El Primer Gobierno de Carlos Menem.

Posted by admin on enero 20th, 2010

Este gobierno asumió en una situación muy delicada de la economía. La designación del Ministro Roig produjo un efecto positivo, ya que se calmaron los mercados al ver que la política económica seguramente diferiría de la enunciada en la campaña electoral. Al día siguiente de asumir se enunció el llamado Plan Bunge y Born.

Las medidas intentaron nivelar el sistema de precios devastado por la inflación y consistieron en una elevada devaluación de la moneda, incrementos en las tarifas y combustibles y un aumento tope en las remuneraciones. Al fallecer lo sucede Rapanelli, que al no poder cumplir los objetivos propuestos y apremiado por una recesión que se acentuaba, renunció a los 5 meses.

Durante este ministerio se sancionaron dos leyes importantes: la Reforma del Estado y la Emergencia Económica, que dan normas sobre una reforma administrativa, sobre privatizaciones, a la participación del capital privado, entre otras. Cabe destacar que estas medidas, que configuraban un oportuno plan de gobierno, no pudieron llevarse a la práctica. Como balance puede destacarse una pronunciada disminución de la producción industrial, una importante reducción de la inflación que llega al 9% mensual y una pronunciada pérdida de divisas.

Con la llegada de Erman Gonzalez se anunció el Plan Bonex que consistió en cambiar los depósitos a plazo fijo por los mencionados títulos, que fueron valorizados según la cotización anterior a tal medida, pudiendo disponer los depositantes en cada vencimiento sólo de una pequeña suma en efectivo. Las empresas podían disponer en efectivo de las sumas destinadas al pago de sueldos, jornales, SAC y cargas sociales correspondientes al mes de diciembre de 1989. Se estableció que las entidades financieras no podían recibir depósitos a plazo fijo y que solo cuando la estabilidad estuviera asegurada se aceptarían por plazos no menores a 90 días (podían recibir depósitos y efectuar préstamos en dólares y bonex a tasas libres). Se convirtieron además en Bonex todos los títulos de la deuda interna del Estado.

El nuevo plan estableció el mercado libre de cambios, libertad de precio para los bienes sin incremento de las tarifas públicas, un aumento de las remuneraciones en una cantidad fija (US$15) y dejó sin efecto un aumento en la retención a las M que se habían impuesto durante la gestión de Rapanelli. El nuevo presidente del Banco Central anunció que no habría más emisión monetaria. El efecto inmediato de las disposiciones adoptadas supuso una fuerte suba de precios, esto estimuló una huida del dinero y se  desembocó en la hiperinflación.

Un nuevo paquete de medidas se aplicó a fines de febrero disponiendo la obligación por parte de las empresas líderes de informar acerca de los cambios de precios que efectuaran y rebajando los aranceles de importación de productos de la canasta familiar. Además se adoptaron decisiones para disminuir el déficit fiscal. Para aumentar los ingresos se acortaron los plazos de pago de los impuestos; se vendieron inmuebles del estado y se fijaron fechas para la privatización de empresas (Aerolíneas Argentinas, Entel y áreas secundarias de YPF). Respecto de los gastos fiscales, entre otras medidas, se eliminaron secretarías del estado y se suprimieron jubilaciones de privilegio.

 En el período  se logró una cuasi-estabilidad (índice de inflación promedio 8% mensual); una baja de la actividad económica como consecuencia de la restricción monetaria y en 1990 la balanza comercial obtuvo un superávit extraordinario: las X superaron en un 34% a las del año anterior, mientras que las M llegaron a la tercera parte de aquellas.

Erman Gonzalez fue reemplazado por Domingo F. Cavallo y con este empezó a regir a partir del 1 de abril de 1991 el llamado Plan Convertivilidad que contenía las siguientes disposiciones:
- Una de las primeras medidas fue la fijación de una franja dentro de la cual debía fluctuar la moneda. El techo de esa franja era de 10000 australes por dólar (nivel al cual el BCRA debía vender dólares) en tanto que el piso era de 8000 australes, caso en el cual el BCRA procedería a comprarlos.
- Se fijó una paridad cambiaria fija y para siempre de 10.000 australes por dólar.
- Se dispone que no se emitirá moneda si no se mantiene una relación de no menos del 100% entre la base monetaria y las reservas de libre disponibilidad del Banco Central.
- Se establece la libre convertibilidad con respecto a las monedas extranjeras.
- Se eliminan las indexaciones con lo cual se trata de evitar que se traslade hacia delante la inflación pasada.
- El precio de determinados servicios públicos experimentan aumentos (tarifas ferroviarias, teléfono y gas domiciliario). El precio de otros servicios, por el contrario se rebaja (gas para uso industrial y nafta)  se transfieren en el consumo importes que disminuyen el costo de fabricación.
- Se rebajan los encajes bancarios de los depósitos en australes y se aumentan los correspondientes a depósitos en moneda extranjera.
- Se autoriza al Banco Central a sacar ceros al austral y a cambiar la denominación del signo monetario lo cual, a partir del 1 de enero de 1992, dio lugar al “peso” y a igualar su paridad con el dólar.

En materia de Sector Público Cavallo expone la necesidad de llevar a cabo un plan para nivelar los gastos con los ingresos fiscales, para lo cual propone: reforma tributaria; lucha contra la evasión impositiva; disminución de empleados en la función pública; aceleración de las privatizaciones y  restricciones a las remesas de fondos a las provincias.

Se transfieren a las provincias los servicios educativos, sanitarios y sociales aumentándose su coparticipación impositiva (nuevo acuerdo de coparticipación entre gobierno nacional y provincias, en el cual se toma en cuenta la situación de las provincias de menores recursos).

Se efectuaron múltiples privatizaciones, por ejemplo: Entel, Segba, Aerolíneas Argentinas, Somisa, Gas del Estado y Obras Sanitarias.

En materia impositiva se aumentó a alícuota del IVA del 16% al 18%; se aumentó la tasa de impuesto a las ganancias aplicable a sociedades pasó del 20% al 30%; se crean el impuesto a los bienes personales no incorporados al proceso económico y se derogaron los gravámenes a los capitales y PN.

Se adoptaron una serie de medidas para mejorar el TC real a determinadas X: se otorgó un reintegro a las X de carne; se rebajaron las retenciones a las X de granos y semillas; se eliminó la tasa del 1,5% que gravaba a las X agropecuarias.

La disminución de los ingresos fiscales que originaron estas rebajas, se compensó con un aumento del 3 al 10% de la tasa estadística sobre la casi totalidad de las M y por modificaciones introducidas al régimen de promoción industrial.

Se crea el Banco de Inversión y Comercio Exterior (BICE) que financiará las operaciones de exportación y tendrá financiación del BID.

Entra en vigencia en Abril de 1993 el llamado Plan Brady. Mediante este acuerdo con los bancos acreedores del exterior se refinancian, en forma escalonada a 30 años, aproximadamente US$ 23.000M de capital adeudados más US$ 8.000M de intereses.

En el Sistema Financiero se disponen modificaciones en los encajes bancarios para las cuentas corrientes y cajas de ahorro, en tanto se eliminan los encajes para los depósitos a plazo fijo. Con posterioridad los encajes se modificaron con el objeto de favorecer los depósitos de más largo plazo; los bancos deberán depositar el total de sus encajes en el BCRA; se aprueba una nueva Carta Orgánica que reduce en gran medida las funciones del BCRA, las que se transfieren al Ministerio de Economía. El BC deja de ser asesor económico, monetario y cambiario del Estado, quedando solamente como asesor financiero. Se suprime la gerencia general como cargo permanente de la entidad, aunque su presidente puede designar a quien desempeñe esa función durante el tiempo de esa gestión.

A modo de balnce podemos concluir que el Plan de Convertibilidad:
- Permitió lograr la estabilidad y acelerar el ingreso de capitales al país de las economías industriales (que estaban en recesión). Estos dos factores estimularon el consumo debido a que existía capacidad productiva instalada, favoreciendo a Industrias (automotrices), comercios y servicios.
- Aumentó el Producto Bruto alrededor del 8% en el 91-92 y 6% en 1993.
- Se logró equilibrio entre los gastos e ingresos fiscales  debido a la reducción de la evasión impositiva y del aumento en la actividad interna.
- La estabilidad se obtuvo sobre la base del atraso del TC. La sobrevaluación de nuestra moneda se reflejó en un incremento de las M la balanza comercial se hace negativa.
- El atraso cambiario más la apertura de la economía originaron una alteración en la relación de precios de los distintos bienes.
- La falta de competitividad desalienta la inversión destinada a producir bienes transables la inversión apunta hacia los servicios.
- El aumento de la dolarización de la economía es un aspecto negativo del plan.
- Mala distribución del ingreso entre la población, que el impuesto inflacionario anterior al plan se había encargado de crear.
- En materia laboral como consecuencia de las reformas estructurales (privatización, racionalización de la Administración Pública) muchos trabajadores perdieron sus puestos y se convirtieron en desocupados crónicos. En 1991 el desempleo era del 6% y en el ´95 del 6,4%.

Mientras se pelean, nos devora la inflación.

Posted by admin on enero 19th, 2010


El festival financiero avanza o retrocede, al compás de los movimientos de la crisis y de las oportunidades de ganancias. En cambio, la inflación sube y sube, sin que el Gobierno le preste mayor atención.

Según todos los analistas, el año pasado terminó en 15 % y la proyección anual del último trimestre ya la sitúa en un piso del 18 %. Más todavía, la inflación se ha instalado comodamente en los dos dígitos: el triple de la que existe en otros países de la región, salvo Venezuela.

A menos que alguien aún valore los arrestos y las presiones de Guillermo Moreno, el Gobierno no ha tenido una verdadera política antiinflacionaria. Ha tenido, eso sí, un índice de precios que desconoce lo que de verdad sucede.

En su informe al Senado de diciembre, el jefe del Banco Central les da la razón a todos quienes miran la realidad y no a las estadísticas del INDEC. Afirma que son cruciales “acciones que señalicen en forma clara y creíble la voluntad de atender el fenómeno inflacionario”. Y que todas las ramas de la economía ­se entiende, otras áreas del Gobierno­ deben trabajar para “estabilizar las alzas futuras de los precios”.

Cuando Martín Redrado elevó ese documento al Senado aún no se había convertido en el enemigo número 1 del kirchnerismo. Y naturalmente, lo hizo después de consultarlo con la Presidenta. Muchos economistas le achacan a Redrado haber hecho escasos esfuerzos para contener el proceso inflacionario que ahora pone de relieve. Jamás cuestionar las estadísticas del INDEC y ser siempre dócil a las prácticas de Néstor Kirchner.

Pero aun así, lo concreto es el riesgo de una espiralización de los precios. Y también que no se advierte una estrategia articulada y enderezada a encarar semejante perspectiva: es una situación compleja, de esas que inevitablemente requieren de soluciones complejas.

Nunca se le escuchó al ministro de Economía hablar de este problema, aunque es obvio que si lo hace le caerá el rayo K. Ya bastantes trastornos le trae todo lo que hoy pasa y él contribuyó a engendrar.

Como bien se sabe, el avance de los precios deteriora el salario real o, en todo caso, empuja la disputa por los ingresos. Es lo que ya se ve en los primeros reclamos gremiales, que andan por el 20 %. Y lo que temen los gobernadores, para cuando se lancen las paritarias docentes.

A menos que le dé crédito a sus propias cifras o en cualquier caso, el Gobierno debería ajustar la asignación por hijo que creó a toda pompa. Eventualmente, también subir el mínimo no imponible, como empiezan a reclamarle para que el Impuesto a las Ganancias no se coma los aumentos de sueldos. Todo eso significa costo fiscal, en un tiempo de cuentas muy apretadas.

Así ni de lejos sea poca cosa, la inflación representaba el único estorbo serio que se advertía en el horizonte económico. Aunque siempre subyacía un alto margen de imprevisibilidad.

Hoy, después de los decretos de necesidad y urgencia, los empresarios preguntan por la suerte del canje de la deuda y sobre la eventualidad de nuevos cimbronazos provocados por el Gobierno. Desde luego, los consultores no saben qué contestarles.

La mayor parte de los analistas proyectaba un crecimiento de la economía del 4 %, 5, o del 6 % los redondamente optimistas. Esto es, nada de tasas chinas, sino un año moderamente bueno. Hoy todos prefieren esperar hasta que aclare.

