Mientras se pelean, nos devora la inflación.

Posted by admin on enero 19th, 2010


El festival financiero avanza o retrocede, al compás de los movimientos de la crisis y de las oportunidades de ganancias. En cambio, la inflación sube y sube, sin que el Gobierno le preste mayor atención.

Según todos los analistas, el año pasado terminó en 15 % y la proyección anual del último trimestre ya la sitúa en un piso del 18 %. Más todavía, la inflación se ha instalado comodamente en los dos dígitos: el triple de la que existe en otros países de la región, salvo Venezuela.

A menos que alguien aún valore los arrestos y las presiones de Guillermo Moreno, el Gobierno no ha tenido una verdadera política antiinflacionaria. Ha tenido, eso sí, un índice de precios que desconoce lo que de verdad sucede.

En su informe al Senado de diciembre, el jefe del Banco Central les da la razón a todos quienes miran la realidad y no a las estadísticas del INDEC. Afirma que son cruciales “acciones que señalicen en forma clara y creíble la voluntad de atender el fenómeno inflacionario”. Y que todas las ramas de la economía ­se entiende, otras áreas del Gobierno­ deben trabajar para “estabilizar las alzas futuras de los precios”.

Cuando Martín Redrado elevó ese documento al Senado aún no se había convertido en el enemigo número 1 del kirchnerismo. Y naturalmente, lo hizo después de consultarlo con la Presidenta. Muchos economistas le achacan a Redrado haber hecho escasos esfuerzos para contener el proceso inflacionario que ahora pone de relieve. Jamás cuestionar las estadísticas del INDEC y ser siempre dócil a las prácticas de Néstor Kirchner.

Pero aun así, lo concreto es el riesgo de una espiralización de los precios. Y también que no se advierte una estrategia articulada y enderezada a encarar semejante perspectiva: es una situación compleja, de esas que inevitablemente requieren de soluciones complejas.

Nunca se le escuchó al ministro de Economía hablar de este problema, aunque es obvio que si lo hace le caerá el rayo K. Ya bastantes trastornos le trae todo lo que hoy pasa y él contribuyó a engendrar.

Como bien se sabe, el avance de los precios deteriora el salario real o, en todo caso, empuja la disputa por los ingresos. Es lo que ya se ve en los primeros reclamos gremiales, que andan por el 20 %. Y lo que temen los gobernadores, para cuando se lancen las paritarias docentes.

A menos que le dé crédito a sus propias cifras o en cualquier caso, el Gobierno debería ajustar la asignación por hijo que creó a toda pompa. Eventualmente, también subir el mínimo no imponible, como empiezan a reclamarle para que el Impuesto a las Ganancias no se coma los aumentos de sueldos. Todo eso significa costo fiscal, en un tiempo de cuentas muy apretadas.

Así ni de lejos sea poca cosa, la inflación representaba el único estorbo serio que se advertía en el horizonte económico. Aunque siempre subyacía un alto margen de imprevisibilidad.

Hoy, después de los decretos de necesidad y urgencia, los empresarios preguntan por la suerte del canje de la deuda y sobre la eventualidad de nuevos cimbronazos provocados por el Gobierno. Desde luego, los consultores no saben qué contestarles.

La mayor parte de los analistas proyectaba un crecimiento de la economía del 4 %, 5, o del 6 % los redondamente optimistas. Esto es, nada de tasas chinas, sino un año moderamente bueno. Hoy todos prefieren esperar hasta que aclare.

Se ignora cuál es ahora el número de Kirchner, que en un arranque de audacia hace poco se largó con un 7 %. Seguramente, la cuenta tiene incorporado el Fondo del Bicentenario, si se quiere, el fuerte envión que le pegaría al gasto público el uso de las reservas para pagar deuda externa.

Antes de que se desatara la crisis de los DNU, algunos bancos extranjeros pensaban aumentar su exposición en la Argentina: no demasiado, pero era plata y crédito. Han puesto las iniciativas entre paréntesis. Nadie trabajaba con grandes inversiones, salvo que tuviesen retorno asegurado. O ciertas señales provenientes de despachos oficiales encumbrados. Pero hasta quienes pensaban en arriesgar poca plata han levantado el pie del acelerador.

La inversión, se sabe, es clave en el desenvolvimiento de la economía y en la creación de empleo. Cayó fuerte el año pasado y no hay, ni había, miras de un rebote sustancial en 2010. La certidumbre resulta esencial, pero ese es un bien escaso en un país donde todo puede cambiar de un día para el otro.

Con una buena cosecha de soja y la tracción de China y Brasil, este año todavía luce asegurado un superávit comercial de alrededor de 15.000 millones de dólares. Y salvo que se reavive la fuga de capitales, eso debiera garantizar un período de tranquilidad cambiaria.

A falta de otras políticas, la cotización del dólar será un ancla contra la inflación. No definitoria, pues en 2009 el tipo de cambio subió 10 % y el índice de precios un 15 %.

