El Primer Gobierno de Carlos Menem.

Posted by admin on enero 20th, 2010

Este gobierno asumió en una situación muy delicada de la economía. La designación del Ministro Roig produjo un efecto positivo, ya que se calmaron los mercados al ver que la política económica seguramente diferiría de la enunciada en la campaña electoral. Al día siguiente de asumir se enunció el llamado Plan Bunge y Born.

Las medidas intentaron nivelar el sistema de precios devastado por la inflación y consistieron en una elevada devaluación de la moneda, incrementos en las tarifas y combustibles y un aumento tope en las remuneraciones. Al fallecer lo sucede Rapanelli, que al no poder cumplir los objetivos propuestos y apremiado por una recesión que se acentuaba, renunció a los 5 meses.

Durante este ministerio se sancionaron dos leyes importantes: la Reforma del Estado y la Emergencia Económica, que dan normas sobre una reforma administrativa, sobre privatizaciones, a la participación del capital privado, entre otras. Cabe destacar que estas medidas, que configuraban un oportuno plan de gobierno, no pudieron llevarse a la práctica. Como balance puede destacarse una pronunciada disminución de la producción industrial, una importante reducción de la inflación que llega al 9% mensual y una pronunciada pérdida de divisas.

Con la llegada de Erman Gonzalez se anunció el Plan Bonex que consistió en cambiar los depósitos a plazo fijo por los mencionados títulos, que fueron valorizados según la cotización anterior a tal medida, pudiendo disponer los depositantes en cada vencimiento sólo de una pequeña suma en efectivo. Las empresas podían disponer en efectivo de las sumas destinadas al pago de sueldos, jornales, SAC y cargas sociales correspondientes al mes de diciembre de 1989. Se estableció que las entidades financieras no podían recibir depósitos a plazo fijo y que solo cuando la estabilidad estuviera asegurada se aceptarían por plazos no menores a 90 días (podían recibir depósitos y efectuar préstamos en dólares y bonex a tasas libres). Se convirtieron además en Bonex todos los títulos de la deuda interna del Estado.

El nuevo plan estableció el mercado libre de cambios, libertad de precio para los bienes sin incremento de las tarifas públicas, un aumento de las remuneraciones en una cantidad fija (US$15) y dejó sin efecto un aumento en la retención a las M que se habían impuesto durante la gestión de Rapanelli. El nuevo presidente del Banco Central anunció que no habría más emisión monetaria. El efecto inmediato de las disposiciones adoptadas supuso una fuerte suba de precios, esto estimuló una huida del dinero y se  desembocó en la hiperinflación.

Un nuevo paquete de medidas se aplicó a fines de febrero disponiendo la obligación por parte de las empresas líderes de informar acerca de los cambios de precios que efectuaran y rebajando los aranceles de importación de productos de la canasta familiar. Además se adoptaron decisiones para disminuir el déficit fiscal. Para aumentar los ingresos se acortaron los plazos de pago de los impuestos; se vendieron inmuebles del estado y se fijaron fechas para la privatización de empresas (Aerolíneas Argentinas, Entel y áreas secundarias de YPF). Respecto de los gastos fiscales, entre otras medidas, se eliminaron secretarías del estado y se suprimieron jubilaciones de privilegio.

 En el período  se logró una cuasi-estabilidad (índice de inflación promedio 8% mensual); una baja de la actividad económica como consecuencia de la restricción monetaria y en 1990 la balanza comercial obtuvo un superávit extraordinario: las X superaron en un 34% a las del año anterior, mientras que las M llegaron a la tercera parte de aquellas.

Erman Gonzalez fue reemplazado por Domingo F. Cavallo y con este empezó a regir a partir del 1 de abril de 1991 el llamado Plan Convertivilidad que contenía las siguientes disposiciones:
- Una de las primeras medidas fue la fijación de una franja dentro de la cual debía fluctuar la moneda. El techo de esa franja era de 10000 australes por dólar (nivel al cual el BCRA debía vender dólares) en tanto que el piso era de 8000 australes, caso en el cual el BCRA procedería a comprarlos.
- Se fijó una paridad cambiaria fija y para siempre de 10.000 australes por dólar.
- Se dispone que no se emitirá moneda si no se mantiene una relación de no menos del 100% entre la base monetaria y las reservas de libre disponibilidad del Banco Central.
- Se establece la libre convertibilidad con respecto a las monedas extranjeras.
- Se eliminan las indexaciones con lo cual se trata de evitar que se traslade hacia delante la inflación pasada.
- El precio de determinados servicios públicos experimentan aumentos (tarifas ferroviarias, teléfono y gas domiciliario). El precio de otros servicios, por el contrario se rebaja (gas para uso industrial y nafta)  se transfieren en el consumo importes que disminuyen el costo de fabricación.
- Se rebajan los encajes bancarios de los depósitos en australes y se aumentan los correspondientes a depósitos en moneda extranjera.
- Se autoriza al Banco Central a sacar ceros al austral y a cambiar la denominación del signo monetario lo cual, a partir del 1 de enero de 1992, dio lugar al “peso” y a igualar su paridad con el dólar.

En materia de Sector Público Cavallo expone la necesidad de llevar a cabo un plan para nivelar los gastos con los ingresos fiscales, para lo cual propone: reforma tributaria; lucha contra la evasión impositiva; disminución de empleados en la función pública; aceleración de las privatizaciones y  restricciones a las remesas de fondos a las provincias.

Se transfieren a las provincias los servicios educativos, sanitarios y sociales aumentándose su coparticipación impositiva (nuevo acuerdo de coparticipación entre gobierno nacional y provincias, en el cual se toma en cuenta la situación de las provincias de menores recursos).

Se efectuaron múltiples privatizaciones, por ejemplo: Entel, Segba, Aerolíneas Argentinas, Somisa, Gas del Estado y Obras Sanitarias.

En materia impositiva se aumentó a alícuota del IVA del 16% al 18%; se aumentó la tasa de impuesto a las ganancias aplicable a sociedades pasó del 20% al 30%; se crean el impuesto a los bienes personales no incorporados al proceso económico y se derogaron los gravámenes a los capitales y PN.

Se adoptaron una serie de medidas para mejorar el TC real a determinadas X: se otorgó un reintegro a las X de carne; se rebajaron las retenciones a las X de granos y semillas; se eliminó la tasa del 1,5% que gravaba a las X agropecuarias.

La disminución de los ingresos fiscales que originaron estas rebajas, se compensó con un aumento del 3 al 10% de la tasa estadística sobre la casi totalidad de las M y por modificaciones introducidas al régimen de promoción industrial.

Se crea el Banco de Inversión y Comercio Exterior (BICE) que financiará las operaciones de exportación y tendrá financiación del BID.

Entra en vigencia en Abril de 1993 el llamado Plan Brady. Mediante este acuerdo con los bancos acreedores del exterior se refinancian, en forma escalonada a 30 años, aproximadamente US$ 23.000M de capital adeudados más US$ 8.000M de intereses.

En el Sistema Financiero se disponen modificaciones en los encajes bancarios para las cuentas corrientes y cajas de ahorro, en tanto se eliminan los encajes para los depósitos a plazo fijo. Con posterioridad los encajes se modificaron con el objeto de favorecer los depósitos de más largo plazo; los bancos deberán depositar el total de sus encajes en el BCRA; se aprueba una nueva Carta Orgánica que reduce en gran medida las funciones del BCRA, las que se transfieren al Ministerio de Economía. El BC deja de ser asesor económico, monetario y cambiario del Estado, quedando solamente como asesor financiero. Se suprime la gerencia general como cargo permanente de la entidad, aunque su presidente puede designar a quien desempeñe esa función durante el tiempo de esa gestión.

A modo de balnce podemos concluir que el Plan de Convertibilidad:
- Permitió lograr la estabilidad y acelerar el ingreso de capitales al país de las economías industriales (que estaban en recesión). Estos dos factores estimularon el consumo debido a que existía capacidad productiva instalada, favoreciendo a Industrias (automotrices), comercios y servicios.
- Aumentó el Producto Bruto alrededor del 8% en el 91-92 y 6% en 1993.
- Se logró equilibrio entre los gastos e ingresos fiscales  debido a la reducción de la evasión impositiva y del aumento en la actividad interna.
- La estabilidad se obtuvo sobre la base del atraso del TC. La sobrevaluación de nuestra moneda se reflejó en un incremento de las M la balanza comercial se hace negativa.
- El atraso cambiario más la apertura de la economía originaron una alteración en la relación de precios de los distintos bienes.
- La falta de competitividad desalienta la inversión destinada a producir bienes transables la inversión apunta hacia los servicios.
- El aumento de la dolarización de la economía es un aspecto negativo del plan.
- Mala distribución del ingreso entre la población, que el impuesto inflacionario anterior al plan se había encargado de crear.
- En materia laboral como consecuencia de las reformas estructurales (privatización, racionalización de la Administración Pública) muchos trabajadores perdieron sus puestos y se convirtieron en desocupados crónicos. En 1991 el desempleo era del 6% y en el ´95 del 6,4%.

Inauguró UCACYT, el Polo Científico y Tecnológico de la UCA

Posted by admin on enero 20th, 2010


A fines de octubre, la Pontificia Universidad Católica Argentina inauguró UCACYT, un espacio de 2.100 metros cuadrados en el Dock 12 de su Campus en Puerto Madero equipado con la tecnología más avanzada en las áreas de Biomedicina, Bioética y Medio Ambiente. Con el proyecto, dirección y gerenciamiento del Estudio Urgell Penedo Urgell, se completa el edificio en el que ya funcionaba la Escuela de Posgrado y el Centro de Convenciones. Este edificio obtuvo el primer premio en el concurso Ctibor Cayc “La Arquitectura y el Ladrillo” en la reciente Bienal Internacional de Arquitectura BA09.

La Pontificia Universidad Católica Argentina (UCA) inauguró a fines de octubre en su Campus de Puerto Madero el UCACYT, un centro de investigaciones científicas y tecnológicas, que cuenta con tecnología de avanzada para desarrollar proyectos de innovación e investigación. En esta primera etapa, se abrieron en el tercer piso del Edificio San José -Dock 12- los laboratorios y oficinas destinados a Biomedicina, Bioética y Medio Ambiente, con 2.100 metros cuadrados, que se suman a los 21.500 ya construidos del Edificio, que funciona desde 2008. “Este proyecto, que incorpora a la Universidad al sistema científico, nació hace más de cinco años, y ahora inauguramos la primera etapa, en la que funcionarán 10 laboratorios”, anunció el decano de la Facultad de Ciencias Médicas de la UCA, Dr. Carlos Benjamín Álvarez. También está proyectada la construcción de otros 1.300 metros cuadrados de laboratorios para las áreas de Alimentos, Informática y Comunicaciones, como parte de un proyecto a largo plazo que culminará en 2022.
El proyecto UCACYT fue un gran desafío arquitectónico, explica el Arq. José Antonio Urgell, uno de los titulares del Estudio Urgell Penedo Urgell: “Requirió intervenir los pisos superiores, (3º y 4º, inaugurados recientemente) en un edificio en funcionamiento, ubicado en un área de protección histórica”. El espacio de investigación de alta complejidad se distribuye en siete módulos en los pisos superiores del edificio, cada uno de ellos compuesto por dos espacios de laboratorio, una oficina y un depósito de insumos. Las instalaciones tienen sectores de usos específicos, destinadas a cultivos de células, bacterias y levaduras, cuartos de balanzas, microscopía confocal, citometría, material radiactivo, cámara de frío, cuartos de equipos comunes, sala de tratamiento de aguas y áreas de lavado.


En UCACYT funciona el Instituto de Bioética, creado en 1994; el Programa de Investigaciones Biomédicas UCA-CONICET, generado en 2007, que trabajará en el campo de la Biomedicina; y también el Programa para el Estudio de Procesos Atmsoféricos en el Cambio Global, que trabajará en las áreas de Medio Ambiente. Mediante este acuerdo, investigadores del Conicet y de la Universidad trabajan en proyectos como “Biología celular y molecular de la fibrosis quística” y “Desarrollo de aptámeros (moléculas de ADN de una sola cadena) capaces de reconocer células tumorales, con fin de diagnostico y tratamiento”.
Para poner en marcha UCACYT se realizó una inversión de 12 millones de pesos en infraestructura y 6 millones de pesos en equipamiento, financiado con recursos propios de la Universidad. Con el agregado de los nuevos laboratorios, se completaron más de 55 kilómetros de cable, con circuitos exclusivos para el equipamiento de última tecnología. Los laboratorios cuentan con una instalación termomecánica que garantiza aire de máxima calidad con filtrado de alta eficiencia, una instalación sanitaria con sistema de desagües químicos, un sofisticado sistema de recolección y tratamiento para residuos especiales y una instalación de gases especiales que incluye la provisión de dióxido de carbono, oxígeno, nitrógeno, helio, vacío y aire comprimido. Los pisos son a prueba de ácidos y álcalis y las mesadas son ignífugas.