Se ignora cuál es ahora el número de Kirchner, que en un arranque de audacia hace poco se largó con un 7 %. Seguramente, la cuenta tiene incorporado el Fondo del Bicentenario, si se quiere, el fuerte envión que le pegaría al gasto público el uso de las reservas para pagar deuda externa.

Antes de que se desatara la crisis de los DNU, algunos bancos extranjeros pensaban aumentar su exposición en la Argentina: no demasiado, pero era plata y crédito. Han puesto las iniciativas entre paréntesis. Nadie trabajaba con grandes inversiones, salvo que tuviesen retorno asegurado. O ciertas señales provenientes de despachos oficiales encumbrados. Pero hasta quienes pensaban en arriesgar poca plata han levantado el pie del acelerador.

La inversión, se sabe, es clave en el desenvolvimiento de la economía y en la creación de empleo. Cayó fuerte el año pasado y no hay, ni había, miras de un rebote sustancial en 2010. La certidumbre resulta esencial, pero ese es un bien escaso en un país donde todo puede cambiar de un día para el otro.

Con una buena cosecha de soja y la tracción de China y Brasil, este año todavía luce asegurado un superávit comercial de alrededor de 15.000 millones de dólares. Y salvo que se reavive la fuga de capitales, eso debiera garantizar un período de tranquilidad cambiaria.

A falta de otras políticas, la cotización del dólar será un ancla contra la inflación. No definitoria, pues en 2009 el tipo de cambio subió 10 % y el índice de precios un 15 %.

Enfrascado en la batalla por los DNU que él mismo desató para sostener el gasto público y manejar el Central a su gusto, el Gobierno tampoco repara en que las expectativas juegan en contra de la economía. Y decididamente las expectativas inflacionarias, por más que el INDEC continúe empeñado en contar otra película.
fuente:ieco

Curso on-line de Derecho a la tierra y de Recaudación de la renta del suelo

Posted by admin on enero 18th, 2010


Earth Rights Institute

ECONOMISTA QUE DESCONOCE EL TEMA DE LA TIERRA ES UN PELIGRO PARA LA HUMANIDAD.

TERMINEMOS CON EL PERVERSO NEOLIBERALISMO REINANTE EN NUESTRAS UNIVERSIDADES Y THINK TANKS.

Traducción:

Curso de Derecho a la tierra y de Recaudación de la renta del suelo

Resumen del curso

Derechos a la tierra y de Recaudación de la renta del suelo. La Recaudación del Valor de la Tierra es una política de ingresos públicos recomendada como política nacional por consenso de todos los Estados miembros de la ONU, tanto de la ONU como del Programa de Hábitat II en 1996 y el Plan de Acción de Vancouver; como así también en el documento fundacional de la ONU – Hábitat de 1976. La Recaudación del Valor de la Tierra puede constituir un medio importante y práctico para obtener los ingresos necesarios para implementar la Agenda Local 21. Esto es, planes sustentables por y para la comunidad , los Objetivos de Desarrollo del Milenio, y proporcionar los servicios que la comunidad necesita.

Módulo Uno (Derecho a la Tierra y la Pobreza). Este módulo es un curso on line que contiene una exploración del tema de los derechos de la tierra y la propiedad de la tierra.

Módulo Dos (Precios del suelo y la ley de la renta). Se examina aquí la “ley de la renta de la tierra”. Se trata de un análisis en profundidad del papel de la tierra en el desarrollo económico y del aumento de valor de la tierra. Estos dos primeros módulos se dará a los participantes en el curso una mejor comprensión de los problemas sociales con raíces en el denominado “el problema de la tierra.” Al final del segundo módulo los estudiantes llegarán a comprender cómo las enormes brechas de riqueza en diversos grupos de personas existente en toda sociedad humana es debida , en gran parte, a la constitución de una injusta estructura de la inevitable relación “gente / territorio”.

Módulo Tres (Recaudación del Valor de la Tierra ). En este módulo se presenta el concepto de “recaudación del valor de la tierra” como una política clave para los ingresos públicos , fundada en la justicia que debe guiar la asignación de derechos a la tierra. Las secciones de este módulo describen cómo mediante este enfoque sobre un nuevo sistema de financiación pública se pueden resolver múltiples problemas sociales con una sola medida. Permite avanzar en la solución de acuciantes problemas, tales las provisión de viviendas para todos, financiar la infraestructura, reforzar los derechos de la mujer, promover un mejor acceso a la tierra agraria y mejorar el entorno urbano.

Módulo Cuatro (Economía para la Paz). Se explica aquí como la falta de equitativo derechos a los recursos de la tierra y otros recursos naturales tienden a generan conflictos bélicos y cómo la recaudación del valor de la tierra puede ser una herramienta importante para evitar y resolver tales conflictos.

Módulo Cinco ( Implementación de Políticas). Se examinan en este modulo ideas sobre la manera de movilizar a los ciudadanos en campañas de apoyo de a las políticas correctas en para fijar derechos a la tierra y la recaudación de la renta del suelo. Los participantes del curso aprenderán instrumentos prácticos para determinar el valor de la tierra y cómo recaudarlo , como asi también el uso de la tecnología informática para promover la comprensión y la aplicación de políticas a los fines propuestos..

Regístrese aquí.

ECONOMISTA QUE DESCONOCE EL TEMA DE LA TIERRA ES UN PELIGRO PARA LA HUMANIDAD.
TERMINEMOS CON EL PERVERSO NEOLIBERALISMO REINANTE EN NUESTRAS UNIVERSIDADES.

In order to access the full course, please register here. Accessing the course costs $25 USD and participation costs $50 USD. Scholarships are available: select the register link for more details.

Course on Land Rights and Land Value Capture
Land Rights and Land Value Capture Course Overview

Land Value Capture is a public revenue policy recommended for national action by consensus of all UN member states in both the UN Habitat II Agenda in 1996 and The Vancouver Action Plan, the 1976 founding document for UN Habitat. Land value capture can provide a substantial and practical means to raise the revenue needed to implement Local Agenda 21 sustainable community plans, meet the Millennium Development Goals, and provide needed community services.

Module One (Land Rights and Poverty) of this online course contains an exploration of the theme of land rights and land ownership. Module Two (Land Prices and the Law of Rent) introduces the “law of land rent” – an in-depth analysis of the role of land under economic development as land values increase. These first two modules will give course participants a heightened understanding of how many social problems are rooted in “the land problem.” By the end of the second module students will know how the enormous worldwide wealth divide is due in large part to fundamental injustice in the “people/planet” relationship.

Module Three (Land Value Capture) introduces “land value capture” as a key public revenue policy based on justice in land rights. Sections in this module describe how this approach to public finance can “hatch many birds out of one egg” by addressing a number of issues including provisioning affordable housing for all, funding infrastructure, helping to secure women’s rights, promoting land reform, and improving the environment.

Module Four (Economics of War and Peace) details the dynamics of how – absent equitable rights to land resources – a war system develops and how land value capture can be an important tool for resolution of conflicts over land and natural resources.

Module Five (Policy Implementation) first gives ideas about ways to mobilize citizen campaigns in support of this policy followed by specific details of policy implementation. Course participants will learn about components of a land value capture system, principles of land valuation, and the use of information technology to promote understanding and transparency in policy implementation.

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EL JUICIO DEL BICENTENARIO Por Hector SANDLER

Posted by admin on enero 18th, 2010

OJEADA RETROSPECTIVA AL BICENTENARIO DE LA REVOLUCION DE MAYO

JUICIO DEL BICENTENARIO
Estimado amigo:
El contenido del documento que corre más abajo se desarrolla con un fin específico: plantear intelectualmente un problema del orden social argentino. Como exige todo planteamiento de problemas especificos, se lo hace en base a ciertos “presupuestos”, los que generalmente se dan por sabidos. No es este el caso.
Hay gran perturbación política y no poca desorientación para poner en claro problemas básicos. Por ello, en primera parte, expongo abiertamente los “presupuestos” e “hipótesis” en que mi documento se basa.
Lo inicio de este modo porque he recibido muy interesantes observaciones de los primeros lectores. Pero, lamentablemente, atraídos por cuestiones adjetivas no se han detenido en lo único que me interesa: ver si existe algún problema a estructural básico en la sociedad argentina. Uno, que siendo la causa de múltiples nuevos problemas generados por el devenir , permanece oculto bajo la polvareda de disputas motivadas por los nuevos problemas que cada día nos trae.
Me importa mucho conocer vuestra opinión. Mas no sobre el documento como pieza literaria y hechos circunstanciales que todo discurso inevitablemente arrastra, sino sobre el “núcleo grueso” que el documento expone como problema de orden económico/ jurídico al que los argentinos debemos solucionar so pena de muchos padecimientos en incierto porvenir.
Por eso en forma clara comienzo por exponer tres “presupuestos” y dos “hipótesis”.
Se es por completo libre para aceptar o no , total o parcialmente, esos presupuestos e hipótesis . Pero no discutirlos. Al menos en este caso. Sería, sin duda, una discusión muy interesante; pero no es parte integrante del problema que pretendo se discuta.
Una aclaración final: no es menester ser economista , jurista o experto en ciencias sociales para abordar el problema que se plantea. Lo que se requiere es mente sin prejuicios, corazón sensible y buena voluntad.
Con vivo interés aguardo vuestros comentarios sobre la tesis sostenida. Te saluda muy cordialmente
Hector Sandler

I. PRESUPUESTOS DEL PLANTEO DEL PROBLEMA
Postulado metafísico:
Cada ser humano llega a la vida dotado de libertad para realizarse como una personalidad única mediante su actividad y participación en las diversas esferas de la existencia.
Postulado ontológico:
El hombre es necesariamente un ser social, por lo que el tipo de orden social en que vive condiciona su posibilidad para realizarse como ser libre.
Corolario empírico: El tipo de orden jurídico establecido para acceder a la tierra (Naturaleza ) condiciona el tipo de orden social en su doble dimensión: la esfera privada y la pública.

II. HIPOTESIS
HIPOTESIS GENERAL ( PARA EL ORDEN SOCIAL MODERNO )
El orden social humano moderno ha de constituirse satisfaciendo simultáneamente tres exigencias que se hallan en recíproca tensión entre sí: libertad de todos; igualdad de trato para todos y fraternidad entre todos.

HIPOTESIS ESPECIAL (PARA LA ARGENTINA MODERNA)
La Constitución Nacional 1853/60 contiene todos los principios de orden de vida individual y social derivados del postulado metafísico; del postulado ontológico y del corolario empírico.

III. TESIS DEL DOCUMENTO
1) Un complejo sistema legal deriva de la conjunción de las normas contenidas en: a) el sistema de derechos establecidos por el Código Civil para facilitar a los individuos el acceso a la tierra y
b) el régimen de impuestos nacionales desarrollado a partir del año 1932.
2) Esas dos secciones del ordenamiento positivo configuran un sistema jurídico antiguo. Imposibilita concretar el orden social prometido en ideales, derechos y garantías declarados en la Constitución Nacional
3) A la luz de la experiencia histórica y el estado del conocimiento, para tornar moderno a ese sistema , es necesario sustituir al régimen de impuestos nacionales vigentes por otro compatible con el Código Civil y los propósitos, derechos y garantías de la Constitución originaria.
4) Lo propuesto no es una panacea. Pero sin esta reforma ningún remedio será eficaz para forjar una mejor sociedad argentina.

