De la cultura de renta a la economía de producción.1- Las interpretaciones clásicas de la economía argentina.Dos grandes corrientes de pensamiento se enfrentan en la interpretación de los fenómenos económicos, sociales y políticos que caracterizan el proceso histórico del país. Para ambas corrientes, el factor capital constituye el elemento estratégico del desarrollo.
1- Los neo-rostowianos: según Rostow, el momento crítico de la evolución de una sociedad se sitúa en el “despegue”, el cual consiste en un período de transición en el cual la capacidad de acumular capital da un salto trascendente. Rostow atribuye una gran importancia al rol del comercio exterior en el proceso de creación de las condiciones del “despegue”. Este proceso se divide en varias etapas. La etapa de la “sociedad tradicional” comienza en 1810 y concluye con la unificación de 1853. El comienzo de la segunda etapa “de creación de condiciones de despegue” se sitúa en 1880, por lo que se advierte una demora de 30 años. Para alcanzar la tercera etapa, se considera que todas las condiciones para el despegue se habían reunido en 1914, pero no comenzó sino hasta 1930, encontrándose así una segunda demora. La mala utilización de la capacidad productiva reflejada en un bajo coeficiente de eficacia del capital constituye un factor determinante de freno al crecimiento.
2- La escuela de la CEPAL: consideran que la evolución de la Argentina se divide en dos grandes fases. La primera corresponde a la inserción en el mercado mundial pero, a diferencia de la corriente anterior, no se crean las condiciones para el despegue, ya que el deterioro de los términos de intercambio drena el excedente económico hacia los países industrializados, sin permitir elevar la tasa de inversión y diversificar la estructura productiva. El modelo funciona así: en el período de apogeo, el modelo de consumo de los países industrializados se reproduce en las clases altas de la sociedad argentina, que utilizan su excedente económico para importar manufacturas de los países industrializados, sufriendo un deterioro en los términos del intercambio, lo cual frena la acumulación de capital y traba el desarrollo. Con la crisis de 1930 y la caída de las exportaciones, el gobierno trató de preservar los intereses de los productores rurales, comprando su producción a precios mayores que los internacionales, impidiendo la baja de su ingreso y manteniendo entonces la demanda de importaciones. El control de cambios y el encarecimiento de los bienes importados permiten iniciar un proceso de sustitución de importaciones, pero que está condicionado por la demanda del estrato social de mayor ingreso. Este proceso tiene dos fases: en la primera (1940) se extiende a las industrias livianas y en la segunda (1950) se produce una integración vertical a través de la instalación de industrias pesadas. Ahora bien, la producción de bienes intermedios y de capital eleva la demanda de importaciones, mientras que se deterioran los precios de las exportaciones, elevando los costos de importación. Esto, sumado a la necesidad de poseer una capacidad de producción superior a la demanda nacional, hace que se encarezca el precio de los bienes intermedio. Esta elevación de costos se propaga a los demás sectores de la economía y bloquea el crecimiento. Así, la implantación de las industrias pesadas, que en los países capitalistas había acelerado la formación de capital, en nuestro país desemboca en el estancamiento.
3- La teoría de la Dependencia: en los países industrializados desde la posguerra, la dinámica de su crecimiento depende de la rapidez de la diversificación de la oferta de bienes de consumo. Las innovaciones realizadas en los métodos de fabricación elevan la productividad de los factores y se traducen en un aumento del salario real y en el acceso de los asalariados a más productos. Pero este mecanismo reduce el ciclo de duración de un bien en el mercado, con la elevación de costos correspondientes. Para compensarla, buscan la “multinacionalización”. Su establecimiento en otro país les permite alargar el plazo de la utilización de esos factores, asegurándose una ganancia. Así es como estas empresas se instalan en Argentina hacia 1960. Se organiza así un sistema industrial destinado a reproducir el flujo de bienes que caracterizan las formas de consumo de las sociedades industrializadas, pero con un ingreso por habitante y una capacidad de acumulación de capital muy inferior. El precario equilibrio sobre el cual reposaba este crecimiento se ve alterado por la voluntad del gobierno de redistribuir el ingreso sin cambiar el modelo de consumo, quebrantando el sistema productivo y desembocando en la hiperinflación de 1975 y formándose una economía de especulación.
