Crece la presión tributaria en la Argentina y ya es similar a la de los países desarrollados. Pero….

Posted by admin on enero 18th, 2010


El Sistema Jurídico vigente en la argentina cambio el virtuoso Sistema Económico y Rentistico de la Constitución de 1853 por un perverso e injusto Sistema Tributario antiguo de tipo cesareo-romano-imperial.

Alberdi dijo este ordenamiento juridico -el introducido por el Codigo Civil- degradara el trabajo hasta hacerlo digno del esclavo y realzara el robo y el latrocinio politico como fuente genuina de la propiedad”.

El buen informe publicado en La Nacion omite las dramaticas consecuencias sociales, económicas, políticas y culturales que tiene el perverso sistema tributario argentino y su efecto sobre la especulación y el aumento del valor de la tierra. Problemas que serian rapidamente subsanadas si volvemos al Sistema Juridico de 1853 y a su Sistema Rentistico que es la base del exito de Canada, Australia y ahora la China.

Economista y politico que desconoce el Sistema Rentistico de la Constitución de 1853 es un peligro para la humanidad.

Por Francisco Jueguen
De la Redacción de lanacion.com

Un informe estimó que la presión tributaria llega a un 31,2% del PBI y se acerca a la que ejercen Australia o Canadá; no obstante, se diferencia por ser regresiva debido a que se apoya en el consumo y el proceso productivo.

Como si vivieran en una nación plenamente desarrollada, los argentinos pagan cada vez más impuestos. No obstante, la creciente presión tributaria que tienen que soportar quienes viven en el país es puramente regresiva y está focalizada al consumo, el trabajo y la producción y no a la ganancia o la propiedad.

Así lo estimó un informe del centro de estudios Idesa al que accedió lanacion.com que afirma que “nunca los argentinos pagaron tantos impuestos como en la actualidad” y que “la presión en la Argentina es similar a la observada entre los países desarrollados”.

El documento, confeccionado con datos oficiales, afirmó que la presión impositiva llegó al 31,2% del producto bruto interno (PBI) en el país, superando el 29,5% del PBI de Australia y cerca del 34,8% de Canadá, dos países fuertemente desarrollados y con perfil agroindustrial como la Argentina.

No obstante, con el objetivo de mejorar la equidad social, en esas dos naciones la recaudación de impuestos está focalizada en los tributos a las ganancias y la propiedad. En ambos aportan el 20 puntos del PBI. En tanto, en la Argentina, esos tributos sólo recaudan apenas el 6,6 puntos del PBI. El 24,5% restante se compone de gravámenes al consumo, trabajo y la producción.

“La Argentina está en el orden de Australia y Canadá, pero en cierta forma nuestro país apela a impuestos distorsivos”, señaló a lanacion.com Jorge Colina investigador en jefe de Idesa. “Estos son aquellos que gravan el consumo y la producción. Allí están las cargas sociales, impuestos al trabajo, a los ingresos brutos, el impuesto al cheque y los derechos de exportación [retenciones]“.

Según Colina, son distorsivos porque gravan algún factor o directamente el proceso productivo y, por eso, modifican las decisiones de producción. Esto lleva a que se produzca menos o se informalice el mercado laboral. Por otro lado, el impuesto a las ganancias es más neutral: se paga una vez que termina el proceso productivo.

A la pregunta sobre si es cierta la fundamentación de que el impuesto a las ganancias es un gravamen más difícil de recaudar que los demás, Colina señaló que es cierto, pero que “el Estado argentino debe modernizarse y luchar contra la evasión en vez de apelar a los impuestos distorsivos”.

Otra visión. “Nos estamos acercando a niveles de presión fiscal similares a los de países del primer mundo”, señaló a lanacion.com el tributarista César Litvin de Lisicki, Litvin & Asociados. Para el experto, la presión también supera el 31% del PBI. Además indicó que aquella es diez puntos mayor que durante los 90.

“Hay un mayor sacrificio fiscal por parte de los contribuyentes”, estimó Litvin y agregó que el gravamen que lidera los ingresos es el Impuesto al Valor Agregado (IVA) con un 28% de la torta de la recaudación. “Se está observando que cada vez más sube la participación de las retenciones, que en 2010 representarán un 12% del total [unos 43.000 millones de pesos]“.

“Otro impuesto que es muy distorsivo es el impuesto al cheque que tendrá tiene una parte de un 7% en la torta de ingresos. Una enormidad. Son cerca de 2000 millones de pesos por mes”, calculó el tributarista.