Más información sobre el reciclado del Dock 12

El Polo Científico y Tecnológico de la UCA funciona en el Edificio San José, Dock 12 de Puerto Madero, que fue reciclado íntegramente en 2007 por el Estudio Urgell Penedo Urgell. Con este edificio se completa el reciclaje de los cuatro Docks adjudicados a la Universidad en 1992.
Las fachadas se mantuvieron en un gran porcentaje con sus ladrillos originales, fabricados a fines del siglo XIX, aunque en muchos sectores hubo que construir especialmente ladrillos similares, pues estaban muy maltratados por el paso del tiempo. “Adoptamos una actitud conservadora por fuera, ajustándonos estrictamente al estilo original. Y nos reservamos para el interior la posibilidad de una intervención más moderna”, explica el Arq. Augusto Penedo, uno de los titulares del Estudio Urgell Penedo Urgell.
La reforma estructural también exigió un complejo estudio para conseguir plantas de máxima flexibilidad. Algunas losas se reconstruyeron y algunos entrepisos de madera fueron reemplazados por estructuras metálicas. Un análisis estructural complejo dio por resultado la supresión de columnas centrales y perimetrales, de hierro y de hormigón, pues el edificio original se construyó en dos etapas. De esta forma, el proyecto definió un espacio central flexible, flanqueado por dos patios abiertos que permiten el ingreso de luz natural a través de grandes claraboyas, porque, como expresa otro de los titulares de Urgell Penedo Urgell, Arq. José Antonio Urgell, “la iluminación hace la arquitectura”. Esas aberturas separan el espacio central del área perimetral, donde la mayoría de los módulos son de 7 por 10,50 metros, y fueron destinados a aulas hacia la calle y el espejo de agua. Los frentes cortos, el Norte y Sur, son para áreas de investigación y estudio, y el 3º y 4º piso, por debajo de la cubierta metálica, para laboratorios y oficinas para programas de alta complejidad. “Es un espacio completamente peatonal, con una escalera principal que, además de unir los niveles, funciona como punto de encuentro social”, concluye el Arq. Juan Martín Urgell.
El Estudio Urgell Penedo Urgell recibió por esta obra el primer premio en el Concurso Ctibor/Cayc “La Arquitectura y el Ladrillo”, que se entregó en octubre en el marco de la XII Bienal Internacional de Arquitectura de Buenos Aires a obras que incorporaran el ladrillo por sus cualidades estéticas y constructivas.

El desmoronamiento del Neoliberalismo; se divide la Escuela Austiaca de Economia

Posted by admin on enero 18th, 2010


Peter Boettke, Steve Horwitz y otros intelectuales austríacos de enorme prestigio, han creado un blog hace algún tiempo -bajo el título “Austrian Economics”-, en el que se concentraban intercambios de enorme relevancia académica.

En este 2010, han comenzado los intercambios con un claro mensaje de Peter Boettke en el que se abandona la denominación de Escuela Austríaca, y se lo reemplaza por “Coordination Problem“.

En el video tratamos con el Dr. Sandler de separar las aguas y poner claridad en el conflicto planteado.

LAS AMENAZAS A LA LIBERTAD Y PASOS A SEGUIR.

Los modernos Thing Tanks han dedicado todo su esfuerzo en reafirmar las tesis liberales desarrolladas por la Escuela Austriaca -centrados fundamentalmente en la lucha contra todo tipo de colectivismo-, pero en su afán por difundir estas ideas, -como en las Universidades a principios del Siglo XX- mantuvieron un pilar fundamental del liberalismo fuera de todo análisis. Este error amenaza con derrumbar todo el edificio de la libertad.

El neoliberalismo nace a fines del SIGLO XIX cuando en las universidades se elimina deliberadamente de la currícula académica el factor tierra de los factores de producción. Esto logra con el paso del tiempo la transmutación del “Sistema Económico y Rentístico de la Confederación Argentina” –originada en la Revolución de Mayo y ratificada en la Constitución de 1853/60- hacia un perverso sistema de impuestos de tipo romano que atacan a trabajo, a la inversión y al consumo.

Hayek quien supo con gran habilidad salir de todas las trampas planteadas por los colectivismos, no pudo salir de esta trampa que precisamente dio origen a todos los colectivismos. No pudo ver que el origen de todos los males radica en el origen de los recursos fiscales y su impacto sobre la libertad, la igualdad, la propiedad, la justicia, el Federalismo y la Republica.

LA CAUSA DEL BICENTENARIO

Posted by admin on enero 18th, 2010

Héctor Raúl Sandler – Guillermo A. Sandler
1.-Henry George — El Economista para el Siglo XXI
Empecemos por decir que quien lea Progreso y Miseria, accederá al libro más actual y necesario para afrontar los problemas sociales de su país al comienzo del siglo XXI. Esto es así porque George analiza los fundamentos de un orden económico adecuado a la condición humana. Progreso y Miseria es mucho más que un tratado de economía. Si bien descubre las bases necesarias para una economía correcta, lo hace usando refinados conceptos sobre las relaciones del hombre con Dios, el derecho, la política y el orden social como su habitat.

La economía social es como el cimiento de un edificio. Los cimientos son la parte de la obra que nadie ve ni recuerda, pero de cuya constitución y conservación depende todo el resto de la construcción. La actividad económica no es la más excelsa que los hombres puedan cumplir. Su fin primordial es satisfacer las necesidades materiales del cuerpo. Pero cuando el orden económico falla por la mala constitución de alguno de sus fundamentos, todos los otros órdenes de vida humana – la religión, el arte, la ciencia, el derecho, la política y hasta las costumbres – se degradan. Una cultura sensualista desplaza al espíritu y tanto los individuos como la sociedad se deshumanizan.

¿Como puede decaer la civilización moderna?
Gran parte de los problemas sociales e individuales del mundo actual son atribuidos a los grandiosos cambios ocurridos en apenas cien años. ¿Cómo es posible entonces sostener que una obra escrita en 1879 pueda ser tenida como la más actual y necesaria para afrontar las urgentes reformas que demanda la sociedad humana del siglo XXI? Para comprenderlo es necesario dar un vistazo a la relación que, a partir del siglo XVIII, se ha producido entre lo que algunos hombres piensan sobre la sociedad y la forma en que ella efectivamente se organiza.
No se fuerza demasiado la historia contemporánea si se dice que la concepción de Adam Smith, (Riqueza de las Naciones, 1776), iluminó el quehacer de los gobiernos de Occidente durante el siglo XIX (entendido como el que corre desde 1815 a 1914). Progreso y Miseria vio la luz un siglo después (1879). De no haber mediado la necedad de la clase dirigente que llevó a la primera guerra mundial (1914-1918), debió haber sido la obra inspiradora de pueblos y gobiernos para rectificar las deformaciones del orden social llamado «capitalismo».
La economía de mercado practicada sin leyes que aseguren el acceso igualitario a la tierra para todos los hombres, con vida y por venir, y que dispongan que la renta del suelo es el primer recurso financiero de la economía pública, dio lugar a sociedades capitalistas de variada conformación, pero con rasgos similares. Emergieron monopolios y privilegios, se explotó a los trabajadores, se establecieron oligarquías políticas y, de modo principal, dominó la injusticia social.

Karl Marx (1818-1883) fue contemporáneo de George (1839-1897). Pero su experiencia vital fue europea, no americana. No vivió en una sociedad que fuera visible el alto impacto de las tierras libres en la configuración del orden social. Ni vivió en medio de la obscena especulación con el suelo, como lo viera George. Estas diversas experiencias explicarían sus diferentes diagnósticos sobre la raíz de los problemas sociales y sus distintos remedios.
Desde su perspectiva europea Marx forjó teorías explicativas de los problemas y sugirió remedios para eliminarlos. Su doctrina ejerció fuerte atractivo en intelectuales y la clase trabajadora europea a mediados del siglo XIX. Sin embargo, su influencia había cedido notablemente al filo del centenario. Fue la catástrofe de la guerra de 1914 la que abrió las puertas a la ola de revoluciones sociales que elevaron a primer plano al marxismo y generaron, como reacción, al fascismo y al nazismo. El socialismo marxista se convirtió en el evangelio laico de las revoluciones de la centuria. La violencia como método político se adueñó del escenario europeo y del mundo. En tales condiciones no es extraño que las ideas de Henry George, el filósofo social más leído en las décadas 1880-1910, dejaran de tener vigencia en la política y la academia.

Durante el siglo XX el orden económico social dejó de ser considerado un orden espontáneo. El Estado asumió la tarea de modelar a su capricho la economía, la pública y la social. En grado máximo, bajos los Estados fascistas, nazis y comunistas; pero también en los «capitalistas». Los enfrentamientos beligerantes obraron sus efectos sobre el pensamiento social. En principio, tras la derrota de los países del Eje, quedaron descalificados los modelos fascista y nacional-socialista. Pero terminada la guerra y hasta la década de los 1980, los EEUU y la URSS se enfrentaron en la guerra fría. Esta competencia política presentó ante los ojos de la gente la posibilidad de solo dos opciones de orden económico: el modelo capitalista y el comunista. Varias naciones trataron, y aun tratan, de configurar un «tercer modelo» a través de una «tercera vía». Sin éxito por no considerar las enseñanzas de Henry George.

En los umbrales del siglo XXI, el colapso de la Unión soviética generó la convicción – ciertamente errónea – que el «capitalismo» había acreditado, empíricamente, ser el único modelo posible. Bajo el impulso natural de establecer un orden económico mundial, alentado por el volátil capital financiero, se expandió la ideología denominada neoliberal. Esta política es adoptada por los gobiernos nacionales acuciados por la falta de recursos financieros, aconsejada por académicos de nota y exigida por los organismos internacionales de crédito, como el FMI.

Los efectos del pensamiento neoliberal son iguales a los del capitalismo, porque ambos aconsejan crear un sistema estrafalario. Un sistema en el que las actividades de producción y consumo, a cargo de los particulares, se ordene mediante mercados en libre concurrencia. Pero al mismo tiempo se tolera que algunos pocos puedan ser dueños de ilimitadas extensiones de tierra, con el agravante que ese derecho de propiedad incluye la facultad de adueñarse del creciente valor del suelo. Este premio a los dueños de la tierra tienen que pagarlo todos aquellos que trabajan e invierten capital. Por otra parte, al permitir la ley esta apropiación privada del crédito público (no otra cosa es el valor de la tierra), los gobiernos, carecen de recursos financieros legítimos. En consecuencia dictan leyes ilegítimas para cobrar impuestos. Estas leyes son inmorales porque confiscan (hacen público) lo que es propiedad exclusiva de los particulares: el fruto del trabajo y la inversión. Por lo tanto, los gobiernos en lugar de ser la solución pasan a ser parte del problema. Sosteniendo ese sistema achican el mercado interno, destruyen la actividad empresaria, endeudan al Estado hasta llevarlo a la bancarrota y dejan al país en la miseria o en la guerra civil.

Por causa de este inmoral sistema, millones de hombres deambulan en su respectiva patria en busca de «fuentes de trabajo», mientras gran parte de la única fuente de riqueza – su tierra – permanece apartada del proceso de producción. Otros millones, año tras año, emigran a naciones extranjeras. En algunos países latinoamericanos millones de familias forman la legión de «los sin tierra» (mientras su territorio está despoblado). Y en las más fastuosas ciudades, homeless (personas sin hogar) y niños sin familia, merodean por las calles, envidiando a los que al menos tienen un lugar en villas miseria, favelas o ciudades perdidas. Ante este panorama social contemporáneo y la supuesta falta de solución alternativa, conocer el pensamiento de Henry George, constituye el primer deber moral de toda persona bien intencionada.

Leer a Henry George es un deber de todo ciudadano que ame la democracia. Hay que rechazar categóricamente que la cuestión económica sea competencia de economistas, juristas o políticos. En primer lugar, porque la enseñanza oficial del derecho, la economía y demás ciencias sociales, ha sido organizada para sostener el actual sistema. Los graduados en las escuela de derecho, economía y ciencias políticas, sin conciencia clara de ello, procuran educarse para trabajar como «técnicos» del sistema imperante. Se requiere un esfuerzo espiritual para salir de esa servidumbre intelectual. Leer a Henry George, es el mejor tónico espiritual para quien desee encontrar fines más nobles a su profesión de jurista, economista o político.