IV. DOCUMENTO “JUICIO DEL BICENTENARIO”

1. Introducción

La Constitución de 1853/60 fue el “plano” diseñado para “constituir” una extraordinaria sociedad de hombres libres, tratados en pie de igualdad para que en cooperación fraterna se asocien en la tarea de desarrollar cada uno su propia individualidad. No le falta ni le sobra una coma a la vista del conjunto de principios fundamentales contenidos en su Preámbulo y en la parte primera sobre Derechos y Garantías. El resto de su texto es para la organización del Estado al servicio de ese tipo de sociedad.
Estamos en vísperas del Bicentenario de la Revolución de Mayo. Observando los hechos que acontecen hoy en nuestra sociedad, no puede decirse que ésta ofrezca la imagen de la sociedad moderna tal cual fue planeada por aquella Constitución. No siempre fue así. Por el contrario, con todos los defectos que se puedan y quieran señalar, durante las primeras décadas que siguieron a la vigencia de la Constitución 1853/60, la Argentina ofrece al observador imparcial un progresivo avance en la concreción real de la sociedad ideal por ella diseñada.
Es a partir del primer tercio del Siglo XX (para algunos justo a partir del primer Centenario) cuando se observa un fuerte quiebre en esa dirección y aire de marcha. El fulgor emocionante de lo estrictamente político ha llevado a pensar que esa desviación se ha debido a algunos fuertes sucesos políticos ocurrido en los comienzos del siglo pasado. No es pacífica la opinión sobre cuál de esos acontecimientos ha sido el más decisivo para frenar o cambiar el rutilante progreso que nos distinguía en el mundo.
Sin restar importancia a esos estrictamente políticos, pensamos que su natural resplandor y la inevitable emoción que causan, no dejan ver la existencia de causas más opacas, pero mucho más responsables del deterioro argentino. Causas sistémicas que incluso habrían provocado los acontecimientos políticos a los cuales, a primera vista, se les atribuye la principal responsabilidad de nuestro deterioro.
Este documento es un esfuerzo para poner a la luz lo que suele permanecer oculto. Dado este objeto, es posible que el examen que se realiza parezca sesgado. Es inevitable, porque no se trata tan solo de poner en evidencia una verdad oculta, sino de descalificar o relativizar como verdad a muchas de las explicaciones dadas sobre nuestros fracasos. El fin práctico de este documento es movilizar a la conciencia y la voluntad política de los argentinos en una dirección distinta de la habitual. En tales casos no basta con exponer la verdad oculta. Junto con su exposición, hay que eliminar prejuicios de vieja data encarnados en la opinión de la gente y sus dirigentes.
2. TRES PRINCIPIOS SOCIALES DE LA REVOLUCION DE MAYO.
En una sociedad ocurre una revolución cuando en tiempo breve nace un impulso eficaz por ordenarla según principios de orden opuestos a los hasta ese momento vigentes. Si un mero cambio de gobierno fuera una revolución, la nuestra hubiese comenzado, por ejemplo, con las invasiones inglesas de 1806 y 1807. Sin perjuicio del efecto de estas invasiones, la Revolución de Mayo solo comienza cuando del entramado de conductas empezado en 1810 fueron emergiendo nuevos y distintos principios rectores del orden social. Con distinta intensidad y secuencia éstos obraron en las cuatro esferas de vida en que el orden social humano: el cultural, el político, el jurídico y el económico.
En este documento nos interesa iluminar tres principios fundantes de las estructuras del orden social en ciernes. Ellos bastan para calificar a los hechos de Mayo como una auténtica revolución social. Ellos derivan de un rasgo propio de la modernidad: tener en alta estima social a la libertad individual sin perder de vista al orden social como contexto imprescindible.
Primer principio: libertad de trabajo y propiedad sobre el fruto del trabajo
El primer principio de orden social fue legalmente afirmado en la Asamblea del Año XIII. Se lo conoce como “libertad de vientres”. El nombre no revela su magnitud. Lo que se resolvió, en prudentes pasos, fue poner fin a la esclavitud. Terminar con la esclavitud en tan temprana época debe ser el mayor motivo de orgullo de los argentinos.
Desde el punto de vista económico, acabar con la esclavitud no significa solo “libertad de trabajo”.en el sentido vulgar de “hacer cada uno lo que le plazca”. Engloba algo mucho más importante: ser dueño de aplicar libremente su trabajo y ser dueño exclusivo del producto del propio trabajo. Visto desde el otro lado, esta libertad de Mayo entraña la prohibición de usar la fuerza o artimañas para apropiarse del trabajo ajeno y sus frutos. Observada esta decisión a la distancia, mirada desde el estado actual de nuestra sociedad, no puede uno dejar de sentir emoción por los nobles y fecundos ideales que inspiraban a los patriotas de Mayo. Este ideal otorga dignidad moral y espiritual a la asociación humana.
Debemos formularnos esta pregunta: si este ideal es reconocido por todos, ¿por qué es hoy tan difícil concretarlo? Este interrogante ha dado lugar a muchas respuestas. Respetando todas ellas, preferimos la que sigue a continuación. No porque sea la única, sino porque ésta es la raíz de un orden social que sirva a la perfección del hombre como individuo. El grado de existencia de la “libertad de trabajo” así entendida, condiciona el ejercicio de la libertad en todas las facetas del orden social.
Segundo principio: Tierra barata para quien la necesita
Un segundo principio – raigal para una sociedad humana moderna – fue tratado y desarrollado por Revolución de Mayo. Fue desarrollado en sucesivos pasos. Se comenzó por decretar a la tierra como recurso de propiedad de la sociedad argentina como una totalidad. El bien público por excelencia. SE continuó decretando disposiciones administrativas para preservar el dominio público sobre la tierra patria., El problema fue éste: ¿cómo lograr que los habitantes accedieran a ella libremente, en igualdad de derecho y obligaciones , para actuar de manera no conflictiva y por el contrario alentando la cooperación económica?
Formular respuesta legal demandó más de una década. La dio el primer Congreso argentino celebrado en 1826, dictando una ley notable, mal comprendida primero y peor tratada después: La Ley de Enfiteusis.
Esta ley mantuvo para la sociedad la titularidad del dominio sobre la superficie terrestre de la nueva nación. Estableció, a la vez, el derecho de un fácil de acceso al suelo a favor de todos los habitantes, presentes y futuros, con el único cargo de pagar un canon. Se pretendió mediante un derecho por completo nuevo resolver la vital necesidad de todos y cada uno de los habitantes de acceder a la tierra para producir mediante el trabajo y la inversión de capital y al mismo tiempo la necesidad no menos vital de la sociedad de contar con un fondo creciente destinado formar el “tesoro público”. (Para evitar frecuentes equívocos conviene subrayar la novedad de esta institución argentina llamada por un antiguo nombre,la “enfiteusis romana”. Ésta nada tiene que ver con la homónima argentina. En el derecho antiguo la enfiteusis era a favor del propietario privado y no de la sociedad).

