquisición de viviendas, reducidos sus costos no solo de los costos de la construcción sino de los costos financieros que se sustentan fundamentalmente en la percepción de la renta de la tierra por parte del sistema financiera.
Asimismo, desaparecerán las villas miseria, el hacinamiento y otros vicios sociales que son
producto de esta realidad socio-económica. El mejor ejemplo es New Zealand que no solo no
tiene “villas miseria” sino alto nivel de vida acompañado de un exceso de oferta de viviendas. El contraejemplo es Argentina con un déficit de más de 3 millones de viviendas, al margen de las viviendas obsoletas existentes.
Notas adicionales sobre el vocablo tierra y sus singularidades Como la literatura económica que utilizamos proviene preferentemente del idioma inglés, es necesario ser muy cuidadoso en la traducción de los conceptos al español porque sino puede ser que distorsionemos las ideas que queremos reflejar en nuestra realidad. Vayamos a manera de
ejemplo al uso de términos utilizados en idioma inglés, vocablos que, en mayor o menor medida,
se refieren a la tierra, pero a qué clase de tierra, ya que económicamente no es lo mismo el significado de uno u otro. Vayamos a ver cómo define cada término el Oxford Dictionary..
“land”: the solid dry part of the Earth’s surface contrasted with sea or water.
“ground”: the solid surface of the Earth
“space”: a large area, esp of land not built on
“plot: a small marked” piece of land used or intended for a special purpose
“soil”: the upper layer of Earth in which plants, trees etc grow
“place”: a particular area or position / a building or area of land used for a particular purpose.
“site”: a place where a biulding, town etc. was, is or will be situated.
“nature”: the whole universe and every created not artificial thing
“Earth”: this World. The surface of the world contrasted with the sky or sea.
“real state”: houses or land
“real property”: property consisting of land or buildings.
Esta sola mención justificaría un mejor tratamiento académico y profesional por parte de los economistas como se puede inferir de la crisis económica de los Estados Unidos y no verla sólo como una crisis financiera que se resolverá con mayor emisión de dólares para financiar empresas e instituciones en quiebra económica. El profesor Fred Foldvary en un trabajo del año 2005 pronosticó una crisis inmobiliaria en el año 2008 atribuida al incremento de la renta de la tierra. La crisis financiera fue una mera consecuencia.
En cuanto a la tierra y su singularidad seguiremos el pensamiento de dos economistas
norteamericanos: Fred Foldvary y M.Mason Gaffney.
Según el profesor Foldvary el factor de producción tierra tiene las siguientes características:
1. Es un factor de oferta fija. El espacio físico no puede ser ampliado ni reducido.
2. La tierra no sólo es fija en extensión sino también en movilidad a diferencia de las
personas que pueden emigrar o de los bienes de capital que pueden ser muebles o inmuebles.
3. La tierra no puede ser importada. Aun en el caso de los edificios y otras estructuras fijas, la tierra difiere de estos casos en que son creados por el hombre y sus creadores deciden donde ubicarlos.
4. Finalmente, la tierra no es algo que debe ser descubierta. Una vez que el hombre
descubrió que la tierra tenía forma de esfera y determinó su aproximado tamaño, reconoció
que era “algo allí afuera” El espíritu empresarial fue vital para descubrir las mejores rutas, las mejores zonas y regiones y descubrir el verdadero valor potencial de esas zonas o regiones.
En cuanto a las características adicionales destacadas por el profesor M. Mason Gaffney,
mencionamos a las siguientes:
1. La tierra no es producible ni reproducible como sucede con cualquier bien económico.
2. La tierra como “sitio” es permanente y reciclable. Hoy hay en este sitio una casa mañana
podrá haber un negocio.
3. La oferta de tierra es fija. Por consiguiente al aumentar la población la demanda se
desplaza y aumenta la renta económica a favor del propietario o de la sociedad.
4. La tierra es inmóvil en el espacio y no controlable en el tiempo. La esquina de Av.
Corrientes y San Martín fue ayer, es hoy y será mañana.
5. La tierra no cambia, ella es reciclable y adaptable
6. La tierra no es intercambiable con capital. La tierra es Naturaleza fuera del hombre, el
capital es riqueza destinada a producir más riqueza. Ejemplo un torno.
7. La renta de la tierra está sujeta a las fuerzas del mercado que difieren de aquellas que
determinan la tasa de interés (precio del capital).
8. El precio de la tierra guía a los inversores y determina el carácter del capital cuando el capital sustituye a la tierra.
9. La tierra es limitada. La Ciudad de Buenos Aires tiene 204 km2.desde su origen como
distrito federal.
10. El valor de la tierra no es un “fondo” económico.
El enfoque que hemos tratado de analizar y subrayar y que pocas páginas destinan los “Manuales de Economía”, hace que el profesional en ciencias económicas adolezca de una formación sesgada y no logre visualizar soluciones a problemas tan acuciantes como son la pobreza, la desocupación, el hacinamiento, la inflación, los pésimos servicios públicos (transporte, salud, educación, justicia), crisis recurrentes, déficit fiscales, endeudamiento público, corrupción.
Buenos Aires, 19 de noviembre de 2009
Lic. Natalia Arbelo
Prof. Guillermo A. Sandler

La cuestión de los recursos del Estado

Posted by admin on enero 18th, 2010

Hector R. Sandler

El orden económico en la sociedad contemporánea

El vasto proceso de democratización mundial, iniciado hace un par de siglos por una conjunción de ideales e intereses materiales, acelerado por el crecimiento demográfico, el desarrollo científico y la sofisticación tecnológica, facilitado por la legislación y el refinamiento de las técnicas jurídicas, ha ido conformando bajo la forma política Estados nacionales, órdenes sociales humanos de tamaño gigantesco. Órdenes sociales desconocidos en toda la historia de la humanidad por la dimensión de sus problemas y su creciente complejidad.
Esta evolución ha cambiado los tradicionales centros de gravedad de anteriores civilizaciones. El núcleo central del orden social en cada Estado nación, en todo el planeta, es la economía. Actividad que pese a su inevitabilidad, siempre fue considerada inferior, pero que hoy da sentido y condiciona la casi totalidad de las actividades humanas. La bondad de este cambio puede y debe ser discutida, en especial por aquellos que ven en esa transformación una degradación de valores espirituales jerárquicamente superiores a los meramente instrumentales, como son los económicos. Pero los problemas de la vida pública cronicados diariamente por los medios de difusión, ratifican ampliamente esa primacía de lo económico. Las actividades económicas tienen la gravitación de una estrella que impone un giro planetario a los demás órdenes de conducta en que se concreta la vida humana.

Tal cantidad de actividades económicas no pueden desplegarse caóticamente. Más allá de que ellas se configuran en complejos órdenes económicos, este tipo de orden supone órdenes de otra clase que concurren para posibilitar economías humanas de tal magnitud. A la recíproca, los nuevos órdenes económicos que en cada sociedad se establecen actúan sobre los restantes de modo muy diverso. Según los procesos e instituciones, el orden económico puede reforzar y mejorar, por ejemplo, el orden jurídico, el orden político o el orden moral de la sociedad. Pero también puede erosionarlos e incluso deteriorarlos por completo. El análisis de esta interrelación recíproca entre los órdenes es uno de los temas más importantes de las ciencias sociales en la actualidad.