Para Litvin, esta estructura de ingresos es regresiva porque está basada en dos impuestos muy importantes que deberían reverse. Estos son los derechos de exportación y el impuesto al cheque. El primero, no mide ninguna capacidad contributiva sino transacciones. En tanto, la tendencia en el mundo es motivar las exportaciones y las retenciones las desmotivan. Deberían ser por un tiempo limitado y en determinados productos”, cerró.

Proponen crear un impuesto a la tierra

Posted by admin on enero 18th, 2010

En la Cadena Agroindustrial Argentina

Especialistas presentaron un proyecto de reforma fiscal que incluye un plan de mejoramiento de la recaudación.

La sustitución de las retenciones a la exportación de granos por un impuesto a la tierra. Ésa fue la propuesta principal que presentó ayer un grupo de especialistas en las sextas Jornadas de la Cadena Agroindustrial Argentina, que se llevaron adelante en la Bolsa de Comercio de Rosario.

La idea diseñada por Alberto Porto, presidente de la Asociación Argentina de Economía Política y docente de la Universidad Nacional de la Plata, desató algunas críticas de los integrantes de la Mesa de Enlace, como Hugo Biolcatti, presidente de la Sociedad Rural Argentina (SRA) y del titular de Confederaciones Rurales Argentinas (CRA), Mario Llambías (ver página 6).

A lo largo de los distintos paneles que se pusieron en marcha a media mañana, los disertantes desgranaron los resultados del documento “Política Agroindustrial. Fundamentos para el desarrollo sostenido y sustentable de la agroindustria”.

La posibilidad de la eliminación de las retenciones, un tributo definido por Adrián Vera, presidente de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires, como “autoritario”, fue lo que atrajo la mayor atención de las jornadas. El economista Alberto Porto fue quien desgranó la receta para reemplazar la brecha fiscal que provocaría la eliminación de los derechos de exportación.

Según Porto, esta decisión podría “no tener ningún impacto fiscal ni producir un déficit en la recaudación del Estado, si la medida se complementa con iniciativas “realistas y modestas” que, al mismo tiempo, no provocarían un aumento de la pobreza. Propusieron la implementación de un bono contra la pobreza de 40 y 60 pesos.

La fórmula que expuso el economista para compensar los 17.700 millones que generan para las arcas del Estado el cobro de las retenciones a la exportación de granos es por medio de un plan para disminuir la evasión, aceitar la eficiencia del gasto e implementar un impuesto a la renta potencial de la tierra o a la primera venta de productos agropecuarios.

“La Nación perdería unos 17.700 millones con la eliminación de las retenciones, pero recuperaría 7.900 mejorando la recaudación un 1,5 por ciento. Las provincias percibirían 3.900 con el impuesto a la renta potencial de la tierra, y 5.300 por recaudación impositiva”, puntualizó.

Luego, el vicepresidente y socio accionista del Grupo Clarín, José Aranda, y el subdirector de La Nación, Fernán Saguier, expusieron sobre “los medios y su visión de la agroindustria frente al nuevo marco político-institucional”.

Agroexportaciones

Ernesto Liboreiro resaltó que el crecimiento de las exportaciones de productos originados en el agro “tendió a disminuir en la Argentina a partir de 1998”, con respecto a otros países. Según el director ejecutivo del Instituto para las Negociaciones Internacionales (Inai), la Argentina mostró “debilidades en la expansión de las exportaciones”. Entre las flaquezas del país, el especialista identificó la “concentración” de las exportaciones en “pocos productos” y el “pequeño porcentaje” de venta de productos al exterior de “preparaciones alimenticias”.

Liboreiro detalló que uno de los puntos en contra que tuvo la Argentina fueron “las exportaciones de productos con un precio unitario promedio muy bajo” y las políticas que se adoptaron a partir de 2006, que “fueron contrarias a la expansión” del sector. Comparó estas debilidades que enfrenta la Argentina con las fortalezas de otros países, como Chile, que lograron por medio de políticas de gobierno “diferenciar sus productos, ocupar un alto porcentaje de la mano de obra manufacturera en el sector agroindustrial y exportar productos con alto precio unitario promedio”.