Tercer principio: el gasto público debe ser pagado con la renta del suelo
Al derecho de todos y cada uno, la ley de enfiteusis estableció la correlativa obligación de pagar un canon de monto proporcional al valor del terreno. El acreedor de este canon era el primario titular del dominio: la sociedad. Dejando de lado errores en su organización (lógicos por ser nuevo invento legal/económico), cualitativamente esta obligación proter rem (por causa de poseer la cosa) fue la más revolucionaria de las instituciones sociales al servicio de la libertad individual. Ponía a cargo del poseedor la carga de trabajar (anulando así el egoísmo histórico de especular con la tierra) a la vez que acertaba con una fuente de ingresos para el Estado distinto al tradicional y vejatorio “impuesto”. Se aseguraba al gobierno los recursos necesarios para pagar el gasto público. Un mecanismo favorable a la paz social y a la solvencia necesaria para que el Estado pudiera ofrecer “bienes públicos” sin dañar a la propiedad privada fruto del trabajo. Era obvio que a mayor población, mayor valor de la tierra, mayor ingreso público sin daño a las libertades civiles y económicas. ¿Qué mejor idea para poblar el desierto argentino?
El trinomio legal de la Revolución de Mayo
Los tres principios expuestos no deben ser tratados, como ocurre con frecuencia, como logros independientes. Forman un trinomio legal indivisible pues cada uno de los términos da sentido a los otros dos. Tal cual como ocurre en un triángulo. Este trinomio es la base legal/económica para una sociedad de hombres libres, en igualdad de trato y cooperación fraternal. La libertad de trabajo y la propiedad del fruto de ese trabajo es la condición material básica para la efectiva existencia de las demás libertades.
Estas libertades no pueden lograrse en plenitud sin leyes jurídicas que a pesar de la limitación del recurso material que nos brinda la “naturaleza” (llamado “ tierra” ) configuren un escenario equivalente a la efectiva “tierra libre”..Una sociedad saludable es la que vive y trabaja como si existiera, gracias al derecho, una permanente “frontera abierta”. Esta condición es esencial para que cada nueva oleada de inmigrantes y cada generación que llega a edad adulta, sea tan libre como las precedentes.
Asombra hoy la visión de los hombres de Mayo. Fueron capaces de captar de un vistazo el problema social fundamental e intentar solucionarlo mediante el derecho positivo. Bosquejaron el recto camino para solucionar la inevitable tensión entre “individuos libres” y la “sociedad protectora”. Toda innovación importa inevitables imperfecciones, sobre todo si el invento es de la magnitud del intentado en Mayo. Frente a las críticas que con ligereza se le han hecho, conviene recordar lo dicho por el uruguayo Manuel Herrera y Reissig en el Primer Centenario. Saludó a nuestro país por haber sido el primero en la historia del mundo en haber intentado tal acertada legislación. De su fracaso deben dar cuenta sus argentinos posteriores, no los patriotas de Mayo.
3. TENSIONES PARA CREAR UNA SOCIEDAD ABIERTA EN LA ANTIGUA.
Esta revolución fue hecha para “constituir” una Argentina moderna Pero debía hacerlo en y sobre una “sociedad antigua” con casi tres siglos de existencia. Esta última estaba constituida cimentada en antiguos principios. El impulso revolucionario de Mayo vino a enfrentarlos y, naturalmente, sufrió las resistencias de esta “sociedad antigua”. Así se explica que dos décadas después de Mayo un gobierno reaccionario se dedicara a “restaurar las leyes”. ¿Cuáles habría de “restaurar” sino las antiguas?
La pulseada entre una naciente sociedad moderna y las naturales resistencias que la vieja oponía, fue cruenta. Insumió tres décadas. Sin embargo ha ser visto como un inevitable periodo de gestación. El necesario hasta el doloroso pero gozoso parto que se presentará ante el mundo una moderna y atractiva novedad. La semilla, el Programa de Mayo, floreció en los indelebles párrafos de la Constitución Nacional de 1853. Sin embargo el impulso vital renacido en la Constitución no significó ni podía significar la total desaparición de la sociedad antigua. Esta última tiene que ser vista como la materia en la que el impulso espiritual de Mayo pretende mediante, nuevas leyes jurídicas y efectivos actos, imprinir un orden social que refleje en los hechos los ideales principios de la Constitución (Arts.24 y 28).
No puede sorprender que muchos intereses de la sociedad antigua, encarnados en realidades desde mucho antes constituidas, derrotados en lo ideal, buscaran esquivar las transformadoras disposiciones de la Constitución. La Ley de Enfiteusis fue dictada con magníficos propósitos consistentes con el ideal de la Revolución; sin embargo habría de dar lugar a uno de los más escandalosos fraude legis en la historia. Conspicuos federales desde 1830 a 1852 y tras ellos no menos conspicuos unitarios – opuestos en todo – coincidieron en el egoísta interés material de apropiarse para sí del territorio argentino. Se valieron de esa ley para hacer lo contrario a su finalidad. Quisieron los patriotas de Mayo que fuera la llave para el acceso a la tierra por parte de los más simples trabajadores. Fue usada por unos pocos para acumular inmensas extensiones de tierra.
Llegados al gobierno los unitarios cometieron el mismo fraude legis antes de derogar en 1856 la ley de enfiteusis de la que se habían aprovechado los rosistas. La derogación de esta ley, derogada por “comunista”, (sic) demandaba dictar la legislación que asegurara las “propiedades adquiridas” y una adecuada vía para que los nativos sin tierra y futuros inmigrantes pudieran acceder a la ella conforme a la flamante Constitución. Se encargó de esta delicada tarea a uno de los más doctos juristas de la época: don Dalmacio Vélez Sarsfield. Éste , más atento a la realidad constituida que al ideal de la Carta Magna , dispuso lo conveniente para hacer compatibles los intereses de los pocos terratenientes establecidos (federales y unitarios) con las necesidades de la legión de hombres sin tierra. La institución legal construida por Vélez no sometida a discusión. El Código Civil fue aprobado por el Congreso de la Nación en una sesión y a libro cerrado. Hubo entre los terratenientes de todos los bandos un común denominador: establecer para sí el seguro dominio sobre la tierra. Estaban obligados por la Constitución a inspirarse en Dios “fuente de toda razón y justicia” , quien sobre este asunto se había pronunciado tajantemente ( Levítico 25:23) , cuyo mandato había sido reglamentado en Mayo para asegurar los tres principios sociales de la Revolución. Sin embargo, los intereses terrenales prevalecieron y se inspiraron, más bien, en un ramplón refrán: “quien llega primero a la fuente se bebe el agua”. Esta base legal habría de frustrar el destino de la Argentina moderna prometido por la Constitución. La institución legal romana, desconocida por el pueblo de Dios, se repetía en el solar más feraz de América. Con ella se reproduciría también la crónica guerra civil que llevo a la caída del poderoso imperio.
El Código Civil fue objeto de admiración general. No mereció igual aplauso por parte de Alberdi, padre de la Constitución , exiliado crónico y jurista de tal calidad que su natalicio fue elegido para fijar el Día del Abogado. Paradoja en la que no se repara lo suficiente , reveladora la profunda verdad una vez dicha: los juristas pueden hacer de la abogacía “la más noble de las profesiones si sirven a la justicia o el más vil de lo oficios si la escamotean”. Alberdi rechazó de plano al proyecto de Código Civil por considerar que no creaba instituciones para asegurar la democracia y la libertad individual. Denunció que el proyecto se copiaba el derecho de monarquías absolutas cuando no el de dictaduras o tiranías. No era un dato menor en boca del mayor constitucionalista fundador de la Asociación de Mayo. Cierto que maravilla que un solo hombre haya redactado tal monumento legal. Más la destreza técnica no deja ver que con lo establecido en relación al acceso y uso de la tierra, cometía un “contrabando” institucional. Se burlaba el bando de la Constitución que invitaba a todos los hombres del mundo a poblar el suelo argentino para vivir en libertad y del fruto de su trabajo (Preámbulo y arts. 14,16 y 17). Mediante unos pocos artículos el Código Civil introdujo en la liberal y moderna Constitución el derecho antiguo de Roma. Verdad es que no se lo hizo a escondidas; pues se declara abiertamente optar por el “derecho puro de los romanos” (nota al art.2003).
Este regreso al derecho antiguo era un cerrojo puesto a la libertad de trabajo en cuanto esta reclama un igual derecho de acceso a la tierra para todos (principio de igualdad económica) . Se creyó que este cerrop podía ser entre abierto mediante otra institución: el contrato locación en la ciudad y el de arrendamiento en la campaña (Párrafo 8, in fine de la nota al Titulo IV. De los derechos reales) Esperanza fallida. La necesidad de reiteradas reformas al contrato de locación urbano y al de arrendamiento rural , el creciente numero de personas obligadas a vivir en en lúgubres conventillos, pensiones, villas miseria, cuando no en las plazas públicas y umbrales, son la prueba pública de su mal cálculo para la ciudad. El permanente desierto que domina en el vasto territorio argentino, prueba que tampoco sirvió para poblar la campaña.
Según las cifras promedio que arrojan los censos nuestra densidad demográfica sería de unos 12 h/km2. Ocultan el desastre espacial/demográfico argentino. Basta con tomar otros datos para ver que el 85 % de la población argentina (más de 30 millones de personas) está asentada en ciudades cuya superficie sumada es menor a 50.000 km2, porción insignificante en comparación a los 2.800.000 km2 que tiene nuestro territorio continental. De este cálculo surgen otras densidades demográficas. La urbana sería de 600 h/km2, en tanto que en el resto del territorio ( 2.750.000 kim2) desciende a menos de 3 h/km2. No es posible ninguna sociedad moderna con tal densidad. La cosa es peor de lo que muestran estos cálculos. Hay hacinamiento urbano en medio de un territorio desértico. La llamada “Reina del Plata, tiene una densidad nocturna de unos 15.000 h/m2 , cifra que se elevaría a mas de 20.000 durante el día de trabajo. En consecuencia es “Reina” en mugriento palacio, como todas las demás ciudades argentinas. En los “cordones periféricos” e sus crecientes “islas” internas de personas aglomeradas, la densidad demográfica llega, en algunos casos, a la calamidad de unos 60.000 h/km2. Para explicación de este colosal desorden, rige este apotegma: la Argentina es un país que dispone de un inmenso territorio, geográficamente existente, legalmente adquirible, pero económicamente inalcanzable por quienes viven solo de su trabajo.
Con la adopción del derecho romano para acceder y usar de la tierra la cizaña quedó plantada. En todo lo demás el Código ayudó a poblar el país, si bien no del todo, sí eficazmente. El “retroceso” al “derecho antiguo” no se notó en un comienzo y pudo ser metabolizado sin grandes dolores, gracias a la vasta extensión del territorio, la escasa población (800 mil habitantes en 1860) y la voluntad de algunos terratenientes dirigida a poblar sus vastas posesiones. Un conjunto de circunstancias y el especial momento del mundo durante el Siglo XIX, facilitó el arribo de casi 4 millones de pobladores antes de 1900. Pero el sistema contenía una “bomba de tiempo”. Era menester desarmarla so pena que, tarde o temprano, estallaran conflictos en abierta guerra fraticida. Este había sido en Roma el efecto del “puro derecho romano”.¿Por qué habría de ser distinto en nuestro país?
En el Código Civil hay mucho de positivo. De modo claro establece – de modo consistente con la Constitución – un ordenamiento legal atractivo para trabajadores libres e inversores de capital. La dirección del proceso económico queda a cargo de los mercados. Para que este orden fuera benéfico para las libertades individuales, el enriquecimiento por el trabajo, la democracia como fuente de poder político , la república como división de los poderes del Estado y el federalismo , debía haberse integrado con un adecuado sistema de recursos. Adoptado en esta materia el principio de Mayo, el amenazante defecto que entrañaba la adopción del derecho romano de propiedad de la tierra podía ser convertido en virtud. Era necesario dictar un moderno sistema de recursos para los gobiernos, los provinciales y el nacional. Hubo muchas oportunidades para ello. Pero hasta antes del Bicentenario, todas han sido todas oportunidades perdidas. Repasarlas aclarará cuál es la fundamental política de Estado que los argentinos necesitan para que nuestra patria reingrese al camino del progreso y la prosperidad que una vez, guiada por la Constitución, iniciara.
4.OPORTUNIDADES PERDIDAS
Primera oportunidad: presidencia de Roque Sáenz Peña (1912-1914)
La insoslayable primera oportunidad para desmontar la bomba desintegradora de la civilidad argentina llegó cuando se resolvió adoptar el sistema democrático con la regla “un hombre, un voto”. Hablamos de la ley Sáenz Peña. Para darle pleno sentido y eficacia a este sistema electoral era necesario otra reforma legal. Así lo pensó e intentó el Presidente Saénz Peña. Con el proyecto electoral este gran hombre público preparó y envió al Congreso Nacional otro indispensable proyecto de ley. Organizar las bases para un sistema de recursos fiscales compatible con la prosperidad económica fundada en la iniciativa particular. Orden económico necesario para poder gozar de los beneficios de la democracia, la republica y el federalismo. Propuso establecer por ley el “impuesto a la tierra libre de mejoras”. Este proyecto institucionalizaba los principios sociales de Mayo y de la Constitución. Sáenz Peña sabia y lo sabía muy bien, que no hay efectivos ciudadanos si los hombres no son dueños del producto de su trabajo y no pueden serlo si no tienen fácil acceso a la tierra, rural y especialmente urbana.
Este impulso animaba por entonces a muchos argentinos e importantes líderes del mundo. El libro de Henry George “Progreso y Miseria”, de vasta difusión en las décadas anteriores a 1900, ayudo a institucionalizar el impulso mediante el adecuado derecho positivo . Reformas legales, con matices, tuvieron rápida concreción. En distinto grado, el sistema de George fue adoptado en los países sajones, nórdicos y germanos. Sus efectos se aprecian hoy en el notable y pacífico desarrollo de países como Canadá, Nueva Zelanda, Australia y Dinamarca, e inclusive en varios Estados norteamericanos. Todos menos poderosos que la Argentina de hace cien años atrás.
Pero la mayoría de los legisladores argentinos de1914 parecen haber olvidado el consejo de Alberdi: “gobernar es poblar”. E ignoraban que es imposible poblar si no se facilita la tierra donde hacerlo. Alberdi asignaba mayor importancia al derecho al trabajo (cuestión económica) que al derecho al voto (cuestión política). En el Sistema Rentístico afirmó una verdad hoy vigente: participar en la vida política es una opción; participar en la vida económica es una necesidad. Ignorantes de esta verdad, los legisladores de entonces aceptaron la reforma electoral; pero se resistieron a tratar la reforma fiscal. La que hubiera sustentado la democracia y el federalismo. Al no hacerlo hicieron de la benéfica democracia un factor de desorden. No es lo mismo que en cada elección voten “ciudadanos” con autonomía económica que “clientes” dependientes del gobierno.
Con la prematura muerte del Presidente, el proyecto económico fue archivado. Con esta decisión caducó la oportunidad de facilitar a millones de trabajadores el fácil acceso a la tierra, vivir de su trabajo y poblar más racionalmente el país. La fractura del proyecto de Saénz Peña – un proyecto con dos patas – fue fatal para la república, el federalismo y la democracia. Por la ley electoral se le concedió ciudadana política a millones de habitantes; pero subsistiendo en pleno vigor el “derecho romano de propiedad sobre el suelo” , quedaron privados de cabal ciudadanía económica. Se reforzó una ya existente sorda guerra civil. La insensata separación entre “ciudadanía política” y “ciudadanía económica”, otorgando derecho al voto pero no a la tierra, dio paso, como en la antigua Roma, a una ruinosa transformación del orden social. En todas las esferas de vida.
Los “ciudadanos políticos”, sin base económica real, se fueron transformando en “clientes”, tal cual en Roma. Esta es la raíz del “clientelismo” que tanto mal nos hace y que sin éxito todos critican. No escasean los convencidos que para unir ambas ciudadanías – la política y la económica – basta con la “educación”. Al menos, dicen, con alguna buena “instrucción cívica”. No saben de que hablan. Reproducen para la vida pública el disparate que narra la fábula: el cometido por aquel que pretendió enseñar al burro a vivir sin comer.
Segunda oportunidad: Presidencia de Agustín P. Justo (1932-1938)
La segunda oportunidad perdida para ajustar el orden económico y hacerlo consistente con el orden democrático, republicano y federal, ocurrió en 1932, bajo la presidencia del c General Agustín P..Justo. El Congreso Nacional, por angustias fiscales, debía dictar una ley para generar nuevos recursos. Ante esta exigencia para afrontar el gasto público se debía optar entre recurrir a la antigualla de un nuevo “impuesto” o recaudar la renta de la tierra. Recaudar un tanto por ciento del valor venal de la tierra no es un impuesto, sino la necesaria restitución a la sociedad del mayor valor del suelo obra del trabajo social. Es un valor público que por efecto del sistema de propiedad privada sobre la tierra ingresa, primariamente, en el haber del propietario, sin ser efecto de su trabajo e inversión. Los que crean “impuestos” no se fijan en tales sutilezas. Declaran “contribuyente” a cualquier clase (grupo) de personas, a las que eligen según caprichosos criterios. Su fin es que los integrantes de alguna clase entreguen parte del fruto de su trabajo al gobierno. Al acto o cosa que elijan la denominan “hecho imponible” y puede ser tan diverso como la compra de un televisor o la emisión de un cheque. De estas ocurrencias nos surte la historia humana. Allí figuran extravagancias como el impuesto a las ventanas; a la cantidad de ruedas de un vehiculo y el timbrado de una hoja de papel. El gobierno exige dinero bajo coacción porque necesita de fondos. Eso es todo.