Dado el peso que acabamos de reconocer a la economía, conviene detenerse un momento en reflexionar sobre algunos aspectos de este orden. Un examen más atento puede mostrar que la economía de una sociedad moderna es un orden más complejo de lo que habitualmente la gente común e incluso los cultores del Derecho y las Ciencias Sociales, suelen suponer. Sólo reconociendo esa complejidad puede advertirse la relevancia del sistema de recursos del Estado. Por la ubicación y sus efectos, la constitución de este sistema puede ser considerado como la cuestión social de nuestro tiempo.

Una digresión epistemológica
Para valorizar con cautela lo que exponemos, hay que tener en cuenta que nos referimos a objetos invisibles. Nadie ha visto ni verá jamás un orden económico, ni ninguno de los otros órdenes que se conforman en la sociedad humana. La razón es clara: tales órdenes, sin perjuicio de ser fenómenos reales, no son cosas. Son relaciones dinámicas que los hombres establecen entre sí. Relaciones no aprehensibles por los sentidos, pero que nutren la gran corriente que llamamos vida social. Estas relaciones y procesos son conductas humanas que cumplen los múltiples miembros de la sociedad, según pautas propias de una específica legalidad en el marco de una totalidad unitaria, a la que llamamos orden (1).
Cada orden de actividades es así, por un lado, expresión de ciertos pautados comportamientos de algunos miembros de la sociedad; a la vez, el orden establecido obra como suministrador de datos para orientar las conductas de los titulares de esos comportamientos. Esta concepción revela, en primer lugar, la inevitable interacción recíproca entre procesos internos del orden y el orden que contiene a los procesos.
En segundo lugar, la concepción habla de una multiplicidad de órdenes que a pesar de ser esferas autónomas se interactúan funcional y recíprocamente. Metafóricamente podríamos decir que entre estos órdenes sociales específicos median relaciones semejantes a las que existen, según los biólogos, entre los diversos sistemas del cuerpo humano (2).

Economía social y economía pública
La invisible realidad que nombramos con la palabra economía no es una unidad homogénea. Está conformada por la articulación de dos hemisferios inseparables pero muy distintos entre sí. Se trata de dos órdenes reales diferentes por los principios que los rigen, los agentes que los dinamizan, los recursos que emplean, los procesos que contienen, las instituciones que los gobiernan, y principalmente, por el sentido que justifica a cada uno. La inderogable articulación funcional y estructural que existe entre ambos hemisferiores económicos anticipa un fenómeno muy importante: la buena constitución y funcionamiento de cada uno de estos dos órdenes depende, al mismo tiempo, de su propio modo de ser como del modo de ser del otro. Estos dos hemisferios, integrantes de la economía positiva de un Estado nación, son la economía social y la economía pública.

En la economía social son agentes originales los particulares; su principio rector les manda obtener el máximo resultado con el mínimo esfuerzo; sus relaciones y procesos fundamentales son la producción y el consumo de cosas; los recursos son el trabajo, la tierra y el capital (3). La institución gobernante es el mercado formado por demandantes y oferentes y su existencia se justifica por la variable -pero constante- escasez de cosas apetecidas por los hombres. Este campo de la economía es el que ha atraído el mayor esfuerzo teórico a partir del siglo XVIII.

Mucho después del nacimiento y desarrollo de este conocimiento y sólo en años muy recientes, comenzaron a desarrollarse teorías sobre la economía pública, visualizada como un orden específico. En esta economía los agentes son los funcionarios del Estado; su principio rector no es la escasez de recursos sino su gratuita disponibilidad. Los recursos no son valores de producción sino valores de obligación; las relaciones y procesos que acontecen son relaciones de poder; la institución gobernante no es económica sino política; y su sentido consiste en gastar los recursos disponibles a fin de satisfacer necesidades políticamente definidas. Estas necesidades reflejan los variados objetivos, reales e ideales, permanentes y mudables, que justifican la existencia de un gobierno democrático en la sociedad.

La economía pública
La economía pública consiste sustancialmente en gastar los recursos que el gobierno obtiene. Por esta razón la opinión común y académica concentra y dirige a este aspecto de la economía pública su máxima atención y sobre su práctica recaen las recomendaciones (4).

No se debe rebajar un ápice la importancia del estudio y la organización y la vigilancia del gasto público. Esto es comprensible, porque siendo el principio rector de la economía pública el gastar hasta el último centavo programado en el presupuesto, la caída en el despilfarro está siempre latente. El clásico principio de economicidad (máximo resultado con mínimo esfuerzo) tiene poca vigencia en esta esfera. Su momento de vigencia es efímero: rige compitiendo con otras oficinas de la administración y sólo en la preparación del presupuesto. Tanto en etapa de preparación como durante su aprobación, se percibe que otros principios y fuerzas obran favoreciendo el incremento del gasto público.
La siguiente etapa, la ejecución del presupuesto, consiste en gastar todos los recursos asignados. En verdad, aprobado el gasto, existiendo los recursos, no figura en el horizonte del funcionario el problema de la escasez, hecho que, en cambio, aguijonea de modo constante a los que actúan en la economía social. El funcionario que ejecuta el presupuesto no hace ni tiene que hacer cálculos tipo costo/ beneficios: su tarea es gastar lo disponible. Por su conducta gastadora será aplaudido; al contrario, puede sufrir reproches por no haber gastado lo que se programó.

Esta tendencia al gasto, propio de la economía pública, es reforzada en la sociedad democrática, en cuyo seno ha florecido un nuevo tipo de obligación: las obligaciones sociales. A la recíproca, ellas se corresponden con derechos subjetivos de sus miembros, llamados derechos sociales, obligaciones a pagar por el todo social. Los hombres de carne y hueso. (5).
Todo concurre en la sociedad contemporánea a incrementar el gasto público. El núcleo de esta lógica del crecimiento del gasto radica en la amplia estima de que gozan los sistemas políticos democráticos por un lado y, por el otro, en la convicción generalizada de que un gobierno del pueblo tiene que satisfacer las necesidades del pueblo.

Un sentido inevitable del gobierno democrático ha consistido siempre en satisfacer al máximo las demandas de sus electores. La mayoría de estas demandas, para ser satisfechas, exigen aumentar el gasto. Esta tendencia no puede ser contradicha de frente y por la fuerza sin minar las bases mismas del sistema democrático y social. Esta es la razón por la que las llamadas políticas de ajuste, por explicables que puedan ser, generan crisis de representatividad política.

La descuidada cuestión de los recursos de la economía pública
Ambos órdenes económicos están orgánicamente vinculados entre sí mediante una variada red de relaciones. Pieza esencial de esa red vinculante es el conducto que posibilita el flujo de recursos desde la economía social hacia la economía pública. Aquí hay que ser muy cuidadoso en el uso de los términos, pues la economía social produce cosas (valores de producción), en tanto que la economía pública funciona en la medida que recibe, como recursos, valores de obligación (dinero, títulos, etc.). De manera que la conexión entre la economía social y la pública se logra previa transmutación de valores (6). Esto es posible gracias al sistema monetario y financiero. Pero justamente es el manejo de estos sistemas por parte del gobierno lo que genera el riesgo de crear valores de obligación sin un correlato en la producción de cosas en la economía social.