Pero en segundo y principal lugar, Henry George escribió para ser entendido. Le repugnaba la oscuridad intelectual, con la cual muchos pasan por sabios. Para formar una buena sociedad es esencial que el individuo más simple conozca los fundamentos que exige una economía para que pueda vivir con holgura de su trabajo. Así como la democracia sería imposible si los ciudadanos ignoraran sus derechos y responsabilidades, del mismo modo una economía social de hombres libres, dispuestos a trabajar cooperativamente, animados por una justa distribución de la riqueza, es imposible si los ciudadanos ignoran los fundamentos de las leyes que deben construir ese singular orden económico. Henry George, con su lenguaje preciso, científico y absolutamente claro, pone ese conocimiento al alcance de cualquier ser humano, con tal que sepa leer. George es el pensador que necesitan conocer los que luchan por la democracia, la justicia social y la vigencia de los derechos humanos, no en el papel, sino en la vida diaria. El siglo XX, sobresalió por sus guerras, persecuciones y masacres. Esto ha sido muy doloroso. Sin embargo debe ser visto ahora, en retrospectiva, como una valiosa enseñanza sobre cosas que los hombres no deben hacer. Esta experiencia presenta la gran cuestión: ¿Cuáles deben ser los fundamentos de una economía para que sea base material de la libertad, la igualdad, la solidaridad, la democracia, los derechos humanos y la fraternidad universal? No es esta cuestión de técnicos. Es un asunto que involucra a cada hombre por entero y a todos los hombres en conjunto. Leer Progreso y Miseria es el modo de comenzar a saber cómo construir un mundo más noble. Para lograr un conocimiento sobre las bases materiales y morales de la sociedad, equivalente al alcanzado por la ciencia sobre la realidad natural. Así, por muchas razones y la fuerza de los acontecimientos, después de un largo camino, Henry George emerge hoy como el indispensable pensador que necesitan los jóvenes que forjarán la sociedad del siglo XXI.

II. LO CONCRETO A LA LUZ DE LA DOCTRINA DE GEORGE

Trataremos de ejemplificar el acierto de la teoría de George con un simple ejemplo extraido de la vida real actual (2009), que por su sencillez ( y reiteración) para comprenderlo no se necesita ser académico Basta con reflexionar como ser humano, eso sí, libre de ideologías y preconceptos.

Un habitual caso real en la Argentina

1. En el Barrio de Belgrano en la Av. Cabildo a pocos metros casi esquina Av. Lacroze hay un inmueble al que denominamos “E”. Se compone de un edificio (Local PB y primer piso), antigüedad 80 años (según contabilidad oficial amortizado a los 50 años y con un valor residual 0). Está construido sobre un terreno de una superficie de 412 m2. Según Boleta AByL para el año 2010 ha de pagar $2.200, Valor fiscal del terreno fijado en 103.000 pesos (aprox. 27.000 dólares) y el valor fiscal del edificio 70.000 pesos. Valor total 170.000 pesos.
2. Valor real del terreno según estimación del inquilino. 2.000.000 de dólares. Precio libre de mercado y que posiblemente se puede chequear en cualquier inmobiliaria de la zona sin necesidad de recurrir a “expertos micro economistas”. (Cada lector puede hacer su propia constatación con algun caso semejante de su barrio)

Examen del Caso “E

1. En el caso del inmueble “E” el valor real del terreno de 2.000.000 de dólares es efecto de la demanda del mercado. Quienes conforman la demanda en la ciudad, computan mucho menos la calidad intrínseca del terreno que las “mejoras sociales” que el terreno porta sin acción alguna del dueño. Tales son: su ubicación, la densidad demográfica de la zona y los servicios básicos que lo sirven, el prestigio social que genera a su ocupante , etc. Estas especiales mejoras son distintas de las “construcciones” hechas por el ocupante del terreno y han de ser consideradas como un capital; pero como “capital social” , pues es efecto de un complejo trabajo de la sociedad. Como todo capital origina un fruto , un beneficio para su titular. En el caso del capital social el titular es la “sociedad” y el especial interés que rinde se lo denomina “renta del suelo”. Esta, según George, es la “renta económica” que el ocupante del predio debe pagar anualmente al legítimo dueño del “capital social”. Esto es a la sociedad.
2. Cuando, como en el subsuelo o el campo se tiene mucho menos en cuenta los aportes de la sociedad a que las “propiedades intrínsecas” del terreno, se lo llama “regalía”. Es el típico canon a pagar en la explotación minera. Pero no solo en minería. Por ejemplo también se lo ha de pagar por el aprovechamiento de las ondas electromagnéticas: el pago de una “licencia”. En todos los casos el titular es la sociedad en cuanto ejerce su “soberanía” (mediante el Estado, provincia y municipio) sobre cierto espacio o recurso natural.
3. Distinto al “capital social” es el “capital particular”. Este es lo edificado, construido o plantado sobre su terreno por los particulares . Tres cosas distinguen a este “capital particular” conocido también como “mejoras”. Primero: no es efecto del trabajo social, sino obra de determinadas personas o grupos particulares. Segundo, las inversiones de los particulares tienden a desmejorarse con el tiempo por muy diferentes causas ( uso, innovaciones técnicas, perdida de sentido, etc.). A tal punto se desmejoran que, de acuerdo a cada caso, cumplida una cantidad de años disminuye su valor al punto de no “valer nada”. Cumplido ese tiempo ese capital particular se dice que está “amortizado”. Su valor residual es mínimo o ninguno. Tercero, muy por el contrario el “capital social” se incrementa sin cesar. ¿Las causas? Crecimiento vegetativo e inmigratorio de la población, aumento constante de la demanda de bienes materiales y, lógicamente, mayor demanda de recursos naturales.
4. En el caso del inmueble “E” un canon del 2% anual sobre el valor de mercado del terreno (2.000.000 x 2/100) la renta económica del suelo anual sería de 40.000 dólares, los que ingresarían al fisco a disposición del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. El ocupante del terreno no puede eludir ni evadir, ya que su valor es “público”, informado a todos por el mercado. Aparece como dato resultante de la oferta y demanda de terrenos de la zona. Cualquier inmobiliaria lo conoce al detalle. Es un dato objetivo , pues su fuente es el mercado y no las subjetivas declaraciones juradas impositivas. (Conviene informar que hay ciudades americanas cuyo canon a favor del fisco llega al 5% anual).
5. En nuestra sociedad , por obra del derecho vigente, a esa renta económica del suelo, que reiteramos es de la sociedad, se reparte entre el dueño del terreno y el inquilino. (En consecuencia, los gobiernos recurren a los “impuestos” para hacer de fondos, con lo cual absurdamente castigan la producción y el consumo).
6. Un inevitable efecto que se produce cuando la sociedad cobra el canon sobre el valor real del terreno ( inciso 4) : se obliga a su ocupante a hacer una asignación eficiente de la tierra que ocupa. Es “castigado” quien retiene tierras baldías que otros necesitan en grado de primaria necesidad.
7. Se impone una obligación propter rem a cargo del ocupante ( estas son obligaciones que nacen por tener la “cosa” en su poder). Se obliga al ocupante a hacer una “inversión económica racional”. Por ejemplo en el Caso “E”, construir un edificio de tal magnitud y utilidad general que mediante su explotación pueda afrontar el pago de la renta económica del suelo a la Ciudad, que en este caso sería de 40.000 dólares anuales. Se produce un doble efecto: por un lado, el acicate para que el ocupante ponga la tierra a producir, por si o por otros; por el otro lado, se produce un constante incremento de la hacienda del Gobierno de la Ciudad. (En el Caso E, se pasa de un ingreso anual de $ 2.200 ( 70 dólares) a otro de 40.000 dólares, sin aumentar impuestos. Atención: este crecimiento es constante. Aumenta en relación al aumento de la población y la mayor actividad económica).
8. Sin embargo el enorme crecimiento del “tesoro publico” no sería lo más importante. Lo decisivo seria la fuerte demanda de trabajo y de materiales , el correspondiente aumento de salarios para los operarios , de beneficios para las empresas proveedoras y la drástica reducción de la desocupación (sin necesidad de ayudas o dádivas por parte de un Estado exhausto). Esto se llama “reactivación económica para beneficio de todos con justicia social”
9. Pero hay mucho más igualmente decisivo. La habilitación de edificios nuevos en sustitución de los viejos produce una baja en los alquileres. Los propietarios de edificios solo cobran la retribución al capital invertido en la construcción. La renta económica del suelo es pagada al gobierno y no es transmisible a los inquilinos.
10. El Gobierno de la Ciudad dispondría de recursos reales (no afectados por la inflación actual , reductora de los recursos financieros la Ciudad y generador de más renta económica para el propietario). Los beneficios sociales serían enormes y para todos. Escuelas, líneas subterráneas, hospitales y equipamiento, poda de árboles, alcantarillado, reparación de calles, para todos y no para los “barrios exclusivos”. Progresiva eliminación de los tugurios y villas miserias. Hasta su total desaparición.
11. El Gobierno de la Ciudad ya no debería mendigar recursos al Gobierno Nacional ni endeudarse con organismos nacionales y extranjeros, pagando intereses. Los fondos públicos los suministra la colectividad toda. (Para darse una idea cabal del cambio el lector y el gobierno debieran imaginarse que la situación sería “como si” se procediera a alquilar a razón de un 2% la mitad de la superficie de la ciudad: unos 100 km2. Esta , en 1999 fue tasada mediante un serio estudio en alrededor de 110.000 millones de dólares).
12. El postre: si la Ciudad de Buenos Aires cobrara este canon , de modo simultáneo debe derogar los impuestos a los actos y al patrimonio local ( ingresos brutos, sellos, patentes, etc). Todos gravan fuertemente el trabajo y al verdadero capital.

*

SEPA EL PUEBLO DE LO QUE SE TRATA
Estas son algunas conclusiones que resultan del análisis social del economista Henry George aplicado a nuestra sociedad. Ellas son plenamente aplicables y absolutamente necesarias para la Argentina del siglo XXI.
Henry George analizó el tema como nadie.- Pero no fue no el único. Economistas como Wicksell, von Thunen, Walras, Joaquin Costa, Florez Estrada , Foldvary, Mason Gaffney, lo hicieron en el extranjero. En nuestro país publicistas como Belgrano, Rivadavia, Echeverría, Andrés Lamas , Roque Saénz Peña, Silvio Gesell, Carlos Rodríguez , Arturo Orgaz, Arturo Sabattini , Carlos P. Carranza, Antonio Manuel Molinari, entre otros, Todos participaron de la misma idea central: la sociedad debe cobrar la renta del suelo y eliminar los gravosos impuestos que asfixian a nuestra economía. Esta idea, con variantes, fue llevada a la práctica en Canadá, Australia, Nueva Zelanda, Singapur, Hong Kong, Dinamarca e incluso en varios estados de los Estados Unidos.

Sin embargo el tema es prácticamente ignorado por nuestra clase dirigente, de derecha a izquierda, y en los ámbitos académicos donde se enseña el Derecho, la Sociología, la Ciencia Política y la Ciencia Económica. Se lo hace sin considerar debidamente la cuestión básica del orden social: el acceso a la tierra y el destino de la renta del suelo. La enseñanza superior está fuertemente influida por el dogmatismo jurídico en Derecho y por la Escuela Neoclásica en Economía. El primero es el estudio pormenorizado de la “ley dictada”, con ignorancia de la realidad a la que debe servir y del contenido de la ley que conviene dictar. La escuela neo-clásica –intencionadamente o no- registra como únicos factores de la producción al trabajo y el capital. El factor tierra y su renta han desparecido. Por este escamoteo de la tierra – don de Dios por nadie producida – ella pasa a figurar como capital. Así se formula un modelo opaco con graves consecuencias sociales. Esa escuela es incapaz de, prevenir y mitigar las crisis recurrentes ocurridas cada 10/20 años en el mundo y cada 5/10 años en nuestro país. SE limita a prestar atención al aspecto financiero, esto es, a la superficie ignorando los efectos que en todo el orden social produce la apropiación en manos privadas del incremento de la renta económica del suelo .

A estas son conclusiones puede llegar cualquier ciudadano común, sin necesidad de títulos académicos ni doctorales. La síntesis del pensamiento de Henry George expuesto al comienzo y el ejemplo transcripto a continuación le explican el fenómeno mejor que una carrera universitaria completa. La distorsión que produce el derecho vigente debe ser comprendido por todos los ciudadanos, para que la democracia económica sea el fruto de la democracia política.

La Argentina detenta su soberanía sobre una de las más vastas superficies del globo: 2.791.810 km2. Pero esto no quiere decir que todos los ciudadanos tengan acceso fácil a ese territorio. Lo que ahora necesitamos es que los habitantes de carne y hueso puedan aprovechar ese territorio para vivir y trabajar. Al no hacerlo, instintiva y bárbaramente, nacen “villas miserias”, “conventillos” , “ciudades perdidas” , usurpaciones y los escandalosos bolsones de pobreza.