En el curso de milenios fue un avance pasar de esta exigencia bruta a otra más refinada. El impuesto debía ser aprobado por representantes de una “mayoría•” (“No taxation without representation”). Pero para la vida moderna, a la luz del despilfarro que en democracias se comete, esto es insuficiente. Una ley no es “legitima” por el hecho que la voten muchos; incluso todos. ¿O lo sería la ley de Lynch por contar con el voto de la mayoría?
Lo que caracteriza al “impuesto” es que el gobierno tiene que afrontar un gasto y usa la “fuerza pública” para quitarle dinero a los particulares. Los patriotas de Mayo, reflexionaron sobre los perjuicios de este sistema y los beneficios que acarrea a la libertad de los individuos y al orden social recaudar la renta del suelo. Los legisladores de 1932 no tuvieron ni en la cabeza ni el corazón el ideario de Mayo. Ante la alternativa de recaudar la renta del suelo o crear un general impuesto sobre el trabajo y sus frutos , se decidieron por esto último. Dictaron la “ley de impuesto a los réditos”. Plantaron la cepa de todos los impuestos que a la fecha castigan al trabajo, la inversión, la producción y el consumo. Optaron por el sistema vetusto. Esta opción exige contar con un vasto “aparato recaudador”. De hecho la organización más poderosa para acabar con todos los derechos y garantías que asegura la Constitución. Una antigualla acarrea la otra. Volvieron los “publicanos”! y en consecuencia el derecho de abstenerse a declarar contra sí mismo (art.18 CN) dejó de regir en materia de impuestos. Aquí impera ahora el sistema inquisitivo.
La “ley de impuesto a los réditos” y su multiplicada descendencia fue un feroz contragolpe de la antigua Argentina contra el ideario de Mayo y la Constitución de 1853. Llevó al régimen de la coparticipación que mina en su base material al federalismo, la democracia y la república, tal como explica Meier Zylberberg en Raíces totalitarias del fracaso argentino. De la emergencia de 1932 a la del 2006.
La bomba de tiempo había sido armada por el Código Civil. Con este nuevo sistema nacional de impuestos se la activó y fijó el tiempo en que habría de estallar. Por entonces no se lo supo; pero el día señalado resultó ser el 17 de octubre de 1945. Los “ciudadanos sin tierra”, hombres de trabajo, castigados a la vez por elevados alquileres y crecientes impuestos, reaccionaron dejando de creer en la “democracia representativa”. Pasaron en “masa” a desconfiar de los “libros” para, como tantas veces en la historia, poner sus esperanzas en un caudillo redentor. A veces , muy pocas, este recurso ha funcionado. Esta vez no, porque la gente, en amplia mayoría, se había apartado del ideario de Mayo. De manera consecuente la sociedad fue conformando otro tipo de “constitución real”. Muy semejante al que aquella revolución había intentado a superar.
Tercera oportunidad: Interregno 1943-1955
Una sociedad ya asfixiada por el alto costo del suelo y agobiada por crecientes impuestos, era permeable a los desvaríos ideológicos que agitaban las conciencias. Nazismo en Alemania, Fascismo en Italia, Falangismo en España y Comunismo de distinto jaez en muchas partes aparecían como focos orientadores para superar a la sociedad liberal forjada en el siglo XIX. Un dramático período de oscurantismo mundial aconteció entre la primera (1914-18) y la segunda guerra mundial (1939-45). En este convulsionado mundo la Argentina comenzó a dudar de los fundamentos de su orden social.
Desde 1914 los países habían comenzado a organizarse bajo el concepto de “nación en armas”, lo que exigió la dirección central de la economía por el Estado. Se retornó al proteccionismo, se auspició la autarquía y se aplaudió la planificación de la producción y el consumo, ensalzados como el mejor arte de gobernar. Al fin de la segunda guerra (1945) el clima, en lugar de despejarse, enrareció. Estalló la “guerra fría” entre los EEUU y la URRS, de incierto vencedor.
Esta oscura y caótica situación fue el contexto dentro del cual la Argentina buscaría establecer un orden económico que superara al minado por la apropiación particular de la renta del suelo y los impuestos al trabajo. El desorden provenía del sistema de acceso al suelo y el régimen de impuestos. Pero no se prestó atención a este asunto. Los trabajadores asalariados, amplios sectores de clase media e incluso el sector empresario no monopólico sufrían estrechez de ingresos. Suelo social propicio del que emergió una general demanda por una mayor “justicia social”.. Ya no se pensaba ni creía que la Constitución de 1853 había sido dictada precisamente para establecer (“mediante leyes que reglamenten sus principios”) un orden social justo en todas las dimensiones de la vida humana, social e individual. Los vientos ideológicos dominantes en el mundo sugerían soluciones directas. Una de ellas fue que los gobiernos inyectaran en relaciones sociales específicas, dosis de justicia social. En 1943, un gobierno producto de un rudimentario golpe militar, para salvar su debilidad, aplicó esta receta a una básica relación del orden social: la que media entre los “propietarios de los inmuebles” y sus “inquilinos”.
La angustia de inquilinos y arrendatarios demostraba que contra lo sostenido por Velez sarsfield , el contrato de locación (urbano y rural) no era un adecuado instrumento para que los “sin tierra” accedieran a ella. Al menos no lo era en el contexto del ordenamiento legal total. Esta ley del gobierno militar fue dictada para mitigar el efecto destructivo del sistema de apropiación de la renta del suelo por los propietarios agravado con el régimen de exacción impositiva establecido en 1932. Procuró aliviar la presión que castigaba a los trabajadores rebajando en un 10% los precios de locación urbana y rural pactados entre dueños e inquilinos. Congeló los precios resultantes y prolongó de jure los plazos de locación. No hace falta ser economista para ver que esas leyes mejoraron notablemente el ingreso de los inquilinos y arrendatarios, mayoría de la población. Ni es necesario ser sociólogo para sospechar que una nueva clase social se formaría y que ésta buscaría expresarse políticamente. Con dos decretos leyes, en terreno fértil por la injusticia social generada por el costo de la tierra y los impuestos, se sembró la semilla de una planta política de larga vida. Este retoño creció frondoso al amparo de decenas de miles de decretos leyes de contenido social, económico y financiero, enderezados todos a establecer un orden económico centralmente dirigido por el Estado. El orden económico argentino fue transformado de cabo a rabo.
El Estado (no la sociedad ni el individuo), pasó a ocupar el centro de la realidad política, económica, social y cultural. Las pruebas están a la vista. Basta con repasar los libros de enseñanza de la época, los planes quinquenales, la estatización de las empresas privadas monopólicas, la creación de otras a cargo de un Estado empresario , la nacionalización de la banca, la emisión de moneda papel sin respaldo, el sostén estatal de los sindicatos de trabajadores fueron, entre otras, algunas de las medidas que transformaron por completo el orden económico. . El Estado pasó a ser el sol de la realidad social; el gobierno central su profeta y los gobiernos provinciales apenas sus agentes. Fue inevitable la formación de una constelación de intereses deseosos de gozar de los beneficios del nutritivo calor solar, Tan inevitable como la lucha, silenciosa o abierta, entre todos ellos. De modo paradójico este tipo de orden trae un efecto con el que no se cuenta. “Los vistantes inesperados” de los que prevenía Fourastié. Cuando un gobierno central asume la ciclópea tarea de hacer todo y de todo para el “pueblo”, sienta al pueblo en las tribunas. Lo convierte en mero espectador. Puede silbar o aplaudir; pero no mucho más.
Desde 1943 a 1945 se dictaron miles de decretos leyes, aprobados en una sola sesión del Congreso Nacional en 1946. La Constitución argentina de 1853 perdió sentido. No calzaba ya con la “constitución real” conformada por una nueva legislación y sobre todo por un nuevo mundo institucional. Esta dicotomía entre la Constitución legal y la “realidad constituida” la puso fuera de efectivo servicio.
En 1949 había surgido la convicción y la necesidad de un “ajuste de cuentas” entre el hecho y el derecho constitucional. Se optó por el “hecho consumado” por el derecho inconstitucional dictado desde 1943 en adelante. No hubo “reforma constitucional” en sentido material. Ocurrió, más bien, el reemplazo liso y llano de la Constitución original por otra de muy distinto talante. Ésta era confesadamente ideológica. Merecía y con razón el nombre de Constitución “justicialista”. Su meta principal era la “justicia social”, no el buen orden social fundado en la libertad individual. Lo más notable, aunque no debidamente observado, es que ante esta nueva Constitución se podía repetir la frase de Tocqueville al juzgar a la Revolución Francesa: “todo fue cambiado, menos lo peor del antiguo régimen”. En efecto, en esta reforma constitucional mucho fue cambiado; pero no lo peor del sistema que desencadenó había originado la tormenta social. Esto es, el derecho de los propietarios a apropiarse de la renta del suelo y el régimen de recursos del Estado fundado en exacciones al trabajo y al fruto del trabajo. Ambas instituciones jurídicas permanecieron en vigencia.
Tinieblas en un clima enrarecido (1955 -1966)
Al fin de la década iniciada en 1943 las ilusiones primeras comenzaron a quebrase y otras a desplomarse. La paz política estaba en cuestión; la prosperidad económica sostenida supuestamente en un proceso autosustentable, comenzaba a estancarse. El Estado cada vez más enorme, era insaciable y no aparecian nuevas y legítimas fuentes financieras que lo surtieran. La inflación monetaria, maquillada con la reedicion de vetustas leyes contra el agio y la especulación y el control de precios (todo conocido en la antigua Roma) , presionaba en todas las relaciones sociales. De modo paradójico, se sostenía que el pueblo era ahora el ”dueño de su destino”, y sin embargo y a pesar de una acreditada mayoría electoral, el gobierno se sentía cada vez más obligado a ser autoritario. El panorama se tornó oscuro cuando comenzaron darse respuestas a ciegas ante crecientes problemas. Luego de diez años de gobierno en este nuevo orden era de esperar que había llegado la hora de recoger los frutos . En su lugar hubo necesidad de dictar leyes para asegurar la paz interior y otras para atender a una amenazadora “conmoción interna del Estado” (Plan CONINTES).
Abundaron los intentos de “golpes”. Pero la debilidad del nuevo orden sue tal que uno – en terminos militares – tan insignificante como el de 1955 desalojó al gobierno y asumió el gobierno. Éste intentó volver atrás la historia. Se abrogó por decreto la Constitución de 1949 y se convocó a una asamblea constituyente para “mejorar” la de 1949. Con esto se esperaba restablecer el “orden” preexistente a 1943. El fracaso fue completo.
Ninguno de estos “revolucionarios” que decían actuar conforme a la “línea Mayo-Caseros”, reparó en la raíz profunda del viejo mal: la apropiación por parte de los particulares de la renta del suelo y la formación del tesoro público con una exacción cada vez mayor de los frutos del trabajo y la inversión. Para colmo las secuelas institucionales derivadas de esta falla y lo creado durante la década precedente habían tornado más oscuros y complicados los problemas a resolver.
Los diagnósticos acerca de nuestros males sociales empezaron a ser cada vez mas coyunturales y superficiales. Estaban fuertemente influidos por varias razones. Sin embargo la primera y principal fue la ausencia, en los círculos políticos, académicos y sociales, del debido reconocimiento y justa valoración de la perniciosa raíz que entrañaban apropiación de la renta del suelo por los dueños de la tierra y la formación del fondo público mediante crecientes impuestos. Aceptado este mal genético, para hacer frente al aumento del gasto público se institucionalizaron las tres vías, que aun permanecen: incremento de los impuestos, endeudamiento público (interno y externo) e inflación monetaria.
El periodo se caracterizó por los críticos momentos a que fue sometida la Argentina entre 1955 y 1966. Una cadena forjada por eslabones alternativos de “golpes de Estado” (1955; 1962, 1966) y de frustrados retornos a la democracia (1958 y 1963). Una disolución institucional progresiva se acentuó, sin que nadie ocupara de revisar aquellas profundas causas a pesar de la aparición de la grave sangría de población manifiesta en una fuerte emigración al exterior. Agravada por incesantes migraciones internas, del creciente hacinamiento urbano, del decaimiento de la iniciativa privada, del aumento de la evasión impositiva, del falseamiento de los balances comerciales , para citar solo algunos gruesos fenómenos económicos y su relación con el debilitamiento de las instituciones políticas, jurídicas y culturales.
Cae la noche (1966-1983)
Los militares comenzaron a participar “institucionalmente” antes de 1966. Pero los “golpes de Estado” anteriores fueron una chirinada comparados al golpe auto denominado “Revolución Argentina” (1966). Después de los caóticos procesos ocurridos desde 1955 a 1963, las tres fuerzas armadas, buscaron actuar en conjunto y de modo “institucional”. Se expresaban como “reserva moral” de la República. Se apoderaron de todos los poderes del Estado y sus organismos. Coroneles y generales retirados pasaron a ser gerentes de “relaciones públicas” de empresas públicas y privadas. Otros de grado menor fueron interventores de los sindicatos de trabajadores. Los partidos políticos, asaz debilitados, fueron disueltos y la actividad política prohibida.
El golpe de 1966 puede, por sus discursos, ser considerado “fáustico”. Según sus actores el golpe fue dado para impulsar a la Argentina a la modernidad. Fue apoyado por muchos civiles y militares, políticos, sindicalistas y dirigentes de círculos empresarios. Cada uno de estos grupos calculaba un beneficio para sí. Para sorpresa de todos en 1969.estalló el “cordobazo”. El mayor sacudimiento social y de rebeldía civil conocida hasta entonces. A partir de este enorme hecho, fuerzas volcánicas trataron de organizarse. Lo hicieron sectariamente. Coincidían en un punto: en la necesidad de alcanzar el dominio del Estado.
El rumbo político de la sociedad se perdió en la maraña de ideologías, pasiones e intereses. La dictadura militar en decadencia a partir de una cadena de “cordobazos” tuvo que abandonar la idea de mantenerse sin plazo en el gobierno . Hizo lo último que hubiera calculado hacer: provocar el retorno al país, para aminorar los problemas que ella solo consiguió agravar, al ya septuagenario Juan D. Perón exiliado desde 1955. Dieciocho años después le restituyeron todos sus grados y lo habilitaron para un tercer mandato presidencial. La presencia de.Perón no bastó para asegurar un gobierno firme ni calmar los ánimos. Un espíritu de venganza comenzó a propagarse en la sociedad, lo que entorpeció el funcionamiento de la frágil democracia restablecida el 25 de Mayo de 1973. Durante su corta existencia ( 2 años y 8 meses) asumieron cuatro presidentes con distintos equipos para gobernar.
En 1976 otro golpe de Estado puso fin a la endeble democracia. Las fuerzas militares, en unión “institucional” , asumieron otra vez todo el poder del Estado. Pero éste ya no fue fáustico sino necrofílico. Matar al “enemigo” fue considerado el gran instrumento de sanación. Esta dictadura no arregló nada y arruinó todo; incluida su propia existencia y las fuerzas armadas que la sostuvieron. Colapsó con la derrota en la guerra internacional desatada en 1982. La noche política había logrado máxima oscuridad. Era hora de revalorizar la democracia.
Cuarta oportunidad: retorno a la democracia (1983-1989)
Un fervor democrático había renacido entre los más jóvenes. La sociedad toda, al fin, pareció optar por la democracia política. Las renacidas esperanzas llevaron a pedir de ella más de lo que ella puede dar. Contar las cabezas para elegir gobierno es una cosa. Usar la cabeza en el gobierno es cosa bien distinta. Los maltrechos partidos políticos volvieron. Portaban livianos programas de gobierno. Pero ninguno tenía en su cartera siquiera una idea sobre la necesidad de un facil acceso a la tierra, el escamoteo de la renta del suelo y.lo ruinoso del regimen de impuestos creados en 1932. Nadie recordaba el ideario social de Mayo. No era un buen presagio para sostener la ahora amada democracia.
. El presidente Raul Alfonsin fue electo por mayoría envidiable. Su experiencia política y honorables antecedentes le permitieron hacer campaña electoral de manera casi evangélica. Una y otra vez recitaba el Preámbulo de la Constitución de 1853. Su apotegma fue: “Con la democracia se vive, se educa, se come”. La idea por todos compartida era que la democracia todo lo podía. Un nuevo postulado fue reinvidicado tras los efectos de la dictadura precedente: otorgar plena vigencia a los “derechos humanos”. Sin embargo entre los “derechos humanos” reivindicados ni siquiera se pensó en el primero que desde el punto de vista material (individual y social) : el de consagrar un igual derecho económico de acceso al suelo para vivir y trabajar, para todos sin excepción y destinar la renta de la tierra como base del tesoro público.
Una “hiperinflación” del 5000% anual fue, al cabo de cinco años de retorno a la democracia fue la causa final por la que el presidente, gran demócrata, pero ajeno a las cuestiones económicas, tuvo que abandonar el cargo antes de vencer el término de su mandato. Una nueva oportunidad perdida y ninguna lección aprendida.