La palabra “conducto” es completamente metafórica. La realidad que nombra es algo más que un mero canal de fondos de una economía a otra. En rigor, ese conducto es un complejo sistema.
La explicable importancia asignada al gasto público ha desviado la atención de los teóricos de la cuestión del sistema de recursos fiscales. La falta de una debida atención a este sistema, por las circunstancias que más abajo exponemos, ha acrecentado sus perniciosos efectos en la emergencia de la cuestión social. A la corta o a la larga, el gasto público planteará problemas que sólo pueden resolverse modificando el sistema de recursos fiscales. A pesar de que los recursos de la economía pública ingresan en forma de valores de obligación, si se quiere una economía y una sociedad ordenadas, hay que hacerse cargo de que esos créditos deben estar respaldados por equivalentes valores de producción. O sea que los recursos de la economía pública han de ser suministrados siempre por la economía social (7).

Es un hecho por demás reiterado que los más directos representantes políticos de productores y consumidores, los diputados, suelen aprobar casi a hurtadillas y sin consulta alguna a sus representados, las leyes estableciendo recursos para el gobierno. Incluso aprueban leyes en blanco que el poder administrador – el Ejecutivo – llenará a su voluntad mediante resoluciones ad hoc. Este fenómeno es muy significativo. Muestra una grave brecha entre lo que podríamos llamar el deber público del legislador de proveer de recursos al poder administrador y el deber político emergente de su función representativa.
Esta brecha no puede explicarse con remisiones a la deslealtad política, a la visible, pero irritante sumisión de los legisladores al Poder Ejecutivo, o a su supuesta, pero inexplicable indiferencia por la suerte de quienes los han elegido. La reiteración del fenómeno preanuncia, más bien, la existencia de un problema sistémico.

La hipótesis de trabajo más correcta es que el sistema de recursos del Estado adoptado en la actualidad en la mayoría de los países produce, inevitablemente, una disyuntiva entre las exigencias del orden político democrático y de la economía social, por un lado, y la economía pública por el otro. En tal caso, la investigación debe recaer sobre este sistema, analizando a fondo las contradicciones que produce y las posibilidades de construir otro sistema en el que, por sus fundamentos, sean compatibles la economía social, la economía pública, la democracia y una mayor justicia social (8).

El estudio de los impuestos
El sistema de recursos del Estado no ha merecido la suficiente atención por parte de la filosofía y la ciencia social. Esto no quiere decir que los sistemas impositivos y otras fuentes de recursos para el Estado, no hayan sido tratados con amplitud y en profundidad. Pero se lo ha hecho técnicamente, especialmente en relación a los impuestos. Así ocurre con los expertos en economía y en derecho.
En cuanto a los demás cultivadores de las ciencias sociales, el tema ni siquiera suele figurar en sus normales programas de investigación.
En materia de impuestos el esfuerzo intelectual apunta a conocer el sistema existente (9). Se trata de dominar el manejo del sistema y, ocasionalmente, estar en condiciones de predecir sus efectos o de presentar propuestas para reformas parciales que no afectan a la filosofía del sistema.

El sistema de impuestos vigente
Los sistemas de impuestos actuales aparentan ser en extremo refinados. Es una ilusión. Se ve refinamiento allí donde lo único que ha ocurrido es que se han institucionalizado, mediante leyes jurídicas dictadas por gobiernos democráticos, los más primitivos sistemas. La ilusión se monta sobre dos discutibles supuestos. Uno, la creencia de que basta con adoptar formas de gobierno democrático para que las leyes dictadas sean correctas. Es la idolatría del consenso. Dos, la creencia, también errónea, de pensar que la mera formalización legislativa puede hacer de un contenido material incorrecto una institución social correcta, o sea adecuada para un determinado rango de civilización. Es la idolatría de la ley jurídica (10).

Los sistemas impositivos contemporáneos están estructurados con materiales institucionales acuñados en épocas muy anteriores a la moderna organización política de las sociedades actuales. La igualdad ante la ley y de oportunidades como miembro de la sociedad, la libertad individual como cimiento del orden social (libertad de creencias, de expresión, de enseñanza, de aprendizaje, de trabajo, de asociación, de migración, de empresa, etc.), la inviolabilidad de la propiedad particular, el trabajo como principal legitimador de la propiedad privada, la dignidad de la persona y su privacidad como vallas infranqueables por los gobiernos, la seguridad contra el peligro y el infortunio como fundamento moral del Estado, la solidaridad o fraternidad entre los individuos como raíz del deber de socorro a los desvalidos por parte del Estado, etcétera, reconocen diversos y remotos orígenes. Pero hoy son principios constitutivos de la sociedad moderna, cuyas directrices se pretende que rijan en conjunto.
Pero todo esto es así sólo desde hace un par de centurias, cuando a partir de un supuesto contrato o pacto social, suscripto entre el todo (representado por el gobierno) y las partes (los ciudadanos) se establecieron límites al poder político y derechos a los individuos. Lo que comenzara por ser una explicación teórica para fundar el orden social, terminó por ser el diseño de los fundamentos para constituir un edificio social completamente nuevo. Un caso más en que el pensamiento configura la realidad (David Bohm).
El orden social resultante tuvo su auge en los Estados Unidos, Estado que de hecho se convirtió en el modelo de sociedad política y civil contemporánea durante todo el siglo XIX. Pero las cosas no resultaron exactamente como se planearon, ni en aquel país ni en los inspirados en su modelo (11).

La decisión de transformar la sociedad enmarcada en el ámbito del Estado nacional, tuvo como mira general forjar dos órdenes sociales: el político, estableciendo la democracia representativa y la división de poderes, y el económico, adoptando la forma típica denominada “economía de mercado”.
Desde un punto de vista teórico, hoy podemos comprender que esa gran transformación del orden social exigía, al menos, plantearse esta cuestión: ¿el sistema de recursos que estamos utilizando, originado en la antigüedad, es compatible con la democracia, la economía de mercado y el Estado de Derecho que pensamos instalar? (12)

La cuestión, aunque planteada por algunos visionarios, no alcanzó, ni ha alcanzado aún, un claro nivel en la conciencia de los individuos ni es motivo del debate público. El nuevo orden fue establecido por gobiernos que mantuvieron vigente y se mantuvieron financieramente, con los recursos provistos por el sistema del antiguo régimen. Los primitivos sistemas de recursos del Estado, el pillaje, la confiscación, el endeudamiento, la emisión inflacionaria de moneda, los impuestos, prosiguieron abasteciendo el Tesoro de los nuevos Estados.
De esta manera, sin un deliberado propósito, dada la continuidad de un sistema de recursos para el Estado fundado en la apropiación por la fuerza de la riqueza de los particulares, se sembró la semilla de una cizaña que habría de generar en el nuevo orden democrático y de mercado, distintos pero correlativos efectos perturbadores. En general una creciente discordancia entre la democracia, la economía social, la economía pública y el Derecho (13).
Desde el punto de vista institucional, se constituyó un Estado antagónico con la prosperidad y el bienestar general. Desde el punto de vista social, se produjo la fractura de la sociedad en bolsones de pobreza institucional por un lado, y la concentración de riqueza en muy pocas manos, por el otro.