Necesitamos construir entre todos una poderosa y desarrollada sociedad civil. Esto solo se podrá lograr si aquella “soberanía” se traduce en los hechos en un igual derecho de acceso a la tierra para todos , para cada uno de nosotros, para nuestros hijos y para “todos los hombres que quieran habitar el suelo argentino”.

Esta es en el 2010 la gran causa del Bicentenario.
Quiera el pueblo conocer y concretar la base necesaria para gozar de todos los derechos que promete la Constitución Nacional.
Buenos Aires, Diciembre 31 de 2009

EL JUICIO DEL BICENTENARIO Por Hector SANDLER

Posted by admin on enero 18th, 2010

OJEADA RETROSPECTIVA AL BICENTENARIO DE LA REVOLUCION DE MAYO

JUICIO DEL BICENTENARIO
Estimado amigo:
El contenido del documento que corre más abajo se desarrolla con un fin específico: plantear intelectualmente un problema del orden social argentino. Como exige todo planteamiento de problemas especificos, se lo hace en base a ciertos “presupuestos”, los que generalmente se dan por sabidos. No es este el caso.
Hay gran perturbación política y no poca desorientación para poner en claro problemas básicos. Por ello, en primera parte, expongo abiertamente los “presupuestos” e “hipótesis” en que mi documento se basa.
Lo inicio de este modo porque he recibido muy interesantes observaciones de los primeros lectores. Pero, lamentablemente, atraídos por cuestiones adjetivas no se han detenido en lo único que me interesa: ver si existe algún problema a estructural básico en la sociedad argentina. Uno, que siendo la causa de múltiples nuevos problemas generados por el devenir , permanece oculto bajo la polvareda de disputas motivadas por los nuevos problemas que cada día nos trae.
Me importa mucho conocer vuestra opinión. Mas no sobre el documento como pieza literaria y hechos circunstanciales que todo discurso inevitablemente arrastra, sino sobre el “núcleo grueso” que el documento expone como problema de orden económico/ jurídico al que los argentinos debemos solucionar so pena de muchos padecimientos en incierto porvenir.
Por eso en forma clara comienzo por exponer tres “presupuestos” y dos “hipótesis”.
Se es por completo libre para aceptar o no , total o parcialmente, esos presupuestos e hipótesis . Pero no discutirlos. Al menos en este caso. Sería, sin duda, una discusión muy interesante; pero no es parte integrante del problema que pretendo se discuta.
Una aclaración final: no es menester ser economista , jurista o experto en ciencias sociales para abordar el problema que se plantea. Lo que se requiere es mente sin prejuicios, corazón sensible y buena voluntad.
Con vivo interés aguardo vuestros comentarios sobre la tesis sostenida. Te saluda muy cordialmente
Hector Sandler

I. PRESUPUESTOS DEL PLANTEO DEL PROBLEMA
Postulado metafísico:
Cada ser humano llega a la vida dotado de libertad para realizarse como una personalidad única mediante su actividad y participación en las diversas esferas de la existencia.
Postulado ontológico:
El hombre es necesariamente un ser social, por lo que el tipo de orden social en que vive condiciona su posibilidad para realizarse como ser libre.
Corolario empírico: El tipo de orden jurídico establecido para acceder a la tierra (Naturaleza ) condiciona el tipo de orden social en su doble dimensión: la esfera privada y la pública.

II. HIPOTESIS
HIPOTESIS GENERAL ( PARA EL ORDEN SOCIAL MODERNO )
El orden social humano moderno ha de constituirse satisfaciendo simultáneamente tres exigencias que se hallan en recíproca tensión entre sí: libertad de todos; igualdad de trato para todos y fraternidad entre todos.

HIPOTESIS ESPECIAL (PARA LA ARGENTINA MODERNA)
La Constitución Nacional 1853/60 contiene todos los principios de orden de vida individual y social derivados del postulado metafísico; del postulado ontológico y del corolario empírico.

III. TESIS DEL DOCUMENTO
1) Un complejo sistema legal deriva de la conjunción de las normas contenidas en: a) el sistema de derechos establecidos por el Código Civil para facilitar a los individuos el acceso a la tierra y
b) el régimen de impuestos nacionales desarrollado a partir del año 1932.
2) Esas dos secciones del ordenamiento positivo configuran un sistema jurídico antiguo. Imposibilita concretar el orden social prometido en ideales, derechos y garantías declarados en la Constitución Nacional
3) A la luz de la experiencia histórica y el estado del conocimiento, para tornar moderno a ese sistema , es necesario sustituir al régimen de impuestos nacionales vigentes por otro compatible con el Código Civil y los propósitos, derechos y garantías de la Constitución originaria.
4) Lo propuesto no es una panacea. Pero sin esta reforma ningún remedio será eficaz para forjar una mejor sociedad argentina.

IV. DOCUMENTO “JUICIO DEL BICENTENARIO”

1. Introducción

La Constitución de 1853/60 fue el “plano” diseñado para “constituir” una extraordinaria sociedad de hombres libres, tratados en pie de igualdad para que en cooperación fraterna se asocien en la tarea de desarrollar cada uno su propia individualidad. No le falta ni le sobra una coma a la vista del conjunto de principios fundamentales contenidos en su Preámbulo y en la parte primera sobre Derechos y Garantías. El resto de su texto es para la organización del Estado al servicio de ese tipo de sociedad.
Estamos en vísperas del Bicentenario de la Revolución de Mayo. Observando los hechos que acontecen hoy en nuestra sociedad, no puede decirse que ésta ofrezca la imagen de la sociedad moderna tal cual fue planeada por aquella Constitución. No siempre fue así. Por el contrario, con todos los defectos que se puedan y quieran señalar, durante las primeras décadas que siguieron a la vigencia de la Constitución 1853/60, la Argentina ofrece al observador imparcial un progresivo avance en la concreción real de la sociedad ideal por ella diseñada.
Es a partir del primer tercio del Siglo XX (para algunos justo a partir del primer Centenario) cuando se observa un fuerte quiebre en esa dirección y aire de marcha. El fulgor emocionante de lo estrictamente político ha llevado a pensar que esa desviación se ha debido a algunos fuertes sucesos políticos ocurrido en los comienzos del siglo pasado. No es pacífica la opinión sobre cuál de esos acontecimientos ha sido el más decisivo para frenar o cambiar el rutilante progreso que nos distinguía en el mundo.
Sin restar importancia a esos estrictamente políticos, pensamos que su natural resplandor y la inevitable emoción que causan, no dejan ver la existencia de causas más opacas, pero mucho más responsables del deterioro argentino. Causas sistémicas que incluso habrían provocado los acontecimientos políticos a los cuales, a primera vista, se les atribuye la principal responsabilidad de nuestro deterioro.
Este documento es un esfuerzo para poner a la luz lo que suele permanecer oculto. Dado este objeto, es posible que el examen que se realiza parezca sesgado. Es inevitable, porque no se trata tan solo de poner en evidencia una verdad oculta, sino de descalificar o relativizar como verdad a muchas de las explicaciones dadas sobre nuestros fracasos. El fin práctico de este documento es movilizar a la conciencia y la voluntad política de los argentinos en una dirección distinta de la habitual. En tales casos no basta con exponer la verdad oculta. Junto con su exposición, hay que eliminar prejuicios de vieja data encarnados en la opinión de la gente y sus dirigentes.
2. TRES PRINCIPIOS SOCIALES DE LA REVOLUCION DE MAYO.
En una sociedad ocurre una revolución cuando en tiempo breve nace un impulso eficaz por ordenarla según principios de orden opuestos a los hasta ese momento vigentes. Si un mero cambio de gobierno fuera una revolución, la nuestra hubiese comenzado, por ejemplo, con las invasiones inglesas de 1806 y 1807. Sin perjuicio del efecto de estas invasiones, la Revolución de Mayo solo comienza cuando del entramado de conductas empezado en 1810 fueron emergiendo nuevos y distintos principios rectores del orden social. Con distinta intensidad y secuencia éstos obraron en las cuatro esferas de vida en que el orden social humano: el cultural, el político, el jurídico y el económico.
En este documento nos interesa iluminar tres principios fundantes de las estructuras del orden social en ciernes. Ellos bastan para calificar a los hechos de Mayo como una auténtica revolución social. Ellos derivan de un rasgo propio de la modernidad: tener en alta estima social a la libertad individual sin perder de vista al orden social como contexto imprescindible.
Primer principio: libertad de trabajo y propiedad sobre el fruto del trabajo
El primer principio de orden social fue legalmente afirmado en la Asamblea del Año XIII. Se lo conoce como “libertad de vientres”. El nombre no revela su magnitud. Lo que se resolvió, en prudentes pasos, fue poner fin a la esclavitud. Terminar con la esclavitud en tan temprana época debe ser el mayor motivo de orgullo de los argentinos.
Desde el punto de vista económico, acabar con la esclavitud no significa solo “libertad de trabajo”.en el sentido vulgar de “hacer cada uno lo que le plazca”. Engloba algo mucho más importante: ser dueño de aplicar libremente su trabajo y ser dueño exclusivo del producto del propio trabajo. Visto desde el otro lado, esta libertad de Mayo entraña la prohibición de usar la fuerza o artimañas para apropiarse del trabajo ajeno y sus frutos. Observada esta decisión a la distancia, mirada desde el estado actual de nuestra sociedad, no puede uno dejar de sentir emoción por los nobles y fecundos ideales que inspiraban a los patriotas de Mayo. Este ideal otorga dignidad moral y espiritual a la asociación humana.
Debemos formularnos esta pregunta: si este ideal es reconocido por todos, ¿por qué es hoy tan difícil concretarlo? Este interrogante ha dado lugar a muchas respuestas. Respetando todas ellas, preferimos la que sigue a continuación. No porque sea la única, sino porque ésta es la raíz de un orden social que sirva a la perfección del hombre como individuo. El grado de existencia de la “libertad de trabajo” así entendida, condiciona el ejercicio de la libertad en todas las facetas del orden social.
Segundo principio: Tierra barata para quien la necesita
Un segundo principio – raigal para una sociedad humana moderna – fue tratado y desarrollado por Revolución de Mayo. Fue desarrollado en sucesivos pasos. Se comenzó por decretar a la tierra como recurso de propiedad de la sociedad argentina como una totalidad. El bien público por excelencia. SE continuó decretando disposiciones administrativas para preservar el dominio público sobre la tierra patria., El problema fue éste: ¿cómo lograr que los habitantes accedieran a ella libremente, en igualdad de derecho y obligaciones , para actuar de manera no conflictiva y por el contrario alentando la cooperación económica?
Formular respuesta legal demandó más de una década. La dio el primer Congreso argentino celebrado en 1826, dictando una ley notable, mal comprendida primero y peor tratada después: La Ley de Enfiteusis.
Esta ley mantuvo para la sociedad la titularidad del dominio sobre la superficie terrestre de la nueva nación. Estableció, a la vez, el derecho de un fácil de acceso al suelo a favor de todos los habitantes, presentes y futuros, con el único cargo de pagar un canon. Se pretendió mediante un derecho por completo nuevo resolver la vital necesidad de todos y cada uno de los habitantes de acceder a la tierra para producir mediante el trabajo y la inversión de capital y al mismo tiempo la necesidad no menos vital de la sociedad de contar con un fondo creciente destinado formar el “tesoro público”. (Para evitar frecuentes equívocos conviene subrayar la novedad de esta institución argentina llamada por un antiguo nombre,la “enfiteusis romana”. Ésta nada tiene que ver con la homónima argentina. En el derecho antiguo la enfiteusis era a favor del propietario privado y no de la sociedad).