Quinta oportunidad: La peripecia neoliberal (1989-1999)
La democracia restablecida en 1983 fue cimentada por el voto entusiasta de la población. Millones de seres humanos recobraron el del derecho a votar para formar gobierno. Pero este derecho político – la ciudadanía política – no resultó suficiente para mejorar en un abrir y cerrar de ojos la situación de quienes padecían estado de pobreza crónica. Estas personas son los excluidos, parcial o totalmente y contra su voluntad, del orden económico. Conviene reconocer que por alguna razón son privados de otra clase de ciudadanía: la ciudadanía economica. Las personas capaces de trabajar , deseosas de ganarse el sustento con su trabajo y a pesar de su capacidad y voluntad no pueden hacerlo, ven fracturada su ciudadanía integral. Son millones los que en nuestro país no pueden ejercer sus derechos económicos para su subsistencia o no pueden ejercerlo en la plenitud que sus personales condiciones le permitirían. Visto desde este ángulo, tales personas, poseedores de ciudadanía política carecen de ciudadanía económica.
Esta fractura ocurre por algún obstáculo ajeno a su voluntad del afectado y emerge de las condiciones del orden social constituido. En la sociedad moderna tales obstáculos se aprecian en el orden económico; pero en gran medida ellos derivan del tipo de orden legal que conforma a aquél. Leyes que obstaculizan el derecho económico a trabajar y el ser propietario del fruto de su trabajo conculcan el derecho a la existencia. Provocan elevado grado de malestar social, fuertes conflictos e incluso llevan a la desintegración de la sociedad. Hasta los animales salvajes y las alimañas – decían los hermanos Gracco en la antigua Roma – han de disponer de ese derecho so pena de perecer. Tanto más importante lo es para el hombre actual cuyas necesidades, por el desarrollo científico y tecnológico, se multiplican en grado no sospechado en épocas anteriores.
En un país prácticamente despoblado como la Argentina, se cuentan por millones los que carecen de un lugar para vivir y trabajar como seres humanos. Individuos de todas las edades y condición, en especial jóvenes, llegados a la plenitud de la vida topan contra una pared socio-económica. Dada la calidad de nuestro territorio y los dones con que ha sido dotado, no es lícito pensar que ese obstáculo se debe a la Naturaleza. Son el orden económico y derecho positivo dictado para ordenarlo, los reales diques que se que se levantan ante ellos. En número varias veces millonario se alojan en departamentos extremadamente pequeños, muchos en antiguas casas que de pésima condición. Son los afortunados. Otro tanto sobrevive gracias a tener un ocasional sitio donde estar , aunque sea por la noche. Vivir en “villas miseria” es un modo acostumbrado de vivir en un país sin población. Muchos son “desterrados” de la patria chica. Todos “exiliados internos” en su propia .patria
Esta desgraciada y cada vez peor situación deriva, por un lado, del alto costo del suelo a la luz del ingreso de los trabajadores. Otra causa no menos importante y correlativa es la exacción que sufren los de menos ingresos, aquellos que solo cuentan con su trabajo para vivir. Cuando este estado de cosas se da in crescendo, y sin cesar desde hace casi un siglo, no obra de buena fe quien se sorprende por el hecho que en la Argentina haya perdido “la cultura del trabajo” y muchas personas prefieran sobrevivir con las dádivas del Estado. Cuando no lucrar desde el gobierno. ¿No fue acaso éste uno de los rasgos de la Roma decadente?
Este era el escenario existente al restablecerse la democracia en 1983. Al no corregirlo la raíz del desorden social y afrontar la cuestión del acceso al suelo, el destino del renta fundiaria y los impuestos, la tormenta social arreció. Hubieron varios temporales en serie, hasta que el huracán de 1989 acabó con la presidencia de Alfonsin, primer presidente de la añorada democracia.
Su sucesor Carlos S. Menem, electo por holgada mayoría de votos debía actuar en ese ambiente social. Su eslogan electoral fue harto simple y efectivo : “Síganme, no los voy a defraudar” El problema fue que a poco andar no era claro hacia adonde quería ir. En el plazo corrido desde fines de 1989 al primer tercio de 1991, el suyo fue un deambular errático. Pero pasados esos largos 18 meses ocurrió una sorpresa. El indiscutido peronista, émulo de Facundo Quiroga, resolvió dejar de lado su pasado para actuar como un convencido neoliberal. Reforma monetaria, limitación de la intervención del Estado, desregulación de leyes laborales, decidido desguace por transferencia a manos privadas de las empresas estatales, fueron, entre otras muchas medidas de la misma clase, el nuevo inesperado rumbo. Las medidas no solo significaron un alivio para el gasto del Estado. Al librarse en gran medida del “Estado empresario”, como nunca desde hacia décadas, empezó a desarrollarse una economía de mercado. La estabilidad del signo monetario, por su parte, dio a las empresas particulares el gran instrumento de cálculo para poder planificar su actividad. Encima, una mayor flexibilidad de las relaciones laborales, la generación de un atractivo campo para inversiones de capital extranjero y nacional, configuro el escenario típico de las economías orientadas por mercados. Cambió (en su dimensión dinámica, no en su base estructural) al orden económico, lo que provocó una indiscutible reactivación , prosperidad e inserción de la Argentina en el mundo cada vez más globalizado.
Lo dicho no debe ser visto como una defensa de esta etapa, sino como una invitación a observar cómo confiar la dirección del proceso económico general a los mercados, sin inflación, reactiva de inmediato na economía sofocada por la intervención estatal y una inflación crónica. Los posteriores abundantes resentimientos que generó aquel el cambio 1991 se fundan en varias razones. Entre otras la corrupción cometida en el proceso de privatización. También en la fuerte ola de desocupación laboral Pero es la ojeriza que en general se tiene entre nosotros contra el orden económico de mercado la causa principal. Esta injustificable pero explicable ojeriza es producto de las injusticias que emergen en una sociedad agobiada por impuestos y sin tierra barata, Ella impide descubrir las causas profundas por las que la “peripecia neoliberal” fracasó. Al faltar un adecuado esclarecimiento de este fracaso, la gente indentifica al ideal liberal de la Revolución de Mayo con el neoliberalismo nacido mucho después, a fin del siglo XIX. Y, consecuentemente, se reavivan la tendencias estatizantes, propias de la sociedad antigua, mantenidas entre nosotros por el sistema legal de apropiación privada de la renta del suelo y los impuestos.
¿Por qué falló la peripecia neoliberal? La razón principal del fracaso neoliberal se encuentra en la base de la concepción y teoría económica neoliberal. Para éstas no existe algo que justifique revisar la cuestión de la propiedad de la tierra ni la del destino de la renta del suelo. Tampoco objeta al regimen de impuestos que castigan al trabajo, la inversión y el consumo. La teoría neoliberal no se considera incompatible con el trinomio fundante y justificante de la Revolución de Mayo. Por ello respecto al gobierno de 1991 se puede parafrasear una vez más a Tocqueville. Los actores de la peripecia neoliberal en la Argentina pretendieron cambiar toda institución contraria a una economía orientada por los mercados; todo menos la madre de todos los monopolios y privilegios: la apropiación de la renta de la tierra por parte de los particulares. El neoliberalismo es contrario a los principios sociales de la Revolución de Mayo y de la Constitución de 1853. Considerando este punto, el gobierno de Menem igualó a todos los que le precedieron. Nada hizo para cambiar la triple raíz de nuestro padecimiento social.
Sexta oportunidad: la “alianza” formal (1999-2001)
El pueblo argentino, a semejanza del antiguo pueblo de Israel, parece condenado a deambular por el mundo de todas las experiencias económicas posibles, antes de arribar a la Tierra Prometida. La practicada en 1999 se basó en un pensamiento rústico. Éste sostiene que el derecho positivo es el instrumento más adecuado para arreglar cualquier desaguisado social. Este modo de pensar venía de mucho atrás. A nivel “institucional” tuvo su primera expresión en la reforma de 1957, art.14 bis. Se manifiesta con mayúscula intensidad con la reforma de 1994
La de 1994 fue el resultado de un “pacto de alcoba” celebrado entre el ex presidente Alfonsín y el presidente Menem. El gobierno y la oposición animados por propios intereses politicos acordaron convocar a una Asamblea constituyente para reformar la Constitución de 1853. Como si ésta hubiera sido la responsable de la mala actuación de los gobiernos. Cientos de legisladores acompañados de técnicos y asesores actuaron convencidos de aquel principio prometeico, según el cual la norma legal suficientemente apoyada por la opinión, puede moldear la realidad a gusto de todos. El “consenso” posee ese arte de birbirloque. A partir que el consenso todo lo puede, los constituyents se aplicaron a receptar las más variadas instituciones , no pocas siguiendo la moda intelectual dominante. De su nula eficacia para ordenar la economía argentina – base material de la vida social – da cuenta la total falta de éxito de las nuevas reglas constitucionales de carácter económico..
La filosofía de aquella Asamblea, según la cual consenso es igual a acierto, inspiró una alianza de partidos y dirigentes políticos para reemplazar al Presidente Menem en las elecciones de 1999. Obra de arquitectura política partidaria unió a los portadores de las más diversas ideas y sentimientos políticos.. La alianza tan cuidadosamente forjada, se estrelló contra realidad y se vino abajo con estrépito. Los caóticos acontecimientos del año 2000 y 2001 acabaron con esta experiencia. Excusado queda decir que para la entusiasta Alianza nunca hubo un solo pensamiento de Mayo digno de ser considerado como su programa social.
Séptima oportunidad: 2001 y después
El derrumbe de la Alianza abrió un grave interregno político. Tras la renuncia del presidente de la Rúa el Congreso Nacional se hizo cargo del problema. No fue de solución fácil. Sucesivamente fueron designados presidentes de la Nación los senadores Ramón Puerta, Adolfo Rodríguez Saa y finalmente Eduardo Duhalde. Existía una caliente situación social, provocada entre otras cosas por la feroz crisis financiera del 2001. Para apreciar su gravedad, hay que recordar que la legión de pobres e indigentes se incrementó aceleradamente. El número de personas calificadas en “estado de pobreza” se elevó al 54% de la población.
El presidente provisorio tomó medidas económicas nada provisorias y convocó a elecciones para el año 2003. Entre las medidas económicas se destaca el Decreto 214/02 por el que se derogó la Ley de Convertibilidad, se pesificaron asimétricamente las deudas y créditos, se anularon los contratos celebrados con los servicios concesionados, se congelaron las tarifas públicas,
De las elecciones convocadas para el 2003 resultó electo Néstor Kirchner con un escaso 23% de los votos emitidos. Dada su estrecha base electoral y lo delicado de la situación social, el nuevo presidente se limitó, en economía, a mantener como ministro a Roberto Lavagna,. No hubo en su etapa inicial ninguna política económica atribuible al nuevo mandatario. Éste prefirió aplicarse a la reivindicación de ideales caros a la juventud de los 1970 y a reforzar sus relaciones con los grupos políticos integrados por afectados por la dictadura militar de 1976. Con su poder político afianzado, en 2005 el presidente Kichner se deshizo del Ministro Lavagna. Lo hizo para aplicarse personalmente a la conducción de la política económica. En esta tarea continuó ( de hecho) después que asumiera como presidenta en 2007 su esposa Cristina Fernández de Kichner.
Desde el 2005 se comenzó a destruir lo reordenado desde 1991 en adelante. Todo lo hecho en esa década fue vituperado y juzgado malo. Se re-estatizaron empresas aéreas como Aerolíneas Argentinas y Austral, de servicios de agua corriente (AYSA), etc. Se estatizaron los fondos de pensiones de las AFJP con el propósito (no expresado, pero real) de poner recursos de los jubilados en manos del Estado para enjugar el creciente déficit público. Se crearon empresas fantasmas como LAFSA. Se incrementó la presión tributaria con nuevos impuestos y derechos (impuesto a los créditos y débitos bancarios, retenciones a la exportación, impuesto a los teléfonos celulares, etc.). Para financiar subsidios se administraron recursos coparticipables en forma discriminatoria y con menoscabo de la autonomía de los gobiernos provinciales. Se otorgaron pensiones y jubilaciones a personas que nunca habían realizado aportes ni contribuciones; se financiaron gastos improductivos de todo tipo y en general se tomaron medidas que importaron una mayor intervención estatal en perjuicio de la actividad privada.
Es prematuro hacer aquí un juicio final sobre los efectos de esta conducción, Sin embargo corresponde hacer algunas observaciones. En primer lugar, es evidente que el gobierno que asumió en el 2003 participa de la vieja idea que los procesos económicos han de estar sometidos a la dirección del poder político central, usando con ese fin al derecho positivo como mero instrumento.
En segundo término el gobierno del 2003 no se muestra interesado en insertar a la Argentina en la economía globalizada, prefiriendo alianzas parciales o regionales con especial atención los rasgos ideológicos.
En tercero e importante lugar para este documento, el gobierno asumido en el 2003, a pesar de su permanente discurso a favor de los derechos humanos, no ha ofrececido señal alguna de reconocimiento y compromiso para con los ideales sociales de Mayo, tal como fueran definidos al comienzo de este documento.
5. EL BICENTENARIO: ¿OCTAVA OPORTUNIDAD?
El Código Civil en el Título IV De los derechos reales y el régimen impositivo creado a partir de 1932 se articulan cancelando el programa económico, político y social de la Constitución de 1853/60.
Ambos – Código civil y Régimen impositivo vigente – configuran un “código genético” que origina un orden social por completo ajeno al que inspiró la Revolución de Mayo y consagrara la Constitución de 1853. A partir de esta cancelación, las medidas políticas, sociales y económicas adoptadas por los sucesivos gobiernos para corregir las “monstruosidades” derivadas complican y deterioran al orden social. Esas medidas generan provisorias esperanzas en los más afectados y , al fracasar, incrementan el furor de las fuerzas volcánicas que bullen en la sociedad.
Las reformas constitucionales posteriores (1957 y 1994), han sido una manera de resignarse al orden existente, un cataplasma para los daños colaterales. Contienen “textos” nuevos. Hay mucha innovación pero ninguna destinada a corregir aquel código genético. Una muestra de la inutilidad de un “conocimiento a la moda” se ve en un solo hecho: en 64 años (1945-2009) han tratado de mejorar nuestro orden económico 54 Ministros de Economía. Esto es un síntoma.¡Y que síntoma !
No hay terapia posible mientras los estudiosos y los hombres públicos no se inspiren en los principios de orden social de la Revolución de Mayo. El principal fundamento del trinomio descripto al comienzo, se nombra en la primera estrofa del himno nacional argentino. Por si hubiera duros de oído, por las dudas, se la repite tres veces y en tono de grito, porque grito sagrado es, ¡libertad! No se alude a algo abstracto. Esta palabra apunta a algo muy concreto e indispensable en la sociedad moderna; la libertad de todos los individuos en todas las esferas de la vida.
Esta afirmación no significa negar la necesidad de mantener vivo al ideal de “igualdad”, más de moda en estos tiempos. Los valores ideales de la sociedad humana moderna, libertad, igualdad y fraternidad, que destellaron como un relámpago en la Revolución de Mayo, forman una sola e inseparable pieza.
Todos los experimentos sociales llevados a cabo en el Siglo XX (y fueron muchos) postergando la libertad individual en aras de la igualdad han terminado en un fracaso. A igual fracaso han estado condenados los intentos de limitarse sólo a la prédica de la fraternidad. La inseparabilidad de esas tres ideas rectoras no es casual. El ser humano posee una estructura trimembre. Es un ser integrado de cuerpo, alma y espíritu. Hemos de cuidar el cuerpo y embellecer el alma para que el nuestro espíritu alcance su máximo desarrollo.
Desde este punto de vista el incremento de la libertad individual para cada hombre es el más profundo sentido de la sociedad humana. Tras ese fin la sociedad como orden social manifiesto en triple dimensión, la económica, la política y la cultural , es condición absolutamente necesaria para desarrollo del hombre individual.
Resolver las tensiones que genera la trimembración humana es un reto difícil; pero no imposible de resolver. No se lo puede resolver si, primeramente, no nos hacemos cargo de él.
Nuestra Constitución Nacional originaria lo hizo sentando como derecho positivo fundamental los principios adecuados para responder a ese desafío. Los contemporáneos del Bicentenario, debemos estar atentos a las experiencias vividas en el último siglo y volver a detectar al trinomio social de nuestra Revolución – núcleo desatendido por completo – tal como se ha visto en esta ojeada retrospectiva. Hoy tenemos la ocasión y la responsabilidad de actuar para constituir un orden social inspirado en ese ideario.
6. ADVERTENCIA FINAL
El lector , si acordara en la existencia del problema, puede al acabar su lectura diciendo : Bien, ¿pero cual es la solución? Ésta no será difícil de hallar si media un consenso básico en la “existencia del problema”, El planteo correcto del problema suele ser la tres cuartas partes de la solución.
Buenos Aires, Diciembre 10 del 2009
Aniversario del retorno a la democracia