El arcaico sistema de recursos mina los fundamentos de la sociedad moderna
La discordancia producida por causa del uso del primitivo sistema de recursos como sostén de los nuevos sistemas políticos y económicos habría de ir más allá de una mera y transitoria incompatibilidad. Los desajustes demandaban correcciones y la acumulación de éstas fue llevando, paulatinamente, a la ruina de la economía social y el abatimiento de la democracia representativa.
Un hecho sobresale: por causa del sistema arcaico de impuestos: estamos en presencia de dos constituciones jurídico-políticas. Una, la que figura en los textos constitucionales destinados a fijar límites al poder estatal y a garantizar las libertades y derechos de los miembros de la sociedad. La otra, institucionalizada mediante una legislación oportunista de todo tipo y rango, cuyo sentido permanente ha sido y sigue siendo el de conferir cada vez mayor poder a los gobiernos para hacerse de recursos, aunque para ello tengan que coartar la libertad individual, licuar los derechos y garantías y vaciar de contenido y eficacia a las instituciones constitucionalmente creadas (14).

La sociedad moderna exige específicos recursos
No es éste el lugar para desarrollar una teoría sobre el especial sistema de recursos para el Estado que requiere la sociedad moderna. Sin embargo este artículo, que sólo se propone denunciar el arcaísmo del vigente, quedaría incompleto si no anticipáramos algunos parámetros que el nuevo sistema debe satisfacer.
Por principio, y ésta es una responsabilidad de los intelectuales, la sociedad democrática moderna necesita contar con una teoría sobre los recursos para el Estado que compatibilice no sólo las exigencias de la economía social y las propias de la economía pública, sino -al mismo tiempo- que posibilite el funcionamiento del orden político y el orden jurídico con arreglo a los sentidos esenciales establecidos por la Constitución Nacional. Para promover los estudios desde esta perspectiva armonizadora, en otro lugar he propuesto algunas tesis para el debate público sobre la cuestión (15).

Lo sustancial es reconocer la posición central que ocupa en el orden social la economía total de cada país (pública y privada) y el rol determinante que para ambas economías tiene el sistema de recursos para el Estado. Desde este punto de vista sistémico y por lo tanto globalizador, hay que determinar teóricamente primero, para institucionalizarlo después por ley, al crédito público fundamental del que es titular la sociedad contra sus miembros por causa de la ocupación, material o jurídica, que mantengan sobre alguna parte de los recursos naturales del país, o sea su territorio. Este crédito público aparece como “valor de la tierra” en el mercado y se llama renta del suelo o renta fundiaria, simplemente renta.

El reconocimiento teórico de ese crédito público como aporte fundamental del Tesoro exige repensar las bases del pacto social que justificó la democracia y la economía de mercado. El contrato social pensado en los albores del siglo XVIII, base del pensamiento contractualista posterior, descuidó el papel esencial de la fuente primera de los recursos del Estado. Ese descuido no sólo produjo un Estado que sólo supo vivir en la bancarrota sino que, al mismo tiempo, generó prácticas económicas e instituciones legales que traban la eficacia de la economía social de mercado16.
Felizmente, quienes decidan afrontar todas estas cuestiones no han de partir de la nada. Estos problemas fueron intuidos y hasta planteados en forma notable por los économistes o fisiócratas franceses (17).

Pero fue el norteamericano Henry George, posiblemente motivado por el dolor y asombro que le produjo ver el vasto territorio de su país excluido del trabajo y la inversión por causa de la especulación con el suelo y, a la par, la pobreza institucional en medio de la opulencia de unos pocos, quien sentó las bases filosóficas de una teoría general sobre el sistema de recursos para el Estado.
Sin embargo, no había llegado aún la época de la globalización y si bien el pensamiento de George se difundió rápidamente en los lugares más lejanos del planeta, su vasto y complejo pensamiento fue entendido , indebidamente, como la propuesta una mera reforma impositiva bajo el nombre de single tax o impuesto único.
Las siguientes guerras mundiales y la crisis de 1929 se encargaron de hundir en el olvido aquella teoría. La reacción autoritaria como doctrina social se adueñó del mundo hasta hace apenas unos días. Recién en las postrimerías de nuestro siglo, conscientes de los daños del autoritarismo político y económico, renace el pensamiento de George como base para un nuevo pacto social (18).

Finalmente, y esto es muy importante en materia de ciencias sociales. Quienes quieran en la Argentina reemplazar el arcaico sistema impositivo que nos arruina, por uno basado en la recaudación de la renta del suelo, no sólo disponen de aquellos antecedentes teóricos. Cuentan, por empezar, nada menos que con los antecedentes fundacionales de la patria: la Revolución de Mayo. Esta revolución, en su contenido económico/ fiscal , fue inspirada por la obra e Manuel Belgrano, cuyos conocimientos de la fisiocracia se popularizó entre los revolucionarios y los llevo a dictar en el Congreso de 1826 la Ley de Enfiteusis, mal conocida y peor tratada en la actualidad. Además y por último existen muchas experiencias prácticas, si bien son locales o esporádicas, constituyen verdaderas lecciones empíricas acerca de cómo debe ser el sistema de recursos que exige la sociedad moderna (19).

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(1) Sobre la importancia de la noción de orden, Eucken, Walter Cuestiones Fundamentales de Economía Política, Alianza Editorial,Madrid, 1967. Para una conceptualización del orden como ser de lo real y su devenir, con aplicación especial al orden jurídico, Jenkins, Iredell, Social Order and the Limits of Law (A Theorical Essay), Princeton University Press, Princeton, 1980.

(2) Sobre la multiplicidad de ordenamientos que configuran el orden social, Schrecker, P., La Estructura de la Civilización, FCE, México, 1957. La semejanza entre la vinculación funcional existente entre los órdenes sociales y la de los sistemas del cuerpo humano, fue magníficamente expuesta por Rudolf Steiner como estructura ternaria de la sociedad en su trabajo Die Kernpunkte der Sozialen Frage, traducido por Francisco Schneider con el título, El Nuevo Orden Social, Buenos Aires, 1983.

(3) Es importante ser riguroso en esta definición. La literatura económica contemporánea fracasa en sus análisis por haber sepultado al factor primario de la producción, la tierra, olvidando por completo las lecciones de los clásicos y, para colmo, identificándola con el capital. La tierra, noción recuperada en parte por los movimientos ecologistas, bajo el nombre de naturaleza, es lo dado al hombre. En cambio el capital es algo producido por el hombre: aquella parte de la riqueza producida que se aplica al proceso de producción de más riqueza. Carranza, Carlos P. Nueva y Vieja Economía Política, Librerías Hachette, Buenos Aires; Sandler, H.R., Alquileres e Inflación. Un Examen de las Relaciones Existentes entre el Orden Jurídico, el Orden Económico y la Renta Fundiaria, Jus, México, 1977.
(4) Criticando las intervenciones del FMI, acaba de decir el premio Nobel en economía Milton Friedman: “El FMI es, en mi opinión, una institución nefasta. Aún en el único papel que le queda hoy en día, que es el de tutor de la política económica de los países subdesarrollados, los consejos que da son en su mayoría malos. Impulsa el aumento de los impuestos porque está obsesionado por el equilibrio presupuestario, en lugar de ocuparse en forma prioritaria por el crecimiento. Contribuye a la idea peligrosamente difundida de que la reducción del déficit presupuestario constituye la prioridad, cuando el problema central reside en el ámbito del gasto público”, La Nación, 18-12-1995, pág.7.

(5) Sobre la dramaticidad de esta evolución, Rosenvallon, Pierre, La Nueva Cuestión SociaL Repensar el Estado Providencia, Manantial, Buenos Aires, 1995.