Tercer principio: el gasto público debe ser pagado con la renta del suelo
Al derecho de todos y cada uno, la ley de enfiteusis estableció la correlativa obligación de pagar un canon de monto proporcional al valor del terreno. El acreedor de este canon era el primario titular del dominio: la sociedad. Dejando de lado errores en su organización (lógicos por ser nuevo invento legal/económico), cualitativamente esta obligación proter rem (por causa de poseer la cosa) fue la más revolucionaria de las instituciones sociales al servicio de la libertad individual. Ponía a cargo del poseedor la carga de trabajar (anulando así el egoísmo histórico de especular con la tierra) a la vez que acertaba con una fuente de ingresos para el Estado distinto al tradicional y vejatorio “impuesto”. Se aseguraba al gobierno los recursos necesarios para pagar el gasto público. Un mecanismo favorable a la paz social y a la solvencia necesaria para que el Estado pudiera ofrecer “bienes públicos” sin dañar a la propiedad privada fruto del trabajo. Era obvio que a mayor población, mayor valor de la tierra, mayor ingreso público sin daño a las libertades civiles y económicas. ¿Qué mejor idea para poblar el desierto argentino?
El trinomio legal de la Revolución de Mayo
Los tres principios expuestos no deben ser tratados, como ocurre con frecuencia, como logros independientes. Forman un trinomio legal indivisible pues cada uno de los términos da sentido a los otros dos. Tal cual como ocurre en un triángulo. Este trinomio es la base legal/económica para una sociedad de hombres libres, en igualdad de trato y cooperación fraternal. La libertad de trabajo y la propiedad del fruto de ese trabajo es la condición material básica para la efectiva existencia de las demás libertades.
Estas libertades no pueden lograrse en plenitud sin leyes jurídicas que a pesar de la limitación del recurso material que nos brinda la “naturaleza” (llamado “ tierra” ) configuren un escenario equivalente a la efectiva “tierra libre”..Una sociedad saludable es la que vive y trabaja como si existiera, gracias al derecho, una permanente “frontera abierta”. Esta condición es esencial para que cada nueva oleada de inmigrantes y cada generación que llega a edad adulta, sea tan libre como las precedentes.
Asombra hoy la visión de los hombres de Mayo. Fueron capaces de captar de un vistazo el problema social fundamental e intentar solucionarlo mediante el derecho positivo. Bosquejaron el recto camino para solucionar la inevitable tensión entre “individuos libres” y la “sociedad protectora”. Toda innovación importa inevitables imperfecciones, sobre todo si el invento es de la magnitud del intentado en Mayo. Frente a las críticas que con ligereza se le han hecho, conviene recordar lo dicho por el uruguayo Manuel Herrera y Reissig en el Primer Centenario. Saludó a nuestro país por haber sido el primero en la historia del mundo en haber intentado tal acertada legislación. De su fracaso deben dar cuenta sus argentinos posteriores, no los patriotas de Mayo.
3. TENSIONES PARA CREAR UNA SOCIEDAD ABIERTA EN LA ANTIGUA.
Esta revolución fue hecha para “constituir” una Argentina moderna Pero debía hacerlo en y sobre una “sociedad antigua” con casi tres siglos de existencia. Esta última estaba constituida cimentada en antiguos principios. El impulso revolucionario de Mayo vino a enfrentarlos y, naturalmente, sufrió las resistencias de esta “sociedad antigua”. Así se explica que dos décadas después de Mayo un gobierno reaccionario se dedicara a “restaurar las leyes”. ¿Cuáles habría de “restaurar” sino las antiguas?
La pulseada entre una naciente sociedad moderna y las naturales resistencias que la vieja oponía, fue cruenta. Insumió tres décadas. Sin embargo ha ser visto como un inevitable periodo de gestación. El necesario hasta el doloroso pero gozoso parto que se presentará ante el mundo una moderna y atractiva novedad. La semilla, el Programa de Mayo, floreció en los indelebles párrafos de la Constitución Nacional de 1853. Sin embargo el impulso vital renacido en la Constitución no significó ni podía significar la total desaparición de la sociedad antigua. Esta última tiene que ser vista como la materia en la que el impulso espiritual de Mayo pretende mediante, nuevas leyes jurídicas y efectivos actos, imprinir un orden social que refleje en los hechos los ideales principios de la Constitución (Arts.24 y 28).
No puede sorprender que muchos intereses de la sociedad antigua, encarnados en realidades desde mucho antes constituidas, derrotados en lo ideal, buscaran esquivar las transformadoras disposiciones de la Constitución. La Ley de Enfiteusis fue dictada con magníficos propósitos consistentes con el ideal de la Revolución; sin embargo habría de dar lugar a uno de los más escandalosos fraude legis en la historia. Conspicuos federales desde 1830 a 1852 y tras ellos no menos conspicuos unitarios – opuestos en todo – coincidieron en el egoísta interés material de apropiarse para sí del territorio argentino. Se valieron de esa ley para hacer lo contrario a su finalidad. Quisieron los patriotas de Mayo que fuera la llave para el acceso a la tierra por parte de los más simples trabajadores. Fue usada por unos pocos para acumular inmensas extensiones de tierra.
Llegados al gobierno los unitarios cometieron el mismo fraude legis antes de derogar en 1856 la ley de enfiteusis de la que se habían aprovechado los rosistas. La derogación de esta ley, derogada por “comunista”, (sic) demandaba dictar la legislación que asegurara las “propiedades adquiridas” y una adecuada vía para que los nativos sin tierra y futuros inmigrantes pudieran acceder a la ella conforme a la flamante Constitución. Se encargó de esta delicada tarea a uno de los más doctos juristas de la época: don Dalmacio Vélez Sarsfield. Éste , más atento a la realidad constituida que al ideal de la Carta Magna , dispuso lo conveniente para hacer compatibles los intereses de los pocos terratenientes establecidos (federales y unitarios) con las necesidades de la legión de hombres sin tierra. La institución legal construida por Vélez no sometida a discusión. El Código Civil fue aprobado por el Congreso de la Nación en una sesión y a libro cerrado. Hubo entre los terratenientes de todos los bandos un común denominador: establecer para sí el seguro dominio sobre la tierra. Estaban obligados por la Constitución a inspirarse en Dios “fuente de toda razón y justicia” , quien sobre este asunto se había pronunciado tajantemente ( Levítico 25:23) , cuyo mandato había sido reglamentado en Mayo para asegurar los tres principios sociales de la Revolución. Sin embargo, los intereses terrenales prevalecieron y se inspiraron, más bien, en un ramplón refrán: “quien llega primero a la fuente se bebe el agua”. Esta base legal habría de frustrar el destino de la Argentina moderna prometido por la Constitución. La institución legal romana, desconocida por el pueblo de Dios, se repetía en el solar más feraz de América. Con ella se reproduciría también la crónica guerra civil que llevo a la caída del poderoso imperio.
El Código Civil fue objeto de admiración general. No mereció igual aplauso por parte de Alberdi, padre de la Constitución , exiliado crónico y jurista de tal calidad que su natalicio fue elegido para fijar el Día del Abogado. Paradoja en la que no se repara lo suficiente , reveladora la profunda verdad una vez dicha: los juristas pueden hacer de la abogacía “la más noble de las profesiones si sirven a la justicia o el más vil de lo oficios si la escamotean”. Alberdi rechazó de plano al proyecto de Código Civil por considerar que no creaba instituciones para asegurar la democracia y la libertad individual. Denunció que el proyecto se copiaba el derecho de monarquías absolutas cuando no el de dictaduras o tiranías. No era un dato menor en boca del mayor constitucionalista fundador de la Asociación de Mayo. Cierto que maravilla que un solo hombre haya redactado tal monumento legal. Más la destreza técnica no deja ver que con lo establecido en relación al acceso y uso de la tierra, cometía un “contrabando” institucional. Se burlaba el bando de la Constitución que invitaba a todos los hombres del mundo a poblar el suelo argentino para vivir en libertad y del fruto de su trabajo (Preámbulo y arts. 14,16 y 17). Mediante unos pocos artículos el Código Civil introdujo en la liberal y moderna Constitución el derecho antiguo de Roma. Verdad es que no se lo hizo a escondidas; pues se declara abiertamente optar por el “derecho puro de los romanos” (nota al art.2003).
Este regreso al derecho antiguo era un cerrojo puesto a la libertad de trabajo en cuanto esta reclama un igual derecho de acceso a la tierra para todos (principio de igualdad económica) . Se creyó que este cerrop podía ser entre abierto mediante otra institución: el contrato locación en la ciudad y el de arrendamiento en la campaña (Párrafo 8, in fine de la nota al Titulo IV. De los derechos reales) Esperanza fallida. La necesidad de reiteradas reformas al contrato de locación urbano y al de arrendamiento rural , el creciente numero de personas obligadas a vivir en en lúgubres conventillos, pensiones, villas miseria, cuando no en las plazas públicas y umbrales, son la prueba pública de su mal cálculo para la ciudad. El permanente desierto que domina en el vasto territorio argentino, prueba que tampoco sirvió para poblar la campaña.
Según las cifras promedio que arrojan los censos nuestra densidad demográfica sería de unos 12 h/km2. Ocultan el desastre espacial/demográfico argentino. Basta con tomar otros datos para ver que el 85 % de la población argentina (más de 30 millones de personas) está asentada en ciudades cuya superficie sumada es menor a 50.000 km2, porción insignificante en comparación a los 2.800.000 km2 que tiene nuestro territorio continental. De este cálculo surgen otras densidades demográficas. La urbana sería de 600 h/km2, en tanto que en el resto del territorio ( 2.750.000 kim2) desciende a menos de 3 h/km2. No es posible ninguna sociedad moderna con tal densidad. La cosa es peor de lo que muestran estos cálculos. Hay hacinamiento urbano en medio de un territorio desértico. La llamada “Reina del Plata, tiene una densidad nocturna de unos 15.000 h/m2 , cifra que se elevaría a mas de 20.000 durante el día de trabajo. En consecuencia es “Reina” en mugriento palacio, como todas las demás ciudades argentinas. En los “cordones periféricos” e sus crecientes “islas” internas de personas aglomeradas, la densidad demográfica llega, en algunos casos, a la calamidad de unos 60.000 h/km2. Para explicación de este colosal desorden, rige este apotegma: la Argentina es un país que dispone de un inmenso territorio, geográficamente existente, legalmente adquirible, pero económicamente inalcanzable por quienes viven solo de su trabajo.
Con la adopción del derecho romano para acceder y usar de la tierra la cizaña quedó plantada. En todo lo demás el Código ayudó a poblar el país, si bien no del todo, sí eficazmente. El “retroceso” al “derecho antiguo” no se notó en un comienzo y pudo ser metabolizado sin grandes dolores, gracias a la vasta extensión del territorio, la escasa población (800 mil habitantes en 1860) y la voluntad de algunos terratenientes dirigida a poblar sus vastas posesiones. Un conjunto de circunstancias y el especial momento del mundo durante el Siglo XIX, facilitó el arribo de casi 4 millones de pobladores antes de 1900. Pero el sistema contenía una “bomba de tiempo”. Era menester desarmarla so pena que, tarde o temprano, estallaran conflictos en abierta guerra fraticida. Este había sido en Roma el efecto del “puro derecho romano”.¿Por qué habría de ser distinto en nuestro país?
En el Código Civil hay mucho de positivo. De modo claro establece – de modo consistente con la Constitución – un ordenamiento legal atractivo para trabajadores libres e inversores de capital. La dirección del proceso económico queda a cargo de los mercados. Para que este orden fuera benéfico para las libertades individuales, el enriquecimiento por el trabajo, la democracia como fuente de poder político , la república como división de los poderes del Estado y el federalismo , debía haberse integrado con un adecuado sistema de recursos. Adoptado en esta materia el principio de Mayo, el amenazante defecto que entrañaba la adopción del derecho romano de propiedad de la tierra podía ser convertido en virtud. Era necesario dictar un moderno sistema de recursos para los gobiernos, los provinciales y el nacional. Hubo muchas oportunidades para ello. Pero hasta antes del Bicentenario, todas han sido todas oportunidades perdidas. Repasarlas aclarará cuál es la fundamental política de Estado que los argentinos necesitan para que nuestra patria reingrese al camino del progreso y la prosperidad que una vez, guiada por la Constitución, iniciara.
4.OPORTUNIDADES PERDIDAS
Primera oportunidad: presidencia de Roque Sáenz Peña (1912-1914)
La insoslayable primera oportunidad para desmontar la bomba desintegradora de la civilidad argentina llegó cuando se resolvió adoptar el sistema democrático con la regla “un hombre, un voto”. Hablamos de la ley Sáenz Peña. Para darle pleno sentido y eficacia a este sistema electoral era necesario otra reforma legal. Así lo pensó e intentó el Presidente Saénz Peña. Con el proyecto electoral este gran hombre público preparó y envió al Congreso Nacional otro indispensable proyecto de ley. Organizar las bases para un sistema de recursos fiscales compatible con la prosperidad económica fundada en la iniciativa particular. Orden económico necesario para poder gozar de los beneficios de la democracia, la republica y el federalismo. Propuso establecer por ley el “impuesto a la tierra libre de mejoras”. Este proyecto institucionalizaba los principios sociales de Mayo y de la Constitución. Sáenz Peña sabia y lo sabía muy bien, que no hay efectivos ciudadanos si los hombres no son dueños del producto de su trabajo y no pueden serlo si no tienen fácil acceso a la tierra, rural y especialmente urbana.