“SERA UNA PESADA HERENCIA” Dr. Raúl E. Cuello

Posted by admin on enero 18th, 2010

DEDICO ESTA NOTA A MIS AMIGOS, A LOS QUE PRETENDO APORTAR ELEMENTOS PARA EL ANALISIS DEL LLAMADO MILAGRO SOJERO. SE TRATA DE UN PAQUETE TECNOLOGICO QUE EXPLOTA A LA TIERRA CON CRITERIO DE MINERIA. LOS COSTOS SOCIALES SON CUIDADOSAMENTE OCULTADOS POR EL COMPLEJO AGRO-INDUSTRIAL-EXPORTADOR.
NO SERA PUBLICADA EN NINGUN MEDIO.
CORDIALMENTE, RAUL CUELLO

El paquete tecnológico sojero-

Durante el año 2008 las retenciones a las exportaciones representaron el 16,4% del total de los ingresos tributarios, fueron superiores en 184% a la recaudación de débitos bancarios, al 372% de combustibles, al 640% de impuestos internos, representó el 69% del Impuesto a las ganancias y el 45% del IVA. Como se aprecia, se trata de un recurso no coparticipable, del que va a resultar difícil prescindir fuera del marco de una profunda reforma del Régimen Rentístico Argentino.
De ese total, el aporte más importante se obtiene de las exportaciones de soja, que para esta campaña totalizarían el equivalente a no menos de u$s 6500 millones a las cotizaciones actuales y tipo de cambio vigente, para las arcas fiscales. Sería el fruto de una cosecha de 50.000.000 de toneladas que representaría el 50% de la producción total de los principales cultivos argentinos.
Naturalmente hay quienes consideran a este cultivo como verdaderamente relevante, un indudable aporte para la economía argentina y lo exponen como un adelanto tecnológico sin revelar al mismo tiempo, que esas ventajas tiene un alto costo social por las des economías externas que genera. Esta nota tiene como propósito señalar, precisamente cuáles son esos costos y alertar a los estudiosos respecto de las consecuencias a mediano y largo plazo del modelo de explotación agrícola instalado.
LA NUEVA TECNOLOGIA
En la actualidad son más de 20 millones de hectáreas las que se dedican en nuestro país a la producción de cultivos modificados genéticamente, los cuales conllevan la adopción de “un paquete tecnológico” basado en una alta carga de fertilizantes e insumos químicos con fuerte impacto en la flora microbiana y la diversidad biológica. Se trata de un proceso que se inició en la década de los años setenta primero con la certificación de semillas, al cual siguieron los agroquímicos y más tarde la introducción de maquinarias de alta capacidad de empuje, arrastre y automotrices, lo cual permitió un aumento en los niveles de productividad y concluye con la adopción de las semillas transgénicas.
La nueva técnica implicó la adopción de economías de escala dado el costo de los equipos a ser utilizados con el sistema de “siembra directa” , lo cual produjo la desaparición de más de 150.000 productores medianos y pequeños que no pudieron adaptarse a una situación que además los enfrentaba a la desventaja financiera de no poder hacer frente a los elevados precios de los insumos sin contar con créditos y además enfrentando la incertidumbre de los precios internacionales, todo lo cual podían hacer y con ventaja los “pools de siembras”, los grandes emprendedores con tradición de acopiadores y las multinacionales propietarias de silos, elevadores portuarios y plantas de moliendas para la obtención de aceites y pellets.
La mayoría de esos miles de productores, emigraron con sus familias a las ciudades, de modo que pueden estimarse en no menos de 400.000 personas las que perdieron su arraigo a la tierra y debieron emigrar a un hábitat desconocido. Pero eso no fue todo, porque a ellos se agregaron otros desplazados, como se verá.
Habida cuenta que los “nuevos productores”, tienen un perfil más cercano “al emprendedor schumpeteriano” que el tradicional hombre de campo, su objetivo es la rentabilidad y encaran la explotación de la tierra con el criterio de propio de la minería. Se trata ahora del uso de la tierra explotada sin agricultores y donde no hay prácticas conservacionistas de los suelos. El recurso se trata irracionalmente. Es que esta nueva forma de cultivar el suelo argentino, viene de la mano de grandes capitales que concentran la mayor cantidad de hectáreas en pocas manos. Y no necesariamente adquiriéndolas, sino arrendándolas lo cual empeora el cuadro de situación.