(6) Para una recta comprensión de los problemas que presenta la economía política hay que distinguir tajantemente entre valores de producción y valores de obligación. Hasta donde sé, quien formuló esta distinción por vez primera, fue el economista norteamericano Henry George en su obra póstuma La Ciencia de la Economía Política, trad. Baldomero Argente, Madrid, Cap. XIV. Estos conceptos han sido magníficamente usados por el economista danés Knud Tholstrup para explicar el efecto inflacionario de los títulos de propiedad del suelo, en The Third Way. A New Economy, Copenhagen, Denmark.

(7) El invento del dinero en forma de papel y créditos tiende a ocultar este hecho: en economía las deudas se pagan con cosas. Que los plazos y, mejor, el refinado sistema que hoy se ha construido entre el compromiso de pagar y el efectivo pago con cosas, se haya extendido y complicado increíblemente, en especial gracias al Derecho, no invalida el principio. Ese sistema genera la ilusión en los gobernantes que pueden aumentar “las existencias” (cosas reales) fabricando (“imprimiendo) valores de obligación. Esta ilusión acaba en la deuda pública primero y finalmente en la inflación. El error gubernamental no lo pagan los agentes de la economía pública (los funcionarios) sino los agentes de la economía social. Estos son los empobrecidos por aquellas políticas y por los posteriores ajustes a que los someten los gobiernos para nivelar el déficit, o sea reparar la quiebra del Tesoro.

(8) Sobre esto Sandler, H.R., El Desafío Argentino: Eliminar los Impuestos, Punto Sur, Buenos Aires, 1987.

(9) En nuestro país, desde que uno tiene memoria, el sistema de recursos del Estado ha sufrido constantes modificaciones, tanto en cuanto a la vía elegida como recurso principal, como a los detalles con que se configuraron esas vías. Sin embargo, ninguna de esas modificaciones alteró la estructura vertebral del sistema, dada por grandes fuentes: a) empréstito externo; b) empréstito interno; c) emisión de moneda sin respaldo en bienes producidos por la economía social; y d) confiscación de riqueza de los particulares mediante los impuestos (confiscar en sentido literal: hacer del Fisco lo que es privado). Hay que recordar a las generaciones actuales que de un modo excepcional, en los albores de la Revolución de Mayo y hasta el derrocamiento de Rivadavia (1809-1829), gracias a Manuel Belgrano, imbuido de las ideas fisiocráticas, se visualizó como recurso público primordial la renta de la tierra. Este fue el motivo de la disposición de Martín Rodríguez prohibiendo la enajenación de las tierras públicas (1813) y el fundamento de la ley de enfiteusis aprobada tras gran debate por el Congreso de 1826. Este pensamiento declinó, bajo la dictadura de Rosas y la anarquía, pero se mantuvo vivo en hombres como Esteban Echeverría y más tarde por obra de Nicolás Avellaneda y Roque Sáenz Peña. No obstante esfuerzos meritorios de parte de hombres como Arturo Capdevila, Arturo Orgaz e integrantes de movimientos como los que sostuvieron la Revista del Impuesto Único (1914-1926), la idea fue prácticamente sepultada a partir de 1930. Falta la pluma de un historiador que rescate esta corriente típicamente argentina, a partir de 1900, como lo hiciera Andrés Lamas en relación a la época de Rivadavia.

(10) Ciertamente que este modo de ver las cosas plantea el problema del “derecho correcto” como algo distinto de la ley formalmente válida. Sobre esto, Sandler H.R., Derecho Natural, Positivismo Jurídico y Derecho Correcto, Boletín Mexicano de Derecho Comparado, Nº40, enero/abril 1981.

(11) Sobre la advertencia contra los previsibles desvíos del modelo en los EE.UU. de América, la crítica de Henry George, en Progress and Poverty (1879), varias ediciones, trad. por Baldomero Argente.

(12) Un ensayo de explicación histórica sobre la ausencia del planteo de esta cuestión, ha sido escrito recientemente por el pensador británico Ian G. Lambert. En tesis muy interesante, Lambert sostiene que la declaración de derechos norteamericana no contiene previsión alguna sobre el derecho de acceso al suelo. Ello sería así porque fue hecha por los propietarios y en resguardo de su posición monopólica. Ver el documento Righting Wrongs, An End to the Language of Political Rights and the Rebirth of Freedom, The International Conference in Roskilde, Denmark, 1995. Considerando el fracaso de la Ley de Enfiteusis aprobada por nuestro Congreso de 1826 y su rechazo por la generación posterior a Rosas en 1853-1860, es posible que la tesis de Lambert fuera aplicable a la Argentina.

(13) Sobre las constantes fricciones y francas contradicciones entre los derechos y garantías constitucionales y la legislación tributaria, los brillantes trabajos que contiene el libro de García Belsunce, Horacio A.(coord.), Estudios de Derecho Constitucional Tributario, Depalma, BuenosAires, 1994.

(14) Los proyectos remitidos al Congreso por el Poder Ejecutivo a fines de 1995, tendientes a llevar adelante una segunda reforma del Estado y a otorgar superpoderes impositivos al Presidente, no son más que un nuevo eslabón de una cadena que estrangula la vida económica y vacía de contenido a la Constitución.

(15) Transcribo las pertinentes en este punto y agrego otras necesarias: un sistema de impuestos: 1) sólo es compatible con la democracia cuando por sus principios genera el respeto moral de los ciudadanos y por su sencillez puede ser aprendido en la etapa de educación pública primaria; 2) sólo es compatible con una economía social de mercado cuando estimula la producción y el consumo, sin recurrir a exenciones ni privilegios; 3) sólo es compatible con el derecho cuando su ejecución importa concretar los valores jurídicos esenciales: la justicia y la seguridad; 4) sólo es compatible con el orden político constitucional argentino cuando promueve la autonomía financiera del municipio, los Estados provinciales y el Estado nacional; 5) sólo es compatible con el sistema de derechos y garantías individuales cuando se funda en el valor de mercado del suelo libre de mejoras (sistema indiciario) y no en las presunciones del poder o las declaración de los contribuyentes (sistema declarativo); 6) sólo es compatible con los derechos sociales cuando ellos pueden ser pagados con el producto de los créditos de los que la sociedad es titular por causas económicas y no legales. Ver revista El Defensor del Contribuyente, Nº 2, nov/95. Sobre el sistema declarativo como causa de la evasión y el delito fiscal, ver Martínez, Jean-Claude, El fraude fiscal, Breviario 468, FCE, México, 1989.

(16) La idea de repensar el sistema impositivo como condición del contrato social es algo que está creciendo en el ambiente intelectual. El libro de Rosenvallon (nota 5) no es explícito; pero pasando la cuestión social por el ineludible gasto público que el Estado debe asumir, el tema queda instalado. Con conceptos más claros y definidos, Richard Noyes (Editor) Now the Synthesis. Capitalism, Socialism and the New Social Contract, Shepheard-Walwyn London- 1991; Andelson, Robert V. -Dawsey, James M., From Wasteland to Promised laud, Orbis Book, New York, 1992; Andelson, Robert V. (Ed.), Commons Without Tragedy. Protecting the Environment from Overpopulation -A New approach, Shepheard-Walwyn, London, 1991. La idea de un nuevo contrato social a partir de un distinto sistema impositivo fue dominante en la conferencia internacional celebrada en Roskilde, Dinamarca, 1995, entre cuyas abundantes ponencias cito: Scornik Gerstein, Fernando -The Issue of the Poll Tax in the United Kingdom and its Economical, Political Implications; Straarup, Bent- The Missing Clause in the UN Declaration of Human Rights aud Profit Sharing of the Resources of Nature Instead of Social Subsidies aud Taxes; Lorch-Falch, Dnah Even, The World Demands a New Way of Thinking- A New Mentality; Noyes, Richard, Property Rights: a Common-sensism.