Este impulso animaba por entonces a muchos argentinos e importantes líderes del mundo. El libro de Henry George “Progreso y Miseria”, de vasta difusión en las décadas anteriores a 1900, ayudo a institucionalizar el impulso mediante el adecuado derecho positivo . Reformas legales, con matices, tuvieron rápida concreción. En distinto grado, el sistema de George fue adoptado en los países sajones, nórdicos y germanos. Sus efectos se aprecian hoy en el notable y pacífico desarrollo de países como Canadá, Nueva Zelanda, Australia y Dinamarca, e inclusive en varios Estados norteamericanos. Todos menos poderosos que la Argentina de hace cien años atrás.
Pero la mayoría de los legisladores argentinos de1914 parecen haber olvidado el consejo de Alberdi: “gobernar es poblar”. E ignoraban que es imposible poblar si no se facilita la tierra donde hacerlo. Alberdi asignaba mayor importancia al derecho al trabajo (cuestión económica) que al derecho al voto (cuestión política). En el Sistema Rentístico afirmó una verdad hoy vigente: participar en la vida política es una opción; participar en la vida económica es una necesidad. Ignorantes de esta verdad, los legisladores de entonces aceptaron la reforma electoral; pero se resistieron a tratar la reforma fiscal. La que hubiera sustentado la democracia y el federalismo. Al no hacerlo hicieron de la benéfica democracia un factor de desorden. No es lo mismo que en cada elección voten “ciudadanos” con autonomía económica que “clientes” dependientes del gobierno.
Con la prematura muerte del Presidente, el proyecto económico fue archivado. Con esta decisión caducó la oportunidad de facilitar a millones de trabajadores el fácil acceso a la tierra, vivir de su trabajo y poblar más racionalmente el país. La fractura del proyecto de Saénz Peña – un proyecto con dos patas – fue fatal para la república, el federalismo y la democracia. Por la ley electoral se le concedió ciudadana política a millones de habitantes; pero subsistiendo en pleno vigor el “derecho romano de propiedad sobre el suelo” , quedaron privados de cabal ciudadanía económica. Se reforzó una ya existente sorda guerra civil. La insensata separación entre “ciudadanía política” y “ciudadanía económica”, otorgando derecho al voto pero no a la tierra, dio paso, como en la antigua Roma, a una ruinosa transformación del orden social. En todas las esferas de vida.
Los “ciudadanos políticos”, sin base económica real, se fueron transformando en “clientes”, tal cual en Roma. Esta es la raíz del “clientelismo” que tanto mal nos hace y que sin éxito todos critican. No escasean los convencidos que para unir ambas ciudadanías – la política y la económica – basta con la “educación”. Al menos, dicen, con alguna buena “instrucción cívica”. No saben de que hablan. Reproducen para la vida pública el disparate que narra la fábula: el cometido por aquel que pretendió enseñar al burro a vivir sin comer.
Segunda oportunidad: Presidencia de Agustín P. Justo (1932-1938)
La segunda oportunidad perdida para ajustar el orden económico y hacerlo consistente con el orden democrático, republicano y federal, ocurrió en 1932, bajo la presidencia del c General Agustín P..Justo. El Congreso Nacional, por angustias fiscales, debía dictar una ley para generar nuevos recursos. Ante esta exigencia para afrontar el gasto público se debía optar entre recurrir a la antigualla de un nuevo “impuesto” o recaudar la renta de la tierra. Recaudar un tanto por ciento del valor venal de la tierra no es un impuesto, sino la necesaria restitución a la sociedad del mayor valor del suelo obra del trabajo social. Es un valor público que por efecto del sistema de propiedad privada sobre la tierra ingresa, primariamente, en el haber del propietario, sin ser efecto de su trabajo e inversión. Los que crean “impuestos” no se fijan en tales sutilezas. Declaran “contribuyente” a cualquier clase (grupo) de personas, a las que eligen según caprichosos criterios. Su fin es que los integrantes de alguna clase entreguen parte del fruto de su trabajo al gobierno. Al acto o cosa que elijan la denominan “hecho imponible” y puede ser tan diverso como la compra de un televisor o la emisión de un cheque. De estas ocurrencias nos surte la historia humana. Allí figuran extravagancias como el impuesto a las ventanas; a la cantidad de ruedas de un vehiculo y el timbrado de una hoja de papel. El gobierno exige dinero bajo coacción porque necesita de fondos. Eso es todo.
En el curso de milenios fue un avance pasar de esta exigencia bruta a otra más refinada. El impuesto debía ser aprobado por representantes de una “mayoría•” (“No taxation without representation”). Pero para la vida moderna, a la luz del despilfarro que en democracias se comete, esto es insuficiente. Una ley no es “legitima” por el hecho que la voten muchos; incluso todos. ¿O lo sería la ley de Lynch por contar con el voto de la mayoría?
Lo que caracteriza al “impuesto” es que el gobierno tiene que afrontar un gasto y usa la “fuerza pública” para quitarle dinero a los particulares. Los patriotas de Mayo, reflexionaron sobre los perjuicios de este sistema y los beneficios que acarrea a la libertad de los individuos y al orden social recaudar la renta del suelo. Los legisladores de 1932 no tuvieron ni en la cabeza ni el corazón el ideario de Mayo. Ante la alternativa de recaudar la renta del suelo o crear un general impuesto sobre el trabajo y sus frutos , se decidieron por esto último. Dictaron la “ley de impuesto a los réditos”. Plantaron la cepa de todos los impuestos que a la fecha castigan al trabajo, la inversión, la producción y el consumo. Optaron por el sistema vetusto. Esta opción exige contar con un vasto “aparato recaudador”. De hecho la organización más poderosa para acabar con todos los derechos y garantías que asegura la Constitución. Una antigualla acarrea la otra. Volvieron los “publicanos”! y en consecuencia el derecho de abstenerse a declarar contra sí mismo (art.18 CN) dejó de regir en materia de impuestos. Aquí impera ahora el sistema inquisitivo.
La “ley de impuesto a los réditos” y su multiplicada descendencia fue un feroz contragolpe de la antigua Argentina contra el ideario de Mayo y la Constitución de 1853. Llevó al régimen de la coparticipación que mina en su base material al federalismo, la democracia y la república, tal como explica Meier Zylberberg en Raíces totalitarias del fracaso argentino. De la emergencia de 1932 a la del 2006.
La bomba de tiempo había sido armada por el Código Civil. Con este nuevo sistema nacional de impuestos se la activó y fijó el tiempo en que habría de estallar. Por entonces no se lo supo; pero el día señalado resultó ser el 17 de octubre de 1945. Los “ciudadanos sin tierra”, hombres de trabajo, castigados a la vez por elevados alquileres y crecientes impuestos, reaccionaron dejando de creer en la “democracia representativa”. Pasaron en “masa” a desconfiar de los “libros” para, como tantas veces en la historia, poner sus esperanzas en un caudillo redentor. A veces , muy pocas, este recurso ha funcionado. Esta vez no, porque la gente, en amplia mayoría, se había apartado del ideario de Mayo. De manera consecuente la sociedad fue conformando otro tipo de “constitución real”. Muy semejante al que aquella revolución había intentado a superar.
Tercera oportunidad: Interregno 1943-1955
Una sociedad ya asfixiada por el alto costo del suelo y agobiada por crecientes impuestos, era permeable a los desvaríos ideológicos que agitaban las conciencias. Nazismo en Alemania, Fascismo en Italia, Falangismo en España y Comunismo de distinto jaez en muchas partes aparecían como focos orientadores para superar a la sociedad liberal forjada en el siglo XIX. Un dramático período de oscurantismo mundial aconteció entre la primera (1914-18) y la segunda guerra mundial (1939-45). En este convulsionado mundo la Argentina comenzó a dudar de los fundamentos de su orden social.
Desde 1914 los países habían comenzado a organizarse bajo el concepto de “nación en armas”, lo que exigió la dirección central de la economía por el Estado. Se retornó al proteccionismo, se auspició la autarquía y se aplaudió la planificación de la producción y el consumo, ensalzados como el mejor arte de gobernar. Al fin de la segunda guerra (1945) el clima, en lugar de despejarse, enrareció. Estalló la “guerra fría” entre los EEUU y la URRS, de incierto vencedor.
Esta oscura y caótica situación fue el contexto dentro del cual la Argentina buscaría establecer un orden económico que superara al minado por la apropiación particular de la renta del suelo y los impuestos al trabajo. El desorden provenía del sistema de acceso al suelo y el régimen de impuestos. Pero no se prestó atención a este asunto. Los trabajadores asalariados, amplios sectores de clase media e incluso el sector empresario no monopólico sufrían estrechez de ingresos. Suelo social propicio del que emergió una general demanda por una mayor “justicia social”.. Ya no se pensaba ni creía que la Constitución de 1853 había sido dictada precisamente para establecer (“mediante leyes que reglamenten sus principios”) un orden social justo en todas las dimensiones de la vida humana, social e individual. Los vientos ideológicos dominantes en el mundo sugerían soluciones directas. Una de ellas fue que los gobiernos inyectaran en relaciones sociales específicas, dosis de justicia social. En 1943, un gobierno producto de un rudimentario golpe militar, para salvar su debilidad, aplicó esta receta a una básica relación del orden social: la que media entre los “propietarios de los inmuebles” y sus “inquilinos”.
La angustia de inquilinos y arrendatarios demostraba que contra lo sostenido por Velez sarsfield , el contrato de locación (urbano y rural) no era un adecuado instrumento para que los “sin tierra” accedieran a ella. Al menos no lo era en el contexto del ordenamiento legal total. Esta ley del gobierno militar fue dictada para mitigar el efecto destructivo del sistema de apropiación de la renta del suelo por los propietarios agravado con el régimen de exacción impositiva establecido en 1932. Procuró aliviar la presión que castigaba a los trabajadores rebajando en un 10% los precios de locación urbana y rural pactados entre dueños e inquilinos. Congeló los precios resultantes y prolongó de jure los plazos de locación. No hace falta ser economista para ver que esas leyes mejoraron notablemente el ingreso de los inquilinos y arrendatarios, mayoría de la población. Ni es necesario ser sociólogo para sospechar que una nueva clase social se formaría y que ésta buscaría expresarse políticamente. Con dos decretos leyes, en terreno fértil por la injusticia social generada por el costo de la tierra y los impuestos, se sembró la semilla de una planta política de larga vida. Este retoño creció frondoso al amparo de decenas de miles de decretos leyes de contenido social, económico y financiero, enderezados todos a establecer un orden económico centralmente dirigido por el Estado. El orden económico argentino fue transformado de cabo a rabo.
El Estado (no la sociedad ni el individuo), pasó a ocupar el centro de la realidad política, económica, social y cultural. Las pruebas están a la vista. Basta con repasar los libros de enseñanza de la época, los planes quinquenales, la estatización de las empresas privadas monopólicas, la creación de otras a cargo de un Estado empresario , la nacionalización de la banca, la emisión de moneda papel sin respaldo, el sostén estatal de los sindicatos de trabajadores fueron, entre otras, algunas de las medidas que transformaron por completo el orden económico. . El Estado pasó a ser el sol de la realidad social; el gobierno central su profeta y los gobiernos provinciales apenas sus agentes. Fue inevitable la formación de una constelación de intereses deseosos de gozar de los beneficios del nutritivo calor solar, Tan inevitable como la lucha, silenciosa o abierta, entre todos ellos. De modo paradójico este tipo de orden trae un efecto con el que no se cuenta. “Los vistantes inesperados” de los que prevenía Fourastié. Cuando un gobierno central asume la ciclópea tarea de hacer todo y de todo para el “pueblo”, sienta al pueblo en las tribunas. Lo convierte en mero espectador. Puede silbar o aplaudir; pero no mucho más.
Desde 1943 a 1945 se dictaron miles de decretos leyes, aprobados en una sola sesión del Congreso Nacional en 1946. La Constitución argentina de 1853 perdió sentido. No calzaba ya con la “constitución real” conformada por una nueva legislación y sobre todo por un nuevo mundo institucional. Esta dicotomía entre la Constitución legal y la “realidad constituida” la puso fuera de efectivo servicio.