LECTURAS PARA EL BICENTENARIO: FUNDAMENTACION ECONÓMICA DE LA DEMOCRACIA

Posted by admin on enero 18th, 2010


Arturo Orgaz
( El Espíritu Autoritario , Códoba, Imprenta de la Universidad Nacional de Córdoba, junio 1945. Se transcriben los párrafos más significativos)

El porvenir de la democracia, en la que actúan quijotes, sanchos, barberos, curas, bachilleres, amas, sobrinas, magos, gigantes, rnalandrines, follones, dulcineas, galeotes, carneros, molinos de viento y demás figuras de la tragedia humana, se nos impone buscar, para asiento de la fe política, una imagen a la vez armoniosa y dinámica en que se concierten el equilibrio de la justicia, la dignidad de la expresión moral, la legitímidad del derecho y la garantía de la libertad.
Demasiado se sabe, por nefasta experiencia, que una democracia meramente formalista, simplemente jurídica, sustentada en la atomización de una ciudadanía libre, incluso para dominar y para quedar dominada a favor del egoísmo, configura el sarcasmo. Será siempre vana ilusión de apóstoles miopes y eufóricos, querer realizar la democracia económica y cultural con desconocimiento de la economía democrática. Se afirma que el hombre debe ser económicamente libre para realizarse política y culturalmente. Y esto no tiene pizca de materialismo.
Los principios democráticos, alma del sistema, o están sobre el en todo él o no están. Ridículo es hablar de igualdad y de libertad frente a las irritantes traiciones que resplandecen como gemas de odio y de escarnio. Sería lo mismo que si a los paralíticos se les colgara un cartelito, muy artístico, que dijera: “Todos los hombres tienen derecho a moverse” y a los mudos se los declarara los mejores parlanchines del silencio. Porque sería tanto como justificar, santificar, el divorcio de las ideas con los hechos.
No cabe duda: si la democracia corresponde a un tipo de vida social, debe poseer sus propias y ciertas maneras de expresarse en cualquier aspecto de esa vida. Y bien: la verdadera razón de las crisis democráticas está en esta circunstancia que urge superar de manera definitiva: los principios van por la calle de la Verdad pero los hechos andan por la de la Mentira.
A simple vista, encuéntrase la contradicción de las ideas con los hechos en el seno de las democracias. Bella cosa es que no se toleren privilegios de sangre ni de bolsa, afirmándose la teoría de la igualdad y de la idoneidad, pero los privilegios económicos han creado verdaderos hiatos en la continuidad social y forman constante acusación, demasiado elocuente, contra la realidad orgánica de la democracia, Es verdad que no tenemos duques ni principes y que los esclavos son ejemplares de la fauna política extinguida, pero hay plutócratas que poseen tanto si no más poder efectivo que el de los nobles desterrados y existen grandes núcleos en permanente condición servil porque no encuentran oportunidades libres a qué aplicar su esfuerzo en forma compensatoria.
La opulencia realmente fantástica se exhibe frente a frente de la miseria no menos inverosímil y este desnivel por sí solo está proclamando la persistencia de la iniquidad. También existe el privilegio legalizado, so capa de protección industrial. La idea de proteger no despierta repugnancia y cuando se revisten las cosas con el noble manto del “interés nacional”, pasa fácilmente el adefesio. Pero lo que realmente se logra es proteger a una minoría poderosa en desmedro y daño de la inmensa mayoría que, para proteger a aquélla, se desproteje y arruina.
Hace más de medio siglo conocemos el privilegio de la protección que, en último término, consiste en lo siguiente: el pueblo debe pagar a precio de carestía mercancías que, de mejor calidad y costo, podría consumir abundantemente. Ya es un lugar común la injusticia económica y la transgresión democrática que ha tomado carácter de normalidad jurídica, en cuyo favor hasta se hace valer el peregrino argumento de que es “patriótico” el empobrecimiento de millones de consumidores para que se enriquezcan unos cientos de felices privilegiados. Es el caso de aquellos salteadores que fundaron la sociedad de “Los protectores de las artes y las industrias” para dar decoro a sus actividades.