Pero la organización no se concreta a la explotación de la tierra, sino que se integra verticalmente a partir de la venta de las semillas, la provisión de los insumos y la compra de la producción para lo cual cuentan con silos, plantas procesadoras de los granos, elevadores y puertos, todo apoyado en enorme poder financiero. A diferencia de antaño en que la oferta de la producción estaba atomizada y la demanda concentrada en pocas firmas, ahora la tendencia es a la concentración de ambas. No podría ser de otra manera, ya que “el nuevo paquete” implica fuertes inversiones, particularmente en las maquinarias.
Las características de esta nueva forma de producir, son el aumento de superficie de la “unidad económica” por falta de economías de escala a medida que transcurren las campañas y la “externalización de las decisiones” ya que los productores propietarios, están forzados a comprar semillas e insumos en las variedades, calidades y precios que fijan las multinacionales y los grandes operadores locales del complejo agroindustrial. Esta modalidad operativa concluye con la caída de la rentabilidad y el endeudamiento y la pérdida de las mejoras consideradas inútiles por los arrendadores (alambrados, aguadas, corrales, mangas, montes, etc.) y a mediano plazo el agotamiento del suelo. Es que el productor termina por arrendar su campo, con precio fijado en dólares y pago por anticipado, lo cual es otro elemento que fuerza la concentración.
El resultado final es un proceso de concentración de tierras en grandes firmas, en detrimento del tejido social y la pérdida de valores culturales. El beneficio es obvio, grandes cosechas, fuertes aportes de divisas e ingresos para el Tesoro por vía impositiva. Se trata ahora de establecer los costos.
LOS COSTOS SOCIALES DEL PAQUETE TECNOLOGICO
a) Contaminación
La incorporación de las semillas transgénicas mediante la técnica conocida como “siembra directa”, tiene como efecto la disminución de tareas de laboreo del suelo que se efectúan con los métodos tradicionales de arada, rastra y siembra para eliminar por métodos las malezas conservando la flora microbiana de la tierra y el equilibrio del ecosistema. Ahora, este proceso es reemplazado por el control químico basado en la aplicación de un herbicida llamado “glifosato” que según la evolución del clima y respuesta de la semilla, debe aplicarse más de una vez en el mismo ciclo del cultivo.
La toxicidad del glifosato no se circunscribe al daño que produce a la biodiversidad de malezas, sino que está vinculado a problemas a la salud de las personas en contacto con el mismo, sino también a los cultivos aledaños. Este efecto se potencia con las aplicaciones aéreas al dispersarse en el aire produciendo verdaderas “deseconomías externas” hasta llegar a la muerte de quienes se encontraban en las cercanías de la aplicación.
Los efectos sobre las personas intoxicadas por el glifosato son: hinchazón de los pulmones, dolores gastrointestinales, neumonía, vómitos, anemia, enfermedades de piel y como efecto crónico, se anunciaron evidencias en torno a daños pulmonares, problemas de fertilidad y anomalías cromosónicas .
El glifosato es el ´mas poderoso herbicida destructor del hábitat de la flora del suelo haciendo que desaparezcan especies como lombrices, bacterias y hongos que son agentes reconstituyentes de las nutrientes del suelo. Como estas se van perdiendo con el transcurso del tiempo, se requieren dosis cada vez mayores de fertilizantes y agroquímicos químicos para obtener el crecimiento de las especies agrícolas. Es destacable el efecto residual de algunos de los elementos utilizados en la fabricación del glifosato, cuyo mayor exponente es un surfactante conocido como POEA, seguido por la isopropilamina, destructores de la membrana mucosa y de las vías respiratorias superiores.
Monsanto, una de las principales firmas productoras del glifosato, ha debido enfrentar acciones judiciales en Estados Unidos, debido a la propaganda engañosa del producto a la que expone como “biodegradable” e “inocuo para el medio ambiente”.