En 1949 había surgido la convicción y la necesidad de un “ajuste de cuentas” entre el hecho y el derecho constitucional. Se optó por el “hecho consumado” por el derecho inconstitucional dictado desde 1943 en adelante. No hubo “reforma constitucional” en sentido material. Ocurrió, más bien, el reemplazo liso y llano de la Constitución original por otra de muy distinto talante. Ésta era confesadamente ideológica. Merecía y con razón el nombre de Constitución “justicialista”. Su meta principal era la “justicia social”, no el buen orden social fundado en la libertad individual. Lo más notable, aunque no debidamente observado, es que ante esta nueva Constitución se podía repetir la frase de Tocqueville al juzgar a la Revolución Francesa: “todo fue cambiado, menos lo peor del antiguo régimen”. En efecto, en esta reforma constitucional mucho fue cambiado; pero no lo peor del sistema que desencadenó había originado la tormenta social. Esto es, el derecho de los propietarios a apropiarse de la renta del suelo y el régimen de recursos del Estado fundado en exacciones al trabajo y al fruto del trabajo. Ambas instituciones jurídicas permanecieron en vigencia.
Tinieblas en un clima enrarecido (1955 -1966)
Al fin de la década iniciada en 1943 las ilusiones primeras comenzaron a quebrase y otras a desplomarse. La paz política estaba en cuestión; la prosperidad económica sostenida supuestamente en un proceso autosustentable, comenzaba a estancarse. El Estado cada vez más enorme, era insaciable y no aparecian nuevas y legítimas fuentes financieras que lo surtieran. La inflación monetaria, maquillada con la reedicion de vetustas leyes contra el agio y la especulación y el control de precios (todo conocido en la antigua Roma) , presionaba en todas las relaciones sociales. De modo paradójico, se sostenía que el pueblo era ahora el ”dueño de su destino”, y sin embargo y a pesar de una acreditada mayoría electoral, el gobierno se sentía cada vez más obligado a ser autoritario. El panorama se tornó oscuro cuando comenzaron darse respuestas a ciegas ante crecientes problemas. Luego de diez años de gobierno en este nuevo orden era de esperar que había llegado la hora de recoger los frutos . En su lugar hubo necesidad de dictar leyes para asegurar la paz interior y otras para atender a una amenazadora “conmoción interna del Estado” (Plan CONINTES).
Abundaron los intentos de “golpes”. Pero la debilidad del nuevo orden sue tal que uno – en terminos militares – tan insignificante como el de 1955 desalojó al gobierno y asumió el gobierno. Éste intentó volver atrás la historia. Se abrogó por decreto la Constitución de 1949 y se convocó a una asamblea constituyente para “mejorar” la de 1949. Con esto se esperaba restablecer el “orden” preexistente a 1943. El fracaso fue completo.
Ninguno de estos “revolucionarios” que decían actuar conforme a la “línea Mayo-Caseros”, reparó en la raíz profunda del viejo mal: la apropiación por parte de los particulares de la renta del suelo y la formación del tesoro público con una exacción cada vez mayor de los frutos del trabajo y la inversión. Para colmo las secuelas institucionales derivadas de esta falla y lo creado durante la década precedente habían tornado más oscuros y complicados los problemas a resolver.
Los diagnósticos acerca de nuestros males sociales empezaron a ser cada vez mas coyunturales y superficiales. Estaban fuertemente influidos por varias razones. Sin embargo la primera y principal fue la ausencia, en los círculos políticos, académicos y sociales, del debido reconocimiento y justa valoración de la perniciosa raíz que entrañaban apropiación de la renta del suelo por los dueños de la tierra y la formación del fondo público mediante crecientes impuestos. Aceptado este mal genético, para hacer frente al aumento del gasto público se institucionalizaron las tres vías, que aun permanecen: incremento de los impuestos, endeudamiento público (interno y externo) e inflación monetaria.
El periodo se caracterizó por los críticos momentos a que fue sometida la Argentina entre 1955 y 1966. Una cadena forjada por eslabones alternativos de “golpes de Estado” (1955; 1962, 1966) y de frustrados retornos a la democracia (1958 y 1963). Una disolución institucional progresiva se acentuó, sin que nadie ocupara de revisar aquellas profundas causas a pesar de la aparición de la grave sangría de población manifiesta en una fuerte emigración al exterior. Agravada por incesantes migraciones internas, del creciente hacinamiento urbano, del decaimiento de la iniciativa privada, del aumento de la evasión impositiva, del falseamiento de los balances comerciales , para citar solo algunos gruesos fenómenos económicos y su relación con el debilitamiento de las instituciones políticas, jurídicas y culturales.
Cae la noche (1966-1983)
Los militares comenzaron a participar “institucionalmente” antes de 1966. Pero los “golpes de Estado” anteriores fueron una chirinada comparados al golpe auto denominado “Revolución Argentina” (1966). Después de los caóticos procesos ocurridos desde 1955 a 1963, las tres fuerzas armadas, buscaron actuar en conjunto y de modo “institucional”. Se expresaban como “reserva moral” de la República. Se apoderaron de todos los poderes del Estado y sus organismos. Coroneles y generales retirados pasaron a ser gerentes de “relaciones públicas” de empresas públicas y privadas. Otros de grado menor fueron interventores de los sindicatos de trabajadores. Los partidos políticos, asaz debilitados, fueron disueltos y la actividad política prohibida.
El golpe de 1966 puede, por sus discursos, ser considerado “fáustico”. Según sus actores el golpe fue dado para impulsar a la Argentina a la modernidad. Fue apoyado por muchos civiles y militares, políticos, sindicalistas y dirigentes de círculos empresarios. Cada uno de estos grupos calculaba un beneficio para sí. Para sorpresa de todos en 1969.estalló el “cordobazo”. El mayor sacudimiento social y de rebeldía civil conocida hasta entonces. A partir de este enorme hecho, fuerzas volcánicas trataron de organizarse. Lo hicieron sectariamente. Coincidían en un punto: en la necesidad de alcanzar el dominio del Estado.
El rumbo político de la sociedad se perdió en la maraña de ideologías, pasiones e intereses. La dictadura militar en decadencia a partir de una cadena de “cordobazos” tuvo que abandonar la idea de mantenerse sin plazo en el gobierno . Hizo lo último que hubiera calculado hacer: provocar el retorno al país, para aminorar los problemas que ella solo consiguió agravar, al ya septuagenario Juan D. Perón exiliado desde 1955. Dieciocho años después le restituyeron todos sus grados y lo habilitaron para un tercer mandato presidencial. La presencia de.Perón no bastó para asegurar un gobierno firme ni calmar los ánimos. Un espíritu de venganza comenzó a propagarse en la sociedad, lo que entorpeció el funcionamiento de la frágil democracia restablecida el 25 de Mayo de 1973. Durante su corta existencia ( 2 años y 8 meses) asumieron cuatro presidentes con distintos equipos para gobernar.
En 1976 otro golpe de Estado puso fin a la endeble democracia. Las fuerzas militares, en unión “institucional” , asumieron otra vez todo el poder del Estado. Pero éste ya no fue fáustico sino necrofílico. Matar al “enemigo” fue considerado el gran instrumento de sanación. Esta dictadura no arregló nada y arruinó todo; incluida su propia existencia y las fuerzas armadas que la sostuvieron. Colapsó con la derrota en la guerra internacional desatada en 1982. La noche política había logrado máxima oscuridad. Era hora de revalorizar la democracia.
Cuarta oportunidad: retorno a la democracia (1983-1989)
Un fervor democrático había renacido entre los más jóvenes. La sociedad toda, al fin, pareció optar por la democracia política. Las renacidas esperanzas llevaron a pedir de ella más de lo que ella puede dar. Contar las cabezas para elegir gobierno es una cosa. Usar la cabeza en el gobierno es cosa bien distinta. Los maltrechos partidos políticos volvieron. Portaban livianos programas de gobierno. Pero ninguno tenía en su cartera siquiera una idea sobre la necesidad de un facil acceso a la tierra, el escamoteo de la renta del suelo y.lo ruinoso del regimen de impuestos creados en 1932. Nadie recordaba el ideario social de Mayo. No era un buen presagio para sostener la ahora amada democracia.
. El presidente Raul Alfonsin fue electo por mayoría envidiable. Su experiencia política y honorables antecedentes le permitieron hacer campaña electoral de manera casi evangélica. Una y otra vez recitaba el Preámbulo de la Constitución de 1853. Su apotegma fue: “Con la democracia se vive, se educa, se come”. La idea por todos compartida era que la democracia todo lo podía. Un nuevo postulado fue reinvidicado tras los efectos de la dictadura precedente: otorgar plena vigencia a los “derechos humanos”. Sin embargo entre los “derechos humanos” reivindicados ni siquiera se pensó en el primero que desde el punto de vista material (individual y social) : el de consagrar un igual derecho económico de acceso al suelo para vivir y trabajar, para todos sin excepción y destinar la renta de la tierra como base del tesoro público.
Una “hiperinflación” del 5000% anual fue, al cabo de cinco años de retorno a la democracia fue la causa final por la que el presidente, gran demócrata, pero ajeno a las cuestiones económicas, tuvo que abandonar el cargo antes de vencer el término de su mandato. Una nueva oportunidad perdida y ninguna lección aprendida.
Quinta oportunidad: La peripecia neoliberal (1989-1999)
La democracia restablecida en 1983 fue cimentada por el voto entusiasta de la población. Millones de seres humanos recobraron el del derecho a votar para formar gobierno. Pero este derecho político – la ciudadanía política – no resultó suficiente para mejorar en un abrir y cerrar de ojos la situación de quienes padecían estado de pobreza crónica. Estas personas son los excluidos, parcial o totalmente y contra su voluntad, del orden económico. Conviene reconocer que por alguna razón son privados de otra clase de ciudadanía: la ciudadanía economica. Las personas capaces de trabajar , deseosas de ganarse el sustento con su trabajo y a pesar de su capacidad y voluntad no pueden hacerlo, ven fracturada su ciudadanía integral. Son millones los que en nuestro país no pueden ejercer sus derechos económicos para su subsistencia o no pueden ejercerlo en la plenitud que sus personales condiciones le permitirían. Visto desde este ángulo, tales personas, poseedores de ciudadanía política carecen de ciudadanía económica.
Esta fractura ocurre por algún obstáculo ajeno a su voluntad del afectado y emerge de las condiciones del orden social constituido. En la sociedad moderna tales obstáculos se aprecian en el orden económico; pero en gran medida ellos derivan del tipo de orden legal que conforma a aquél. Leyes que obstaculizan el derecho económico a trabajar y el ser propietario del fruto de su trabajo conculcan el derecho a la existencia. Provocan elevado grado de malestar social, fuertes conflictos e incluso llevan a la desintegración de la sociedad. Hasta los animales salvajes y las alimañas – decían los hermanos Gracco en la antigua Roma – han de disponer de ese derecho so pena de perecer. Tanto más importante lo es para el hombre actual cuyas necesidades, por el desarrollo científico y tecnológico, se multiplican en grado no sospechado en épocas anteriores.
En un país prácticamente despoblado como la Argentina, se cuentan por millones los que carecen de un lugar para vivir y trabajar como seres humanos. Individuos de todas las edades y condición, en especial jóvenes, llegados a la plenitud de la vida topan contra una pared socio-económica. Dada la calidad de nuestro territorio y los dones con que ha sido dotado, no es lícito pensar que ese obstáculo se debe a la Naturaleza. Son el orden económico y derecho positivo dictado para ordenarlo, los reales diques que se que se levantan ante ellos. En número varias veces millonario se alojan en departamentos extremadamente pequeños, muchos en antiguas casas que de pésima condición. Son los afortunados. Otro tanto sobrevive gracias a tener un ocasional sitio donde estar , aunque sea por la noche. Vivir en “villas miseria” es un modo acostumbrado de vivir en un país sin población. Muchos son “desterrados” de la patria chica. Todos “exiliados internos” en su propia .patria
Esta desgraciada y cada vez peor situación deriva, por un lado, del alto costo del suelo a la luz del ingreso de los trabajadores. Otra causa no menos importante y correlativa es la exacción que sufren los de menos ingresos, aquellos que solo cuentan con su trabajo para vivir. Cuando este estado de cosas se da in crescendo, y sin cesar desde hace casi un siglo, no obra de buena fe quien se sorprende por el hecho que en la Argentina haya perdido “la cultura del trabajo” y muchas personas prefieran sobrevivir con las dádivas del Estado. Cuando no lucrar desde el gobierno. ¿No fue acaso éste uno de los rasgos de la Roma decadente?
Este era el escenario existente al restablecerse la democracia en 1983. Al no corregirlo la raíz del desorden social y afrontar la cuestión del acceso al suelo, el destino del renta fundiaria y los impuestos, la tormenta social arreció. Hubieron varios temporales en serie, hasta que el huracán de 1989 acabó con la presidencia de Alfonsin, primer presidente de la añorada democracia.