2- La economía especulativa.Luego de la catástrofe del sector productivo en 1974, las empresas industriales no recuperaron el nivel de producción, situándose en el 60% de su capacidad hacia 1984. El gobierno de Alfonsín trata de promover el relanzamiento de la demanda y eleva el nivel del salario real, lo que genera una corrida inflacionaria que alcanza el 1200% en Junio de 1985. En estos niveles, la moneda había perdido sus funciones de unidad de cuenta y de reserva de valor, y llegó incluso a peligrar su función de medio de pago. El Plan Austral tenía dos objetivos fundamentales: privar a los agentes económicos de la capacidad de indexar la economía imponiendo la congelación de precios y salarios y reducir las expectativas inflacionarias a través de una desindexación progresiva operada por medio de la reforma monetaria. Las medidas funcionaron aparentemente, pero en 1986 la economía de la especulación volvió a funcionar. El mercado paralelo se transforma en el centro de la actividad financiera y las “mesas de dinero” absorben la casi totalidad de la liquidez del mercado. En estas condiciones, no es extraño que la inversión productiva haya caído a menos del 10% del PBI. Así se consolidó el fracaso del plan Austral.
3- De la “enfermedad holandesa” a los países rentistas.En los años 60, Holanda descubre inmensos yacimientos de gas natural, capaces de abastecer todo Europa Occidental. Ante esta doble oportunidad (tener una fuente energética de bajo costo y aumentar sus ingresos por exportaciones) todos imaginaban una aceleración en la industrialización holandesa, pero Holanda se desindustrializó. Los flujos financieros generaron efectos perversos: aumentaron las importaciones y la producción local perdió competitividad por el incremento de la mano de obra. La disponibilidad de una renta modificó el comportamiento de los agentes económicos y como la renta se acabó rápidamente, el fenómeno rentista dejó pocas trazas y no pudo percibirse en toda su amplitud. Algo similar les pasó a los países de la OPEP, luego de la crisis del petróleo. Para identificar la especificidad de estos países conviene, pues, crear una nueva categoría: los países rentistas.Es posible identificar los elementos significativos del funcionamiento de los países rentistas petroleros, agrupándolos en seis categorías:• Primera categoría: el rol central del gasto público.Financiados por la renta exterior, los gobiernos lanzaron gigantescos programas de construcción de infraestructuras materiales y culturales y elevaron considerablemente el nivel de satisfacción de las necesidades de la población, sin realizar una verdadera administración fiscal. Así aparecen tres consecuencias importantes: el funcionamiento del aparato administrativo se vuelve ineficiente; el actor no vincula un bien o servicio como contrapartida de su esfuerzo, considerando que tiene derecho al mismo; cuando la declinación de la renta hace necesario organizar la administración fiscal, esa tentativa queda atrapada entre la ineficiencia generalizada del aparato administrativo y la resistencia del contribuyente.• Segunda categoría: organización y funcionamiento del aparato productivo.Como las actividades productivas se organizan sobre la base de la subvención financiada por la renta, no existe tampoco cálculo económico. La disponibilidad de factores, la constelación de recursos, la creatividad o la capacidad de absorber tecnología, las necesidades de calificación de la MO, no se tienen en cuenta para implantar o desarrollar una actividad productiva.• Tercera categoría: alteración en las relaciones entre ahorro e inversión.Como la renta exterior constituye la fuente exclusiva de financiamiento a través del sistema de subvenciones, la propensión al ahorro es prácticamente nula. Todos los ingresos que perciben los agentes económicos se transforman en consumo.• Cuarta categoría: la naturaleza del consumo.Con la evolución del nivel general de renta, el consumo aumenta también y grupos más o menos importantes de la sociedad pasan de un consumo que responde a necesidades reales a un consumo suntuario, en tanto que los sectores privilegiados transitan a un tipo de consumo ostentatorio.Quinta categoría: los procesos de urbanización y expansión del sector servicios.La población rural prácticamente ha desaparecido como consecuencia directa de la “desagriculturalización” y de la integración masiva de la población en actividades improductivas como los servicios.• Sexta categoría: la percepción del trabajo y la lógica de su remuneración.Como los salarios no se establecen en función de la productividad sino del nivel general de la renta disponible en el país, las remuneraciones siempre son muy superiores a la productividad, acentuando la ineficiencia del aparato productivo.