(17) François, Quesnay (1694-1774) médico, calificado como un filósofo del Derecho natural, fue el iniciador de una teoría que si bien consiguió adeptos en toda Europa y América, no tuvo influencia posterior. Mirabeau, La Riviere, Le Trosne, Dupont, Turgot, Alvaro Florez Estrada, entre otros, fueron sus discípulos en Europa. En nuestro país, Manuel Belgrano y varios de los gestores de la Revolución de Mayo fueron influenciados por aquel pensamiento. Sobre esto, Andrés Lamas, Rivadavia y la Legislación de Tierras Públicas, Buenos Aires, s/f.

(18) La obra escrita legada por Henry, George (1839-1897) es grande. Su best-seller fue el ya citado Progress and Poverty (1879); pero su pensamiento, que conforma una filosofía social y moral dentro de la cual tiene que ser comprendida su propuesta impositiva se completa con libros tales como El Crimen de la Miseria, Protección y Librecambio, El Problema del Trabajo, Problemas Sociales, y su obra póstuma La Ciencia de la Economía Política. Tengo la impresión que la obra de George debiera complementarse o integrarse en ideas o conceptos como los elaborados por Rudolf Steiner a fines del siglo pasado y comienzos del presente, en especial sus obras The Social Future (en alemán Soziale Zukunft) y World Economy (en alemán Nationalökonomischer Kurs).

(19) La experiencia más reciente ordenada y sistemática es la realizada a partir de la década de los 70/80 en más de trece ciudades del Estado de Pensilvania (EE.UU.), aplicando los métodos del profesor Steven Cord, expuesto en varias publicaciones, entre las que sobresale, Catalyst. How a Reform of the Property Tax Can Revitalize Our Cities and Counter Inflation and Recession, Henry George Foundation of America, Indiana, Penna, 1979. Los resultados de recaudar, muy modestamente la renta fundiaria, eliminando impuestos a los edificios, los expone el propio Cord en su trabajo The Evidence For Land Value Taxation, Center For the Study of Economics, Columbia, Maryland. Los mismos resultados se aprecian en el trabajo de Starcke, Vigo, The Danis Government, explicando la experiencia dinamarquesa (1957-1960). Insisto en recorrer la doctrina nacional y la historia nacional a partir de Manuel Belgrano y los libros de Manuel Antonio Molinari, Porqué Muere la Libertad y La ley de colonización y la enmienda Palacios, El Ateneo, BuenosAires s/f. También Fernado A.Scornik, El impuesto a la tierra. Fundamentación doctrinaria, y posibilidades prácticas, Instituto Social Agrario, Buenos Aires, 1971.