Su sucesor Carlos S. Menem, electo por holgada mayoría de votos debía actuar en ese ambiente social. Su eslogan electoral fue harto simple y efectivo : “Síganme, no los voy a defraudar” El problema fue que a poco andar no era claro hacia adonde quería ir. En el plazo corrido desde fines de 1989 al primer tercio de 1991, el suyo fue un deambular errático. Pero pasados esos largos 18 meses ocurrió una sorpresa. El indiscutido peronista, émulo de Facundo Quiroga, resolvió dejar de lado su pasado para actuar como un convencido neoliberal. Reforma monetaria, limitación de la intervención del Estado, desregulación de leyes laborales, decidido desguace por transferencia a manos privadas de las empresas estatales, fueron, entre otras muchas medidas de la misma clase, el nuevo inesperado rumbo. Las medidas no solo significaron un alivio para el gasto del Estado. Al librarse en gran medida del “Estado empresario”, como nunca desde hacia décadas, empezó a desarrollarse una economía de mercado. La estabilidad del signo monetario, por su parte, dio a las empresas particulares el gran instrumento de cálculo para poder planificar su actividad. Encima, una mayor flexibilidad de las relaciones laborales, la generación de un atractivo campo para inversiones de capital extranjero y nacional, configuro el escenario típico de las economías orientadas por mercados. Cambió (en su dimensión dinámica, no en su base estructural) al orden económico, lo que provocó una indiscutible reactivación , prosperidad e inserción de la Argentina en el mundo cada vez más globalizado.
Lo dicho no debe ser visto como una defensa de esta etapa, sino como una invitación a observar cómo confiar la dirección del proceso económico general a los mercados, sin inflación, reactiva de inmediato na economía sofocada por la intervención estatal y una inflación crónica. Los posteriores abundantes resentimientos que generó aquel el cambio 1991 se fundan en varias razones. Entre otras la corrupción cometida en el proceso de privatización. También en la fuerte ola de desocupación laboral Pero es la ojeriza que en general se tiene entre nosotros contra el orden económico de mercado la causa principal. Esta injustificable pero explicable ojeriza es producto de las injusticias que emergen en una sociedad agobiada por impuestos y sin tierra barata, Ella impide descubrir las causas profundas por las que la “peripecia neoliberal” fracasó. Al faltar un adecuado esclarecimiento de este fracaso, la gente indentifica al ideal liberal de la Revolución de Mayo con el neoliberalismo nacido mucho después, a fin del siglo XIX. Y, consecuentemente, se reavivan la tendencias estatizantes, propias de la sociedad antigua, mantenidas entre nosotros por el sistema legal de apropiación privada de la renta del suelo y los impuestos.
¿Por qué falló la peripecia neoliberal? La razón principal del fracaso neoliberal se encuentra en la base de la concepción y teoría económica neoliberal. Para éstas no existe algo que justifique revisar la cuestión de la propiedad de la tierra ni la del destino de la renta del suelo. Tampoco objeta al regimen de impuestos que castigan al trabajo, la inversión y el consumo. La teoría neoliberal no se considera incompatible con el trinomio fundante y justificante de la Revolución de Mayo. Por ello respecto al gobierno de 1991 se puede parafrasear una vez más a Tocqueville. Los actores de la peripecia neoliberal en la Argentina pretendieron cambiar toda institución contraria a una economía orientada por los mercados; todo menos la madre de todos los monopolios y privilegios: la apropiación de la renta de la tierra por parte de los particulares. El neoliberalismo es contrario a los principios sociales de la Revolución de Mayo y de la Constitución de 1853. Considerando este punto, el gobierno de Menem igualó a todos los que le precedieron. Nada hizo para cambiar la triple raíz de nuestro padecimiento social.
Sexta oportunidad: la “alianza” formal (1999-2001)
El pueblo argentino, a semejanza del antiguo pueblo de Israel, parece condenado a deambular por el mundo de todas las experiencias económicas posibles, antes de arribar a la Tierra Prometida. La practicada en 1999 se basó en un pensamiento rústico. Éste sostiene que el derecho positivo es el instrumento más adecuado para arreglar cualquier desaguisado social. Este modo de pensar venía de mucho atrás. A nivel “institucional” tuvo su primera expresión en la reforma de 1957, art.14 bis. Se manifiesta con mayúscula intensidad con la reforma de 1994
La de 1994 fue el resultado de un “pacto de alcoba” celebrado entre el ex presidente Alfonsín y el presidente Menem. El gobierno y la oposición animados por propios intereses politicos acordaron convocar a una Asamblea constituyente para reformar la Constitución de 1853. Como si ésta hubiera sido la responsable de la mala actuación de los gobiernos. Cientos de legisladores acompañados de técnicos y asesores actuaron convencidos de aquel principio prometeico, según el cual la norma legal suficientemente apoyada por la opinión, puede moldear la realidad a gusto de todos. El “consenso” posee ese arte de birbirloque. A partir que el consenso todo lo puede, los constituyents se aplicaron a receptar las más variadas instituciones , no pocas siguiendo la moda intelectual dominante. De su nula eficacia para ordenar la economía argentina – base material de la vida social – da cuenta la total falta de éxito de las nuevas reglas constitucionales de carácter económico..
La filosofía de aquella Asamblea, según la cual consenso es igual a acierto, inspiró una alianza de partidos y dirigentes políticos para reemplazar al Presidente Menem en las elecciones de 1999. Obra de arquitectura política partidaria unió a los portadores de las más diversas ideas y sentimientos políticos.. La alianza tan cuidadosamente forjada, se estrelló contra realidad y se vino abajo con estrépito. Los caóticos acontecimientos del año 2000 y 2001 acabaron con esta experiencia. Excusado queda decir que para la entusiasta Alianza nunca hubo un solo pensamiento de Mayo digno de ser considerado como su programa social.
Séptima oportunidad: 2001 y después
El derrumbe de la Alianza abrió un grave interregno político. Tras la renuncia del presidente de la Rúa el Congreso Nacional se hizo cargo del problema. No fue de solución fácil. Sucesivamente fueron designados presidentes de la Nación los senadores Ramón Puerta, Adolfo Rodríguez Saa y finalmente Eduardo Duhalde. Existía una caliente situación social, provocada entre otras cosas por la feroz crisis financiera del 2001. Para apreciar su gravedad, hay que recordar que la legión de pobres e indigentes se incrementó aceleradamente. El número de personas calificadas en “estado de pobreza” se elevó al 54% de la población.
El presidente provisorio tomó medidas económicas nada provisorias y convocó a elecciones para el año 2003. Entre las medidas económicas se destaca el Decreto 214/02 por el que se derogó la Ley de Convertibilidad, se pesificaron asimétricamente las deudas y créditos, se anularon los contratos celebrados con los servicios concesionados, se congelaron las tarifas públicas,
De las elecciones convocadas para el 2003 resultó electo Néstor Kirchner con un escaso 23% de los votos emitidos. Dada su estrecha base electoral y lo delicado de la situación social, el nuevo presidente se limitó, en economía, a mantener como ministro a Roberto Lavagna,. No hubo en su etapa inicial ninguna política económica atribuible al nuevo mandatario. Éste prefirió aplicarse a la reivindicación de ideales caros a la juventud de los 1970 y a reforzar sus relaciones con los grupos políticos integrados por afectados por la dictadura militar de 1976. Con su poder político afianzado, en 2005 el presidente Kichner se deshizo del Ministro Lavagna. Lo hizo para aplicarse personalmente a la conducción de la política económica. En esta tarea continuó ( de hecho) después que asumiera como presidenta en 2007 su esposa Cristina Fernández de Kichner.
Desde el 2005 se comenzó a destruir lo reordenado desde 1991 en adelante. Todo lo hecho en esa década fue vituperado y juzgado malo. Se re-estatizaron empresas aéreas como Aerolíneas Argentinas y Austral, de servicios de agua corriente (AYSA), etc. Se estatizaron los fondos de pensiones de las AFJP con el propósito (no expresado, pero real) de poner recursos de los jubilados en manos del Estado para enjugar el creciente déficit público. Se crearon empresas fantasmas como LAFSA. Se incrementó la presión tributaria con nuevos impuestos y derechos (impuesto a los créditos y débitos bancarios, retenciones a la exportación, impuesto a los teléfonos celulares, etc.). Para financiar subsidios se administraron recursos coparticipables en forma discriminatoria y con menoscabo de la autonomía de los gobiernos provinciales. Se otorgaron pensiones y jubilaciones a personas que nunca habían realizado aportes ni contribuciones; se financiaron gastos improductivos de todo tipo y en general se tomaron medidas que importaron una mayor intervención estatal en perjuicio de la actividad privada.
Es prematuro hacer aquí un juicio final sobre los efectos de esta conducción, Sin embargo corresponde hacer algunas observaciones. En primer lugar, es evidente que el gobierno que asumió en el 2003 participa de la vieja idea que los procesos económicos han de estar sometidos a la dirección del poder político central, usando con ese fin al derecho positivo como mero instrumento.
En segundo término el gobierno del 2003 no se muestra interesado en insertar a la Argentina en la economía globalizada, prefiriendo alianzas parciales o regionales con especial atención los rasgos ideológicos.
En tercero e importante lugar para este documento, el gobierno asumido en el 2003, a pesar de su permanente discurso a favor de los derechos humanos, no ha ofrececido señal alguna de reconocimiento y compromiso para con los ideales sociales de Mayo, tal como fueran definidos al comienzo de este documento.
5. EL BICENTENARIO: ¿OCTAVA OPORTUNIDAD?
El Código Civil en el Título IV De los derechos reales y el régimen impositivo creado a partir de 1932 se articulan cancelando el programa económico, político y social de la Constitución de 1853/60.
Ambos – Código civil y Régimen impositivo vigente – configuran un “código genético” que origina un orden social por completo ajeno al que inspiró la Revolución de Mayo y consagrara la Constitución de 1853. A partir de esta cancelación, las medidas políticas, sociales y económicas adoptadas por los sucesivos gobiernos para corregir las “monstruosidades” derivadas complican y deterioran al orden social. Esas medidas generan provisorias esperanzas en los más afectados y , al fracasar, incrementan el furor de las fuerzas volcánicas que bullen en la sociedad.
Las reformas constitucionales posteriores (1957 y 1994), han sido una manera de resignarse al orden existente, un cataplasma para los daños colaterales. Contienen “textos” nuevos. Hay mucha innovación pero ninguna destinada a corregir aquel código genético. Una muestra de la inutilidad de un “conocimiento a la moda” se ve en un solo hecho: en 64 años (1945-2009) han tratado de mejorar nuestro orden económico 54 Ministros de Economía. Esto es un síntoma.¡Y que síntoma !
No hay terapia posible mientras los estudiosos y los hombres públicos no se inspiren en los principios de orden social de la Revolución de Mayo. El principal fundamento del trinomio descripto al comienzo, se nombra en la primera estrofa del himno nacional argentino. Por si hubiera duros de oído, por las dudas, se la repite tres veces y en tono de grito, porque grito sagrado es, ¡libertad! No se alude a algo abstracto. Esta palabra apunta a algo muy concreto e indispensable en la sociedad moderna; la libertad de todos los individuos en todas las esferas de la vida.
Esta afirmación no significa negar la necesidad de mantener vivo al ideal de “igualdad”, más de moda en estos tiempos. Los valores ideales de la sociedad humana moderna, libertad, igualdad y fraternidad, que destellaron como un relámpago en la Revolución de Mayo, forman una sola e inseparable pieza.
Todos los experimentos sociales llevados a cabo en el Siglo XX (y fueron muchos) postergando la libertad individual en aras de la igualdad han terminado en un fracaso. A igual fracaso han estado condenados los intentos de limitarse sólo a la prédica de la fraternidad. La inseparabilidad de esas tres ideas rectoras no es casual. El ser humano posee una estructura trimembre. Es un ser integrado de cuerpo, alma y espíritu. Hemos de cuidar el cuerpo y embellecer el alma para que el nuestro espíritu alcance su máximo desarrollo.
Desde este punto de vista el incremento de la libertad individual para cada hombre es el más profundo sentido de la sociedad humana. Tras ese fin la sociedad como orden social manifiesto en triple dimensión, la económica, la política y la cultural , es condición absolutamente necesaria para desarrollo del hombre individual.
Resolver las tensiones que genera la trimembración humana es un reto difícil; pero no imposible de resolver. No se lo puede resolver si, primeramente, no nos hacemos cargo de él.
Nuestra Constitución Nacional originaria lo hizo sentando como derecho positivo fundamental los principios adecuados para responder a ese desafío. Los contemporáneos del Bicentenario, debemos estar atentos a las experiencias vividas en el último siglo y volver a detectar al trinomio social de nuestra Revolución – núcleo desatendido por completo – tal como se ha visto en esta ojeada retrospectiva. Hoy tenemos la ocasión y la responsabilidad de actuar para constituir un orden social inspirado en ese ideario.
6. ADVERTENCIA FINAL
El lector , si acordara en la existencia del problema, puede al acabar su lectura diciendo : Bien, ¿pero cual es la solución? Ésta no será difícil de hallar si media un consenso básico en la “existencia del problema”, El planteo correcto del problema suele ser la tres cuartas partes de la solución.
Buenos Aires, Diciembre 10 del 2009
Aniversario del retorno a la democracia


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