Enfrascado en la batalla por los DNU que él mismo desató para sostener el gasto público y manejar el Central a su gusto, el Gobierno tampoco repara en que las expectativas juegan en contra de la economía. Y decididamente las expectativas inflacionarias, por más que el INDEC continúe empeñado en contar otra película.
fuente:ieco

Crece la presión tributaria en la Argentina y ya es similar a la de los países desarrollados. Pero….

Posted by admin on enero 18th, 2010


El Sistema Jurídico vigente en la argentina cambio el virtuoso Sistema Económico y Rentistico de la Constitución de 1853 por un perverso e injusto Sistema Tributario antiguo de tipo cesareo-romano-imperial.

Alberdi dijo este ordenamiento juridico -el introducido por el Codigo Civil- degradara el trabajo hasta hacerlo digno del esclavo y realzara el robo y el latrocinio politico como fuente genuina de la propiedad”.

El buen informe publicado en La Nacion omite las dramaticas consecuencias sociales, económicas, políticas y culturales que tiene el perverso sistema tributario argentino y su efecto sobre la especulación y el aumento del valor de la tierra. Problemas que serian rapidamente subsanadas si volvemos al Sistema Juridico de 1853 y a su Sistema Rentistico que es la base del exito de Canada, Australia y ahora la China.

Economista y politico que desconoce el Sistema Rentistico de la Constitución de 1853 es un peligro para la humanidad.

Por Francisco Jueguen
De la Redacción de lanacion.com

Un informe estimó que la presión tributaria llega a un 31,2% del PBI y se acerca a la que ejercen Australia o Canadá; no obstante, se diferencia por ser regresiva debido a que se apoya en el consumo y el proceso productivo.

Como si vivieran en una nación plenamente desarrollada, los argentinos pagan cada vez más impuestos. No obstante, la creciente presión tributaria que tienen que soportar quienes viven en el país es puramente regresiva y está focalizada al consumo, el trabajo y la producción y no a la ganancia o la propiedad.

Así lo estimó un informe del centro de estudios Idesa al que accedió lanacion.com que afirma que “nunca los argentinos pagaron tantos impuestos como en la actualidad” y que “la presión en la Argentina es similar a la observada entre los países desarrollados”.

El documento, confeccionado con datos oficiales, afirmó que la presión impositiva llegó al 31,2% del producto bruto interno (PBI) en el país, superando el 29,5% del PBI de Australia y cerca del 34,8% de Canadá, dos países fuertemente desarrollados y con perfil agroindustrial como la Argentina.

No obstante, con el objetivo de mejorar la equidad social, en esas dos naciones la recaudación de impuestos está focalizada en los tributos a las ganancias y la propiedad. En ambos aportan el 20 puntos del PBI. En tanto, en la Argentina, esos tributos sólo recaudan apenas el 6,6 puntos del PBI. El 24,5% restante se compone de gravámenes al consumo, trabajo y la producción.

“La Argentina está en el orden de Australia y Canadá, pero en cierta forma nuestro país apela a impuestos distorsivos”, señaló a lanacion.com Jorge Colina investigador en jefe de Idesa. “Estos son aquellos que gravan el consumo y la producción. Allí están las cargas sociales, impuestos al trabajo, a los ingresos brutos, el impuesto al cheque y los derechos de exportación [retenciones]“.

Según Colina, son distorsivos porque gravan algún factor o directamente el proceso productivo y, por eso, modifican las decisiones de producción. Esto lleva a que se produzca menos o se informalice el mercado laboral. Por otro lado, el impuesto a las ganancias es más neutral: se paga una vez que termina el proceso productivo.

A la pregunta sobre si es cierta la fundamentación de que el impuesto a las ganancias es un gravamen más difícil de recaudar que los demás, Colina señaló que es cierto, pero que “el Estado argentino debe modernizarse y luchar contra la evasión en vez de apelar a los impuestos distorsivos”.

Otra visión. “Nos estamos acercando a niveles de presión fiscal similares a los de países del primer mundo”, señaló a lanacion.com el tributarista César Litvin de Lisicki, Litvin & Asociados. Para el experto, la presión también supera el 31% del PBI. Además indicó que aquella es diez puntos mayor que durante los 90.

“Hay un mayor sacrificio fiscal por parte de los contribuyentes”, estimó Litvin y agregó que el gravamen que lidera los ingresos es el Impuesto al Valor Agregado (IVA) con un 28% de la torta de la recaudación. “Se está observando que cada vez más sube la participación de las retenciones, que en 2010 representarán un 12% del total [unos 43.000 millones de pesos]“.

“Otro impuesto que es muy distorsivo es el impuesto al cheque que tendrá tiene una parte de un 7% en la torta de ingresos. Una enormidad. Son cerca de 2000 millones de pesos por mes”, calculó el tributarista.

Para Litvin, esta estructura de ingresos es regresiva porque está basada en dos impuestos muy importantes que deberían reverse. Estos son los derechos de exportación y el impuesto al cheque. El primero, no mide ninguna capacidad contributiva sino transacciones. En tanto, la tendencia en el mundo es motivar las exportaciones y las retenciones las desmotivan. Deberían ser por un tiempo limitado y en determinados productos”, cerró.


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