Respuestas a las preguntas del Seminario de la UBA

Posted by admin on enero 18th, 2010

CARTA A UN ESTUDIANTE INQUIETO POR MIS JUICIOS CRITICOS A LAS REFORMAS DE LA CONSTITUCIÓN
Querido Marcelo:
Mis afirmaciones negativas en cuanto a las reformas del 57 y el 94 hay que examinarlas en un contexto socio/político/ económico y desde el punto de vista nuestra evolución (o involución) .
Desde esta perspectiva la Constitución de 1853/60 fue el “plano constituyente” diseñado para “constituir fácticamente” una extraordinaria sociedad de hombres libres, tratados en un pie de igualdad para cooperar fraternalmente en el desarrollo de la individualidad que cada hombre entraña. No le falta ni le sobra una coma, en especial a la vista de los principios fundamentales contenidos en su hermoso Preámbulo y la parte primera sobre Derechos y Garantías. El resto es pura “organización del Estado” al “servicio” de esa sociedad.
Pero, entre el plato y la boca se perdió la sopa. El Código Civil (leer el párrafo quinto de la nota al articulo 2503) abrogó principios justificantes de la Revolución de Mayo. NO MATERIALIZÓ DOS PRINCIPIOS SOCIALES DE LA REVOLUCION. Conozcamos cuales son. Fueron expuestos, el primero, en la Asamblea del Año XIII (abolición de la esclavitud) lo que significa no solo “libertad de trabajo sino principalmente “ser cada uno dueño del fruto de su propio trabajo”. El segundo comenzó con sucesivos decretos que remataron en la Ley de Enfiteusis de 1825. Establecieron la propiedad pública de la sociedad sobre la tierra y el derecho de los particulares a un fácil de acceso al suelo con el solo cargo de pagar un canon. Canon destinado a formar el “tesoro público”. Libertad de trabajo, condición básica para todas las demás libertades, fundada materialmente en la permanente existencia de “tierra libre”, aunque no gratis. Permanente “frontera abierta” para todos los habitantes y hombres del mundo y para sucesivas generaciones formadoras la población argentina. Sin esto, no hay libertad de trabajo y propiedad privada del propio trabajo.
Asombra hoy la visión de aquellos hombres. Fueron capaces de captar de un vistazo el problema social fundamental e intentar solucionarlo mediante el derecho positivo. Bosquejaron el recto camino para solucionar la inevitable tensión entre deseables “individuos libres” y la ineludible “sociedad protectora” para que sin perjuicio de esas libertades se satisfagan las necesidades públicas. Dejando de lado las imperfecciones legislativas e institucionales, es bueno recordar el acertado juicio del uruguayo Manuel Herrera y Reisig quien al filo del primer Centenario afirmara que nuestro país fue el PRIMERO DEL MUNDO en dictar tan magnífica legislación.
Pero esta revolución hecha para “constituir” una Argentina moderna encabezando la evolución de la humanidad, debía hacerse en y sobre una “sociedad antigua” que llevaba casi tres siglos de existencia y se inspiraba en principios antiguos. El impulso revolucionario de Mayo fue frenado por la “sociedad antigua”. Así se explica que dos décadas después de Mayo reapareciera un gobierno reaccionario con el fin de “restaurar las leyes”. ¿Cuáles se había de “restaurar” sino las antiguas? La pulseada entre una germinal sociedad moderna, pujando por emerger del seno de la antigua, y las naturales resistencias que ésta oponía, fue cruenta e insumió tres décadas. Inevitable periodo de gestación. Se prolongó hasta el momento en que en doloroso pero gozoso parto el programa de Mayo vió la luz. Ahora escrito en las indelebles letras de la Constitución Nacional de 1853.
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Pero el impulso de vida de la Argentina moderna no significo la total desaparición de la sociedad antigua. Esta sociedad antigua era la materia que mediante nuevas leyes reglamentarias de los principìos de la Constitución (Arts.24 y 28) había que burilar una nueva sociedad. Un nuevo orden social. Pero las fuerzas espirituales de lo antiguo, encarnadas en la realidad ya “constituida” , buscaron sortear la categórica valla levantada por el Art.28. Encontraron en el docto jurista Velez Sarsfield el Virgilio capaz de sortear ese obstáculo. Mediante agudo ingenio , indiscutible erudicción y la aprobación a “libro cerrado” por el Congreso , mediante un par de artículos fundamentales, el Código Civil contrabandeó el derecho antiguo. No se lo hizo a escondidas, pues se declara abiertamente que se opta por el “derecho puro de los romanos” (nota al 2003) y que se confia en el “contrato locación” como el mejor intermediario entre los necesitados de tierra y la tierra misma. (Corroboren la verdad de este juicio a la luz de los millones de hacinados en villas miseria, conventillos y umbrales).
La cizaña quedó plantada. Seamos justo. En todo lo demás el Código ayudó a poblar el país, si bien no del todo, pero sí eficazmente. El “retroceso” al “derecho antiguo” pudo ser metabolizado sin grandes dolores (que los hubo: Martin Fierro dixit) gracias a la vasta extensión del territorio , la escasa población (800 mil habitantes en 1860), y la firme voluntad de los pocos terratenientes de poblar sus posesiones. Este conjunto de circunstancias y el especial momento del mundo, facilitó el arribo de casi 4 millones de pobladores antes de 1900. Pero el sistema contenía una “bomba de tiempo ” que había que desarmar en algún momento so pena que, tarde o temprano, estallara una guerra fraticida. Esta fue, en Roma, el efecto del “puro derecho romano”. ¿Por qué habrían de ser distintos en nuestro país?
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La insoslayable primera oportunidad para desmontar la bomba desintegradora de la civilidad argentina llegó cuando se resolvó aceptar el sistema democrático con el voto popular para constituir el gobierno del Estado. Hablamos de la ley Saenz Peña. Pero otra oportunidad se perdió. Junto a ese proyecto , el gran hombre publico habia enviado otro proyecto de ley. El que cambiaba de raiz el sistema de impuestos. Proponía Saenz Peña una ley estableciendo el “impuesto a la tierra libre de mejoras”. Esto es ignorado hoy por todos los argentinos, salvo rara excepción. Este sistema institucionalizaba los principios sociales de Mayo y la Constitución. Saenz Peña sabia y muy bien que no hay efectivos ciudadanos si los hombres no tienen fácil acceso a la tierra, rural y especialmente urbana. Este impulso era animado entonces por muchos argentinos e importantes líderes del mundo. El libro de Henry George “Progreso y Miseria”, de vasta difusion en décadas antes de los 1900 , ayudó para generar este impulso mundial, Se registró en países tales como Canadá, Nueva Zelandia, Australia y Dinamarca, entre otros. Lamentablemente los legisladores de 1914 no conocían o no querían seguir el consejo de Alberdi, quien asignaba más importancia al derecho al trabajo que al derecho al voto (Decía Alberdi: participar en la vida política es una opción; participar en la vida económica es una necesidad). Ignorando esta verdad, los legisladores aceptaron la reforma electoral , pero se negaron a la económica. Con la prematura muerte del presidente archivaron la revolucionaria ley que facilitaría a millones de trabajadores el facil acceso a la tierra. Esta fractura del proyecto de Saenz Peña fue fatal para la república y la democracia. Por la ley del voto, se concedio la ciudadana politica; pero al mantener el “derecho romano de propiedad sobre el suelo” se abrieron las puertas a la guerra civil. Insensatamente la “ciudadania política” fue enajenada de la “ciudadanía económica”. Con esa fracturada se echaron dio paso a ruinosa transformación social. Se fue produciendo una creciente sustitución de “ciudadanos” por “clientes”, tal cual en Roma. Esta es la raíz del “clientelismo” que tan mal nos hace y que tanto se critica de balde. No escasean hoy insensatos convencidos que para unir ambas ciudadanias – la política y la económica – basta con la “educación”; o al menos con alguna materias sobre “instrucción cívica”.
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La segunda oportunidad para ajustar el orden económico para que sea consistente con el orden democrático, republicano y federal , se presento en 1932, bajo la presidencia del conservador Agustin P.Justo. El Congreso , por angustia fiscales, debía optar para afrontar el gasto publico entre recaudar la renta de la tierra o recurrrir a impuestos al trabajo. Optó por el “impuesto al trabajo” . Se lo llamó, para mayor escarnio, “impuesto a los réditos” (Leer sobre esta crucial etapa el libro de Meier Zylberberg , Raices totalitarias del fracaso argentino. De la emergencia de 1932 a la del 2006, Ediciones Cooperativas, Buenos Aires,2006 ). La bomba estaba lista por el Código Civil; pero con este sistema de impuestos se puso en marcha el reloj que la haria estallar. La hora señalada fue el 17 de octubre de 1945. Nació el peronismo. “Ciudadanos sin tierra” (las “masas” ) como tantas veces en la historia confiaron en un caudillo redentor.
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La tercera oportunidad se ofreció en la década 1945/55. El importante y perdurable movimiento popular manifiesto el 17 de octubre estaba formado principalmente por asalariados. Se gestó lamentablemente en momentos de gran confusión politica. Sufrió ( y sufre) influjos de una gran turbación ideológica mundial (Nazismo en Alemania, Fascismo en Italia, Falangismo en España y comunismos de distinto jaez en gran parte del mundo). Esta turbulencia se inició con y por la 1a. guerra 1914-18. A partir de ella se propagó el proteccionismo, se auspiciaron las economías centralizadas, la autarquía, la planificación estatal de la producción y el consumo. Para colmo, finalizada la 2ª. guerra mundial, estalló la llamada “guerra fría” entre los EEUU y la URRS.