b) Impacto sobre el empleo
Pueden mencionarse cuatro: El primero que disminuye la demanda de mano de obra al reducirse el laboreo de la tierra ya que se produce un verdadero cambio en la función producción. El segundo, por el abandono de la explotación por parte del propietario, el que se convierte en rentista. El tercero, producido como consecuencia de las diferencias relativas de rentabilidad, que hace que se reconviertan a la agricultura, tambos y establecimientos ganaderos, los cuales son demandantes de mano de obra calificada. El cuarto, todos los contratistas rurales especialistas en alambrados, molinos, mangas, corrales, mecánicos y los profesionales y paratécnicos cuyas funciones están ligadas al desenvolvimiento de la actividad agro-ganadera.
A los mencionados deben agregarse las actividades profesionales y comerciales de los pueblos del interior de nuestro país, que van despoblándose por falta de la actividad que les daba sustento. En búsqueda de oportunidades, hay en la actualidad una emigración hacia las grandes ciudades, con pérdidas de autoestima en cada caso por descenso en el estrato ocupado antes en la distribución del ingreso.
c) Impacto Económico
La posición dominante de las empresas multinacionales proveedoras de semillas transgénicas y productos químicos, les permite captar una parte importante del negocio por medio de sus pretensiones a cobrar regalías y manejar los precios de la cadena de insumos. Hasta el año 2004 y como método de inducir el uso de la semilla se abstuvo de cobrar regalías. Lo mismo ocurrió con el glifosato al que aumentaron de precio en un 55% en la campaña 2004/05. Es decir que una vez que tienen cautivos a los productores, les manejan la ecuación de costos. Las cosas llegan hasta el punto que los productores no pueden sembrar semillas convencionales porque no las hay y tampoco las de su propia producción libremente, porque Monsanto requiere se le paguen regalías, como ya aceptaron países como Estados Unidos, Brasil y Paraguay. Las presiones que se ejercen han llegado entre nosotros a embargar buques conteniendo cargamentos de soja en puertos de destino.
Como argumento de consolidación en el mercado, las empresas vienen prometiendo desde hace quince años, la reducción en la demanda de los agroquímicos con el consiguiente impacto favorable sobre los costos y el beneficio para la salud de las personas. Pero todo sigue igual, excepto que de 60 formulaciones químicas en la pre emergencia y en la post emergencia, se pasó a solo dos: el 2 4D o el paraquat y el glifosato, sin que desaparecieran ninguno de los efectos apuntados.
ACOTACIONES FINALES
Los avances tecnológicos son los que subyacen los procesos de desarrollo económico, siempre que contribuyan a la expansión del empleo, de los ingresos, en el contexto de sociedades que mantienen sus equilibrios básicos: el político, el social y el cultural. Se debe progresar consolidando la identidad nacional.
A poco que se haya analizado, el avance de la soja en la economía argentina constituye un retraso en varios aspectos. La aceptación con muy pocos, si algún, nivel de crítica implica que estamos dispuestos a sacrificar en aras de la rentabilidad empresaria de pocos, la estabilidad económica futura sujeta al monocultivo, al costo de irreversibles daños en el ecosistema. Las decisiones en el agro argentino están fuertemente concentradas y externalizadas, en desmedro del tejido social que hace a nuestras tradiciones. Y esto no es poesía. El afán de lucro al servicio de intereses absolutamente comerciales para quienes la tierra es una “suerte de mina de características especiales” impide que se vean los daños al suelo, el proceso de deforestación, la contaminación de las aguas, la desaparición de especies silvestres. En definitiva a una tierra que se considera solo un bien de uso, que no se conoce y por la que no se tiene ningún sentimiento vinculante a ella.
El componente social está ausente en esa estrategia empresaria debido a la inacción de los sectores nacionales y del gobierno para quien “la soja” es una tabla de salvación en la coyuntura. Producimos ya no alimentos para el mundo sino un producto para alimentar ganado y aves de corral en países superpoblados.
Ya cerca del final no puede dejar de mencionarse que el 35% de retenciones a la soja debe constituir un brillante negocio para quienes disponen de la infraestructura exportadora, ya que la subdeclaración de calidades, cantidades o precios en el momento de los embarques producen una muy marcada ventaja competitiva. Que esto no es un ejercicio de imaginación lo ofrece la negociación de granos sin tener el respaldo de la documentación correspondiente para el trasporte interno.
Es pertinente terminar esta nota con una anécdota que me refiriera el Dr. Arturo Frondizi en ocasión de un viaje que hiciera a Francia. Como es de práctica, Frondizi reclamó al General De Gaulle el levantamiento de las barreras que se alzaban sobre los productos del agro argentino. El Presidente francés lo escuchó con atención y le contestó en mas o menos estos términos: “Vd tiene razón desde el punto de vista de la eficiencia, pero debe comprender que no puedo acceder a sus deseos porque el agro francés representa el tejido social de Francia y eso lo debemos preservar a toda costa.”
Argentina demuestra que carece de gobernantes de aquella estatura y que la caja es un valor que se antepone a lo más importante que debemos preservar: la cuna de nuestra cultura” Cuando las reglas de juego cambien, las multinacionales y los entrepreneurs ya citados, se dedicaran a otra cosa y dejarán tras de sus pasos al desierto. Será entonces una pesada herencia.


Copyright © 2010 Mercado Argentino.