¿Qué decir del privilegio de la renta territorial? Ciertamente, en nuestro inmenso, rico y aun despoblado país, la tierra ha sido factor político de primer orden. Nuestra aristocracia, en general, ha sido oligarquía terrateniente y ha hecho sentir su imperio decisivo en todo tiempo. Demostrar la injusticia, en razón del privilegio que comporta el valor venal de la tierra desnuda, que autoriza la apropiación por un afortunado poseedor de valores no creados por él sino por el incremento social, se juzga por algunos actitud antisocial. Y lo realmente antisocial es precisamente lo otro: que todos trabajen y valoricen las cosas y que de ese valor, fruto colectivo, sólo aproveche alguien que no es la colectividad. Está tan arraigado el principio del despojo, que difícilmente se deja de ver en él un modo archilegítimo de quedarse con lo ajeno.

Allá por fines de 1915 me aventuré a iniciarme como conferenciante sobre temas sociales. Una tarde tórrida de noviembre, en el vestíbulo alto de una importante escuela, expuse mis ideas (“disolventes”, desde luego) sobre el problema de la tierra. Demostré la gravitación primordial en la suerte colectiva, del fenómeno agrario; expliqué las causas del valor económico de la tierra y cómo era posible de hecho e injusto y antisocial que la tierra adquirida por uno se vendiera por ciento, sin que el adquirente hubiera realizado obra alguna; revelé los peligros permanentes, más graves aun en los países jóvenes, del monopolio de la tierra y cómo una democracia verdadera debería realizar este propósito capital: la tierra debe desaparecer como fuente de especulación y convertirse en efectivo, fácil ejido y social elemento de trabajo nacional. Entre el auditorio se encontraba un excelente hombre, heredero de una importante fortuna, que había tenido como única habilidad, la de comprar tierras a vil precio y venderlas, cuando se ofrecía la tierra ocasión, a precio de sepultura. La idea que este hombre poseía de las cosas era simplísima: así como el parral da uvas, la tierra da pesos al que sabe especular; en los dos casos se trataba de frutos naturales Claro está que mi conferencia le sentó como un sinapismo a un llagado, y en lugar de analizar detenidamente, a conciencia democrática y cristiana el caso, salió a desparramar la especie de que yo estaba completamente loco y, agregaba para hacer más verosimil su juicio: “¡qué lástima, tan joven!”. Ignoraba el amable señor que mi locura resultaba contagio de Ricardo y Adán Smith, economistas clásicos, y de George, casi contemporáneo; no menos que de sociólogos como Spencer, de escritores sociales como Tolstoy, de estadistas como Turgot, sin olvidar por cierto a nuestro genial Rivadavia, Y que es preciso repetir lo que enunciara Echeverría en 1837: “El gran pensamiento de la Revolución no se ha realizado todavía. Somos independientes pero no libres o igualmente aquello de “industria que no tienda,a emancipar a las masas y elevarlas a la igualdad, sino a concentrar la riqueza en pocas manos, la abominamos”.

Es sabido que Alberdi profesó análogas convicciones. He ahí el pensamiento liberador y democrático, permanentemente a permanecer imposibilitado por las múltiples formas del privilegio. Y ¿qué decir de una democracia en que el movimiento de la producción se proporciona al interés exclusivo de los industriales, con olvido del vital interés representado por la enorme masa de la población? ¿No se sabe, no se ha documentado la efectiva y anarquizadora acción de los “trusts”, contra la que se ha dictado una ley que jamás los alcanza? ¿No se legalizó cierta forma, de unión antidemocrática con las famosas “juntas”, bajo excusa de entregar el manejo de la producclón a los productores, sin que se asegurara a la economía de la población contra las maniobras especulativas de los precios? En principio, la producción pertenece a los productores; pero cuando se considera que ella tiene un destino social que le asigna un valor cierto y permanente, es inconcebible organizar la industria únicamente desde el punto de vista del capitalista productor que representa el interés lucrativo, con olvido del consumidor que representa el interés social. En ninguna junta tuvo jamás representación la masa consumidora que es todo el pueblo, incluso los productores.

Resulta, si se observa atentamente la realidad económica, una antítesis harto inequitativa: la del respeto máximo para los valores no ganados por quienes los disfrutan, contra la máxima exacción que castiga los valores ganados por el, trabajo. Basta considerar que los valores territoriales son objeto de imposición en “tantos por mil” y, excepcionalmente en uno por ciento, mientras los frutos del trabajo (sueldos, salarios, etc.) soportan enormes gravámenes en forma indirecta y, a veces, en forma directa por la revaluación del oro, por el abuso del crédito público bajo forma más o me disimulada de emisiones; en fin, por el encarecimiento de la vida de que es signo la inflación. Cuando se afirma que un hombre “gana” con su trabajo cierta suma, se dice algo bien diferente que cuando se alude a que el dinero tal interés o la tierra tal renta. La verdad es que, gana socialmente hablando, la ganancia del trabajo entraña compensación de esfuerzo y de concurso solidario, lo que no ocurre en los otros casos. Por algo el préstamo a interés, durante mucho tiempo, fué visto como inmoral y la renta territorial, en todo el mundo y en todo tiempo, ha buscado un justificarse sin lograr que se formule una doctrina medianamente compatible con el sentido social de los valores. Véase un ejemplo relevante: un sujeto, trabajando durante un año logra un salarlo global de dos mil quinientos pesos. Un terrateniente que no trabaja, porque vive de rentas, es decir, del trabajo que otros aplican a la tierra, percibe cuatro veces más. Ahora bien: aquella ganancia del que trabajó un año aparente en apreciable monto, pues se consume inmediatamente por imperio de necesidad perentoria; en tanto que la renta no ganada no está referida a la necesidad del que la disfruta sino a la necesidad de quien la paga para poder por usar de la tierra que trabaja. Una democracia que no advierte y salva tamaña desigualdad, eleva a poder social la ventaja sin beneficio para el común, en proporcional medida que disminuye la garantía para el esfuerzo útil. En vano se proclamará enfáticamente que no existe otro título para el dominio de las cosas y su legítimo aprovechamiento, que el trabajo, mientras los hechos demuestren exactamente lo contrario.

Socialmente hablando, existe un límite para el lucro teóricamente reconocido, trátese de interés del capital que se presta o de los precios de las mercancías o de la renta territorial bajo forma de arrendamientos u otros tipos de retribución al señor de la tierra. Pero como no se ha llegado a crear el justo equilibrio de la necesidad con la libertad, en el hecho resulta, a cada paso, excedido y burlado aquel límite. Y es natural que así ocurra, dentro de una economía que nada tiene de democrática; pues si la necesidad se ve forzada a contratar no siendo libre, ha de encontrarse con la libertad que no padece necesidad y ésta maneja la situación e impone que el sacrificio de la necesidad sea la ganancia de la libertad antisocial. Muy poco se logra con perseguir el préstamo usurario, con gravar la actividad de los prestamistas y con imponer eventuales reduccíones de los arrendamientos. Lo interesante, como conquista de la justicia social, sería que no hubiera porqué someterse a exigencias extorsivas: el usurero como el rentista puro, es decir, el que recoge sin sembrar, son productos de estados sociales, como los hongos son manifestaciones de la humedad. Se los crea y luego se los maldice. Nuestras sociedades se parecen mucho a aquel simpático alcoholista que, atacado de violenta cirrosis, resolvió escribir un apóstrofe contra el abominable hígado.

El reconocimiento de que al tipo democrático de organización social debe corresponder cierto módulo económicomico, no impide mantenerse fervorosaníente como soldado de la espiritualización de la existencia. Opino, como Baldomero Argente: “Es, en efecto, el espíritu quien urde la Historia y crea la Civilización; pero el espíritu condicionado, encauzado, señoreado por el factor económico, cuyas etapas se cumplen por virtud de las leyes inmanentes, hasta el punto de que, reproducidas aquellas etapas económicas, el espíritu recae en las mismas creaciones, descubriendo el nexo irrompible que a unas y otras encadena. A esta luz, el pasado se ordena e ilumina y fosforecen en la oscuridad del futuro lógicas persuasivas, adivinaciones del porvenir”.

Hace ya varias décadas, el profesor Aquiles Loria produjo un libro que atrajo extraordinaria atención y circuló en varios idiomas por el mundo; originariamente se denominó “Teoría Económica de la Constitución Política” y en ediciones últimas,”Las bases económicas de la Constitución Social” que, sin duda, traduce mejor su contenido. ¿Qué se proponía el eminente hombre de estudio? Lo expresa con precisión en el breve prólogo: demostrar “que la codicia, el sórdido y mezquino egoísmo, el espíritu de escuela y de casta, gobiernan nuestra sedicente democracia; ha desenmascarado aquella deidad política que solíamos decorar con los nombres más altisonantes y pomposos; y, levantando el velo que la encubre, ha mostrado que allí donde se creía encontrar a la mística Isis, no hay sino un ávido y despiadado cocodrilo”. Estas palabras no pertenecen al pasado, por desgracia.

La democracia, pues, tiene que comenzar a edificarse desde la ordenación económica: todavía posee sentido aquella divisa que estuvo en el alma de los que en la vieja Italia, en la sombría Rusia de los zares, en la España de los cacicazgos y en la América de las redenciones presuntas, proclamaban: “tierra y libertad”. El árbol de la justicia social debe penetrar sus raíces en la tierra, donde se esconde el. sudor de los labriegos y se hunde la uña del arado. Es la base firme o deleznable del edificio de la solidaridad según el grado de profundidad de ese arraigo.

El único gobernante nuestro de extraordinaria clarividencia en política agraria, fué Rivadavia quien por eso se atrajo el, odio mortal de los señores feudales a que representó brillantemente Rozas. Después del frustrado intento rivadaviano de conservar la tierra para la Nación, la inmensa riqueza territorial del país sirvió para crear un tipo de sociedad en que el privilegio se llamó derecho y en que el derecho a la vida se denominó servidumbre de la gleba. ¿De qué vale cantar al agricultor su proeza magnífica si en el corazón del fruto está la maldición de la tierra esclavizada por el privilegio?

En pocas palabras: para que sea legítimo hablar de democracia, corresponde crear un tipo de economía social en que el hombre sea libre y obtenga justicia y dignidad. Mientras tal no acontezca, se vivirá en la esfera de la ficción con todos los peligros de pensar de una manera y obrar de otra. Es la dualidad más desdichada que puedan padecer los pueblos. El mismo Loria a quien recordaba antes, denuncia esa contradicción fatal: “la sociedad tiene hoy apariencias de vigor y de florecimiento que parecen desafiar toda amenaza; pero, si aproximamos el oído, percibiremos esta apariencia de orgullo y de vida que es roída por la lenta carcoma de la muerte. Un fúlgido manto recubre a la sociedad capitalista; pero si miramos de cerca, veremos que un borde de ese man¬to es negro y que el borde se extiende se extiende hasta que el espléndido paño que envuelve a la sociedad no es más que el fúnebre sudario que debe recubrirla’, He ahí el cuadro de la estupenda brillantez técnico política del mundo envuelto en el sudario de la más horripilante guerra de exterminio.

Hay que dignificar el trabajo, no en discursos pomposos ni en cantos escolares sino, en primer término, haciendo del hombre que trabaja una unidad de justicia y de seguridad para que su propia vida sea una canción de civilidad armoniosa. Para ello, se impone la práctica de una moral fundada en el deber de servicio social, no como maldición totalitaria sino como aprendizaje cordial. Y todos los desarreglos que nos traen las mistificaciones de diverso orden, desaparecerán con los remedios de la auténtica democracia. Todo esto parece divagación de insomnio. Pero cuanto de grande ha concebido la mente humana, cuanto sirve a la vida noblemente realizada lo mismo la bombilla eléctrica que la verdad científica, el agente microbicida que la institución revolucionaria – ha sido en algún momento simple enunciado audaz de un espíritu tocado de aventura. Y volvamos a don Quijote: no confundamos los inofensivos molinos de viento con descomunales gigantes; eso sería locura; pero tampoco tomemos a los gigantes del mal social como a inocentes molinos de viento, porque eso es inexcusable estupidez.

Copia realizada por el ICEPAL (Instituto de Capacitación Económica para América Latina). Se autoriza su reproducción y divulgación citando las fuentes.
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