4- La economía argentina reinterpretada.a) Renta y modelo exportador.El período 1880-1930 permite detectar en Argentina la existencia de todas, o al menos de algunas, de las categorías identificadas en el funcionamiento de los países petroleros y que conforman una “economía de renta”. Características:Los ingresos de las exportaciones aumentan prodigiosamente hasta colocar a la Argentina, en la década del 20, entre los primeros diez puestos del ranking de ingresos per cápita en el mundo. La creación de poderosas infraestructuras materiales y culturales no apareció como pre-requisito de un despegue, sino como la canalización típica de un gasto público financiado por la renta exterior. El consumo privado per cápita excedió los niveles de ingreso, lo que no impidió, a pesar de tasas de ahorro negativas, la existencia de altas tasas de inversión. Los porcentajes de urbanización y de absorción de la población activa por los servicios son sensiblemente análogos a aquellos registrados en los países petroleros. En este contexto, la identificación entre puesto de trabajo y situación de renta y la fijación de remuneraciones sin ningún correlato funcional con la productividad, aparecen como consecuencia inevitable de la evolución de la economía y de la sociedad argentina. Estas características contribuyen a suscitar la ineficiencia en el seno de la sociedad. Así, la Argentina fue una “economía de renta”.b) Crisis del 30 y cultura de renta.Con el colapso de 1930, el valor de las exportaciones agropecuarias se reduce considerablemente y el flujo financiero exterior que nutría la economía de renta, pero los actores económicos, sociales y políticos se resisten a cambiar de comportamiento, impidiendo así la apertura de un sendero de transición a una economía de acumulación productiva. Después de la crisis, el Estado se transformó en la nueva fuente de creación de rentas; sin embargo, esta vez se tratará de rentas ilusorias, puesto que están basadas en la emisión monetaria o en la transferencia del excedente real de un sector social a otro, en función de la capacidad que posee cada sector para ejercer presión sobre el poder político. Al conservar un comportamiento idéntico al que se observó en la época de la economía de renta, los actores socio-económicos produjeron una “cultura de renta”.En 1933 se crean los organismos de regulación oficial de la producción agropecuaria. Al absorber una parte de la producción agropecuaria no susceptible de ser colocada en el exterior y al asegurar a los sectores rurales los niveles de ingreso que recibían antes de la crisis, el Estado inaugura sus nuevas funciones de fuente exclusiva de creación y distribución de renta. La industrialización es un proceso que se desarrolla como subproducto de los mecanismos de la cultura de renta.c) Peronismo y renta.El aumento enorme de las reservas por los saldos favorables de la balanza comercial acumulados durante la guerra y la espectacular elevación de los precios internacionales de los bienes alimentarios provocan una reaparición de la renta exterior en la economía argentina y consiguientemente el peligro de un retorno al modelo rentista agropecuario. El movimiento peronista expresa la reacción de los sectores vinculados a la industria ante la amenaza restauradora de los viejos mecanismos. Las políticas practicadas entre 1945-1952 tienen el mérito de haber evitado el peligro de un retorno a la economía primaria exportadora. La redistribución de ingresos a favor de sectores desfavorecidos responde a un principio de justicia. La protección a la industria garantiza la consolidación de una actividad económica que podría convertirse en la pieza estratégica de un proceso de acumulación nacional. Sin embargo, estas políticas no rompieron los círculos viciosos creados por la cultura de la renta. Se produce una “desectorializacion de la apropiación de la renta y la inclusión de toda la sociedad en la disputa por su distribución. Con el fin de la guerra de Corea y la caída del valor de las exportaciones, la renta exterior vuelve a agotarse. Era el momento de establecer una relación entre el crecimiento del salario y el crecimiento de la productividad. Aparece así la primera oportunidad histórica de revertir la evolución rentista de la sociedad argentina. En efecto, pasar de una cultura de renta a una economía de producción implica una transformación profunda en la cultura de la sociedad (No se logró, se consolidó en toda la sociedad la cultura de la renta).d) Desarrollismo y renta.La idea de que el aporte masivo de capital extranjero a través de la inversión directa puede contribuir a dinamizar la economía y generar un proceso de auténtica acumulación productiva inspiró la política desarrollista implementada por Arturo Frondizi, incentivando la implantación de filiales de multinacionales, dando origen al modelo calificado como “dependiente y excluyente”. Sin embargo, predominó la cultura de la renta, y las multinacionales adaptaron su comportamiento a la misma y pasaron a participar en la disputa por la apropiación de la renta.e) El fracaso del Plan Austral.Los primeros meses que sucedieron a la presentación e implementación del Plan Austral constituyen un período particularmente interesante, que se lo podría considerar como una segunda oportunidad histórica de terminar con la “cultura de la renta”. Pero este plan adolecía de fallas técnicas. El gobierno estuvo muy lejos de comprender el significado de la movilización de la sociedad, y en vez de comprometerse en reformas estructurales que impulsaran una transición hacia una economía de producción, adoptó una actitud triunfalista y, sobre todo, se dejó llevar por los objetivos a corto plazo que le imponían las coyunturas electorales próximas. Así se frustró lo que pudo llegas a ser una segunda oportunidad histórica y se generó un descreimiento generalizado que provocará, sin dudas, resistencias aún mayores.
5- ¿Cómo pasar a una economía de producción?La cultura de la renta ha destruido al Estado, y la prioridad consiste en reconstruir al Estado. Para ello se precisa reinstitucionalizar el pacto de solidaridad social, sin el cual no existe Estado, y ningún sistema de normas tiene la menor posibilidad de ser impuesto. No pareciera otra vía posible, para cambiar la cultura de renta, que la de un proceso de acumulación que tiene que darse ineludiblemente en el marco de la concertación de todos los sectores de la sociedad argentina.fuente: moisés ikonicoff