La inflación es un problema para la economía argentina, pero, al menos en el corto plazo, también es una solución. La conclusión es esgrimida por los analistas que postulan que el alza de precios es la rueda de auxilio con la que el Gobierno subsana la ausencia del superávit fiscal. El año pasado, a través del impuesto inflacionario, el Tesoro se hizo de $41.091 millones, un monto equivalente al 2,8% del producto bruto.
En un sistema impositivo como el argentino, basado en los tributos indirectos, el impuesto inflacionario gana cada vez más peso. La consultora Economía & Regiones señala que “la inflación puede ser asimilada a un impuesto que se cobra sobre los tenedores de moneda”. En este esquema, los más pobres y quienes tienen ingresos fijos –como los asalariados y los jubilados– son los que reciben el mayor impacto de este tributo. Esto es lo que convierte a la inflación “en el impuesto más regresivo”, sostiene la consultora.
Para calcular el impacto del aumento de precios sobre los recursos fiscales, E&R toma a la tasa de inflación como alícuota y a la base monetaria como monto imponible. A partir de aquí determina que el impuesto inflacionario contribuyó con un 2,8% del PBI el año pasado, lo que equivale a $41.091 millones, un monto similar a lo recaudado por retenciones a las exportaciones.
La inflación es alimentada por el combustible de la emisión monetaria y, así, estos recursos llegan a las arcas del Tesoro a través de los adelantos transitorios de utilidades del Banco Central o de la disponibilidad de las reservas de excedentes.
En los últimos doce meses, la recaudación fiscal subió 35% en forma nominal. Y según el índice presentado días atrás por la oposición en el Congreso, la inflación real acumulada en el último año fue del 23,6%. Por eso, cuando se quita de ese monto el efecto precios, resulta que el crecimiento en términos reales fue del 9%, según los cálculos de la consultora ACM. Para el economista Camilo Tiscornia, la suba real de junio fue aún más moderada: apenas un alza del 5% en los ingresos ajustados por inflación.
El impuesto inflacionario deternina que la presión tributaria de la Argentina sea la más alta de América Latina. Para individuos y empresas equivale al 37,2% del PBI, según una medición del IERAL, el instituto dependiente de la Fundación Mediterránea.
Las consultoras estiman que los precios se moverán este año a un ritmo similar al de 2010. Ramiro Castiñeira, de Econométrica, anticipa que, si bien la inflación no se acelerará, “tampoco bajará significativamente”. Este economista pone el foco en que la inflación no se aquietará “hasta que el Gobierno no recupere parte del superávit fiscal perdido tras la crisis de 2008/2009, o consiga el acceso a los mercados financieros a tasas que no hipotequen su futuro”. Y recuerda que el Estado pasó de tener un superávit primario –el resultado obtenido por la administración nacional antes del pago de la deuda– del 3% del PBI en 2008, a un déficit de 0,4% del producto tanto en 2010 como en 2011, sin contar los “anabólicos”, es decir los ingresos extras como los provenientes de los aportes jubilatorios que recibe la ANSES. “No deja de ser cierto que, aun sin superávit fiscal, el Gobierno se desendeuda, pero lo que antes pagaba con impuestos, ahora lo paga con inflación”, sostiene. fuente: ieco