En nuestro país a mediado de los 1940 , para superar la “injusticia social” generada por la combinación Código. Civil más el sistema de Impuestos al trabajo, se pensó en “remendar el daño” con “inyecciones de justicia social” aplicadas por el Estado. En lugar de establecer el “orden social justo” planeado por la Constitución 53/60, el gobierno militar tras el golpe de 1943 , bajo influjo de aquella oscuridad mundial, prefirió inyectar “justicia social” en la mayoría de las relaciones sociales y económicas del “orden existente”. No es lo mismo hacer una cosa o la otra. Cuando se elige el instrumento de “inyectar” justicias social, lo primero y principal es “hacerse de poder” y, c ontraviento marea, conservarlo. Con esta decisión y este logro, todo el orden social se transforma. Miríada de intereses corporativos florecieron como hongos en la nueva sociedad. El Estado (no la sociedad ni el individuo ), paso a ocupar el centro de la realidad política , económica , social y cultural (Ver los libros de enseñanza primaria de la epoca, ver los planes quinquenales, etc). Alrededor de este nuevo sol – el gobierno central – la constelación de intereses creados (y los que de continuo se crean por gozar de especiales beneficios), es tan inevitables como la lucha entre ellos. Como una burla del destino a la pretensión de hacer todo esto por el “pueblo” , lo que se consigue en los hechos es colocar al pueblo en la tribuna como mero espectador de hechos que no gobierna. Puede chiflar o aplaudir; nada más.
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Desde 1943 a 1945 se dictaron mas de 110.000 decretos leyes , aprobados en una sola sesion del Congreso en 1946. La Constitución argentina de 1853 perdió sentido. No calzaba ya con la “constitucióna real” que a mazazos se había conformado. Esta dicotomía entre ella y una nueva realidad la hizo inviable. Intereses corporativos , ideologias confusas y dosis de ignorancia concurrieron para liquidar a la Constitucion de 1853 y reemplazarla por otra Constitucion confesadamente ideologica. La Constitucion de 1949. Merece con razón el nombre de Constitución “justicialista” (Ver, por ejemplo, el nuevo Preambulo y diversas definiciones e instituciones). Lo más importante , pero no debidamente comentado: todo fue cambiado….menos el sistema de acceso a la tierra y el sistema de impuestos al trabajo. Al cabo de una década las ilusiones primeras se derrumbaron. Siguiendo la evolución la fractura política y social argentina se incrementó a niveles desconocidos. En respuesta y a ciegas se quiso a “golpes” (1955) corregir o volver la película atrás. La oposición generada en esa década no solo pretendía reimplantar la Constitución de 1853 sino volver al “orden” preexistente a 1943. Esto ocurrió entre 1955 y 1958. El fracaso, como no podía ser de otra forma, fue completo.
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En medio de tan tormentoso y dramático escenario ya nadie recordaba la cuestión del libre acceso a la tierra y ni a la cuestión de los impuestos. Asunto principal para todos los gobiernos (incluso desde 1954) fue reunir fondos para el Estado, De donde fuera y como fuere (Aumento de carga impositiva , creación de nuevos impuestos, deuda publica e inflacion). A nada se le hace asco con tal de afrontar el gigantesco gasto publico demandado por un Estado ahora elefantiásico. Todos, a su manera, deseaban aprovecharse del nuevo invento, de los dones del Gobierno, para aumentar la “justicia social” (de golpe o en cuotas).(En México, por fuerza de procesos semejantes, se acuño esta significativa frase: “Quien vive fuera del presupuesto, vive en el error”) . Chau federalismo, chau municipalismo, chau republica….La política paso a ser un lucrativo negocio. El sindicalismo no le fue a la zaga. Monopolios y prebendarios del Estado, tampoco.
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Los militares comenzaron a participar institucionalmente desde 1966. Los “golpes de Estado” no fueron más una chirinada. Las tres fuerzas armadas actuaron ahora , desde su singular punto de vista, “institucionalmente”. Coroneles y generales retirados pasaron a ser gerentes de “relaciones públicas” de empresas publicas y privadas. El golpe de 1966 fue “faustico”. Según sus actores y apoyaturas era un salto a la modernidad. Para ello, entre otras cosas, se proscribió la politica y se destruyo la educación superior. Fue apoyado por civiles y militares, políticos , sindicalistas y dirigentes de círculos empresarios. Terminó con el cordobazo de 1969. A partir de entonces nuevas fuerzas volcánicas agitaron a toda la sociedad argentina. El rumbo se perdió. Se reincorporo al país al septuagenario caudillo exiliado desde 1955, ocurrido 18 años atras. Más allá de su voluntad, su presencia no aseguró gobierno. Ante el caos surgió un aleve espíritu de venganza de unos contra otros en toda la sociedad argentina. En este ambiente, malsano emergió un espíritu de revancha, producto de la sensación de padecer el país una derrota historica . Se produjo entonces el necrofílico golpe militar de 1976. Vino a acentuar el genocidio iniciado en los 1970 y reforzado en los 1974. La dictadura militar no arregló nada y arruinó mucho. Acabó en la ignominia de 1982. Fue enterrada en 1983 por un repentino fervor democrático.
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Cuarta oportunidad. La democracia volvió. en 1983. Pero cimentada, cada vez más, en votos de millones de “gente sin tierra” . Personas, familias enteras, que viven, con suerte, hacinadas en el sitio que puedan conseguir. “Desterrados” de la patria chica. Extranjeros en su tierra, porque no tienen acceso a ella. Dado el estado de cosas, ¿cómo no caer en la conclusión que lo importante es conseguir algun beneficio del Estado (incluyendo empresarios)? A esta altura nadie (culto o inculto) sabe ni recuerda ni le interesa saber sobre la enferma raiz que impide la democracia: falta de tierra barata para los trabajadores y la carga asfixiante de impuestos para los que trabajan, producen y consumen. Nadie puede prestar atención a este asunto porque los dedicados a la “cultura” no lo tienen en su agenda intelectual. Los pensadores han dejado de pensar sobre este raigal asunto. En materia de derecho y economía es patente la falta de preocupación por esta materia. Es la hora de los “tecnicos”, de los especialistas. De los “bárbaros del Siglo XX” , usando las palabras de Ortega y Gasset.
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Aquellas dos leyes citadas al comienzo (el Código Civil y la leyes creando impuestos ( se comenzo por los réditos,pero ahora son las ganancias, al cheque, al ingreso bruto al IVA, etc. etc) se articulan entre sí cancelando por completo el programa economico, politico y social de la Constitución 1853/60. Ambos “códigos” consfiguran un nuevo “gen” que da como resultado un orden social por completo ajeno al que inspiró la Revolución de Mayo y consagro la Constitución A parir de esta cancelación , toda medida de gobierno, por bien intencionada que fuere, es pura chapucería, juzgada desde el punto de vista del “buen orden”. Para colmo esas medidas incrementan el furor de las fuerzas volcánicas que bullen en la sociedad. De hecho – mirando los resultados – ellas son una aceptación del desbarajuste provocado por aquellos dos sistemas legales.
Las reformas constitucionales posteriores (1957 y 1994) ,han sido una “resignación” a lo existente, un cataplasma para los daños colaterales. Hay “textos” nuevos. Mucha innovación , pero ningún avance positivo. Cada reforma es la apertura de un nuevo frente de corrupción y conflicto. Estos resultados demanda más leyes, más aparato estatal. Más leyes, menos derecho. Nadie se ocupa en reformar el “gen” que ha deformado a la sociedad argentina y apartado de su rutilante destino. Toda reforma que aparece de momento “interesante” , a poco andar muestra ser un paso para un nuevo desorden. La mayoría de ellas se introdujeron a instancia de intereses corporativos. No ha faltado cierta tilinguería intelectual, gustosa de mostrar que se esta “al dia” con novedades pensadas por algún momentáneo “genio” extranjero. Una muestra de la inutilidad de este saber se ve en un solo hecho: en menos de 60 años hemos tenido 54 ministros de economía…..Esto es un síntoma. Y que síntoma!!!!
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No hay terapia posible mientras los “médicos sociales” (estudiosos de la sociedad) no se pongan las pilas y se apliquen a estudiar nuestra realidad histórica. Que adviertan las pocas pero reales causas profundas de nuestra degradación. Los hombres públicos han de inspirase en los principios de orden social de la Revolución de Mayo. El fundamental de todos esos principios es nombrado en la primera estrofa del himno nacional argentino. Y, por si hubiera duros de oído, por las dudas, se la repite tres veces y en tono de grito, porque grito sagrado es, ¡libertad! No alude con esta palabra a algo abstracto. Ella alude a algo muy concreto e indispensable en la sociedad moderna; la libertad de todos los individuos en todas las esferas de la vida.
El orden social – en su triple dimensión, económica, política y cultural –es útil al desarrollo del hombre y su sociedad si promueve la libertad de los individuos. Reto dificil, es verdad. Pero aceptar este desafío y responderlo con seriedad es el único camino para hacer que la Argentina vuelva a ser uno de los mejores países del mundo. “Para nosotros, nuestra posteridad y para todos los hombres que quieran habitar nuestro suelo”. Por lo menos hasta que seamos 270 millones de habitantes……
Cordialmente,
Dr.Sandler


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